El problema con los VCI es complicado ¿Por qué?
Los transportes blindados para la infantería nacen en la SGM; siendo EE.UU y Alemania los dos países que más extensamente los usaron. En ambos casos, estos vehículos eran considerados “taxis de batalla”, es decir, se esperaba de ellos que transportasen a la infantería hasta el campo de batalla y una vez en él, la misma desmontaría y combatiría como infantería convencional. Con esto en mente, el nivel de protección necesario en estos vehículos era el suficiente para hacer frente a las esquirlas de la artillería de la época y los disparos de armas pequeñas.
Sin embargo, durante el transcurso del conflicto se vio que en muchas situaciones era conveniente que la infantería atacase montada en los vehículos haciendo fuego desde él, o desmontando a muy corta distancia del mismo, mientras era apoyada por fuego del transporte. Ahora, eso trajo un problema; los semiorugas carecían de la protección de un tanque para operar en el frente mismo, exponiéndose a los mismos riesgos que los carros, especialmente las armas AT (ni hablar que hacia finales de la guerra la capacidad AT de la infantería se incrementó dramáticamente).
La solución era un vehículo de infantería tan protegido como un tanque; pero eso era muy caro, por lo que solo se adoptaron algunos tanques sin torre para ocasiones puntuales (los llamados Sherman Kangooro por ejemplo). El grueso de las tropas continuaría moviendo en taxis de batalla.
Años después, en plena guerra fría, se vio la necesidad de proteger a la infantería ya no de los disparos enemigos, si no de un medio ambiente altamente contaminado por el uso de armamento NBQ. Se planteó así, en los principales países desarrolladores de blindados (EE.UU., URSS y Alemania) el concepto de un medio que permitiese a la infantería combatir desde el interior del mismo, lo que era lo mismo que decir, que el nuevo vehículo debería estar considerablemente más armado que los clásicos APC, pues debía enfrentar por sí mismo (sin la infantería desmontada) a los blancos enemigos. Surge así el concepto de Vehículo de Combate de Infantería; siendo el primero de ellos el BMP-1 soviético, seguido de cerca por el Marder alemán (el proyecto estadounidense se retrasó debido a Vietnam)
Ahora bien, para cuando estos vehículos entran efectivamente en operaciones (e inclusa antes) las superpotencias barajaban con más fuerza la posibilidad de limitar una TGM a un enfrentamiento convencional, y la utilidad de un vehículo con mísera protección (igual a los APC más antiguos, solo válida contra armas pequeñas), pero muy caro, debido a sus sistemas de armas y protección NBQ fue fuertemente cuestionada. Algunos generales soviéticos pusieron el grito en el cielo al saber que el BMP-1 era más caro que un tanque T-62. Kruschev mismo criticó a un vehículo que en sus palabras “no ofrecía más protección que los camiones”. En Alemania el Marder fue igualmente cuestionado, después de todo, era casi tan caro como un MBT. En EE.UU mientras tanto, sus informes de inteligencia recogían los debates soviéticos y hacían replantearse su propio proyecto (que vería nacer al M-2 Bradley) a favor de tanques M-48 reconvertidos a APCs. Finalmente el Bradley vio la luz, en parte impulsado porque el proyecto se fusionó con el de un tanque ligero para la caballería (que dio luz a la versión M-3), pero las críticas nunca cesaron completamente. El RU se planteó desde el principio un VCI pensado para pelear con la infantería desmontada (el Warrior, a diferencia de los otros tres proyectos, nunca tuvo troneras para que los infantes hagan fuego montados), pero originalmente era un vehículo mucho mejor protegido, con blindaje chobham y más de 40t; solo limitaciones presupuestarias hicieron nacer al actual Warrior.
Los VCI vieron con el correr del tiempo incrementar su protección, pero son solo parches que no los ponen en igualdad con los MBT. Su actuación en combate real es mixta. El debut del BMP en Yom Kippur fue desafortunado; en el golfo los M-2 y Warrior lo hicieron bien, pero en un contexto de aplastante superioridad aliada. En situaciones donde esa superioridad no ha podido ser explotada plenamente como en Chechenia su protección se ha mostrado insuficiente (en Rusia nacieron varios vehículos basados en cascos de tanques). Y al día de hoy, o se ha pasado a medios más pesados (Puma alemán) o se prevé que sus sucesores sean basados en un casco común con el futuro MBT (Rusia y EE.UU). El asunto es que económicamente una flota entera de medios pesados para la infantería mecanizada es insostenible. La solución a eso es por un lado mantener a la mayoría de las unidades en clásicos taxis de batalla para enfrentar operaciones defensivas o de mantenimiento de terreno (en donde se combate desmontado en posiciones) y un “vehículo de asalto pesado” (tal es la denominación del Achzarit por ejemplo) para las unidades encargadas de realizar rupturas o servir como punta de lanza en operaciones ofensivas. El armamento a colocarle, es un lujo que variará en función del presupuesto.
En relación al VCTP concretamente, en mi opinión, es el miembro maldito de la familia TAM. No aporta nada que no hiciera un M-113 (aparte de un cañón de 20 mm que ciertamente no iba a ser la diferencia en caso de guerra), y a cambio tiene un costo mucho mayor. Un costo que va más allá del precio y mantenimiento del vehículo, porque su existencia se tradujo en que variantes mucho más importantes, como un recuperador, un vehículo de ingenieros y un lanzapuentes nunca vieran la luz. Digo, cantar loas a la movilidad del sistema TAM para que luego un campo minado o una zanja cantracarros paralice un regimiento entero es cuanto menos, desconcertante.
Los transportes blindados para la infantería nacen en la SGM; siendo EE.UU y Alemania los dos países que más extensamente los usaron. En ambos casos, estos vehículos eran considerados “taxis de batalla”, es decir, se esperaba de ellos que transportasen a la infantería hasta el campo de batalla y una vez en él, la misma desmontaría y combatiría como infantería convencional. Con esto en mente, el nivel de protección necesario en estos vehículos era el suficiente para hacer frente a las esquirlas de la artillería de la época y los disparos de armas pequeñas.
Sin embargo, durante el transcurso del conflicto se vio que en muchas situaciones era conveniente que la infantería atacase montada en los vehículos haciendo fuego desde él, o desmontando a muy corta distancia del mismo, mientras era apoyada por fuego del transporte. Ahora, eso trajo un problema; los semiorugas carecían de la protección de un tanque para operar en el frente mismo, exponiéndose a los mismos riesgos que los carros, especialmente las armas AT (ni hablar que hacia finales de la guerra la capacidad AT de la infantería se incrementó dramáticamente).
La solución era un vehículo de infantería tan protegido como un tanque; pero eso era muy caro, por lo que solo se adoptaron algunos tanques sin torre para ocasiones puntuales (los llamados Sherman Kangooro por ejemplo). El grueso de las tropas continuaría moviendo en taxis de batalla.
Años después, en plena guerra fría, se vio la necesidad de proteger a la infantería ya no de los disparos enemigos, si no de un medio ambiente altamente contaminado por el uso de armamento NBQ. Se planteó así, en los principales países desarrolladores de blindados (EE.UU., URSS y Alemania) el concepto de un medio que permitiese a la infantería combatir desde el interior del mismo, lo que era lo mismo que decir, que el nuevo vehículo debería estar considerablemente más armado que los clásicos APC, pues debía enfrentar por sí mismo (sin la infantería desmontada) a los blancos enemigos. Surge así el concepto de Vehículo de Combate de Infantería; siendo el primero de ellos el BMP-1 soviético, seguido de cerca por el Marder alemán (el proyecto estadounidense se retrasó debido a Vietnam)
Ahora bien, para cuando estos vehículos entran efectivamente en operaciones (e inclusa antes) las superpotencias barajaban con más fuerza la posibilidad de limitar una TGM a un enfrentamiento convencional, y la utilidad de un vehículo con mísera protección (igual a los APC más antiguos, solo válida contra armas pequeñas), pero muy caro, debido a sus sistemas de armas y protección NBQ fue fuertemente cuestionada. Algunos generales soviéticos pusieron el grito en el cielo al saber que el BMP-1 era más caro que un tanque T-62. Kruschev mismo criticó a un vehículo que en sus palabras “no ofrecía más protección que los camiones”. En Alemania el Marder fue igualmente cuestionado, después de todo, era casi tan caro como un MBT. En EE.UU mientras tanto, sus informes de inteligencia recogían los debates soviéticos y hacían replantearse su propio proyecto (que vería nacer al M-2 Bradley) a favor de tanques M-48 reconvertidos a APCs. Finalmente el Bradley vio la luz, en parte impulsado porque el proyecto se fusionó con el de un tanque ligero para la caballería (que dio luz a la versión M-3), pero las críticas nunca cesaron completamente. El RU se planteó desde el principio un VCI pensado para pelear con la infantería desmontada (el Warrior, a diferencia de los otros tres proyectos, nunca tuvo troneras para que los infantes hagan fuego montados), pero originalmente era un vehículo mucho mejor protegido, con blindaje chobham y más de 40t; solo limitaciones presupuestarias hicieron nacer al actual Warrior.
Los VCI vieron con el correr del tiempo incrementar su protección, pero son solo parches que no los ponen en igualdad con los MBT. Su actuación en combate real es mixta. El debut del BMP en Yom Kippur fue desafortunado; en el golfo los M-2 y Warrior lo hicieron bien, pero en un contexto de aplastante superioridad aliada. En situaciones donde esa superioridad no ha podido ser explotada plenamente como en Chechenia su protección se ha mostrado insuficiente (en Rusia nacieron varios vehículos basados en cascos de tanques). Y al día de hoy, o se ha pasado a medios más pesados (Puma alemán) o se prevé que sus sucesores sean basados en un casco común con el futuro MBT (Rusia y EE.UU). El asunto es que económicamente una flota entera de medios pesados para la infantería mecanizada es insostenible. La solución a eso es por un lado mantener a la mayoría de las unidades en clásicos taxis de batalla para enfrentar operaciones defensivas o de mantenimiento de terreno (en donde se combate desmontado en posiciones) y un “vehículo de asalto pesado” (tal es la denominación del Achzarit por ejemplo) para las unidades encargadas de realizar rupturas o servir como punta de lanza en operaciones ofensivas. El armamento a colocarle, es un lujo que variará en función del presupuesto.
En relación al VCTP concretamente, en mi opinión, es el miembro maldito de la familia TAM. No aporta nada que no hiciera un M-113 (aparte de un cañón de 20 mm que ciertamente no iba a ser la diferencia en caso de guerra), y a cambio tiene un costo mucho mayor. Un costo que va más allá del precio y mantenimiento del vehículo, porque su existencia se tradujo en que variantes mucho más importantes, como un recuperador, un vehículo de ingenieros y un lanzapuentes nunca vieran la luz. Digo, cantar loas a la movilidad del sistema TAM para que luego un campo minado o una zanja cantracarros paralice un regimiento entero es cuanto menos, desconcertante.