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Suecia lanza un programa de defensa aérea territorial de corto alcance por USD 1.400 millones​

11 de enero de 2026

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Suecia avanza hacia una defensa aérea distribuida para proteger sus ciudades e infraestructura crítica del ataque masivo de drones y misiles de crucero



El Gobierno de Suecia confirmó el lanzamiento de un ambicioso programa para desarrollar una capacidad territorial de defensa aérea de corto alcance, orientada no solo a la protección de fuerzas militares en campaña, sino también a la defensa de ciudades, nodos logísticos y infraestructura civil crítica frente a amenazas aéreas de baja cota. La iniciativa, valuada en aproximadamente 15.000 millones de coronas suecas (unos USD 1.400 millones), marca un punto de inflexión en la concepción del luftvärn (defensa aérea) sueco y refleja de forma directa las lecciones extraídas del conflicto en Ucrania.

A diferencia de las adquisiciones recientes centradas en sistemas de media y corta distancia para empleo a nivel brigada —como Patriot, IRIS-T SLS o RBS 70 NG—, el nuevo enfoque apunta a construir una arquitectura distribuida, flexible y territorial, capaz de operar de manera persistente en un escenario de guerra prolongada, saturación de drones y ataques combinados con misiles de crucero.


De la defensa de fuerzas a la defensa del territorio​

Históricamente, la defensa aérea sueca estuvo optimizada para proteger unidades militares desplegadas y bases clave, con énfasis en la movilidad y el acompañamiento de fuerzas mecanizadas. El programa anunciado por Estocolmo rompe parcialmente con esa lógica y plantea la creación de unidades de defensa aérea territorial, concebidas como formaciones independientes, de tamaño compañía, con asignación geográfica definida o capacidad de reposicionamiento rápido.

El objetivo explícito es ampliar el paraguas de protección más allá del frente inmediato: movilización militar, centros urbanos, cruces ferroviarios, puentes, centrales eléctricas, instalaciones nucleares y nodos industriales críticos pasan a formar parte del conjunto de blancos a defender. En términos doctrinarios, esto supone una transición desde un luftvärn puramente táctico hacia un modelo híbrido entre defensa aérea militar y defensa del territorio nacional, alineado con el concepto de defensa total que Suecia viene reconstruyendo tras décadas de desarme relativo.


Baja cota, alta densidad y coste controlado​

Uno de los elementos más relevantes del anuncio es la definición técnica del sistema: se tratará de una capacidad predominantemente de corto alcance, basada en sistemas “simples”, modulares y combinables. Lejos de apostar por interceptores costosos o sensores de gran porte, el énfasis estará puesto en densidad de fuego, número de emplazamientos y sostenibilidad en el tiempo.

Este enfoque apunta directamente al tipo de amenazas que dominan el campo de batalla contemporáneo: UAV tácticos, municiones merodeadoras, drones comerciales militarizados, helicópteros operando a muy baja altura y misiles de crucero subsónicos. En ese contexto, la lógica costo-efectividad resulta central. Interceptar blancos baratos y numerosos con sistemas excesivamente sofisticados es, simplemente, insostenible.

Todo indica que Suecia buscará combinar misiles de corto alcance, artillería antiaérea, soluciones C-UAS y capacidades de guerra electrónica, integradas mediante sensores ligeros y nodos de mando distribuidos, con arquitectura abierta y fuerte énfasis en la movilidad.


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En esta fotografía compartida por el ministro de Defensa de Suecia, Pål Jonson, hay pistas interesantes.

En este contexto, una fotografía difundida por el ministro de Defensa sueco, Pål Jonson, en redes sociales aporta un primer vistazo sobre cómo podría materializarse esta nueva capacidad. Sin tratarse de un anuncio oficial ni de una configuración cerrada, la imagen aparenta representar un esquema conceptual del futuro sistema territorial de defensa aérea de baja cota.

La escena sugiere una defensa escalonada y multicapa, con radares de la familia Saab Giraffe como primer nivel de detección y vigilancia. A estos les seguirían soluciones de artillería antiaérea de tubo montadas sobre camiones tácticos todoterreno, orientadas a la defensa de punto frente a amenazas de muy baja cota, como UAV tácticos y municiones merodeadoras.

En un nivel superior de complejidad se distingue una capa basada en sistemas de tubo de mayor calibre y sofisticación, conceptualmente comparable a soluciones como el Skyranger 30, recientemente adquiridas por otros países europeos para misiones C-UAS y MSHORAD. El esquema se completa con lanzadores RBS 70 de origen sueco, aportando una capacidad misilística de corto alcance ya probada y plenamente integrada en el ecosistema nacional.


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En conjunto, la nueva estructura del paraguas defensivo de baja cota tendrá un enfoque modular, altamente móvil y coste-efectivo, coherente con la lógica de defensa territorial distribuida que Suecia busca construir frente a amenazas aéreas de baja cota.

Lecciones aprendidas que impulsan el cambio estructural en la defensa aérea sueca​

Aunque el anuncio oficial no detalla plataformas concretas, el trasfondo industrial del programa es inequívoco. Suecia cuenta hoy con un portafolio maduro de soluciones de defensa aérea de baja cota, tanto en servicio como en desarrollo, que ofrece una base sólida para materializar esta capacidad territorial: IRIS-T SLS integrado con sensores nacionales, RBS 70 NG con capacidad de operación en red y nuevos interceptores específicamente orientados a la lucha contra drones, como Nimbrix. Esta continuidad tecnológica nacional reduce riesgos, acelera plazos y refuerza la autonomía operativa.

La previsión de una primera orden industrial durante el primer trimestre de 2026 confirma que no se trata de una compra puntual, sino de un programa estructural orientado a construir capacidad en el tiempo. Producción local, entrenamiento, sostenimiento y escalabilidad aparecen como ejes centrales, en línea con la necesidad europea de reconstruir resiliencia industrial y sostener sistemas de defensa aérea en escenarios de alta intensidad y larga duración.

Las referencias explícitas a Ucrania no son retóricas. Desde 2022, la eficacia —y también las limitaciones— de la defensa aérea de corto alcance quedaron expuestas con crudeza frente a ataques persistentes de drones y misiles de crucero. En el caso sueco, esta lectura se combina con su reciente incorporación a la OTAN, donde una defensa aérea territorial robusta no solo protege activos nacionales, sino que eleva el umbral de disuasión colectiva en el norte de Europa.

Más que una nueva familia de equipos, la apuesta sueca representa un cambio estructural en la forma de concebir la protección del espacio aéreo, haciendo foco en redes distribuidas, volumen de medios y persistencia de fuego, con altos niveles de adaptabilidad y movilidad. En un entorno donde la amenaza aérea se expande y multiplica, Suecia opta por una respuesta pragmática: muchos sensores, muchos efectores, bien integrados y sostenibles en el tiempo.




Saludos cordiales.
 
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Suecia destina 15 000 millones de coronas suecas (1400 millones de euros) al establecimiento de varias unidades territoriales de defensa aérea del tamaño de una empresa.

Estas unidades estarán equipadas con sistemas de defensa aérea de corto alcance, específicamente diseñados para el despliegue de C-UAS en la protección de ciudades e infraestructuras críticas.


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