“Si quieres la paz, prepárate para la guerra”

La frase pertenece a Flavio Vegecio Renato (383-450) y forma parte de los pensamientos que explicitó en su magnífica obra “De re militari”, escrita en latín y traducida en español como Acerca de asuntos militares.

Ahora bien, qué significado tiene esta corta pero muy importante frase acuñada hace más de quince siglos atrás?

Una posible interpretación sería que el Estado necesita tener y demostrar fuerza a sus potenciales adversarios para que éstos no encuentren vulnerabilidades y, en caso de hallarlas, consideren que aventurarse en un conflicto les implicará consecuencias no deseadas y/o inaceptables.

Flavio Renato, uno de los más prolíficos escritores del Imperio Romano, escribió varios libros sobre estrategias militares en una época donde las guerras a gran escala eran muy frecuentes.

En este contexto, el autor destaca la importancia de desarrollar y mantener una adecuada defensa para evitar o minimizar las posibilidades de una guerra, ya que consideraba que -por lógica- la iniciativa de atacar, o no, quedaba a cargo de quien contara con una Defensa más fuerte.

Si nos posicionamos en la Guerra de Malvinas, queda claro que el más débil -el Estado argentino- fue quien tomó la iniciativa de recuperar militarmente las islas que -por derecho- le pertenecían.

Sin embargo, aquí es válido resaltar que la decisión estratégica la tomó una Dictadura Militar, cuyas autoridades carecían de la más mínima lógica y estrategia, que sólo se embarcaron en el conflicto contra los ingleses priorizando su interés personal más que la legítima aspiración de lograr la integridad territorial plena.

La cúpula militar argentina, al igual que la Primera Ministra británica, tenían una pésima situación social y económica en sus respectivos países, su popularidad había caído a mínimos históricos y el conflicto armado les resultó “útil políticamente” a ambos gobernantes.

Política y Defensa

El conflicto de 1982 dejó en evidencia la importancia que tiene la Política como factor de poder de una nación para hacer prevalecer sus intereses estratégicos.

La habilidad diplomática y la capacidad política de influir en las decisiones de otras naciones fueron notables del lado británico por su rapidez y eficacia, un aspecto que fue totalmente deficiente para la Argentina.

En este sentido, cabe destacar la relevancia que cobra el contar con una Cancillería y un Sistema de Inteligencia integrados por profesionales de carrera, altamente instruidos y experimentados. Es necesario que la Política Exterior sea clara, coherente y sostenida en el tiempo durante décadas, y no cambiante según el viento del momento, algo muy típico en Argentina.

Asimismo, la Defensa Nacional en el Reino Unido siempre fue priorizada y eso se advierte en el poder bélico de sus Fuerzas Armadas, su nivel de alistamiento y adiestramiento, la capacidad de ataque y despliegue estratégico a grandes distancias a través de su moderna y poderosa aviación y flota, conformadas por aeronaves de diversos tipos equipadas con sensores y armamentos de última tecnología; así como portaaviones, destructores, fragatas, submarinos, buques de apoyo logístico, transporte y desembarco anfibio.

Cadena de mando unificada, doctrina y acción militar conjunta, interoperabilidad, alerta temprana, armamento inteligente, combate nocturno y todo tiempo, entre otros, fueron algunos de los factores que acrecentaron las fortalezas y debilidades combativas de las fuerzas británicas y argentinas, respectivamente.

¿Qué lecciones dejó Malvinas?

A 40 años del cese del fuego y habiendo sufrido la pérdida de 649 héroes que dieron sus vidas, el Estado argentino debe IMPLEMENTAR todas las lecciones que dolorosamente aprendimos durante la Guerra de Malvinas.

El famoso Informe Rattenbach contiene, además del análisis de las responsabilidades de los altos mandos y el desempeño de las Unidades en Combate, una cabal descripción de un sinnúmero de errores, limitaciones, vulnerabilidades y experiencias que deben ser capitalizadas mediante su inmediata puesta en práctica, modificando la doctrina específica y conjunta, incrementando la interoperabilidad y homogenización del equipamiento y procedimientos de las FFAA, aumentando su nivel de instrucción y adiestramiento específico y conjunto, consolidando un entramado científico-tecnológico y productivo capaz de abastecer los principales sistemas de armas, insumos y municiones que requieren nuestras Fuerzas Armadas, mejorando la formación y alistamiento de las reservas y el potencial nacional en caso de movilización, etc.

En concreto, ¿qué deberíamos hacer?

A continuación citamos algunas iniciativas concretas que debería implementar el Estado nacional -a la mayor brevedad posible- en pos de consolidar la integridad territorial y la capacidad de Defensa Nacional con foco en los archipiélagos australes y la Antártida, a saber:

  • Modernizar el equipamiento de las Fuerzas Armadas a fin de incrementar su poder de combate, su capacidad de operar en todo momento y de ser desplegadas a grandes distancias con poco preaviso.
  • Mejorar las condiciones laborales y salarios del personal militar e incrementarlo hasta un mínimo de 120.000 efectivos en actividad.
  • Relocalizar Unidades militares de combate de las tres FFAA en el sur, con eje en el litoral marítimo entre Comodoro Rivadavia y Ushuaia.
  • Contar con aviones de combate supersónicos de la Fuerza Aérea Argentina y de la Armada Argentina en Río Gallegos, Río Grande y Ushuaia.
  • Tener submarinos, buques de transporte y desembarco anfibio en bases situadas en las provincias de Santa Cruz y Tierra del Fuego.
  • Contar con aeronaves tripuladas y no tripuladas (drones) de media y larga autonomía para vigilancia y patrulla marítima, alerta y control aéreo.
  • Completar la radarización de todo el espacio aéreo argentino, cubriendo no sólo el sector continental sino también el correspondiente a la Plataforma Continental Argentina (hasta las 350 millas náuticas desde la costa) tanto en su proyección sobre el continente americano como el antártico.
  • Incrementar la conectividad por vía aérea y marítima entre Santa Cruz y Tierra del Fuego a fin de asegurar el libre tránsito entre ambas provincias sin necesidad de pasar por Chile.
  • Acelerar la construcción del Polo Logístico Antártico en Ushuaia.
  • Trasladar el Comando Conjunto Antártico de la ciudad de Buenos Aires a Ushuaia, junto con el Rompehielos ARA “Almirante Irízar”, el futuro buque polar que se construirá en TANDANOR y los 4 avisos adquiridos a Rusia.
  • Consolidar la infraestructura de la Base Antártica Conjunta Petrel a fin de que la misma sirva de nodo logístico y centro de búsqueda y rescate en el continente blanco.
  • Potenciar la capacidad operacional del recientemente creado Comando Conjunto Marítimo incrementando su capacidad de vigilancia y control con buques equipados con sensores y armamento guiado de largo alcance.
  • Comenzar la implementación del Sistema Nacional de Vigilancia y Control de los Espacios Marítimos (SINVYCEM) con sensores, buques y aeronaves desplegados estratégicamente en la costa, boyas y plataformas marítimas.
  • Continuar con el desarrollo del Plan Espacial Nacional de la CONAE a fin de contar con lanzadores propios y satélites de observación con sensores pasivos (cámaras de alta resolución) y radares en banda L y X.
  • Crear una constelación de micro/nano satélites de inteligencia, vigilancia y reconocimiento que sea operada por las Fuerzas Armadas.
  • A través de ARSAT proseguir el desarrollo y operación de satélites geoestacionarios de telecomunicaciones con trasponder de grado militar para asegurar las comunicaciones del más alto nivel del Estado.
  • Incrementar la capacidad de Ciberdefensa y contar con un entramado público-privado de vanguardia.
  • Impulsar la cooperación interministerial y con las provincias en el marco del programa Pampa Azul.
  • Incrementar el conocimiento general de la población argentina sobre los antecedentes históricos, importancia geopolítica, la usurpación inglesa y la guerra de 1982, mediante el dictado de contenidos específicos en la escuela primaria y secundaria; spots publicitarios y campañas de difusión sobre nuestras Malvinas, Georgias, Sandwich del Sur; la Antártida y la riqueza del Mar Argentino.
  • Fomentar la difusión de los valores y la causa de Malvinas, el heroísmo de nuestros caídos y veteranos de guerra mediante incentivos a la edición de publicaciones, películas, festivales, seminarios, etc., afines a esta temática.
  • Colocar el nombre de los caídos en combate en plazas y avenidas de sus respectivas localidades de nacimiento y/o último domicilio registrado.
  • Anualmente realizar ceremonias y desfiles en las fechas patrias del 2 de abril, 25 de mayo y 9 de julio.
  • Evaluar un procedimiento entre Cancillería-Armada-Prefectura-INIDEP para multar/capturar buques que operen con permiso inglés en aguas argentinas
  • Fomentar el desarrollo de la Industria Naval y Pesquera, el Turismo y la Energía off-shore.
  • Impulsar la creación de una «Organización del Tratado del Atlántico Sur» (OTAS) integrada por Argentina, Brasil, Uruguay y Sudáfrica, que permita consolidar una posición regional sobre los intereses compartidos por estos cuatro países en el Atlántico Sur y la Antártida.

Conclusiones

La Argentina es un país extenso y rico en recursos naturales, renovables y no renovables, por lo que resulta prioritario contar con Fuerzas Armadas en aptitud de proteger nuestros intereses y la soberanía nacional.

Si queremos recuperar las Islas Malvinas por la vía de la diplomacia, debemos ponderar una estrategia consensuada entre las mayorías representativas de nuestro país, que tenga objetivos claros y sostenidos a largo plazo, donde la Política de Defensa debe ser priorizada, pero entendida como una herramienta más entre todas las que debe usar el Estado nacional para hacer valer nuestro reclamo en los diversos organismos multilaterales y, mientras tanto, hacer cada vez más oneroso y complejo que el Reino Unido mantenga el actual status quo de usurpación de nuestras Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur.

No sólo está en juego la soberanía argentina sobre dichos archipiélagos sino también nuestra proyección sobre la Antártida y la libre navegación en las aguas donde confluyen los pasos que unen el Océano Atlántico con el Pacífico.

El pasado no nos dirá lo que debemos hacer, pero sí lo que deberíamos evitar

Argentinos, a las cosas

José Ortega y Gasset

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El autor se desempeñó como Oficial del Cuerpo Comando de la Armada Argentina y Asesor de los Ministros de Defensa y de Seguridad de la Nación.

1 COMENTARIO

  1. Celebro el contenido del artículo, especialmente por la postura propositiva acerca de lo que coincido es necesario hacer, muy particularmente con el desarrollo apropiado y maduro del instrumento militar con presupuestos equivalentes al promedio de Sudamérica del 1,6% del producto bruto interno, tal como fue indicado por el Libro Blanco de la Defensa 2010 (pág. 248) y como resultado de capacidades indisponibles y riesgos preocupantes diagnosticados en ámbito del Ministerio en esa época.

    Tan solo quiero puntualizar que el esfuerzo aéreo militar de combate debería enfocarse no solo en tener aeronaves supersónicas sino, muy especialmente, con un radio de acción cuya influencia sobre los territorios de ultramar en cuanto a poder favorecerlos, mantenerlos o perjudicarlos resulte de la voluntad argentina y no de la incapacidad de sus medios. Dicha capacidad de los medios militares sobre los intereses británicos será sin lugar a dudas la única influencia que conducirá a negociar soberanía sobre las jurisdicciones con las usurpadoras autoridades británicas, tanto la Corona como las autoridades administrativas del Reino Unido.

    Aprovecho a expresar que con tremendo pesar observo cómo la selección de un nuevo avión de combate argentino pareciera centrarse en las variables del costo y su velocidad, pero la performance no estaría teniendo en cuenta la disponibilidad de un radio de acción de 1.000 millas náuticas necesario para ir y volver de las Islas Georgias del Sur, cosa que implicaría una preocupación omnidireccional y mayores costos de Defensa para el Reino Unido en los dos territorios británicos de ultramar del Atlántico Sur. No deben quedar dudas en ninguna instancia política que un actor hegemónico mundial y que acostumbra apropiarse de lo ajeno solo puede ser persuadido cuando los costos superen a los calculados beneficios.

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