Traigo este fragmento de la siguiente nota.
En las próximas dos décadas, cuando se vuelva a mirar el terreno, veremos el retorno de la lógica que nunca se fue: el regreso del Rey Tanque a América Latina
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En el escenario regional actual, la ausencia de un componente acorazado robusto, moderno y autosustentable convierte a la Argentina —al igual que al Perú— en un actor vulnerable ante conflictos de alta intensidad. Las guerras del siglo 21 no se ganan con voluntarismo ni discursos, sino con potencia de fuego continua, logística ágil y multipropósito, esa que acompaña con centenares de vehículos a las unidades de ataque en la primera línea y un sólido respaldo de soporte técnico nacional, garantizado por una doctrina profesional y una voluntad de combate llevadas al extremo. Porque el soldado que carece de fanatismo, doctrina y severa disciplina… ese que no cree en la guerra, ese se rinde. Ninguna gran ciudad, puerto o infraestructura crítica puede ser tomada y sostenida sin grandes unidades blindadas capaces de detectar, acorralar y destruir al enemigo a varios kilómetros de distancia, especialmente de noche, cuando más del 80% de las fuerzas adversarias sudamericanas carecen de visión nocturna efectiva.
Hoy, sólo un puñado de países del continente latinoamericano dispone de tanques verdaderamente modernos equipados con sensores térmicos avanzados, sistemas de puntería electrónicos y dominio nocturno total, capaces de ver y destruir objetivos a más de 4.000 metros de distancia. La mayoría, en cambio, opera vehículos obsoletos, con blindaje sumamente ligero, cañones de corto alcance y nula capacidad nocturna. En un enfrentamiento del siglo XXI, esas fuerzas están condenadas desde el primer disparo, pues serían destruidas por unidades de infantería modernas que las superan en poder de fuego y en letalidad.
El TAM 2C argentino y su programa de modernización podrían, en el mediano plazo, reequilibrar parcialmente el panorama. Pero la historia no se detiene. El tiempo juega en contra y cada año perdido amplía la brecha entre el pasado glorioso y el presente frágil.
Argentina supo ser la vanguardia militar de América del Sur. Por eso fue admirada. Y por eso duele y sorprende su caída. Su desafío actual no es sólo recuperar material y tecnología, sino reconstruir su doctrina, liderazgo y espíritu estratégico. La defensa de la patria no se sostiene con nostalgia, sino con visión, disciplina y el coraje necesario para volver a edificar el poder que una vez asombró al continente… y a sus adversarios.