sugiero investigar. Es un tema muy interesante.
El paradigma “pixelado” es perfectamente válido. Tiene toda una ciencia detrás. Varios usuarios están satisfechos. A unos cientos de metros nadie sabe distinguir una línea recta de una curva.
Si está bien hecho, y esa es la clave, no tiene nada que envidiarle a otros paradigmas de camuflaje.
De más esta decir que tampoco es que sea mejor que otros paradigmas. Depende de las necesidades. La mejor solución depende de los problemas que se pretenden resolver.
Igualmente, si me permiten mirar un poco hacia el futuro, me parece que todos los paradigmas de camuflaje están ante una inminente crisis.
Habitual de los militares, “estandarizan” los camuflajes. Si adoptan un patrón de camuflaje, tienden a repetir ese patrón en todos los vehículos a grado tal de que no puedes diferenciar uno de otros.
Si me permiten la comparación con la naturaleza, es como las cebras, todas exactamente igual. Y no menospreciemos a las cebras, su patrón de camuflaje fue una respuesta evolutiva contra sus principales depredadores. A ellas les funciona… les funcionaba, hasta que los humanos nos hicimos presentes. Un nuevo depredador a los que las rallas negras y blancas no les confunden, sino que les llama aún más la atención.
En el caso militar, la eficacia de los patrones está dada por la capacidad de engañar al ojo y cerebro humano.
Como cualquier mago sabe, esos cerebros son fáciles de engañar. Hay cosas que no pueden percibir ni teniéndolas frente a sus ojos.
Los científicos e ingenieros del camuflaje desarrollan patrones qur se aprovechan de las debilidades humanas. Somos tontos para algunas cosas.
El “pixelado” es un buen ejemplo de esto. Desde varios cientos de metros un soldado enemigo será incapaz de distinguir entre líneas rectas, líneas curvas y el ambiente natural. Su cerebros imaginan cosas y eso que parece obvio de muy cerca, contribuye a invisiblizar desde mayores distancias.
Los camuflajes bien hechos hackean los cerebros enemigos.
Pero, pero, pero, un nuevo depredador asoma sobre el horizonte.
Se trata de las inteligencias artificiales. Los modernos sistemas informáticos pueden analizarme muchos patrones rápidamente. Aprenden a percibir patrones repetitivos que habitualmente engañarían al intelecto humano.
Las inteligencias artificiales parecen ser más efectivas en aprender patrones repetitivos. Poco importa si se trata de líneas rectas o curvas, si los patrones son repetitivos, les lleva menos tiempo detectarlos.
La principal vulnerabilidad de todos los paradigmas de camuflajes actuales es la costumbre de los militares de “estandarizar” los mismos. Repetirlo en todos los vehículos como si fuese una cuestión identitaria.
No serán los camuflajes coloridos de las guerras napoleonicas, pero el efecto es el mismo.
Una vez que aprendes a distinguir uno, los distinguirás a todos. Una vez que aprendes a distingues una cebra, las verás a todas.
Me parece que el futuro de los camuflajes se encontrará en la capacidad de desarrollar patrones altamente aleatorios. Que no se parezcan en nada un vehículo de su compañero colindante a un paso.
Es mas, más allá de la pintura, la propia forma del vehículo es un problema. Si aprendes a distinguir siluetas, poco importa el patrón de la pintura.
Me parece que el futuro está en las redes mimerizadas. Que el viento las haga flamear Pintadas en patrones aleatorios de colores y texturas locas. A imagen y semejanza de los softwares que generan contraseñas aleatorias, se necesitarán aplicaciones que generen camuflajes aleatorios. Imprimirlos sobre grandes redes y que cada vehículo le toque en suerte una red diferente.
Es más, que cada vehículo cuenta con media decenas de redes. Una para cada día de la semana.
Nuevos depredadores requerirán nuevas artes de camuflajes. Todos los camuflajes modernos fueron diseñados para engañar cerebros humanos. Ahora también será necesario engañar los cerebros cibernéticos. Cerebros creados por humanos, si, pero que tienen su propia formas de analizar datos, procesarlos y clasificarlos.