El Ejército Argentino ha operado durante el año 2020 con el presupuesto más bajo de toda su historia. La incertidumbre generada por la Pandemia COVID-19 que afecta la Argentina impuso una nueva lógica sobre cuales son las prioridades inmediatas. A la espera del proyecto de Ley de Presupuesto 2021, donde la Institución espera un incremento de partidas asignadas, una serie de prioridades surgidas de la coyuntura deberán ser tenidas en cuenta.

Desde el inicio de la Operación General Manuel Belgrano, el Ejército Argentino ha realizando una encomiable y reconocida labor de contención social en los Partidos del Conurbano Bonaerense. Efectivos realizan diariamente el reparto de alimentos calientes en los barrios más humildes, fuertemente golpeados por la Pandemia que ve reducida a un mínimo la actividad económica y comercial en los centros urbanos.

Frente a este panorama, no es descabellado pensar que, más allá de los refuerzos presupuestarios extras, el nuevo presupuesto asigne recursos para sostener el despliegue operativo y logístico abocado para hacer frente a la Pandemia. Si bien, no constituye su misión principal, el apoyo a las comunidades, dentro de las denominadas misiones subsidiarias, puede presentar la oportunidad para apuntalar procesos de equipamiento imprescindibles.

Al avance en las gestiones realizadas, la adquisición de nuevos vehículos de transporte utilitario cobra relevancia. Hasta el momento, el Ejército Argentino viene incorporando en cantidades reducidas versiones militarizadas de camiones de la familia Atego. Frente a la necesidad de mayores despliegues en apoyo a las comunidades, contar con un mayor número de unidades se presenta como prioritario. No obstante, es una oportunidad de continuar con la renovación del parque de vehículos de transporte logísticos. A pesar de los esfuerzos, el núcleo operativo de la fuerza descansa en los camiones UNIMOG que, a pesar de los esfuerzos de recuperación emprendidos, poseen una antigüedad de más cuatro décadas.  

Continuando este apartado, frente a la imposibilidad de adquirir nuevo material más allá de adquisiciones puntuales, la recuperación de los MB230G no debería ser dejada de lado. Adquiridos en la década de los 80´, continúan constituyendo uno de los principales medios de transportes abocados en los despliegues operacionales en el terreno y campañas que realiza el Ejército Argentino.

Una cuestión no menor, producto de la Pandemia COVID-19, es la capacidad de proporcionar alimentos calientes a la tropa en sus vivacs, como también a las comunidades. La situación socioeconómica que afecta al país, profundizada por el Coronavirus, produjo que comunidades enteras en diversos puntos del país dependan de las raciones que el Ejército Argentino distribuye a través de sus cocinas de campañas. A pesar de adquisiciones puntuales, muchas de ellas fueron construidas hace un lustro en los Arsenales Esteban de Luca. La incorporación de nuevas unidades permitiría reforzar la tarea de contención social que los efectivos vienen desempeñando desde el es de marzo.

El Comando de Aviación de Ejército viene evaluando diversos reemplazos para sus venerables Bell Huey UH1H. Si bien, sometidos a las debidas inspecciones y mantenimiento, la realidad es que la flota se encuentra en la etapa final de su vida operativa. La incorporación de un nuevo helicóptero utilitario que, en una primera etapa complemente a los repontenciados Huey II, a la par que reemplace a las unidades más antiguas, es una cuestión que no puede seguir posponiéndose indefinidamente. No solamente la Pandemia COVID-19 puso a prueba al Comando de Aviación de Ejército, sino que los recientes incendios que afectan a la localidades de Santa Fe y Entre Ríos demuestra la necesidad de contar con un nuevo helicóptero utilitario con que apoyar al Plan Nacional de Manejo del Fuego.

En base a los anuncios realizados en la Cena de Camaradería por el Presidente de la Nación, la recomposición de los sueldos castrenses es una de las metas y prioridades de la gestión del Ministerio de Defensa. La mejora en la asignación presupuestaria no solo apuntalaría la cuestión salarial, cuyo objetivo final es la equiparación con los haberes que reciben los efectivos de la Fuerzas de Seguridad. La renovada visión de la sociedad, que fue testigo de como el Instrumento Militar se desplegó en su asistencia, junto a los altos niveles de confianza, contribuye a la capacidad de negociación de las mandos para lograr el necesario refuerzo presupuestario.

Las fuentes consultadas por Zona Militar indicaron que desde la JEMGE prevé un piso presupuestario de 5.500 millones de pesos con la expectativa de alcanzar los 8.500 millones en el mejor de los escenarios. Todo dependerá de cómo la Pandemia COVID-19 continúe afectando las arcas del Estado Nacional, a la par de la evolución de la situación económica que a traviesa el país.

Si bien la Pandemia COVID-19 impuso nuevas prioridades al Ejército Argentino, también abre determinadas oportunidades para emprender y continuar diversos programas de adquisiciones. Las condiciones para emprender y retomar dichos programas pueden tornarse auspiciosas. El acuerdo con los Holdouts, alcanzando recientemente por el Gobierno Nacional, evita que se cierren posibles fuentes de financiamiento externo. Sin embargo, lo que genera mayores expectativas es el tratamiento y sanción del FonDef en la Cámara de Senadores de la Nación que permitiría apuntarla diversos programas de desarrollo en el ámbito de la Defensa Nacional.

Cómo indico recientemente en un entrevista el General de División Juan Martín Paleo, Jefe del Estado Mayor Conjunto de las FF.AA,: «Los militares no necesitamos reconciliarnos con la sociedad, porque nunca estuvimos peleados. La pandemia tal vez sirvió para que el poder político descubriera la herramienta fenomenal que significan las Fuerzas Armadas para la protección civil y las tareas de asistencia humanitaria«.

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