La guerra contra el Paraguay

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13 de abril
Año Acaecimiento
1865
La flota paraguaya apresa en Corrientes a los buques de nuestra Escuadra 25 de Mayo y Gualeguay. Eran dos vapores a rueda, que se encontraban en reparaciones. Ese apresamiento fue una de las causas por las cuales la República Argentina le declaró la guerra al Paraguay.
fuente : histarmar
 
Mas sobre el canon Cristiano

La honra por un cañón



ISABEL FLECK ENVIADA ESPECIAL La ASUNCIÓN

La Guerra de Paraguay aún no acabó en el imaginario de los paraguayos.

La última batalla entre las tropas locales y la Tríplice Alianza (Brasil, Argentina y Uruguay) ocurrió en 1870, pero los rencores provocados por la derrota, que llevó el país vecino a una ruina cuyos efectos aún están presentes, continúan vivos para la mayoría de la población.

El gobierno paraguayo exige que lo Brasil devuelva un combalido superviviente: el cañón “El Cristiano” (“El Cristiano”), considerado héroe paraguayo, pero que tal vez nunca haya hecho un disparo.

El “Cristiano”, que ganó ese nombre por haber sido construido a partir de metal fundido de campanas de iglesias de Asunción, reaparece en la política paraguaya toda vez que las relaciones con lo Brasil no andan bien –como ahora.

Tras Paraguay haber sido suspenso del Mercosur a causa del impeachment-relámpago de Fernando Lugo el año pasado, el presidente Federico Franco volvió al tema en 1º de marzo, fecha en que el país homenajea los soldados caídos en la mayor guerra de la historia de América del Sur (1864-70).

Se estima que 300 mil paraguayos y 50 mil brasileños hayan muerto.

“No habrá paz ni entre los soldados ni entre la sociedad paraguaya mientras no sea recuperado el cañón Cristiano’”, dijo Franco en la ocasión.

El próximo domingo, Paraguay elige su nuevo presidente y debe normalizar los lazos con el Mercosur. Pero el cañón debe continuar siendo una mancha en la relación con los vecinos.

Traído a Brasil inmediatamente después del fin del conflicto, el armamento fue instalado en el entonces arsenal del Ejército, en Río de Janeiro, de donde nunca salió.

El local fue transformado en el Museo Histórico Nacional, y el trofeo de guerra sigue expuesto en el patio abierto.

Franco ya había exigido la devolución del “Cristiano” en 2010, aún como vice de Lugo. En respuesta, el entonces presidente Luiz Inácio Lula de Silva llegó a pedir al Ministerio de la Cultura (MinC) que providenciasse lo retorno del cañón a su patria.

Pero la idea despertó la ira de historiadores y militares brasileños. “Trofeos de guerra son emblemáticos no sólo para un país, pero para todos que participaron de ella. El cañón forma parte de la historia de Brasil también”, dice el investigador Francisco Doratioto, autor del libro “Maldita Guerra”, sobre el enfrentamiento con Paraguay. El asunto acabó engavetado por Dilma.

Buscado por la Folha, el MinC sugirió que la devolución está siendo reconsiderada, para que el cañón forme parte de “acciones de cooperación de interés para los dos países”, como la creación de un museo.

Como el bien forma parte del patrimonio histórico brasileño, tendría que pasar por un proceso de “destombamento” –una decisión que, en último ejemplar, cabe a la presidente de la República.

Para Doratioto, el gobierno paraguayo sólo puede reivindicar el “Cristiano” entregarse a Brasil embarcaciones como la Anhambay –capturada en la invasión de Mato Grueso.

“En un proceso de integración de América del Sur, es preciso comenzar a revivir el pasado y pedir de vuelta todos los trofeos?”, indaga.

El mismo cuestionamiento es hecho por el general Aureliano de Moura, presidente del Instituto de Geografía e Historia Militar de Brasil. “Tanto el cañón como navíos costaron sangre de nuestros soldados y de los de ellos también. No es lógico devolverlo.”

TIRÓ O NO?

El “Cristiano” es emblemático en Paraguay por haber sido llevado para la Batalla de Curupaiti, de 22 de septiembre de 1866, mayor victoria del país contra la Tríplice Alianza.

Según los relatos paraguayos, el cañón, colocado en el Fuerte de Curupaiti, fue decisivo para contener el avance de las tropas brasileñas y argentinas rumbo al Fuerte de Humaitá, que controlaba el acceso la Asunción.

En Brasil, hay quién diga que el “Cristiano” sólo asistió al triunfo paraguayo aquel día. “Él nunca disparó una bala, porque los paraguayos hicieron una estructura interna tan moderna para la época que ellos propios no tuvieron condiciones de usar”, afirma Hube Visto Tostes, directora del Museo Histórico Nacional. Si fuera devuelto, el cañón no va a cambiar en nada el escenario de crisis diplomática con lo Brasil a causa de Lugo y del Mercosur. Pero la guerra estaría más cerca del fin del otro lado del río.

FUENTE: Folha de S. Paulo veía Resenha del Ejército
 

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Nuestra guerra de secesión

La Guerra de la Triple Alianza se asemeja a una tragedia griega en la cual tanto el público como los personajes conocen el final antes de que la obra termine." Con estas palabras describe Tomas Whigham, historiador norteamericano, el dramático desarrollo de este conflicto militar, el mayor en la historia de América del Sur.
En su inicio no fue así, sin embargo, porque el mariscal Solano López, dictador de Paraguay, al declarar la guerra al Brasil y luego a la Argentina, pasando inmediatamente de la proclama a la acción bélica, tenía algunas razones para ser optimista con su estrategia de guerra relámpago. Aspiraba a jugar un rol en el equilibrio geopolítico de la cuenca del Plata, pensaba que difícilmente el presidente Bartolomé Mitre pudiera unificar a las recelosas provincias argentinas y que los medios militares de Brasil estaban demasiado lejos como para poder detener su triunfal avanzada.
Los hechos le fueron adversos y a sólo seis meses de iniciada la guerra, la marina paraguaya fue destruida en la batalla de Riachuelo: Paraguay quedó aislado, sin posibilidad de ninguna ayuda exterior y constreñido a una estrategia defensiva que, pese a poseer el ejército mejor organizado, más tarde o más temprano lo condenaba a la derrota frente a enemigos económicamente muy superiores.
El conflicto fue tan largo, tan sangriento y tan espantosa la destrucción de Paraguay, luego de una resistencia heroica, que desde entonces está envuelto en polémicas apasionadas. Desde un ángulo se le ha visto como el desenlace fatal para la agresividad de un dictador paranoico, que fusilaba generales y familiares con inusitada crueldad y que en su megalomanía declaró la guerra a los dos Estados más poderosos de América del Sur. Esto fue verdad, pero no explica todo lo ocurrido. Desde el campo opuesto se habla de una gran conjura británica, que alentó a la Argentina y Brasil a destruir la singularidad del desarrollo paraguayo y derrocar un gobierno que no aceptaba subordinarse a ninguna influencia foránea. En esa posición, curiosamente coinciden autores rioplatenses de izquierda con los de la derecha autoritaria paraguaya.
Dentro de esos límites en blanco y negro, con los años, felizmente, se ha ido abriendo el espacio a una reconstrucción histórica que supera los anacronismos y esquematismos ideológicos, narra los hechos tal cual fueron y va esclareciendo de una buena vez cuán poco hay de realidad en la mitología revisionista que en los últimos años ha procurado mirar la dramática confrontación con los estereotipados padrones políticos del antiimperialismo contemporáneo.
Acaba de publicarse el tercer y último tomo de La guerra de la Triple Alianza, del citado Thomas Whigham (Ed. Taurus, Asunción, 2012) y éste constituye, a nuestro juicio, un aporte fundamental para el verdadero conocimiento histórico, que no puede reducir a esquemas simples una realidad tan compleja como era la de nuestra región en aquellos años.
Por eso el autor comienza su narración en la herencia colonial y los difíciles procesos derivados de la independencia. La de Paraguay fue desconocida por Rosas y la Argentina recién la reconoció luego de su caída. Brasil, en cambio, tempranamente dio ese paso diplomático, pero no aceptó en cambio sus fronteras. Uruguay había empezado su vida en el acuerdo internacional en que las Provincias Unidas y el Imperio de Brasil reconocían su independencia pero apenas con resignación, aspirando ambos a ejercer sobre él una influencia que de hecho mantuvieron. Paraguay, que había sido el centro de la colonización española, rechazó desde el inicio su incorporación a las provincias platenses y se encerró desde entonces en un aislacionismo que preservó los autoritarismos gobernantes, fundados por el doctor Francia, un Robespierre criollo, monopolista de la autoridad tanto en lo político como en lo económico.
Whigham considera que la guerra de Paraguay fue a la América del Sur lo que la Guerra de Secesión a los Estados Unidos, o sea, un conflicto que envolvió a todos los actores regionales y terminó de consolidar estructuras políticas nacionales hasta entonces tambaleantes.
No hay duda de que la Argentina se unificó en esos años, con un Buenos Aires que logró alinear detrás de sí a todas las provincias, cosa que López pensó que nunca ocurriría.
Paraguay salió destrozado, con una población masculina cercenada, pero con una independencia que, de no haberse pactado por los aliados en el Tratado de la Triple Alianza, seguramente se hubiera comprometido.
Uruguay, el menos protagónico en el conflicto, consolidó también su independencia, porque la intervención brasileña en su política, en 1865, fue la última de su historia. Se salvó, por otra parte, de envolverse en el conflicto del lado paraguayo, alineamiento que sin duda habría terminado trágicamente.
El propio Brasil experimentó la transformación de su monarquía y afirmó una unidad enconadamente resistida en el Sur. El imperio salió de la guerra liberando los esclavos y vio su final a manos de los militares que habían descubierto en los campos de batalla un poder de arbitraje político hasta entonces desconocido para ellos.
Whigham -al igual que Francisco Doriatoto en su Maldita Guerra (Companhia das Letras, San Pablo, 2002)- encuentra elementos probatorios de que la influencia británica no está presente en el origen del conflicto, considerando que su "mejor explicación descansa en el pequeño ámbito de las ambiciones políticas y cómo esas ambiciones se expresaron en la construcción de nuevas naciones". Los ingleses, imperio comercial por excelencia, querían paz y navegación libre, no pueblos empobrecidos sin capacidad de consumo. El abandono del mariscal López de la prudente política de sus antecesores y su deseo de jugar un rol en los equilibrios del Plata lo llevaron a concebir un plan que inicialmente no parecía descabellado, pero que se transformó luego en una orgía de sangre, que él llevó hasta el delirio cuando se negó a reconocer su derrota. Así sacrificó a un pueblo que le siguió hasta el trágico final.
© LA NACION
 
Paraguay quedó aislado, sin posibilidad de ninguna ayuda exterior y constreñido a una estrategia defensiva que, pese a poseer el ejército mejor organizado,
Realmente me gustaria alguna vez poder corroborar esta afirmacion que parece repetirse en todas las notas/articulos sobre la Guerra de la Triple Alianza. Tan superior y organizado era el ejercito paraguayo con respecto al Argentino y al del Brasil??????
Tan avanzada era la economia y la sociedad paraguaya con respecto a la region???
 
Realmente me gustaria alguna vez poder corroborar esta afirmacion que parece repetirse en todas las notas/articulos sobre la Guerra de la Triple Alianza. Tan superior y organizado era el ejercito paraguayo con respecto al Argentino y al del Brasil??????
Tan avanzada era la economia y la sociedad paraguaya con respecto a la region???

De memoria (puede fallar) Argentina ni siquiera tenia ejercito, solo algunos nucleos de guardias nacionales fundamentalmente destinados a las fronteras con el indio.
Con respecto al Brasil no tengo mas que lo que indican algunos autores de ese pais que marcan que si bien era numeroso, estaba muy mal armado y peor organizado.
De los datos generales de la epoca lo avanzado o no depende mucho del cristal que se mire, tenian algo de vias ferreas, una pequeña fundicion, hilanderias, pero en general no muy diferente al resto de la region.
Se destacaban en su firme decision de no formar parte de ninguna de las naciones en formacion.


Cordialmente
 

Shandor

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Es fácil la respuesta la Argentina tuvo que hacer levas en el campo para tener soldados y estuvo endeudada hasta principios del siglo XX por esta guerra y recuerden que las retenciones al campo fueron inventadas para pagar, esta bendita guerra.
Brasil estuvo endeudado hasta los años 50' si mal no recuerdo.
Destruimos el Paraguay pero quedamos culo pa arriba y por supuesto los Piratas ingleses eran nuestros acreedores.
 
GRacias a ambos por su tiempo.
Seria interesante entonces hacer un analisis "mas frio" de la guerra. En el que se compararan y analizaran las fuerzas que intervinieron, operaciones, enfrentamientos, etc.
Dejar un poco de lado las opiniones politicas,eticas, morales, legales (no porque estan de mas, ojo) y analizar un poco mas la parte "militar" (un poco vago el termino ya se , pero uds me entienden)...
Voy a ver en estos dias si encuentro algo en la web y en un par de libritos que tengo en casa, y ver si puedo armar al respecto para compartirlo aca.......

Si alguien tiene algo para aportar, mas que bienvenido!!!!!

Saluti!!!
 
3-A-305 por favor.
La guerra de la triple alianza tiene una muy profusa bibliografia, hay paa todos los gustos y miradas.
El tema estrictamente militar tambien esta muy bien estudiado por varias fuentes.
Su propuesta es muy interesante, creo que esta guerra fue muy trasendente para la region, y sus consecuencias llegan hasta hoy dia.


Cordialmente
 

Jorge II

Serpiente Negra.
Generalmente siempre me interesó la historia completa sobre esta guerra como asi tambien visitar los lugares o mejor dichos los campos de batallas como el ultimo cerro corá, nose ustedes pero yo soy septima generación de argentino y mi segunda generación participó en esa guerra al mando de Roca.
 

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