La encrucijada de la aviación de patrulla de la FAB y el desafío del C-390 MPA
27/02/2026
Ayer, 26 de febrero, se publicó en el Diario Oficial de la Unión un memorando de entendimiento entre el Comando de la Fuerza Aérea y Embraer (firmado hace más de un año) para " realizar, de forma coordinada y mutuamente acordada, estudios y análisis conjuntos de conceptos operacionales y viabilidad técnica para la potencial adaptación de la plataforma KC-390 Millennium a misiones de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento (IVR), con énfasis en su aplicación en Patrullaje Marítimo, que pueda ser utilizada en la recuperación o ampliación de las capacidades de la Fuerza Aérea Brasileña " (FAB), con un plazo de 12 meses, prorrogable.
Parece una excelente noticia, pero merece alguna reflexión…
La importancia
El 22 de mayo de 1942, la aviación de patrulla dio a la FAB su bautismo de fuego cuando el bombardero norteamericano B-25B Mitchell, matrícula FAB 40-2245, atacó al submarino italiano Barbarigo cerca del atolón de Rocas, y pasó a ocupar un papel estratégico central en la defensa nacional, aunque a menudo lejos de los focos.
En un país de dimensiones continentales, con cerca de 7.500 kilómetros de costa, una vasta zona económica exclusiva (ZEE) e intereses crecientes en la llamada “Amazonas Azul”, la vigilancia marítima, la guerra antisubmarina y el monitoreo permanente de las rutas oceánicas no son capacidades accesorias, sino instrumentos esenciales de la soberanía.
Durante la última década, la misión de patrullaje de la costa brasileña fue realizada por aviones Lockheed P-3AM Orion, operados por el Primer Escuadrón del Séptimo Grupo de Aviación (1º/7º GAv), el "Escuadrón Orungan". Concebido en plena Guerra Fría, el P-3 fue diseñado específicamente para misiones marítimas de larga duración, con capacidades de guerra antisubmarina, guerra antisuperficie, despliegue de sonoboyas y uso de torpedos. Incluso se pretendió integrar el avión de la FAB con el misil antibuque AGM-84 Harpoon, que fue adquirido, pero nunca se integró.
Incluso tras la modernización, la flota siempre ha requerido un alto nivel de dedicación logística, equipos técnicos altamente especializados y un número considerable de horas de vuelo por misión. Las patrullas típicas superan las ocho horas, pudiendo llegar a las doce o más, especialmente en zonas alejadas de la costa y en operaciones complejas de Búsqueda y Rescate (SAR). Este perfil operativo implica un alto desgaste estructural y costos de mantenimiento constantes, especialmente en los sistemas acústicos y de misión.
Actualmente, según fuentes de la FAB (Fuerza Aérea Brasileña), la flota de P-3 se ha reducido a una sola aeronave en condiciones de vuelo. El desafío ya no es solo estructural, con la necesidad de reemplazar las alas, sino claramente presupuestario. El reemplazo de estas aeronaves, así como de la flota de Embraer P-95AM/BM "Bandeirulha", se acerca rápidamente, y el margen para la toma de decisiones estratégicas se reduce.
Como actividad crucial, la patrulla marítima consume recursos de forma continua, no esporádica, lo que requiere previsibilidad financiera y logística. Es una misión estatal, no ocasional.
El P-3AM Orion es el principal avión de la FAB responsable de la patrulla marítima, de los cuales, según fuentes, solo uno está en condiciones de vuelo (Foto: Cb Silva Lopes/FAB)
EL DILEMA
En este contexto, surge el debate sobre la adaptación del Embraer C-390 Millennium para misiones IVR, conocido como C-390 MPA (Maritime Patrol Aircraft), según lo publicado en el Diario Oficial.
El KC-390 es conocido por ser una aeronave moderna y digital con excelente alcance, alta velocidad y una arquitectura abierta que permite la integración de sensores avanzados, radares AESA, sistemas electroópticos y enlace de datos. En términos industriales y tecnológicos, es una plataforma robusta y prometedora. Sin embargo, es necesario separar el potencial técnico de la viabilidad operativa sostenida, especialmente considerando la realidad presupuestaria brasileña.
Fue diseñado principalmente como un avión de transporte táctico y de reabastecimiento en vuelo, con un perfil operativo que prioriza el despliegue rápido, la flexibilidad logística y el apoyo a operaciones conjuntas. Las misiones clásicas de patrulla marítima, en cambio, requieren largos periodos de permanencia sobre el área, a menudo a baja altitud, con sensores en funcionamiento continuo y equipos dedicados al análisis en tiempo real. Este tipo de misión consume muchas horas de fuselaje, combustible y ciclos de mantenimiento.
Al emplear un avión de tamaño mediano como plataforma principal de patrullaje, la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) se enfrentaría a una ecuación delicada. Cada hora de vuelo en vigilancia marítima equivaldría a una hora no disponible para transporte estratégico o reabastecimiento en vuelo.
Considerando que la flota de KC-390 aún es numéricamente limitada y ya desempeña múltiples funciones críticas, el impacto en la disponibilidad general podría ser significativo. Además, los sistemas de misión complejos, como los radares marítimos, las consolas tácticas, la integración de sensores y, eventualmente, el armamento, implican sus propias cadenas logísticas, contratos de soporte específicos y actualizaciones constantes de software y hardware.
El verdadero cuello de botella, por lo tanto, no reside solo en la adaptación técnica de la aeronave, sino en su capacidad de mantenimiento a lo largo del tiempo. Para mantenerla, se requiere una flota numéricamente adecuada para absorber el mantenimiento programado e imprevisto, un stock permanente de repuestos, contratos de apoyo logístico sólidos y un presupuesto predecible. Sin estos pilares, cualquier solución corre el riesgo de convertirse en una capacidad nominal, presente en los documentos estratégicos, pero con baja disponibilidad real.
La exploración de la capa presal, la protección de infraestructura crítica, la presencia de potencias extrarregionales en el Atlántico Sur y la creciente importancia de las rutas oceánicas refuerzan la necesidad de una vigilancia constante, lo que demuestra que Brasil se enfrenta a un entorno marítimo cada vez más complejo y exigente. Sin embargo, las misiones de larga distancia consumen horas de vuelo (y recursos) a gran escala.
Los sistemas integrados de alta tecnología requieren mantenimiento especializado y actualizaciones constantes. En un escenario de restricciones presupuestarias crónicas, la introducción de un avión de patrullaje KC-390 sin una expansión significativa de la flota ni financiación específica para su mantenimiento podría generar aún más presión sobre una infraestructura ya de por sí sobrecargada.
La discusión estratégica debe realizarse de manera realista: el KC-390 realmente ofrece una plataforma moderna, de producción nacional, con un valor industrial y operativo innegable; sin embargo, transformarlo en la piedra angular de la patrulla marítima brasileña requeriría más que solo la integración de sensores: exigiría planificación a largo plazo, mayores recursos, refuerzo logístico y un compromiso presupuestario continuo.
En definitiva, la pregunta no es si el KC-390 puede realizar misiones de vigilancia y reconocimiento (técnicamente, puede), sino si la estructura actual de la aviación de patrulla de la Fuerza Aérea Brasileña es capaz de dar apoyo permanente y eficiente a una aeronave de esta complejidad en misiones largas e intensivas. Sin ajustes estructurales profundos, la respuesta tiende a ser más política que operativa.
Ahora los planificadores de la FAB tienen la palabra abierta.
Los P-95 "Bandeirulhas", aviones con costos operativos significativamente menores que los P-3, también están llegando al final de su vida útil (Foto: Sgt Johnson/FAB).
No dia de ontem, 26 de fevereiro, foi publicado no Diário Oficial da União um memorando de entendimento entre o Comando da Aeronáutica e a Embraer (que foi assinado há mais de um ano) para “realizar, de forma coordenada e em comum acordo, estudos e análises conjuntas dos conceitos operacionais e...
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