Suiza debe reducir su compra de aviones F-35, y una crisis de mil millones de dólares amenaza el mayor programa militar del país
15/05/2026
La adquisición por parte de Suiza de cazas F-35A Lightning II ha entrado en una fase crítica y ya está provocando uno de los mayores debates políticos y militares del país en las últimas décadas.
El programa, que debía modernizar por completo las defensas aéreas suizas a principios de la próxima década, se enfrenta ahora a miles de millones de dólares en sobrecostes, retrasos industriales, incertidumbres técnicas e incluso debates sobre la posibilidad de reducir el número de aviones encargados.
El gobierno suizo ha admitido oficialmente que podría recibir solo 30 cazas F-35A, en lugar de los 36 aviones estipulados originalmente en el contrato firmado con Estados Unidos. Esta decisión se produce tras sucesivos aumentos en los costos del programa y presiones presupuestarias que amenazan con superar el límite financiero aprobado por la población en referéndum nacional.
En marzo de 2026, el Consejo Federal Suizo solicitó un crédito adicional de 394 millones de francos suizos para intentar mantener el programa dentro de los límites autorizados. Aun así, las autoridades del país ya reconocen que el coste final del proyecto podría superar con creces lo previsto inicialmente.
La compra del F-35 siempre ha sido objeto de controversia en Suiza.
El caza de quinta generación fabricado por Lockheed Martin fue elegido en 2021 tras imponerse a competidores como el Rafale francés, el Eurofighter Typhoon europeo y el F/A-18E/F Super Hornet estadounidense.
En aquel momento, el gobierno suizo argumentó que el F-35 ofrecía la mejor relación coste-beneficio, además de una superioridad tecnológica en sensores, guerra electrónica y capacidad de supervivencia.
Sin embargo, desde entonces el programa estadounidense ha acumulado problemas. El paquete de modernización Block 4, considerado fundamental para aprovechar al máximo las capacidades futuras del caza, sufre constantes retrasos y revisiones de alcance. La actualización incluye mejoras de software, la integración de nuevas armas, la ampliación de las capacidades de guerra electrónica y un mayor rendimiento computacional de la aeronave.
Informes recientes indican que algunas de estas características podrían implementarse en fases posteriores, lo que obligaría a los países compradores a invertir aún más recursos en los próximos años. Esto ha aumentado la preocupación en Berna sobre el riesgo de que Suiza reciba aeronaves sin todas las capacidades prometidas al momento de la firma del contrato.
El debate se intensificó aún más después de que las autoridades estadounidenses confirmaran que los precios del programa no eran totalmente fijos, como había sostenido previamente el gobierno suizo.
El Departamento de Guerra de Estados Unidos aclaró que los contratos realizados a través del sistema de Ventas Militares al Extranjero (FMS, por sus siglas en inglés) se basan en estimaciones sujetas a cambios según la inflación, los costos industriales y las modificaciones técnicas del programa. Esta revelación ha generado una importante fricción política interna.
Durante años, el gobierno suizo ha sostenido que existen mecanismos contractuales específicos que protegen al país contra los aumentos de precios.
Ahora, las estimaciones indican que mantener el pedido original de 36 aeronaves podría requerir más de mil millones de francos suizos adicionales (aproximadamente 1.300 millones de dólares estadounidenses).
Los costes operativos también son motivo de preocupación. Estudios oficiales estiman que operar la flota de F-35 durante 30 años podría costar alrededor de 9.400 millones de francos suizos (casi 12.000 millones de dólares estadounidenses), una cifra que supera con creces el coste de adquisición inicial.
Los críticos argumentan que el caza estadounidense es demasiado sofisticado para las necesidades reales de Suiza, cuya principal misión en tiempos de paz es la vigilancia de su espacio aéreo nacional.
Los partidos de izquierda y los grupos antimilitaristas han vuelto a presionar para que se cancele la compra, abogando por alternativas consideradas más económicas y compatibles con la política tradicional de neutralidad de Suiza. Algunas propuestas incluyen ampliar la cooperación aérea con los países vecinos, mantener en servicio durante más tiempo los actuales F/A-18 Hornet y adquirir aeronaves ligeras para misiones de patrulla aérea.
Otro punto delicado radica en la dependencia tecnológica del F-35. A diferencia de los cazas convencionales utilizados anteriormente por Suiza, el Lightning II depende de una extensa infraestructura digital estadounidense para las actualizaciones de software, el mantenimiento y la gestión logística. Expertos en defensa advierten que esto podría reducir la autonomía operativa de Suiza y aumentar su dependencia estratégica de Estados Unidos.
A pesar de las críticas, el gobierno suizo insiste en que cancelar el programa en este momento tendría graves consecuencias financieras y operativas. Se estima que el país ya ha invertido alrededor de mil millones de francos suizos en el proyecto para finales de 2025, además de las posibles penalizaciones contractuales en caso de retirada.
(...)
Mientras tanto, la llegada de los primeros F-35 suizos sigue prevista para 2027, pero el futuro del programa continúa rodeado de incertidumbres políticas, financieras y operativas que podrían redefinir por completo la estrategia de defensa aérea de Suiza en los próximos años.
A aquisição dos caças F-35A Lightning II pela Suíça entrou em uma fase crítica e já provoca um dos maiores debates políticos e militares do país nas últimas décadas. O programa, que deveria modern…
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