DRAGÓN VCR 8X8 Basta, ya es suficiente.
Detengan esto, por favor. La sangría de un programa que no se merecen nuestras Fuerzas Armadas
España, en todo caso.
A estas alturas, visto lo visto y tras el despropósito en que se ha convertido cada nuevo hito del Proyecto, continuar con el Programa VCR 8×8 Dragón es un ejercicio de
negación institucional, de pueril desafío a una realidad frente a la que oponemos tozudez y dinero; prestigio y tiempo. La sucesión interminable de
errores, retrasos, incumplimientos contractuales y vergüenzas técnicas ha terminado por convertir lo que debió ser el
buque insignia de la modernización del Ejército de Tierra en un
naufragio de proporciones históricas. Y lo que es peor: en una
condena inmerecida para nuestras Fuerzas Armadas, que siguen sin disponer de un sistema operativo real tras más de 15 años de estudios, diseños y promesas; e, incluso, para sus fabricantes, que no dudamos no quisieron terminar de esta manera; pero, en ocasiones, los proyectos se tuercen de manera inmisericorde. Esta ha sido una de esas ocasiones.
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El mantra técnico de los fabricantes se repite como una letanía burocrática: «
127 barcazas construidas, 74 vehículos en montaje, 43 en Sevilla, 40 en pruebas«. Las
cifras son irrelevantes si ninguna de ellas se traduce en vehículos operativos. Las han convertido en una suerte de vaciedad dialéctica con menos calado que una soflama en el desierto. El Ejército sigue esperando. La integración electrónica no está certificada. La torre de 30 mm no ha pasado pruebas reales hasta 2024, dicen. Y el
sistema motopropulsor, la joya de
SAPA Placencia, sigue dejando vehículos «
literalmente muertos» durante las pruebas del INTA, como acabamos de conocer.
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El intento de
nacionalizar hasta un 70% de los componentes del
Dragón ha resultado en una
fragmentación desastrosa del programa: cuellos de botella, sistemas incompatibles, y una integración que simplemente no funciona. El consorcio Tess Defence no ha cumplido su papel integrador. Y la consecuencia es un fallo sistémico que afecta desde la motorización hasta la torre, pasando por los sistemas de combate y electrónica.
Ni siquiera la
versión de Infantería (IFV), que debería ser la primera en validarse, está libre de
fallos críticos. La
negativa a firmar la recepción de los vehículos por parte de los técnicos del propio Ministerio de Defensa evidencia la
magnitud de la catástrofe. Y los fallos se repiten:
sobrepeso, problemas en el portón, poleas defectuosas, grupos motopropulsores inestables.
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