El viernes 25 de mayo asumen Cámpora y Solano Lima. Los invitados cantan el Himno Nacional, la
Marcha Peronista y, con los dedos, forman la V de la victoria en medio del ruido ensordecedor de los bombos. Militantes vestidos de blue jeans y camperas con el brazalete de la Juventud Peronista y personal de la Casa Rosada garantizan la seguridad de la ceremonia.
“¡Y llora, llora, llora
la **** oligarquía,
porque se viene
la tercera tiranía”!
En la
Plaza de Mayo, las banderas de Montoneros y de los otros grupos armados ocupan los mejores lugares. Militantes de la Juventud Peronista (JP), a las órdenes de jefes de las “formaciones especiales”, mantienen el orden público; portan estandartes y pancartas con las siglas de la JP y de los grupos guerrilleros FAP, FAR y Montoneros.
En un clima de delirio dificultan mediante consignas antiimperialistas el arribo del secretario de Estado de los Estados Unidos, William Rogers y del futuro jefe de la CIA, William Casey. En defensa de la Patria Socialista se pelean con grupos sindicales a los que consideran burócratas traidores a su clase; celebran la presencia de los presidentes de Chile Salvador Allende, de Cuba Osvaldo Dorticós y de Uruguay Juan María Bordaberry. Dan rienda suelta a su repudio por las fuerzas del orden insultando a los conscriptos de la Policía Aeronáutica, los Regimientos de Granaderos a Caballo y de Patricios, a los aspirantes de la Escuela de Mecánica de la Armada; impiden que se lleve a cabo el tradicional desfile y que toque la banda de Mecánica de la Armada; atacan a hombres de la Infantería de Marina, pintan leyendas denigrantes en vehículos de las Fuerzas Armadas, a la Casa Rosada, la renombran “Casa Montonera”, incendian coches en las calles aledañas, desarman policías que andan distraídos, despiden a dos de los tres miembros de la Junta Militar con gritos “Se van, se van y nunca volverán” cuando éstos se alejan del lugar en un helicóptero. Insultan, se le ríen en la cara y escupen al
general Alejandro Agustín Lanusse, - el único que es teniente general y ostenta el cargo más alto de la cúpula militar del Ejército en la Argentina- cuando éste abandona a pie la Casa Rosada, después de haber entregado la banda presidencial.
Para el entonces teniente Jorge Echezarreta, oficial del “Escuadrón Junín” del Regimiento de Granaderos a Caballo, el 25 fue una jornada inolvidable por lo traumática. “Me mandaron a la Catedral con mis soldados para atender el Tedeum (misa de acción de gracias) que se iba a realizar ese día, al que iba a asistir el presidente Cámpora y las delegaciones extranjeras. Desde las primeras horas de la mañana mucha gente pretendió invadirla. Tuvimos que cerrar las puertas y poner pedazos de mármol y escombros de una obra vecina como barricada y contener a la gente. No teníamos el armamento reglamentario, solo los sables. Nos quedamos ahí hasta pasadas las 20 horas en que
me fue a rescatar el capitán Julio César Veronelli, a pesar de encontrarse con hepatitis. Adentro de la Catedral estábamos a oscuras, porque nos habían cortado el agua y la luz. Uno de los que pasó por esa situación fue Benito Llambí que estaba a cargo del protocolo del Tedeum (49 días más tarde sería Ministro del Interio
Desórdenes a una cuadra de Casa de Gobierno
“Afuera escuchábamos los cánticos
“a la Casa de Gobierno la cuidan los granaderos, y después del 25 la cuidan los montoneros” Tuve que retirar a mis soldados de las calles para evitar que una multitud enardecida, pusiera sus manos sobre los hombres vestidos con uniformes de Granaderos e intentaran robar los tesoros de la catedral, las cenizas del General San Martín o el cofre del Soldado Desconocido. A la noche y cuando ya no quedaba nada por quemar y romper en la Plaza, fuimos rescatados por el teniente Luchessi y en el cuartel nos esperaba el coronel Daniel García. Se alegró mucho, por haber superado el episodio sin heridos, y me dijo: Tenemos que ir a dar gracias a la Capilla, y le respondí
“mi Coronel, pasé 12 horas con Dios en la Catedral, tomando agua bendita, déjeme ir al bar, con mis camaradas”, se rió y me acompañó. El Tedeum se realizó el día siguiente y me tocó estar entre el presidente Cámpora y Vicente Solano Lima.
Clarin