En tiempos de crisis las soluciones lateralizadas y surgidas de la innovación parecen ser un recurso esencial para mantener en funcionamiento una estructura. Esta situación que se vive desde hace un buen tiempo dentro del instrumento militar argentino y que hace mella en diferentes escalas, atenta fuertemente sobre un ámbito que actualmente compone el mayor porcentaje de las partidas presupuestarias para la función específica: el personal militar. Si bien la problemática es amplia dentro de este componente que en la actualidad consume mas del 85% de los fondos disponibles para el sector, una de las dificultades que se puede apreciar es la falta de personal preparado para ciertas funciones específicas.

Desde este medio hemos abordado el problema en numerosos artículos de análisis, enfocando el problema en la preparación de pilotos en la Fuerza Aérea y su posterior migración a líneas comerciales, las dificultades dentro de la Armada Argentina para mantener a su personal dentro de especialidades tan importantes como lo es arsenales y numerosos casos dentro del Ejercito Argentino para cuestiones de extrema especificidad.

A partir de esto, las instituciones han desarrollado políticas internas con el objetivo de sostener a su personal, brindándole ciertos beneficios tangibles y no tangibles. Sin embargo, una solución gradual y con buena proyección a futuro viene dándose desde hace relativamente poco dentro de un comando del Ejercito Argentino, su aviación.

Observando que el mecanismo tradicional de incorporación de personal idóneo para algunos menesteres resultaba limitado, el Comando ha avanzado en un plan piloto con un proceso novedoso y no menos eficaz: la búsqueda y preparación de personal en simbiosis con la estructura educativa argentina no necesariamente castrense.

Esta ampliación de la fuente de incorporación, que actualmente se encuentra en proceso de desarrollo, viene a suplir la necesidad de aumentar la cantidad de personal calificado entre técnicos y mecánicos aeronáuticos. Esto no es mas que un requerimiento debido a los problemas de disponibilidad del personal preparado para realizar las tareas de mantenimiento de los distintos sistemas aéreos de la unidad, que cuenta con aviones de ala fija y helicópteros.

Examen de ingreso. Personal civil y militar.

Es importante mencionar que el mecanismo tradicional de preparación de suboficiales, entre técnicos de aviación, motoristas, mecánicos y otras especialidades, surge de la encomiable labor de la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral, que desde principios del siglo XX se constituye como principal centro promotor de personal subalterno. De todas maneras y en función de ciertas limitaciones para preparar las cantidades necesarias de técnicos, algunas unidades empezaron a sufrir una merma de personal calificado.

Las dificultades en este sentido han promovido algunas soluciones llamativas. La Aviación del Ejercito, en su plan de búsqueda de fuentes alternativas de incorporación ha sabido explotar las enormes capacidades de instituciones escolares técnicas con el objetivo de captar interesados y promoverlos posteriormente como cabos articulo 11. Esta novísima (aunque escalada) alianza entre el mundo y las necesidades militares y la preparación civil ha comenzado a rendir frutos teniendo este año una primera promoción de técnicos aeronáuticos surgidos en instituciones civiles y perfeccionados bajo estándares militares en las dependencias de Campo de Mayo.

Según pudo recabar Zona Militar, los jóvenes que realizan un curso anual con practicas in situ junto a personal calificado del Ejercito Argentino, reciben una capacitación solida que los convierte al termino de las prácticas personal preparado. Tras 220 horas de practicas profesionalizantes los alumnos del ultimo año de las escuelas de enseñanza secundaria técnicas salen con el titulo de Técnico Aeronáutico o Técnico Aviónico. Posteriormente, al año siguiente a su egreso, los ex alumnos pueden incorporarse directamente al curso de formación de Cabo Mecánico de Aviación Articulo 11.

Si bien el nuevo plan reposa fuertemente en el ámbito civil, se complementa con los mecanismos tradicionales de preparación de personal subalterno del propio Ejército, eliminando cuellos de botella importantes que podrían impactar muy positivamente en la puesta a punto del material aéreo de las unidades, en los proyectos como el Hornero e incluso en una posible migración posterior a otras unidades.

No es menor volver a mencionar que en época de crisis las soluciones prácticas e innovadoras producen movimientos positivos. Sin dudas que un proyecto de incorporación de este tipo de cuadros puede llevarse a una escala mayor para distintas unidades de la institución e incluso a fuerzas hermanas con el objetivo de hacer frente a la falta de personal en algunas unidades. Sin duda amplificar este tipo de medidas no va a impactar en el corto plazo, sino mas bien generará un semillero que florecerá en unos cuantos años cuando técnicos preparados conjuntamente entre el ámbito civil y militar comience a llenar los espacios vacíos que dejan décadas de presupuestos magros, migración de personal y planificación de personal realizado en exclusas.

Si las asimetrías con las que se lidia institucionalmente provienen de la falta de recursos o incluso la falta de interés, la doctrina para abordarlas deberá ser siempre a través de la innovación y la conjunción de fuerzas.

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