Con amigos como éstos... (desmalvinización)

La defensa de la autodeterminación equivale a decir que renunciamos a las Islas. Ni más ni menos. Quienes sostienen la idea, deberían decirlo así. Están en su derecho. Tenemos derecho a decir lo que pensamos y la obligación de decirlo claramente, sobre todo cuando se trata de cuestiones serias.
Es útil que todos entiendan lo que uno quiere decir. En este caso es sencillo: se trata de dar un paso más allá en la política que aplicó el presidente Menem entre 1989 y 1999. Eso lo entienden todos.
Quienes pensamos distinto, quienes nos opusimos a la guerra durante la guerra y luego defendimos nuestra posición en la medida de nuestras posibilidades, pensamos que en esta cuestión no se trata de defender un trozo de tierra, perdido en el Atlántico Sur.
Creemos que hay que cuidar las cosas que nos unen. Tratamos de recuperar una parte de nuestro territorio, es decir una parte de nuestra nación. Más que lo que son, las Islas importan por lo que representan.

Fuente: Perfil por Dante Caputo 25/02/2012


Viniendo esta opinion de alguien que participo en la entrega de islas pertenecientes al pais vendiendo la posicion Argentina como si fuera ir a la guerra y a la posicion de ceder territorio nacional como "elegir por la paz", me alegro, se nota que los años lo hizo evolucionar.
 

Nito

Colaborador
Viniendo esta opinion de alguien que participo en la entrega de islas pertenecientes al pais vendiendo la posicion Argentina como si fuera ir a la guerra y a la posicion de ceder territorio nacional como "elegir por la paz", me alegro, se nota que los años lo hizo evolucionar.
 
El Kelper tiene quien le escriba


Esta semana un grupo de intelectuales, aparentemente de procedencia argentina, ha publicado un documento postulando “una versión alternativa sobre Malvinas”.

Generalmente uno tiende a pensar que existen ciertos límites que los cegados por el resentimiento no están dispuestos a atravesar cuando ejercen su antikirchnerismo, pero claramente este no es el caso.
Los multimedios que publicaron dicho documento contribuyeron a militar su difusión aprovechando el carácter provocador y desafiante del mismo, en sintonía con lo que al parecer consideran un golpe a la política oficial, apoyada en gran parte por sectores de la oposición. También, -hay que decirlo- tuvieron la bruta cortesía de nombrar “intelectuales” a un grupo de escribas entre los que se hallan Jorge Lanata, Pepe Eliaschev, Gustavo Noriega y el diputado y profesor de gimnasia Iglesias. Todo un detalle.
Revestiría cierta gravedad si no fuera porque se trata de una expresión de un grupo marginal de rabiosos antioficialistas, y que no tiene correspondencia en el seno de la población.

Puntualmente, el documento hace un llamado a respetar un criterio de autodeterminación de los que habitan las islas “por generaciones”, incluso “antes de que nuestros ancestros llegaran” a la Argentina como inmigrantes. Dicen respecto a los kelpers que “respetar su modo de vida implica abdicar de la intención de imponerles una soberanía, una ciudadanía y un gobierno que no desean”.
¿Ninguno de los que suscribe el documento pensó quizás que jamás desearán tener otro gobierno que no sea el inglés, precisamente porque constituyen una población inglesa transportada hacia un territorio de ultramar para ocuparlo? Al parecer no.

No hacen falta demasiadas luces para advertir que el criterio de “autodeterminación” de las poblaciones resulta obsoleto al pretender aplicarlo en territorios usurpados.
Sucedió algo similar en Gibraltar en 1967 cuando se llevó a cabo un circo electoral que simuló ser un plebiscito para definir la suerte de la población del peñón que, naturalmente y para sorpresa de pocos, decidió mantener el vínculo colonial con Gran Bretaña. En 1968 una resolución de la ONU, (al parecer, órgano patriotero y chovinista al servicio de la intempestiva España) hace caso omiso del resultado de dicho plebiscito y vota a favor de que se reintegre dicho territorio a España, reconociendo su soberanía sobre éste.
Solo una estupidez sin límites dejaría de advertir que una potencia colonial, generalmente, tiene la precaución de ocupar sus territorios conquistados, en mayor o menor medida, con su propia gente, la que será portadora de los rasgos consuetudinarios, culturales e identitarios de la nación de la cual provienen. Esto constituiría una característica necesaria para que una colonia se precie de ser tal.
La otra opción es el sometimiento y la coerción de las poblaciones originarias. Pero ese no es el caso de Malvinas.
Es por ello que la propuesta que enarbolan en dicho documento, como si se tratara de una innovación lúcida, moderna y despojada de concepciones arcaicas, se constituye de hecho en una legitimación del colonialismo en pleno siglo 21.

Aunque para los afiebrados demócratas eurocentristas que suscriben dicha propuesta suene poco simpático admitirlo, cuando se discute soberanía, importa poco la opinión de los que cumplen la tarea de ocupar el territorio en nombre del colonizador.
Insólitamente, pretenden subordinar la soberanía a los “deseos” de los kelpers, es decir, los derechos legítimos sobre un territorio a los deseos que tengan sus ocupantes de entregarlo.

Al parecer, este grupo autóctono de filobritánicos, justifican tamaña claudicación a la corona por temor a claudicarle al fantasma del nacionalismo patriotero, del que se apuran acertadamente a escapar despavoridos. Es decir que temiendo claudicarle al fantasma del nacionalismo chovinista del que -aseguran- fuimos víctimas hace 30 años, optan por claudicarle al imperio británico. Esa constituiría la "visión alternativa" sobre Malvinas que tienen para ofrecernos.
Y no por descabellado que parezca deja de ser tristemente cierto: Ni bien fue publicado el documento, fue reproducido por medios británicos como el telegraph, en lo que fue entendido como un guiño a las pretensiones coloniales inglesas siendo hábilmente presentado como la demostración de que, en el plano político nacional, existían grietas respecto a la causa Malvinas y que por ende, no constituía una verdadera y sólida “política de estado”.

Ciertamente es lamentable y patético que un grupo de opositores al gobierno –y que están en su pleno derecho de ejercer la mas intransigente de las oposiciones- por impotencia o resentimiento, se constituyan de hecho en una comisión argentina de defensa de los intereses británicos, y sean los artífices de un destello de cipayismo cuyo propósito fue el de amplificar la pretensión de los kelpers sobre parte de nuestro territorio nacional ocupado.
Pero el hecho de que lo hagan sosteniendo argumentos tan limitados y precarios, debiera también servir como indicador de su impotencia intelectual y de la estrechez de sus horizontes.

Las Malvinas estarán mas cerca de ser recuperadas en tanto se constituya efectivamente en una causa nacional, se difunda masivamente su historia y con ello, las razones histórico-geográficas que sustentan los reclamos nacionales sobre dicho territorio.
Considero que la educación y la concientización, acompañada por una política de estado coherente y sostenida en el tiempo en el campo diplomático, mas una respetable capacidad de disuasión en materia de defensa, son constitutivas de una estrategia anticolonial que tenga ciertas perspectivas de éxito en el mediano o el largo plazo.
Es en ello en lo que debemos abocarnos.

MS
 
Es una de las críticas más objetivas que leí sobre este documento. Y el párrafo final, la mejor forma de rebatir la postura de "los intelectuales".
¿Quién es el autor?
 
El Kelper tiene quien le escriba


Esta semana un grupo de intelectuales, aparentemente de procedencia argentina, ha publicado un documento postulando “una versión alternativa sobre Malvinas”.

Generalmente uno tiende a pensar que existen ciertos límites que los cegados por el resentimiento no están dispuestos a atravesar cuando ejercen su antikirchnerismo, pero claramente este no es el caso.
Los multimedios que publicaron dicho documento contribuyeron a militar su difusión aprovechando el carácter provocador y desafiante del mismo, en sintonía con lo que al parecer consideran un golpe a la política oficial, apoyada en gran parte por sectores de la oposición. También, -hay que decirlo- tuvieron la bruta cortesía de nombrar “intelectuales” a un grupo de escribas entre los que se hallan Jorge Lanata, Pepe Eliaschev, Gustavo Noriega y el diputado y profesor de gimnasia Iglesias. Todo un detalle.
Revestiría cierta gravedad si no fuera porque se trata de una expresión de un grupo marginal de rabiosos antioficialistas, y que no tiene correspondencia en el seno de la población.

Puntualmente, el documento hace un llamado a respetar un criterio de autodeterminación de los que habitan las islas “por generaciones”, incluso “antes de que nuestros ancestros llegaran” a la Argentina como inmigrantes. Dicen respecto a los kelpers que “respetar su modo de vida implica abdicar de la intención de imponerles una soberanía, una ciudadanía y un gobierno que no desean”.
¿Ninguno de los que suscribe el documento pensó quizás que jamás desearán tener otro gobierno que no sea el inglés, precisamente porque constituyen una población inglesa transportada hacia un territorio de ultramar para ocuparlo? Al parecer no.

No hacen falta demasiadas luces para advertir que el criterio de “autodeterminación” de las poblaciones resulta obsoleto al pretender aplicarlo en territorios usurpados.
Sucedió algo similar en Gibraltar en 1967 cuando se llevó a cabo un circo electoral que simuló ser un plebiscito para definir la suerte de la población del peñón que, naturalmente y para sorpresa de pocos, decidió mantener el vínculo colonial con Gran Bretaña. En 1968 una resolución de la ONU, (al parecer, órgano patriotero y chovinista al servicio de la intempestiva España) hace caso omiso del resultado de dicho plebiscito y vota a favor de que se reintegre dicho territorio a España, reconociendo su soberanía sobre éste.
Solo una estupidez sin límites dejaría de advertir que una potencia colonial, generalmente, tiene la precaución de ocupar sus territorios conquistados, en mayor o menor medida, con su propia gente, la que será portadora de los rasgos consuetudinarios, culturales e identitarios de la nación de la cual provienen. Esto constituiría una característica necesaria para que una colonia se precie de ser tal.
La otra opción es el sometimiento y la coerción de las poblaciones originarias. Pero ese no es el caso de Malvinas.
Es por ello que la propuesta que enarbolan en dicho documento, como si se tratara de una innovación lúcida, moderna y despojada de concepciones arcaicas, se constituye de hecho en una legitimación del colonialismo en pleno siglo 21.

Aunque para los afiebrados demócratas eurocentristas que suscriben dicha propuesta suene poco simpático admitirlo, cuando se discute soberanía, importa poco la opinión de los que cumplen la tarea de ocupar el territorio en nombre del colonizador.
Insólitamente, pretenden subordinar la soberanía a los “deseos” de los kelpers, es decir, los derechos legítimos sobre un territorio a los deseos que tengan sus ocupantes de entregarlo.

Al parecer, este grupo autóctono de filobritánicos, justifican tamaña claudicación a la corona por temor a claudicarle al fantasma del nacionalismo patriotero, del que se apuran acertadamente a escapar despavoridos. Es decir que temiendo claudicarle al fantasma del nacionalismo chovinista del que -aseguran- fuimos víctimas hace 30 años, optan por claudicarle al imperio británico. Esa constituiría la "visión alternativa" sobre Malvinas que tienen para ofrecernos.
Y no por descabellado que parezca deja de ser tristemente cierto: Ni bien fue publicado el documento, fue reproducido por medios británicos como el telegraph, en lo que fue entendido como un guiño a las pretensiones coloniales inglesas siendo hábilmente presentado como la demostración de que, en el plano político nacional, existían grietas respecto a la causa Malvinas y que por ende, no constituía una verdadera y sólida “política de estado”.

Ciertamente es lamentable y patético que un grupo de opositores al gobierno –y que están en su pleno derecho de ejercer la mas intransigente de las oposiciones- por impotencia o resentimiento, se constituyan de hecho en una comisión argentina de defensa de los intereses británicos, y sean los artífices de un destello de cipayismo cuyo propósito fue el de amplificar la pretensión de los kelpers sobre parte de nuestro territorio nacional ocupado.
Pero el hecho de que lo hagan sosteniendo argumentos tan limitados y precarios, debiera también servir como indicador de su impotencia intelectual y de la estrechez de sus horizontes.

Las Malvinas estarán mas cerca de ser recuperadas en tanto se constituya efectivamente en una causa nacional, se difunda masivamente su historia y con ello, las razones histórico-geográficas que sustentan los reclamos nacionales sobre dicho territorio.
Considero que la educación y la concientización, acompañada por una política de estado coherente y sostenida en el tiempo en el campo diplomático, mas una respetable capacidad de disuasión en materia de defensa, son constitutivas de una estrategia anticolonial que tenga ciertas perspectivas de éxito en el mediano o el largo plazo.
Es en ello en lo que debemos abocarnos.

MS
+1000000 !!! IMPECABLE ,Beerchug autoria ?
 
Ah! Felicitaciones, entonces.
Humildemente, lo único que criticaría es la desvalorización de la profesión de Iglesias. Considero que su labor en la política no es mala.

PD: las otras notas también están buenas.
 


No existe el “derecho” a la autodeterminación kelper. La causa Malvinas es una causa nacional y no negociable


El escrito del grupo de argentinos sugiriendo incluir a los habitantes de las Islas Malvinas como “sujetos de derecho” invocando extraña y equivocadamente la disposición transitoria primera de nuestra Constitución Nacional -mal reformada en 1994 por infinitas causas que hoy no tratare- es una afrenta a la inteligencia y el sentimiento nacional del pueblo argentino, y de los héroes y mártires caídos en defensa de ese territorio nacional y no una “agitación nacionalista”.
Creo firmemente que los habitantes de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur son ciudadanos argentinos viviendo en un territorio ilegalmente usurpado por una potencia colonial hace ya muchos años, pero que este, no es motivo alguno para que se les reconozca una identidad nacional diferente -lograda tras la derrota militar argentina de 1982, ya que antes no les era reconocida dicha ciudadanía por la Gran Bretaña- a la que por historia, tradición y pertenencia legitima y legal les corresponde.
Como tal, permitirles a dichos ciudadanos expresarse respecto de a que nación prefieren pertenecer es de una tontera e infantilismo increíble de ser expresado por argentinos intelectuales y capaces, salvo que existan otras consideraciones no expresadas en su carta. Pues sería como aceptar que los habitantes de San Luis, o Córdoba pudieren elegir libremente a que país pertenecer, y en base a dicho parecer separase e independizarse de la Argentina.
Que hayan pasado exactamente 179 años del despojo territorial, o que una Junta Militar “sediciosa y golpista” hayan cambiado el estatus que estas islas argentinas tenían tal como lo expresara la ONU en 1965 al incluirlas dentro de las incumbencias del “Comité de Descolonización”, no hace a la realidad histórica, sentimental y jurídica de dichos archipiélagos australes; y es mucho menos aceptable que este grupo de personas nacidas en nuestra Patria acepten y coincidan con la postura de una potencia imperial usurpadora y pirata por naturaleza.
(...)
Es verdaderamente inconcebible que seres que se dicen, o piensan inteligentes, puedan llegar a pensar semejante barbaridad o simple y ramplona tontera, solo parangonable con el infantilismo cristinista de creer en que teatralizando la cuestión profunda y seria de la “Causa Malvinas” va a poder convencer a los argentinos despiertos y no adormecidos por el sentimiento falaz de opulencia ficticia, de que lo hace por un verdadero sentimiento patriótico y no por arteros objetivos de distracción popular. Como expresara recientemente: “las Islas Malvinas siempre han sido un atajo tentador para los gobernantes en problemas tanto de la argentina como de la Gran Bretaña”.
(...)
Salvo América Latina, con alguna excepción, y las naciones del tercer mundo el resto de Europa y Asia se unieron a las sanciones económicas y militares aplicadas por EEUU y la Gran Bretaña a nuestra Patria. Acabamos de conocer el aporte de Libia e Israel, que se suman al de Perú en armamento, así como el apoyo no aceptado de parte de la ex URSS respecto de lo mismo, y algún día terminaremos seriamente de conocer la verdadera historia. Lo cierto y real es que quedamos notoriamente en inferioridad de condiciones y por lo tanto triunfo Gran Bretaña y los intereses económicos mundiales, los mismos que hoy depredan el mar austral y explotaran los recursos naturales de este y de la Antártida en el futuro no muy lejano.
Cipayos y traidores existen desde la misma Independencia nacional, por lo cual no deben extrañarnos ciertas apreciaciones poco felices o vergonzantemente antinacionales, pero Argentina no debe ni puede renunciar por ningún motivo a sus legítimos derechos soberanos, Europa, EEUU y la misma Gran Bretaña están perdiendo poder por lo que lo que aun parece imposible puede llegar a materializarse más temprano que tarde. Debemos elaborar una Política de Estado para la recuperación de las Islas del Atlántico Sur y del futuro de la Antártida, y esta Política de Estado debe superar las antinomias políticas internas convirtiéndose en una obligación de toda la argentinidad, y así darle contenido al apoyo logrado de nuestros hermanos del MERCOSUR y la UNASUR.
Debemos abandonar la improvisación y la superficialidad, el drama colonial de Malvinas es que está estancado entre los arrebatos de la estrategia infantil y teatralizada de Argentina y la voluntad de una nación en decadencia; por lo que a los británicos les importa muy poco los kelpers, lo que les importa es la posibilidad económica que se les abre con la explotación petrolera y gasífera, acechando al unísono el enclave colonial antártico, enorme fuente de recursos y la mayor reserva de agua potable del planeta. Cameron sueña con ponerse la peluca de Margaret Thatcher y reiniciar el camino de aquella utilizando cualquier recurso que considere valido para recomponer su desgastada figura y atar una vez más con alambre el imperio.
(...)
La pérdida de influencia de la Gran Bretaña en el mundo globalizado se puso de manifiesto durante la actual crisis de la eurozona, pero no debemos subestimarlos, menos aun cuando podrían estar tentados a montar una provocación que desvíe la atención de su difícil realidad, algo muy similar a lo que intenta infantilmente y de forma mamarrachesca el régimen kirchnerista tardío del cristinismo. Para enfrentar ambas posibilidades trasnochadas se requiere: 1º Que Argentina en cada Asamblea General de ONU proponga “instar a las partes -Gran Bretaña y Argentina (con exclusividad)- a discutir el futuro de las islas en todos sus aspectos”, teniendo la ventaja de que ya cuenta con el apoyo y la aprobación apabullante de la casi totalidad de las naciones del globo; 2º Instruir y capacitar a los embajadores argentinos para que organicen lobbies y reuniones o actividades alusivas a la cuestión de la soberanía malvinense argentina, en forma permanente y continua con el objetivo único y final de mantenerla viva; 3º Que los parlamentarios del Parlamento Latinoamericano y la Unión Interplanetaria Mundial reciban idénticas propuestas permanentemente; 4º Elaborar una agenda política de los países del MERCOSUR y la UNASUR que incluya el tema cotidianamente; 5º Invitar a legisladores y académicos estadounidenses y británicos a visitar nuestro país para discutir y clarificar la cuestión con pares argentinos; 6º Incluir a la Iglesia y a las organizaciones sindicales mundiales (OIT, etc.) en la suma de los reclamos globales sobre la cuestión.
Sólo la acción coordinada, constante y tenaz dará oportunidad a la paz y la reconquista de nuestros territorios, sin atentar contra los habitantes argentinos de aquí y de las islas y hasta a los del Reino Unido; otra cosa es teatralización o alta traición a la Patria y a la sangre injustamente derramada por nuestros héroes y mártires.
Arq. José M. García Rozado
 
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