Evolución de los Ejércitos en Sudamérica

El Ejército Brasileño publicó hoy la aprobación de directrices para el desarrollo y posterior contratación de 373 unidades especializadas del Blindado 6x6 Guaraní, en total sumadas a las 700 VBTP-MR 6x6 (APC) ya entregadas el monto superarían las 1000 unidades en el EB, siguiendo con paso firme en la "mecanización" de la Infantería Motorizada y la "modernización' de la Caballería Mecanizada.


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Según el documento de la Fuerza Terrestre, las demandas de versiones especiales del Guaraní son:

Ambulancia: 80 unidades;

Puesto de Mando: 74 unidades;

Antiaéreos: 62 unidades, 13 radares y 41 lanzamisiles;

Comunicaciones: 28 unidades;

Centro de tiro de artillería: 25 unidades; y

Porta mortero de 120mm: 104 unidades.



Saludos cordiales.
 
Dicen que una imagen vale más que mil palabras...


Estimados amigos, les dejo aquí 6 fotos de un amplio ejercicio conjunto e integrado realizado por el EB reuniendo a 8 mil militares en el Comando de Aviación del Ejército en el "Fort Ricardo Kirky" que a través de las imágenes demuestra no sólo dónde parado el EB en la evolución de la fuerza pero cuanto ha evolucionado ya en la actualidad.


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Puede parecer un escenario más para las fotografías, de las que comúnmente reproducen diversos ejércitos de la región y del exterior, pero en estas imágenes, con un análisis mínimamente más profundo, se puede percibir el nivel de capacidades operativas, de sistemas y principalmente industriales que sustentan el EB y que lo posiciona en un nivel muy avanzado no sólo en términos de la región sino, fácilmente diría, de los principales ejércitos del mundo.


Desde la vestimenta militar básica (Botas, uniforme, etc.)
Equipo individual (casco, chalecos tácticos, paracaídas)
Fusiles (miras, municiones, etc.)
Sistemas de visión nocturna
Radios (radios definidos por software y enlace de datos, etc.)
Vehículos Motorizados (motos, jeeps, camiones, etc.)
Vehículos Mecanizados (APC 6x6 Guaraní, etc.)
Sistema de Artillería (Sistema de Lanzamiento Multiples de Misiles y Cohetes ASTROS MK6)

Radares móviles (SABER M60, SENTIR M20)
Helicópteros ligero y medios (H125, Pantera K2, H225M)
Avión de Transporte Táctico (KC-390)

Y otro sin fin de cosas (SARMs, sistemas y etc), que no son visibles y que no me acordaré de mencionar, todo esto es fabricado por la Industria de Defensa en Brasil (total, parcial o de forma conjunta).
No es que las FF.AA. de Brasil este en condiciones de "hacer siquiera una vaga representación" con el mismo nivel de países como EE.UU./Rusia/Francia/China/Israel, no para nada, en absoluto.
Pero por otro lado, ¿Cuántos países en el mundo tienen este nivel de autonomía/independencia industrial y operativa sobre los sistemas operados por sus ejércitos?

Creo que esta Evolución en el EB (ya consolidada hoy), debe continuar en esta dirección y dentro de 20 o 30 años podremos sorprendernos comparativamente con el presente de la fuerza (espero que de forma positiva).


Saludos cordiales.
 
Ejército Brasileño – Programa Estratégico de Fuerzas Blindadas 2012-2040

30 de julio de 2025

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Programas Estratégicos del Ejército - 1

Organismo responsable: Comando del Ejército

Unidad administrativa responsable de la gestión del programa:
Estado Mayor del Ejército (EME) – Oficina de Proyectos del Ejército (EPEx)

Valor del programa:
30.585,1 millones de reales brasileños (US$ 5.484.739.258,00)

Contratistas principales:


ON-HIGHWAY BRASIL LTDA, ARES AEROESPACIAL e Industria de Material Bélico do Brasil (IMBEL).

DESCRIPCIÓN:

Adquisición de vehículos blindados sobre ruedas y orugas, con el objetivo de transformar la Infantería Motorizada en Infantería Mecanizada y modernizar la Caballería Mecanizada y Blindada y la Infantería Blindada.


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La Nueva Familia de Vehículos Blindados sobre Ruedas (NFBR) forma parte del Programa e incluye vehículos blindados ligeros (4x4), medianos (6x6) y 8x8, el obús autopropulsado sobre ruedas de 155mm y el Cascavel modernizado. Toda la familia está integrada con los sistemas de armas, protección y comando y control.

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OBJETIVO:

Reactivar la producción de vehículos blindados en el país, incrementando la Base Industrial de Defensa (BID) y reemplazando progresivamente los vehículos antiguos por equipos más modernos.

ENTREGA FINAL:

2160 Vehículos, incluyendo:
1313 vehículos 6x6; 98 vehículos 8x8; 452 vehículos 4x4; 36 obuses autopropulsados; 98 vehículos Cascavel modernizados; 65 vehículos blindados de combate (MMBT); 78 vehículos blindados de combate (IFV); 20 vehículos de rescate; Integrado con sistemas de armas, comando y control (C²), sistema de protección y apoyo logístico.

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CALENDARIO DE ENTREGA:

Finalizado para 2024:

765 Vehículos blindados, incluyendo:
710 vehículos medianos de transporte de personal sobre ruedas (VBTP-MSR Guarani 6×6), 2 vehículos medianos blindados especiales de ingeniería sobre ruedas (VBE Eng.-MSR 6X6), 32 vehículos ligeros blindados multitarea sobre ruedas (VBMT-LSR 4×4), 1 vehículo Cascavel modernizado y 20 vehículos de rescate; y 303 sistemas de armas: torreta automatizada REMAX, 329 sistemas de armas manuales; 13 sistemas de armas UT30; y 939 sistemas de comando y control (C2).

Finalizados para 2025:

15 vehículos blindados de transporte de personal con ruedas medianos (VBTP-MSR Guarani 6x6); y
2 vehículos blindados de combate de caballería con ruedas medianos (VBC Cav-MSR 8x8).

Programados para 2025:


41 vehículos blindados de transporte de personal con ruedas medianos (VBTP-MSR Guarani 6x6);
1 vehículo blindado de puesto de mando especial con ruedas mediano (VBE PC-MSR 6x6);
1 vehículo blindado ambulancia especial con ruedas mediano (VBT Amb – MSR 6x6);
2 vehículos blindados de combate antiaéreo con ruedas medianos (VBC AAe – MSR 6x6);
5 vehículos Cascavel modernizados; y
1 sistema de armas: torreta automatizada REMAX, 209 sistemas de armas manuales y 45 sistemas completos de mando y control (C2), con computadora táctica militar.

Programado para 2026:

42 vehículos blindados de transporte de personal medianos con ruedas (VBTP-MSR Guarani 6x6);
15 vehículos blindados ligeros multifunción con ruedas (VBMT-LSR 4x4);
4 vehículos blindados medianos con ruedas para puestos de mando especiales (VBE PC-MSR 6x6);
5 vehículos blindados medianos con ruedas para ambulancias especiales (VBT Amb – MSR 6x6);
5 vehículos blindados medianos de combate antiaéreo con ruedas (VBC AAe – MSR 6x6);
3 vehículos Cascavel modernizados;
50 sistemas de armas manuales;
64 sistemas completos de comando y control (C2), con computadoras tácticas militares.

Programado para 2027:

29 vehículos blindados de transporte de personal medianos con ruedas (VBTP-MSR Guarani 6x6);
55 vehículos blindados ligeros multifunción con ruedas (VBMT-LSR 4x4);
6 vehículos blindados de combate de caballería medianos con ruedas (VBC Cav-MSR 8x8);
4 vehículos blindados de puesto de mando especial medianos con ruedas (VBE PC-MSR 6x6);
5 vehículos ambulancia blindados especiales medianos con ruedas (VBT Amb – MSR 6x6);
10 vehículos de combate antiaéreo medianos con ruedas (VBC AAe – MSR 6x6);
9 vehículos Cascavel modernizados;
19 sistemas de armas: torreta automatizada REMAX;
86 sistemas de armas manuales; y
84 sistemas completos de comando y control (C2), con computadora táctica militar.


Planificado para después de 2027:

181 vehículos blindados de transporte de personal medianos con ruedas (VBTP-MSR Guarani 6x6);
350 vehículos blindados ligeros multifunción con ruedas (VBMT-LSR 4x4);
23 Vehículos Blindados Especiales de Ingeniería con Ruedas Medianas (VBE Eng – MSR 6X6);
14 Vehículos Blindados Especiales Centro de Control de Fuego con Ruedas Medianas (VBE CDT MSR 6X6);
50 Vehículos Blindados Especiales de Puesto de Mando con Ruedas Medianas (VBE PC – MS 6X6);
19 Vehículos Blindados de Transporte Ambulancia Especial con Ruedas Medianas (VBT Amb – MSR 6X6);
45 Vehículos de Combate Antiaéreo con Ruedas Medianas (VBC AAe – MSR 6X6);
22 Vehículos Blindados de Comunicaciones Especiales con Ruedas Medianas (VBE Com – MSR 6x6);
83 Vehículos Blindados de Combate con Ruedas Medianas con Mortero Pesado 6x6 (VBC-Mrt MSR 6x6);
36 Vehículos Blindados con Obús con Ruedas Medianas (VB OAP-MSR 8x8);
90 Vehículos Blindados de Combate de Caballería con Ruedas Medianas (VBC Cav-MSR 8x8);

80 Vehículos Cascavel Modernizados;
65 Vehículos Blindados de Combate (VBC CC);
78 Vehículos Blindados de Combate (VBC Fuzileiro); y
85 Sistemas de Armas: torreta automatizada REMAX

495 sistemas de armas manuales; y
731 sistemas completos de comando y control (C2), con una computadora táctica militar.



FUENTE: MD Strategic Projects and new PAC / CONTRIBUIDO POR: Manoel Flávio





Saludos cordiales.
 
Última edición:
Ejército considera modernizar sus obuses autopropulsados M109A5

01/08/2025

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La Ordenanza n.º 1.585–EME/CEx se publicó en el Boletín del Ejército de hoy, 1 de agosto. Esta aprueba la directiva para iniciar el proyecto de modernización del vehículo blindado de combate con obús autopropulsado M109A5 (VBCOAP) (EB20-D-08.084), parte del Subprograma del Sistema de Artillería de Campaña (SPrg SAC) del Programa Estratégico del Ejército ASTROS (Prg EE ASTROS), con el objetivo de mejorar el apoyo de fuego a la artillería de campaña del Ejército Brasileño (EB).

El objetivo de este proyecto es modernizar los vehículos M109A5 adquiridos de Estados Unidos a través del programa de Ventas Militares al Extranjero (FMS) a un estándar similar al de los 32 M109A5+BR modernizados por BAE Systems, integrándolos en el Sistema de Artillería de Campaña Digitalizado. También busca implementar una estructura logística flexible que proporcione calidad y puntualidad para garantizar niveles adecuados de disponibilidad durante todo su ciclo de vida.


El Ejército Brasileño cuenta actualmente con más de cien M109 VBCOAP en servicio, incluyendo 27 de la versión A3 (de un total de 37 adquiridos), que también se encuentran en proceso de modernización


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El Ejército Brasileño comenzó a recibir sus M109 VBCOAP en 2016 y puso en servicio los últimos diez ese mismo año (Foto: Ejército Brasileño).

Fuente: EB


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El fusil Miranda, blindados y una nueva flota de helicópteros de transporte medio: los planes del Ejército de Colombia​

Carlos Vanegas, 29 de noviembre de 2025


Colombia cuenta con más de 200 Textron M-1117, pero busca fabricar locamente vehículos blindados 4x4. Foto: Ejército de Colombia.
Colombia cuenta con más de 200 Textron M-1117, pero busca fabricar locamente vehículos blindados 4x4. Foto: Ejército de Colombia.

El Ejército de Colombia está protagonizando un proceso de transformación profunda. Uno de los elementos más simbólicos es el reemplazo del histórico fusil Galil, fabricado en el país bajo licencia israelí desde los años ochenta, por un nuevo fusil completamente colombiano: el fusil Miranda, desarrollado por la Industria Militar (INDUMIL). Este nuevo modelo, de calibre 5,56 × 45mm, ha sido diseñado con criterios modernos de ergonomía, precisión y adaptabilidad. Su estructura modular permite configuraciones diversas mediante cañones de 8, 13 y 18 pulgadas, según las necesidades operativas. Cuenta con rieles Picatinny para accesorios ópticos, controles ambidiestros, menor peso y materiales poliméricos de alta resistencia.

Más del 85% de sus componentes son producidos localmente, lo que marca un punto de inflexión en la independencia tecnológica del país. El Miranda pesa entre 800 gramos y 1 kilogramo menos que el Galil, lo que mejora la movilidad y reduce la fatiga del combatiente en misiones prolongadas. INDUMIL proyecta iniciar la producción en serie en 2026, tras una fase de pruebas con prototipos en unidades del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.

El objetivo es reemplazar más de 400.000 fusiles en servicio en un periodo de cinco años, con una producción anual estimada de 80.000 unidades. Además, el bajo costo de fabricación —un 25% inferior al del Galil ACE— permitirá ofrecer el fusil Miranda en el mercado internacional, posicionando a Colombia como un potencial exportador de armamento ligero en América Latina.


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El fusil estándar de las Fuerzas Militares es el Galil, será remplazado por otro de diseño y fabricación nacional en INDUMIL. Foto: Ejército de Colombia.


(...)




Saludos cordiales.
 
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Tanque Leopard 2A4 en la 3ª Brigada Acorazada del Ejército de chile (Ejército de Chile)

Chile: Una fuerza acorazada plenamente operativa en América Latina

Chile constituye, sin discusión, la referencia regional en materia de fuerzas acorazadas. No por narrativa institucional, propaganda ni por cifras presentadas en anuarios internacionales, sino por una condición que escasea en América Latina: la capacidad real, sostenida y verificable de operar modernas fuerzas mecanizadas en combates de alta intensidad. El Ejército de Chile dispone – hace décadas - de una masa crítica de carros principales de combate que ningún otro país latinoamericano puede igualar en términos de números efectivos, nivel de alistamiento, letalidad y tecnología.

Su núcleo está compuesto por aproximadamente doscientas (200) unidades Leopard 2A4CH, complementadas por cerca de doscientas unidades Leopard 1A5, todas ellas doctrinariamente integradas en brigadas acorazadas y mecanizadas plenamente operativas. Más allá del modelo específico, lo verdaderamente determinante es que estos carros se encuentran operativos y no almacenados, cuentan con sistemas de tiro estabilizados y sensores térmicos modernos, disponen de munición vigente y compatible, y operan con tripulaciones completas entrenadas de manera permanente… por décadas. Esta combinación permite al Ejército de Chile concentrar, desplegar y sostener modernas formaciones acorazadas de gran tamaño – incluso superiores a la mayoría de los ejércitos europeos - algo que simplemente no existe en el resto de la región.

La principal ventaja chilena no radica únicamente en el carro de combate, sino en la impresionante arquitectura logística que lo respalda. Chile desarrolló, con apoyo alemán, gigantescos centros de mantenimiento pesado capaces de recuperar motores, transmisiones y sistemas electrónicos complejos, reparar sofisticados sistemas optrónicos, modernizar plataformas completas y sostener flotas acorazadas durante campañas prolongadas. A diferencia de la mayoría de los ejércitos latinoamericanos, el Ejército de Chile, al haber tomado las precauciones del caso con años de anticipación, no depende actualmente de la importación inmediata de repuestos críticos en tiempo de guerra, un factor decisivo en escenarios de conflicto real, especialmente cuando los mercados internacionales priorizan a países ya involucrados en conflictos de alta intensidad.

Las fuerzas acorazadas chilenas no operan de forma independiente, sino que están plenamente integradas a una extensa y moderna flota de vehículos de infantería mecanizada. Con una flota de más de 1.000 vehículos que incluye plataformas M-113 modernizadas, vehículos Marder armados con cañones automáticos de 20 mm y una amplia gama de vehículos 6x6 y 8x8 – debidamente protegidos por regimientos de artillería pesada – la infantería acompaña a los tanques Leopard, permitiendo ejecutar operaciones combinadas en terrenos abiertos y, en particular, en entornos urbanos de forma nocturna. Esta integración garantiza que los tanques avancen siempre protegidos por una moderna infantería mecanizada capaz de asegurar o destruir todo tipo de edificios, neutralizar amenazas antitanques, penetrar en el corazón de la ciudad adversaria y consolidar el terreno conquistado, algo esencial en cualquier operación ofensiva moderna.

En el ámbito del entrenamiento, Chile mantiene una ventaja cualitativa decisiva. Es el único país de América Latina que dispone de sistemas avanzados de simulación de combate acorazado capaces de reproducir con alto realismo el trabajo coordinado del comandante, el artillero, el conductor y el municionero. Estos simuladores europeos replican con gran realismo el interior de un tanque Leopard, lo que permite, al utilizar cuatro simuladores, entrenar simultáneamente a varias tripulaciones, que actúan como pelotón de tanques o como subunidad táctica. Este tipo de entrenamiento desarrolla velocidad de reacción, coordinación bajo presión y toma de decisiones – a niveles de pelotón, compañía y batallón - en escenarios nocturnos complejos. Todas estas capacidades no se pueden adquirir mediante ejercicios aislados o simuladores básicos de tripulación – esos que ocupan un laptop en una mesa de escritorio con un mouse - aún muy comunes en el resto de la región, sino más bien por medio del empleo de grandes y complejos simuladores de tanque europeos en el gigantesco centro nacional de entrenamiento de blindados ubicado en medio del desierto Chileno.

Desde una perspectiva estrictamente militar, ningún país vecino dispone hoy de la capacidad integrada necesaria para detener una ofensiva acorazada chilena correctamente planificada. Para hacerlo, sería imprescindible contar con superioridad aérea sostenida, helicópteros antitanque especializados, artillería de cohetes de largo alcance con alta precisión, sistemas de inteligencia y vigilancia en tiempo real, y la capacidad de operar estas herramientas de forma coordinada día y noche con avanzados sistemas de mando y control.

Este conjunto de capacidades no existe de manera integrada en ningún ejército sudamericano, con la sola excepción parcial de Brasil, país que, por razones geopolíticas, económicas y estratégicas, no representa un escenario de conflicto con Chile, pues es una nación que ve a Santiago como un aliado militar. Gracias a este nivel de preparación, Chile no enfrenta una urgencia inmediata para reemplazar sus carros principales de combate. Su desafío estratégico no es la compra apresurada de nuevos tanques en un mercado internacional saturado y con plazos de entrega que oscilan entre ocho y doce años, como veremos en el caso peruano, sino la continuidad de procesos de modernización selectiva, la integración de capacidades antidrones y de guerra electrónica, el incremento y la mejora de sus unidades logísticas de ataque en campañas ofensivas de larga duración (talón de Aquiles en la planificación chilena) y la profundización del entrenamiento combinado. Prácticamente todas estas necesidades están siendo cubiertas por la empresa Turca ASELSAN. Aun así, no todo es perfecto. El limitado número de vehículos recuperadores de tanques – esos que cambian los motores y torretas en el campo de batalla - reduce la velocidad de ataque de esos 400 Leopard. Esto representa una clara oportunidad de negocios para empresas Danesas como GLAUCUS, especializadas en la venta de este tipo de vehículos, que, a diferencia de casi todos los fabricantes europeos, no tienen todas sus líneas de fabricación comprometidas con contratos de la OTAN y pedidos en Ucrania por los próximos ocho años.

En síntesis, Chile no solo posee tanques: posee una fuerza acorazada funcional, equilibrada y sostenida, algo excepcional en América Latina. Su diseño de fuerza y doctrina de combate demuestran que el carro principal de combate no ha perdido relevancia en el siglo XXI, sino que sigue siendo decisivo cuando está respaldado por una doctrina de combate ofensiva, logística veloz y agresiva que acompaña en el ataque a las fuerzas blindadas en el campo de batalla nocturno. Para el resto de la región, Chile no es un competidor directo, sino el estándar que evidencia la brecha entre los inventarios teóricos y el poder militar efectivo de la fuerza acorazada.




Saludos cordiales.
 
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Tanque Leopard 1 del Ejército Brasileño.

Brasil y sus Leopard 1, la disuasión dormida

Cuando Brasil decidió adquirir más de 370 carros de combate Leopard 1A5BR procedentes de Europa, la apuesta parecía lógica en el papel. Un blindado probado, robusto, conocido por la doctrina occidental y disponible a bajo costo. Lo que no se dijo entonces —o no se quiso ver— es que muchos de esos vehículos llegaban al país en un estado lamentable, casi fantasmal: incompletos, canibalizados, sin piezas críticas, con motores agotados y con sistemas de combate esenciales ausentes o inoperantes.

Hoy, años después, el balance resulta aún más incómodo. El programa de revitalización de la fuerza blindada brasileña continúa formalmente en marcha, pero más del 70 % de la flota permanece inmovilizada en bodegas, como una colección de reliquias industriales. Carecen de repuestos de motor, sus sistemas de armas no están operativos y la logística que debía sostenerlos simplemente no existe. El número de carros plenamente operativos no supera —en el mejor de los casos— las 48 unidades, y aun así apenas están en condiciones para operar más allá de unos pocos días en un escenario real de combate. Y esas son las buenas noticias.

El origen del problema no es técnico, sino político. Hace ya varios años, el gobierno alemán decidió cancelar el apoyo logístico, el suministro de repuestos y la asistencia de mantenimiento al gobierno del presidente Lula. Desde ese momento, los Leopard brasileños quedaron huérfanos. Sin visión nocturna moderna, sin miras térmicas de adquisición de blancos, sin sistemas de estabilización de tiro y sin stocks críticos en inventario, su valor estratégico quedó severamente degradado. No son tanques inútiles, pero sí tanques incompletos, limitados, dependientes de una solución externa que nunca llegó.

Pero el error estructural fue aún más profundo. En el momento de la compra, el Ejército Brasileño no creó un centro nacional de mantenimiento de nivel europeo. No se estableció una capacidad industrial propia, ni una cadena logística integrada y autónoma, ni un plan de ciclo de vida. Los carros llegaron al país, se estacionaron en bodegas y se confió —casi como un acto de fe— en que algún futuro general impulsaría un programa serio para levantar esa enorme flota. Ese momento nunca llegó. Lo que ha existido desde entonces son contratos aislados, esfuerzos fragmentarios y una enorme cantidad de ingenio para lograr que, al menos, un puñado de carros vuelva a moverse. Pero solo eso… moverse. Paradójicamente, la oportunidad sigue ahí. Y es una oportunidad enorme.

La vía más realista para devolver a esta flota un nivel aceptable de alistamiento y efectividad pasa hoy por empresas europeas —especialmente españolas— que aún mantienen capacidad industrial disponible. Empresas que no solo cumplen con sus compromisos OTAN en el viejo continente, sino que también podrían desplazarse a Brasil con motores adicionales, repuestos, piezas críticas e ingeniería especializada para sacar de las bodegas a casi 320 Leopard 1A5 dormidos. No se trata de modernizarlos al estándar de un carro de última generación, sino de devolverlos a la vida, a la masa, al número, que es donde realmente estos tanques recuperan su verdadero sentido estratégico.

En segundo lugar, aparecen actores turcos, como ASELSAN, que podrían estar en condiciones de reparar con notable rapidez al menos una porción significativa de esta flota. Brasil necesita soluciones pragmáticas, rápidas, orientadas a volumen, no a la perfección técnica. Si la guerra está cerca… y todo parece indicar que así es, entonces Brasil no tiene tiempo que perder.

Recordemos que el verdadero valor de los Leopard brasileños no está en la sofisticación individual, sino en el conjunto, en la masa de esos casi 400 tanques. El día en que Brasil logre reactivar esta gigantesca fuerza blindada, pasará automáticamente a ser la segunda fuerza acorazada más poderosa, moderna y bien equipada de América Latina. Y el contexto geográfico multiplica ese poder.

El sur de Brasil es un terreno hecho para la maniobra: grandes extensiones planas, una red de carreteras que conecta con rapidez el interior del país y con sus vecinos inmediatos, y la capacidad de desplegar en pocos días brigadas acorazadas completas. En ese escenario, cualquier intento de penetración terrestre por parte de una fuerza estatal —o incluso de una coalición de países en contra de Brasil — sería un ejercicio suicida. No solo por los Leopard. El Ejército Brasileño dispone probablemente de la mayor y más diversa artillería de la región: regimientos de artillería pesada, autopropulsada, tractada y de cohetes MRLS de largo alcance. Un paraguas de fuego capaz de pulverizar concentraciones enemigas, abrir corredores y permitir el avance rápido de grandes masas acorazadas. En ese marco, los Leopard 1, empleados conforme a la doctrina moderna y en volumen, se convierten en un instrumento devastador de defensa territorial.

Así, estos tanques cumplen una misión que trasciende el combate directo. Generan paz a través de la disuasión. No necesitan disparar para ser efectivos; basta con que estén operativos, desplegables y visibles. Brasil, con esta flota reactivada, garantiza la protección de sus fronteras frente a cualquier intento serio de agresión terrestre.

Hoy, los Leopard brasileños duermen en bodegas. Pero no están muertos. Son una disuasión dormida. Y cuando despierten —si despiertan— cambiarán el equilibrio estratégico del Cono Sur durante décadas.




Saludos cordiales.
 
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Un tanque K2 Pantera Negra como expuesto en Perú en SITDEF 2025. (foto SITDEF)

La fuerza blindada del Perú: una potencia que descansa en la fe y la esperanza

La historia de las unidades blindadas del Perú es, en todos los sentidos, una auténtica montaña rusa. Desde su origen, la totalidad de sus carros de combate ha provenido de arsenales soviéticos, una herencia que, en su momento, otorgó volumen y presencia, pero que hoy se ha convertido en un pasivo estratégico.

La llegada, durante la década de 1970, de más de 330 tanques T-55 armados con un cañón de 100 mm, sumada a un parque superior a 110 vehículos AMX-13 antitanque con cañones de 75 mm incorporados en 1965, proyectaba, sobre el papel, una imagen de poder blindado considerable. Sin embargo, esa imagen nunca pasó de ser eso: una fotografía congelada en el tiempo. En combinación con estos más de 400 vehículos blindados, el Ejército del Perú ha arrastrado históricamente un problema estructural y cultural: la incapacidad crónica para gestionar el mantenimiento con estándares profesionales elevados. Cualquier visita —en cualquier época y en cualquier región del país— a una unidad del Ejército peruano permite constatar en cuestión de segundos la ausencia de una cultura sólida de mantenimiento profundo y preventivo.

El mantenimiento, ese que nace de una comprensión íntima de los sistemas de armas y de la disciplina técnica heredada de ejércitos profesionales antiguos, nunca logró arraigarse en la cultura del oficial peruano. Y como ocurre siempre en las organizaciones militares, el mal ejemplo se replica hacia abajo. Lo mismo sucede en los escalones subalternos y en el cuerpo de suboficiales: La falta de atención al detalle, la ausencia de inspecciones diarias rigurosas, el incumplimiento sistemático del registro técnico de cada vehículo, y la inexistencia de una cadena efectiva de reportes escritos hacia los comandantes de regimiento y, desde allí, hacia la Dirección de Material de Guerra prácticamente nunca fue bien implementada. El resultado es devastador. En la práctica, un material que hoy supera los 52 años de uso ha desaparecido de los inventarios operativos del Ejército peruano.

En términos simples y brutales: el Perú no dispone hoy de más de 17 tanques T-55 capaces de encender motores y desplazarse dentro de un cuartel. Ninguno de ellos cuenta con sistemas de visión diurna o nocturna, carece de asistencia electrónica de puntería, ni —mucho menos— posee computadoras balísticas que permitan efectuar fuego preciso más allá de los 800 metros. Estamos, por tanto, ante una fuerza acorazada nominal, que deja al país con sus fronteras críticamente vulnerables frente a un ataque blindado adversario. Y el problema se agrava por la geografía. Los terrenos del Perú son ideales para la maniobra acorazada: extensas zonas planas, ausencia de obstáculos naturales relevantes y ejes de penetración claros tanto desde el norte como desde el sur. En una guerra, grandes formaciones blindadas enemigas podrían avanzar a alta velocidad sin encontrar una resistencia estructurada y bien organizada que les haga frente. Esta es una vulnerabilidad estratégica que debió haberse corregido hace décadas.

Tan importante y crítico es el tanque que – en pleno siglo 21 - el Perú decidió invertir una suma millonaria para adquirir cientos de tanques principales de batalla a la mayor velocidad posible. Sin embargo, como ha ocurrido históricamente, el Ejército del Perú continúa firmando acuerdos y anunciando futuras adquisiciones de “tanques modernos”, sin leer la letra chica del contrato. En ese contexto se inscribe la decisión —anunciada pero no materializada— de adquirir 150 tanques K2 de Corea del Sur, junto con más de 280 vehículos 8×8 del mismo origen. Todo esto con una inversión inicial estimada en $270 millones de dólares y un valor total del proyecto que podría superar los $1.400 millones. Todo parece indicar que este país tiene muy claro que sin tanques… la guerra no se gana.

Sin embargo, firmar acuerdos cuando el mundo está ingresando a un período de guerras, no implica la llegada segura de estos tanques. Un análisis mínimamente serio revela la realidad: en el mejor de los escenarios, las fábricas surcoreanas no están en condiciones de entregar más de 12 tanques por año. Sus líneas de producción están comprometidas con pedidos prioritarios de 360 tanques K2 para Polonia y 150 tanques más del mismo modelo para el ejército surcoreano. La orden peruana, si llega a ejecutarse, quedará inevitablemente al final de la lista de pedidos al interior de la fábrica, con entregas de 5 a 10 tanques anuales a partir del 2029 y hasta el año 2040. Dicho en Cristiano, si el Perú va a la guerra el 2030, lo hará con 11.3 tanques K2 y con tripulaciones con escaso y reciente entrenamiento. Lo ve hasta un niño.

Todo esto refuerza el valor central, crítico y estratégico de disponer, con la debida antelación, de fuerzas blindadas operativas, que, al menos en el caso peruano, permitirían garantizar un mínimo de disuasión frente a fuerzas acorazadas modernas. Lamentablemente, firmaron el contrato demasiado tarde: 14 años tarde, para ser exactos. A modo de equilibrar la situación, y aunque el Perú adquirió entre 2008 y 2012 aproximadamente 600 misiles antitanque a proveedores israelíes, es altamente probable que, debido a la misma deficiente cultura de mantenimiento, una parte significativa de esos misiles no esté correctamente almacenada ni operativa. A ello se suma la ausencia de simuladores y programas de entrenamiento adecuados, lo que implica una escasez de tripulaciones y de equipos de tiro realmente capacitados para su empleo efectivo en el combate antitanque, tanto diurno como nocturno.

Y es que, al definir cómo van a detener a los tanques enemigos, el problema es aún mayor. El Ejército del Perú carece de una doctrina moderna para el empleo de unidades cazatanque, esas que están integradas a redes y sistemas de inteligencia de campo de batalla, debidamente combinadas con ágiles unidades de reconocimiento y capacidad de maniobra. El ejército, al parecer, descarta – o no recuerda - que toda fuerza blindada enemiga siempre, absolutamente siempre, avanza precedida por sensores aéreos, navales y terrestres. En caso de un conflicto, los vecinos del Perú siempre utilizarán el mar como vía natural para desembarcos anfibios en la retaguardia de cualquier posición defensiva. La observación desde el mar, combinada con medios aéreos, es constante, por lo que cualquier posición defensiva peruana sería rápidamente detectada y atacada a grandes distancias mediante artillería de campaña, cohetes de largo alcance de 160 mm y aviación en misiones de apoyo aéreo estrecho. Y estas son amenazas para las cuales el Perú – hoy en día - no dispone de defensas activas modernas.

Una vez más, como se señaló al inicio de este análisis, la ausencia de una fuerza blindada moderna no solo debilita la defensa nacional, sino que, en términos incómodamente militares… invita al ataque. Existen, sin embargo, soluciones realistas y de corto plazo. Una de ellas es la contratación de empresas locales como Diseños Casanave, en Lima, que ha demostrado históricamente una capacidad notable para pensar fuera de la caja y ha propuesto programas de modernización para los pocos tanques que aún conservan movilidad. Otra opción viable es recurrir a empresas españolas, esas que cuentan con amplia experiencia en reparación y modernización de carros blindados. Una tercera alternativa —quizás la más inteligente— es una combinación de capacidades locales y españolas, dado que ningún otro país de la OTAN priorizará los requerimientos de Lima.

Estas son opciones realistas, rápidas de implementar y con resultados tangibles, si lo que se busca en Lima es recuperar, aunque sea parcialmente, una capacidad defensiva blindada creíble en el corto plazo.




Saludos cordiales.
 
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Tanque Argentino Mediano, TAM 2C6.

Argentina: La caída de los dioses

El caso argentino no es simplemente una historia de auge y caída militar: es el ejemplo más inaudito de un Estado latinoamericano que, durante un breve pero decisivo período, comprendió que el poder militar era una herramienta legítima de orden regional. Argentina construyó un poderoso aparato militar real, no simbólico, guiado por una visión estratégica coherente y por una ambición estatal que asumía —sin complejos— que la influencia se ejerce o se pierde. A partir de la década de 1950, Buenos Aires identificó a Brasil, Uruguay, Paraguay y Chile no como socios inevitables, sino como molestas variables geopolíticas que podían limitar su proyección natural en el Cono Sur.

Esa lectura no era ideológica ni emocional: era estructural. Para Buenos Aires, el control del Atlántico Sur, el acceso al Pasaje de Drake, la proyección antártica y la supremacía sobre los corredores bioceánicos exigían una superioridad militar que trascendiera lo visible. Más allá de lo disuasorio. Esa tenía que ser una fuerza capaz de proyectar un poderío militar aplastante. Para alcanzarla, el Estado argentino inició un masivo proceso de modernización castrense sin precedentes en América Latina. La escala de la inversión pública, la planificación estratégica de largo plazo y una obsesión sistemática por la autosuficiencia en tecnología militar colocaron a la Argentina —durante décadas— muy por encima de cualquier competidor regional. No existía paridad. Existía asimetría. El país operaba en una categoría distinta, a nivel europeo y, en muchos casos, muy superior, con una fuerza militar diseñada no para la defensa pasiva, sino para la disuasión activa y la imposición de la fuerza mediante capacidades estratégicas.

Argentina fue el primer país de la región en operar hasta dos portaaviones, con la aviación naval de ataque más numerosa y moderna de habla hispana en el mundo, con pilotos altamente entrenados y una capacidad de proyección de fuerza sin comparación en la región. Simultáneamente desplegó una fuerza de submarinos de ataque altamente capacitados, una flota de superficie dominante en el Atlántico Sur y un ejército de tierra numeroso, profesional y extraordinariamente bien equipado. No era una fuerza simbólica ni defensiva: era una herramienta de poder pensada para disuadir, proyectar y, llegado el caso, imponer. ¿El objetivo de esta fuerza naval? Dominar el mar para permitir la maniobra terrestre a través de gigantescas formaciones blindadas.

Durante su edad dorada, el país fabricó aviones de combate de última generación, desarrolló artillería pesada propia y produjo una inmensa flota de tanques medianos modernos, apoyándose parcialmente en la cooperación tecnológica con Alemania Occidental. Más importante aún: diseñó un sistema de reclutamiento que priorizaba a oficiales y suboficiales provenientes de la clase media ilustrada, egresados de buenos colegios y universidades. A diferencia de la mayoría de las fuerzas armadas latinoamericanas —con la excepción parcial de Chile y Brasil—, Argentina apostó por el capital humano como multiplicador estratégico. El resultado fue una institución con mística profesional, densidad intelectual y confianza absoluta en su propia superioridad. Mucha confianza en su superioridad. Demasiada confianza.

Pero todo poder prolongado genera distorsiones internas. En el corazón de ese aparato militar se incubó un germen peligroso: el exceso de soberbia. Una autopercepción de invulnerabilidad que, con el tiempo, se transformó en arrogancia doctrinaria. Y cuando una fuerza alcanza un nivel de superioridad regional tal, surge una presión inevitable: la necesidad de probarse frente a un enemigo real. Para el “pensamiento estratégico” Argentino de finales de los años setenta, ese enemigo fue Chile. Tenía que ser Chile.

Bajo el pretexto de consolidar su reivindicación territorial en la Antártida —una que está en conflicto, porque está superpuesta a la reclamación chilena—, en 1978 Argentina preparó una invasión a gran escala. Sobre el papel, el plan era perfecto porque descansaba en la poderosa columna vertebral del ejército… sus fuerzas blindadas y acorazadas. No infantería ni paracaidistas. Los puños de acero eran grandes formaciones de tanques TAM (230), AMX-13 (80), SK-105 Kurassier (112) y casi 400 tanques Sherman repotenciados con poderosos cañones de 105 y 75mm, que avanzarían a través de distintos pasos cordilleranos con el objetivo de fragmentar Chile en tres.

(...)

Pero la historia siempre nos recuerda que todo funciona a partir de ciclos. Sólo en los últimos meses, y bajo la presidencia de Javier Milei, comienza a vislumbrarse un intento de reconstrucción del poder militar nacional. Con inversiones iniciales relevantes, el país avanza en la incorporación de seis cazas F-16 y en la modernización limitada de una docena de tanques TAM 2C. Es un gesto. Una señal. Pero aún simbólica frente a las necesidades monumentales de una nación que ocupa casi la mitad del territorio sudamericano y que, por su geografía y proyección, requiere fuerzas blindadas numerosas, modernas y sostenidas por un aparato logístico de escala industrial.




Saludos cordiales.
 

¿La amenaza?

En el escenario regional actual, la ausencia de un componente acorazado robusto, moderno y autosustentable convierte a la Argentina —al igual que al Perú— en un actor vulnerable ante conflictos de alta intensidad. Las guerras del siglo 21 no se ganan con voluntarismo ni discursos, sino con potencia de fuego continua, logística ágil y multipropósito, esa que acompaña con centenares de vehículos a las unidades de ataque en la primera línea y un sólido respaldo de soporte técnico nacional, garantizado por una doctrina profesional y una voluntad de combate llevadas al extremo.

Porque el soldado que carece de fanatismo, doctrina y severa disciplina… ese que no cree en la guerra, ese se rinde. Ninguna gran ciudad, puerto o infraestructura crítica puede ser tomada y sostenida sin grandes unidades blindadas capaces de detectar, acorralar y destruir al enemigo a varios kilómetros de distancia, especialmente de noche, cuando más del 80% de las fuerzas adversarias sudamericanas carecen de visión nocturna efectiva.

Hoy, sólo un puñado de países del continente latinoamericano dispone de tanques verdaderamente modernos equipados con sensores térmicos avanzados, sistemas de puntería electrónicos y dominio nocturno total, capaces de ver y destruir objetivos a más de 4.000 metros de distancia. La mayoría, en cambio, opera vehículos obsoletos, con blindaje sumamente ligero, cañones de corto alcance y nula capacidad nocturna. En un enfrentamiento del siglo XXI, esas fuerzas están condenadas desde el primer disparo, pues serían destruidas por unidades de infantería modernas que las superan en poder de fuego y en letalidad.

El TAM 2C argentino y su programa de modernización podrían, en el mediano plazo, reequilibrar parcialmente el panorama. Pero la historia no se detiene. El tiempo juega en contra y cada año perdido amplía la brecha entre el pasado glorioso y el presente frágil.

Argentina supo ser la vanguardia militar de América del Sur. Por eso fue admirada. Y por eso duele y sorprende su caída. Su desafío actual no es sólo recuperar material y tecnología, sino reconstruir su doctrina, liderazgo y espíritu estratégico. La defensa de la patria no se sostiene con nostalgia, sino con visión, disciplina y el coraje necesario para volver a edificar el poder que una vez asombró al continente… y a sus adversarios.

Conclusiones:

Y así llegamos al punto central —el que nadie quiere decir en voz alta porque suena “políticamente incorrecto” en tiempos de drones, redes sociales y guerras editadas en video—: en el siglo XXI la victoria sigue siendo, brutalmente, territorial. Y el territorio no se conquista con camionetas rápidas, ni se sostiene con patrullas ligeras, ni se “controla” con sensores desde un dron comercial. El territorio se toma y se retiene con masa, con blindaje, con fuego continuo, con tecnología de punta, con logística propia, con brigadas enteras que avanzan bajo castigo y se mantienen operativas durante semanas. Esas que conquistan y ocupan de forma permanente el terreno capturado. En otras palabras: con formaciones blindadas reales, articuladas alrededor de carros principales de combate pesados, modernos, que avanzan con capacidad de fuego nocturna, y protegidos por su ecosistema completo (infantería mecanizada, guerra electrónica, defensa aérea de corto alcance y capacidades antidrón).

América Latina, por sus fronteras extensas y por la fragilidad política estructural de varios estados, pero principalmente por la ausencia y el desinterés de los Estados Unidos que a partir de ahora NO intervendrá en guerras sudamericanas, no está entrando a una era de “guerras ligeras”. En cambio, ahora está mutando —aunque aún no lo entendamos— a una era de guerras vecinales a gran escala, de larga duración, que serán decididas en tierra, donde quien pueda concentrar primero una fuerza acorazada competente impondrá hechos consumados antes de que el adversario siquiera reaccione.

Y aquí aparece la verdad final: los países que, desde hoy, construyan y sostengan fuerzas blindadas pesadas operativas —no simbólicas— garantizarán disuasión, impondrán respeto y, llegado el momento, asegurarán la victoria. Los derrotados quedarán reducidos a lo de siempre: informando a su pueblo sobre el porqué de la rendición, funerales y mapas perdidos.

Por eso, este panelista —o si se prefiere, este ensayista— cierra con una afirmación incómoda pero inevitable: el rey no murió. Solo estuvo mal interpretado. En las próximas dos décadas, cuando el continente vuelva a mirar el terreno y no la propaganda, veremos el retorno de la lógica que nunca se fue: el regreso del Rey Tanque a América Latina. No como nostalgia, sino como necesidad. No como capricho, sino como condición de supervivencia estatal. Porque al final, cuando se apagan las cámaras y se termina el relato de la propaganda, la guerra no se “gana” desde el aire ni en el mar: se gana avanzando, conquistando para siempre el nuevo y costoso territorio… y para eso… hoy avanzan los tanques.

José Miguel “Mike” Pizarro, ex oficial del Ejército de Chile y ex U.S. Marine, comandante de tanques pesados M1A1 Abrams





Saludos cordiales.
 
Estimados colegas del foro, he fragmentado este texto que analiza las capacidades, la historia y la evolución de las fuerzas blindadas sudamericanas.

He omitido partes que consideré irrelevantes para el tema (y algo un poco ácido), pero pueden leer el texto completo a través del enlace que aparece en cada fragmento.

No estoy del todo de acuerdo con la parte sobre Brasil; como siempre jaja (tengo la impresión de que desde fuera no nos comprenden del todo), aunque la opinión es válida.

Espero que esto ayude a avanzar en este tema.


Saludos cordiales.
 
Estimados colegas del foro, he fragmentado este texto que analiza las capacidades, la historia y la evolución de las fuerzas blindadas sudamericanas.

He omitido partes que consideré irrelevantes para el tema (y algo un poco ácido), pero pueden leer el texto completo a través del enlace que aparece en cada fragmento.

No estoy del todo de acuerdo con la parte sobre Brasil; como siempre jaja (tengo la impresión de que desde fuera no nos comprenden del todo), aunque la opinión es válida.

Espero que esto ayude a avanzar en este tema.


Saludos cordiales.
Muy imparcial y pro chileno obviamente. Al margen de que con el de Argentina puede que tenga razon, ahora, de donde casa que los misiles antitanques peruanos estan fuera de servicio?.

Y mi me cuesta creer lo de los Leopard brasileros, tan mal estan?, y se olvido de los M-60.
awkwardmonkey
 
Muy imparcial y pro chileno obviamente. Al margen de que con el de Argentina puede que tenga razon, ahora, de donde casa que los misiles antitanques peruanos estan fuera de servicio?.

Y mi me cuesta creer lo de los Leopard brasileros, tan mal estan?, y se olvido de los M-60.
awkwardmonkey
Ojo, respecto de Chile se equivoca al alza en números, y el Leopard 1 es el 1V y no el 1a5. Sí creo que acierta en la capacidad de las brigadas en lo que respecta a entrenamiento, logística (en parte) y mantenimiento de todos los blindados (FAMAE no solo está en todas las Brigadas y Unidades con vehículos blindados, también se despliega en operaciones). Además, las modernizaciones se están realizando de acuerdo a lo planificado

Dicho eso, creo que enfrenta el tema con una mirada muy gringa en el uso de los MBTs, al menos respecto de Chile.
 
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Tanque Argentino Mediano, TAM 2C6.

Argentina: La caída de los dioses

El caso argentino no es simplemente una historia de auge y caída militar: es el ejemplo más inaudito de un Estado latinoamericano que, durante un breve pero decisivo período, comprendió que el poder militar era una herramienta legítima de orden regional. Argentina construyó un poderoso aparato militar real, no simbólico, guiado por una visión estratégica coherente y por una ambición estatal que asumía —sin complejos— que la influencia se ejerce o se pierde. A partir de la década de 1950, Buenos Aires identificó a Brasil, Uruguay, Paraguay y Chile no como socios inevitables, sino como molestas variables geopolíticas que podían limitar su proyección natural en el Cono Sur.

Esa lectura no era ideológica ni emocional: era estructural. Para Buenos Aires, el control del Atlántico Sur, el acceso al Pasaje de Drake, la proyección antártica y la supremacía sobre los corredores bioceánicos exigían una superioridad militar que trascendiera lo visible. Más allá de lo disuasorio. Esa tenía que ser una fuerza capaz de proyectar un poderío militar aplastante. Para alcanzarla, el Estado argentino inició un masivo proceso de modernización castrense sin precedentes en América Latina. La escala de la inversión pública, la planificación estratégica de largo plazo y una obsesión sistemática por la autosuficiencia en tecnología militar colocaron a la Argentina —durante décadas— muy por encima de cualquier competidor regional. No existía paridad. Existía asimetría. El país operaba en una categoría distinta, a nivel europeo y, en muchos casos, muy superior, con una fuerza militar diseñada no para la defensa pasiva, sino para la disuasión activa y la imposición de la fuerza mediante capacidades estratégicas.

Argentina fue el primer país de la región en operar hasta dos portaaviones, con la aviación naval de ataque más numerosa y moderna de habla hispana en el mundo, con pilotos altamente entrenados y una capacidad de proyección de fuerza sin comparación en la región. Simultáneamente desplegó una fuerza de submarinos de ataque altamente capacitados, una flota de superficie dominante en el Atlántico Sur y un ejército de tierra numeroso, profesional y extraordinariamente bien equipado. No era una fuerza simbólica ni defensiva: era una herramienta de poder pensada para disuadir, proyectar y, llegado el caso, imponer. ¿El objetivo de esta fuerza naval? Dominar el mar para permitir la maniobra terrestre a través de gigantescas formaciones blindadas.

Durante su edad dorada, el país fabricó aviones de combate de última generación, desarrolló artillería pesada propia y produjo una inmensa flota de tanques medianos modernos, apoyándose parcialmente en la cooperación tecnológica con Alemania Occidental. Más importante aún: diseñó un sistema de reclutamiento que priorizaba a oficiales y suboficiales provenientes de la clase media ilustrada, egresados de buenos colegios y universidades. A diferencia de la mayoría de las fuerzas armadas latinoamericanas —con la excepción parcial de Chile y Brasil—, Argentina apostó por el capital humano como multiplicador estratégico. El resultado fue una institución con mística profesional, densidad intelectual y confianza absoluta en su propia superioridad. Mucha confianza en su superioridad. Demasiada confianza.

Pero todo poder prolongado genera distorsiones internas. En el corazón de ese aparato militar se incubó un germen peligroso: el exceso de soberbia. Una autopercepción de invulnerabilidad que, con el tiempo, se transformó en arrogancia doctrinaria. Y cuando una fuerza alcanza un nivel de superioridad regional tal, surge una presión inevitable: la necesidad de probarse frente a un enemigo real. Para el “pensamiento estratégico” Argentino de finales de los años setenta, ese enemigo fue Chile. Tenía que ser Chile.

Bajo el pretexto de consolidar su reivindicación territorial en la Antártida —una que está en conflicto, porque está superpuesta a la reclamación chilena—, en 1978 Argentina preparó una invasión a gran escala. Sobre el papel, el plan era perfecto porque descansaba en la poderosa columna vertebral del ejército… sus fuerzas blindadas y acorazadas. No infantería ni paracaidistas. Los puños de acero eran grandes formaciones de tanques TAM (230), AMX-13 (80), SK-105 Kurassier (112) y casi 400 tanques Sherman repotenciados con poderosos cañones de 105 y 75mm, que avanzarían a través de distintos pasos cordilleranos con el objetivo de fragmentar Chile en tres.

(...)

Pero la historia siempre nos recuerda que todo funciona a partir de ciclos. Sólo en los últimos meses, y bajo la presidencia de Javier Milei, comienza a vislumbrarse un intento de reconstrucción del poder militar nacional. Con inversiones iniciales relevantes, el país avanza en la incorporación de seis cazas F-16 y en la modernización limitada de una docena de tanques TAM 2C. Es un gesto. Una señal. Pero aún simbólica frente a las necesidades monumentales de una nación que ocupa casi la mitad del territorio sudamericano y que, por su geografía y proyección, requiere fuerzas blindadas numerosas, modernas y sostenidas por un aparato logístico de escala industrial.




Saludos cordiales.
Y es que, al definir cómo van a detener a los tanques enemigos, el problema es aún mayor. El Ejército del Perú carece de una doctrina moderna para el empleo de unidades cazatanque, esas que están integradas a redes y sistemas de inteligencia de campo de batalla, debidamente combinadas con ágiles unidades de reconocimiento y capacidad de maniobra. El ejército, al parecer, descarta – o no recuerda - que toda fuerza blindada enemiga siempre, absolutamente siempre, avanza precedida por sensores aéreos, navales y terrestres. En caso de un conflicto, los vecinos del Perú siempre utilizarán el mar como vía natural para desembarcos anfibios en la retaguardia de cualquier posición defensiva. La observación desde el mar, combinada con medios aéreos, es constante, por lo que cualquier posición defensiva peruana sería rápidamente detectada y atacada a grandes distancias mediante artillería de campaña, cohetes de largo alcance de 160 mm y aviación en misiones de apoyo aéreo estrecho. Y estas son amenazas para las cuales el Perú – hoy en día - no dispone de defensas activas modernas.

roftlmao
 
Muy imparcial y pro chileno obviamente. Al margen de que con el de Argentina puede que tenga razon, ahora, de donde casa que los misiles antitanques peruanos estan fuera de servicio?.

Y mi me cuesta creer lo de los Leopard brasileros, tan mal estan?, y se olvido de los M-60.
awkwardmonkey


Ahí es precisamente donde exagera algo. El Ejército Brasileño adquirió el sistema de armas "Leopard 1A5 BR", en el sentido más amplio de la palabra (fue la primera vez que la adquisición de tanques incluía toda la logística), y KMW incluso tiene una sede en Brasil para este propósito, con el mantenimiento a "nivel Parque" y toda la cadena logística que fue muy bién establecida.

Sin embargo, se tratan de tanques de la década de 1980, modernizados y adquiridos hace 20 años, pronto debido a diversos factores como la escasez de repuestos, y principalmente debido al envío masivo de estos sistemas para Ucrania, y obviamente al seren sistemas antiguos, como cualquier SARM viejo presenta mayores tasas de desgaste y indisponibilidad.

Algo que el autor no menciona (no sé si por desconocimiento) es que, como casi todos los sistemas de interés operados por las FF.AA., en Brasil el EB ha desarrollado un profundo conocimiento en el mantenimiento y la nacionalización de muchos componentes, incluso del mismo EMES 18.
En términos de "eficiencia logística" (o disponibilidad del sistema), el EB ha logrado mantener los sistemas térmicos operativos durante mucho tiempo mediante ingeniería inversa y apoyo local, algo común debido a la robusta industria de defensa local, mientras que es común ver que otras fuerzas regionales, en este caso los ejércitos, dependen mucho, unos casi que exclusivamente del apoyo externo o pasan muchos años en estas condiciones tras recibir un SARM.


Saludos cordiales.
 
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