Escocia, abocada a un referéndum de independencia

Traigo a colación que el término despectivo de “cornudo” está relacionado con el "Derecho de Pernada" o "Prima Notte".

A los siervos que vivian en las tierras de los “señores feudales” se les permitía cazar cualquier cosa que no fuera un ciervo, ya que estos eran propiedad exclusiva de los “señores”. Cazar un ciervo implicaba un fuerte castigo, en ocasiones se castigaba con la muerte.

Algunos señores feudales luego de ejercer su “derecho de pernada”, retribuían a los esposos dándoles permiso de cazar ciervos. Se dice que el “señor” para hacerle saber al marido que le daba el permiso, hacia colgar las astas de un ciervo en la puerta de la casa de susodicho.
 

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Forista Borgeano
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Traigo a colación que el término despectivo de “cornudo” está relacionado con el "Derecho de Pernada" o "Prima Notte".

A los siervos que vivian en las tierras de los “señores feudales” se les permitía cazar cualquier cosa que no fuera un ciervo, ya que estos eran propiedad exclusiva de los “señores”. Cazar un ciervo implicaba un fuerte castigo, en ocasiones se castigaba con la muerte.

Algunos señores feudales luego de ejercer su “derecho de pernada”, retribuían a los esposos dándoles permiso de cazar ciervos. Se dice que el “señor” para hacerle saber al marido que le daba el permiso, hacia colgar las astas de un ciervo en la puerta de la casa de susodicho.

Y eso a su vez, enraiza en las tradiciones druídicas, que estos tomaron de los pueblos preceltas del Neolítico.
 

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Londres cree que la independencia costará 1.700 euros anuales a cada escocés
Los nacionalistas de Salmond consideran que Cameron ha inflado esa cifra

Los gobiernos de Londres y de Edimburgo publicaron ayer cifras opuestas en relación al coste estimado de una posible salida de Escocia del Reino Unido. Según los cálculos presentados por el Tesoro británico, cada escocés se beneficiará anualmente de un «dividendo» de unos 1.700 euros durante los próximos veinte años si siguen unidos. El líder escocés, Alex Salmond, afirma por su parte que la independencia aportaría un «bonus» de unos 1.200 euros por persona durante al menos quince años.
Según el gobierno británico, la independencia requeriría un incremento del 13% en la recaudación fiscal para sostener un hipotético nuevo Estado y provocaría un recorte del 11% en los servicios públicos. Además, al declive de los ingresos por los hidrocarburos que predicen los expertos le suman unos costes mayores de la deuda pública y el impacto del envejecimiento de la población. Y añaden un coste de más de 3.300 millones para poner en marcha las 180 nuevas instituciones que requeriría, según el gobierno que preside David Cameron, levantar un nuevo país independiente.
«Hecho añicos»
«Dentro del Reino_Unido podemos unificar recursos y compartir los riesgos», afirmó ayer el liberal escocés Danny Alexander, ministro responsable del Tesoro. «Esto implica un dividendo de 1.700 euros para cada hombre, mujer y niño en Escocia; este dividendo es nuestra aportación a un futuro más próspero», defendió el titular de Finanzas. Pero el efecto que buscaba el gobierno con la publicación de estos datos en un voluminoso estudio económico se vio enturbiado por las denuncias de «tergiversación» de un experto de la London School of Economics (LSE).
El profesor Patrick Dunleavy es el autor de uno de los estudios comparativos usados como fuente por el Tesoro para calcular el dividendo de la pertenencia a la unión. Y, ayer, este profesor de política de la LSE denunció en su cuenta en Twitter que «la nota de prensa del Tesoro sobre el coste del gobierno en Escocia tergiversa gravemente la investigación de la LSE». Se refiere, según explicó después, a la estimación en unos 3.300 millones del coste de crear las casi 200 instituciones nuevas que requeriría la independencia. En su opinión, el coste estimado por el Tesoro es diez veces superior al que él calcula.
Estas críticas desde el ámbito académico sirvieron de munición política al ministro principal escocés, el nacionalista Salmond, quien afirmó que «los cálculos de Alexander han quedado hecho añicos». Según el estudio presentado ayer también por el Ejecutivo regional escocés -que ha convocado un referéndum de independencia el 18 de septiembre-, cada escocés obtendría un «bonus» anual de unos 1.200 euros durante al menos quince años, si Escocia se separara en 2016, como quieren los nacionalistas. Sus cálculos incluyen un incremento de la producción de hidrocarburos del 14% entre 2013 y 2018.
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Fijado para el 18 de setiembre
Comienza campaña por referéndum de independencia en Escocia



(Foto : AFP)
La campaña electoral para el referéndum de independencia de Escocia del 18 de setiembre, comenzó este viernes con los sondeos augurando una victoria de los partidarios por mantenerse en el Reino Unido.
El inicio oficial de la campaña no hace sino enmarcar y formalizar un debate que no ha cesado en los últimos meses. Más de 4 millones de personas se han registrado para votar. Se trata de residentes legales en Escocia -los escoceses que viven fuera no pueden sufragar-, mayores de 16 años, en vez de los 18 habituales.
“Estamos en la fase formal de la campaña y más y más gente se implica en el debate. Me complace, porque es un referéndum con dos narraciones muy diferentes”, dijo Blair Jenkins, el responsable de la campaña a favor de la independencia Yes Scotland, en declaraciones a The Guardian.
“La narración del ‘sí’”, prosiguió Jenkins, “dice que una Escocia independiente es una oportunidad”, mientras la del ‘no” “gira en torno a sembrar dudas y miedo”.
En el otro extremo, George Osborne, ministro de Finanzas del gobierno británico, publicó un artículo afirmando que cada escocés tiene 1.400 libras de más (unos 2.300 dólares) en el bolsillo por ser británico.
“Escocia es un país rico, un logro alcanzado tras 300 años de trabajo conjunto con el Reino Unido. Y eso es un argumento para que Escocia se quede, no para que se vaya”, escribió el ministro del gobierno del primer ministro conservador David Cameron.
“Como parte del Reino Unido, las finanzas de Escocia son mucho más fuertes. Los impuestos de Escocia son más bajos y el gasto público más alto. El Tesoro calcula que todo esto supone cada año £1400 por persona en Escocia”.
“Ese es el dividendo Reino Unido, 1.400 razones por la que estamos mejor juntos”, sentenció Osborne.
Guerra de cifras
Los cálculos de Osborne son un ejemplo del rumbo económico que ha tomado el debate. Partidarios y opositores a la independencia se han enzarzado en las últimas semanas en una guerra sobre el costo o los beneficios de la independencia.
El Partido Nacional Escocés (SNP) de Alex Salmond, el jefe de gobierno regional escocés que lidera la cruzada por la independencia, rebate las cifras del Tesoro y le acusa de manipulación.
“Proyectamos que, en un periodo de 15 años, existirán unos recursos fiscales adicionales de 5.000 millones de libras (8.300 millones de dólares), unas 1.000 libras (1.600 dólares) por cada hombre, mujer y niño en Escocia”, dijo Salmond.
“Describimos eso como la ‘prima por la independencia’”, afirmó el miércoles Salmond, que confía principalmente en recursos como el petróleo del mar del Norte, la pesca o el whisky para financiar la construcción del nuevo país.
Sin embargo, un informe de la universidad de Glasgow citado este viernes por el diario The Guardian advierte que la mayoría de las industrias escocesas están en manos extranjeras y que una parte importante de sus ingresos se va de Escocia.
Concretamente, el 70% de lo que se produce en Escocia -excluyendo el sector financiero y el público- está controlado por empresas extranjeras, una cifra que se reduce al 36% cuando se trata del Reino Unido.
Sondeos pronostican que Escocia seguirá en el Reino Unido
Los independentistas escoceses nunca superaron en las encuestas a los partidarios de permanecer en el Reino Unido y en las últimas semanas las diferencias se han agrandado.
La ventaja va de los 7 puntos porcentuales a los 25, según se tome en cuenta un sondeo u otro de los elaborados más recientemente por seis institutos de opinión. La batalla por los indecisos -del 11% al 29% del electorado, según los citados sondeos- será clave.
Las elecciones europeas del 25 de mayo fueron la última prueba electoral antes del referéndum y no arrojaron ninguna novedad en el mapa político escocés, si se analiza en clave de independencia: los independentistas mantuvieron sus dos eurodiputados y los partidarios de seguir en el Reino Unido mantuvieron sus cuatro.
la republica
 

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Escocia no es tan rica como Salmond cree
El 80% del whiskey, el 80% del salmón y la práctica totalidad de la industria petrolera están en manos de empresas extranjeras.

Las encuestas de cara al referéndum de independencia que se celebrará en Escocia el próximo 18 de septiembre parecen haberse estabilizado en un escenario que da la victoria al «No» a la secesión, pero con un número de indecisos suficiente para que nadie pueda cantar victoria todavía. Según el marcador de la BBC, los defensores de seguir en Reino Unido son el 46%, por un 34% de independentistas. Pero el 20% de indecisos que reflejan impide sacar conclusiones claras. Y sitúa el argumento del coste de la independencia en el corazón de la recta final de la campaña.
Los sondeos indican ahora un 46% de apoyo al Sí, un 34% al No y un 20% de indecisos
Esta semana, los dos gobiernos ofrecían estimaciones opuestas del impacto que la separación de Gran Bretaña tendría para el bolsillo de los escoceses. Según los cálculos del Tesoro británico, cada escocés se beneficiará de un «dividendo» anual equivalente a 1.700 euros por persona durante los próximos 20 años gracias a que, «dentro del Reino Unido, podemos unificar recursos y compartir los riesgos», según afirmó el miércoles el liberal escocés Danny Alexander, ministro responsable del Tesoro [puedes consultar su informe aquí].
Pero el gobierno escocés que preside el nacionalista Alex Salmond lo ve de otra forma. Según su propio análisis, la secesión reportaría a cada escocés un «bonus» anual que estiman en 1.200 euros durante los próximos quince años. En esta batalla crucial por los bolsillos, el nacionalismo escocés ha buscado siempre asimilar el sueño de una hipotética Escocia independiente a la prosperidad de países pequeños, ricos y (aparentemente) felices como Noruega o Dinamarca.
Más próspera que Reino Unido (18) y España (22)
«Escocia es uno de los países más ricos del mundo, más próspero per capita que Reino Unido, Francia o Japón, pero necesitamos los poderes de la independencia para asegurarnos de que la riqueza beneficia a todos los miembros de nuestra sociedad», dijo el miércoles Salmond, durante la presentación de su informe de coste económico [puedes consultar el documento íntegro aquí]. El gobierno escocés se basa para esta afirmación en los datos de riqueza publicados en marzo por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Estos sitúan a Escocia como el decimocuarto país más rico del mundo (si se incluyen los ingresos por el petróleo), por delante del Reino Unido, en el puesto número 18, o de España, en el 22 [puedes consultar aquí la tabla]. Pero un estudio de la universidad de Glasgow conocido esta semana pone en cuestión este dato si se excluye la actividad económica escocesa que está en realidad en manos de empresas extranjeras. Según los cálculos de los economistas John McLaren y Jo Armstrong, el nivel de riqueza per cápita de cada escocés es 5.000 dólares menor que los 39.642 que estima la OCDE.

Captura del ranking de países por PIB per cápita, datos de 2012 (fuente OCDE)
Los dos economistas de la universidad de Glasgow ya advertían en su contribución en marzo al debate constitucional al parlamento escocés que «no existe una fórmula exenta de ambigüedades para medir la actividad económica escocesa debido al alto nivel de propiedad extranjera (por ejemplo, en los sectores de la energía o de las bebidas) y a la presencia de una materia prima cotizada internacionalmente, como el petróleo».
En efecto, entre las empresas con licencias para extraer crudo del Mar del Norte británico -del que el 84% corresponde a Escocia-, solo una es escocesa, y apenas extrae 6.000 barriles de crudo del millón diario que se produce.
Por ello, en lugar del Producto Interior Bruto (que contabiliza toda la actividad económica) proponen medir la riqueza de Escocia con el Producto Nacional Bruto (PNB), una medida que suma solo la riqueza que permanece en el país. De esta forma, la riqueza per cápita cae en unos 2.000 dólares hasta una media de 37.400 dólares. Pero, además, se reduce aún más, en cerca de 5.000 dólares hasta los 34.600, si se aplica la metodología preferida por McLaren y Armstrong, según recogía este viernes «The Guardian», que deja fuera los beneficios y los dividendos obtenidos en Escocia por empresas extranjeras.
En este sentido, el diario londinense recuerda el alto nivel de propiedad extranjera en muchas de las industrias clave de la economía escocesa. «Más del 70% de la producción económica total de Escocia, excluidos la banca y las finanzas y el sector público, está controlado por sociedades no escocesas, según datos del gobierno escocés. La cifra para el Reino Unido es el 36%, según la Oficina Nacional de Estadística», recuerda el rotativo.
Las empresas grandes son extranjeras
Así, más del 80% de la industria del whisky escocesa, que es la principal exportación británica en comidas y bebidas, es de propriedad extranjera. Casi el 40% pertenece a una sola compañía, Diageo, con sede en Londres. El whisky es responsable de 10.000 empleos directos y las exportaciones en 2013 ascendieron a 5.280 millones. En el caso de otro producto estrella escocés, el salmón, el 80% del que crece en Escocia es también de propiedad extranjera, en su mayoría de empresas noruegas.
Y el 83% de las empresas escocesas con más de 250 empleados tienen dueños extranjeros (28% en el caso del Reino Unido en su conjunto), y sus beneficios y dividendos acaban en países terceros. En el caso de la industria financiera, que supone el 8% del PIB escocés, la gran mayoría del centenera de grandes empresas que operan en Escocia son de propiedad extranjera. Los fondos de inversión instalados en Escocia obtienen el 86% de sus beneficios en operaciones con el resto del Reino Unido.
«El gobierno escocés está subestimando enormemente el coste del divorcio»
Los economistas de la universidad de Glasgow no son los únicos que cuestionan el discurso del gobierno escocés en esta cuestión crucial, y viaje, de la riqueza de las naciones. Un informe de la entidad Commerzbank publicado a finales de abril sitúa a una hipotética Escocia independiente en el puesto 25 del ranking de países más ricos, con el Reino Unido en la vigésimo tercera posición [puedes consultar aquí la tabla].
«Escocia actualmente se beneficia de las economías de escala derivadas de formar parte de una unión más grande, y tendría que dedicar cuantiosos fondos para replicar la infraestructura existente [se se independiza]», escribía esta semana Peter Dixon, economista en jefe de Commerzbank en Reino Unido. Los gobiernos británico y escocés discrepaban esta semana sobre el verdadero coste de crear las 180 nuevas instituciones que requeriría el nuevo Estado. Londres lo cifra en 3.300 millones, pero un especialista de la London School of Economics lo reduce a la décima parte.
Aún así, para Dixon, «el gobierno escocés está subestimando enormemente el coste del divorcio en este sentido», concluye en un artículo publicado el viernes en el diario gratuito financiero «City A.M.». «La dominación de las empresas no escocesas, especialmente en industrias clave como el petróleo del Mar del Norte, los servicios financieros y banca, el whisky y el salmón, supone que una cantidad significativa de la riqueza de Escocia se exporta al resto del Reino Unido y el extranjero», afirma.
«The Economist» y «el oráculo de Holyrood»
El semanario «The Economist» se ha sumado también al debate con un análisis crítico de las promesas de Salmond, a quien definen como «el oráculo de Holyrood», en referencia a la sede del parlamento escocés, Y se detienen en una de las variables clave a la hora de determinar el potencial económico de Escocia: el siempre inestable precio del crudo. Todos los cálculos del nacionalismo escocés -y su esperanza de eliminar el miedo a empobrecerse que albergan muchos de los indecisos- se basa en unas previsiones de producción e ingresos por hidrocarburos consideradas como demasiado optimistas por muchos expertos.
Así, una fuerte reducción del 41,5% en los ingresos por el petróleo del Mar del Norte elevó el año pasado el déficit en las cuentas públicas escocesas hasta el 8,3% del PIB, frente al 5,8% del año anterior, según los últimos datos oficiales publicados en marzo por el gobierno escocés. La influyente revista recuerda además a Salmond que algunas de sus predicciones a corto plazo «parecen dudosas». «Salmond considera que Escocia será capaz de vender su petróleo a 110 dólares el barril. En comparación, la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria [un organismo independiebnte que vela por el rigor fiscal en Reino Unido], predice un precio de 97 dólares para el año 2016».
abc.es
 

Sebastian

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Obama aboga por que Escocia permanezca en Reino Unido

El presidente prefiere que los británicos sigan en la UE

Marc Bassets Bruselas 5 JUN 2014 - 20:49 CET31


El icónico cartel de Obama retocado por los unionistas británicos.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha hecho este jueves en Bruselas la defensa más explícita hasta la fecha de la unidad de Reino Unido ante el referéndum de independencia que celebrará Escocia en septiembre. En una rueda de prensa junto al primer ministro británico, David Cameron, Obama ha dicho que la decisión sobre la secesión de Escocia corresponde a los escoceses, pero ha dejado clara su posición: “Tenemos un gran interés en que uno de los aliados más cercanos que jamás tendremos siga siendo un socio fuerte, robusto, unido y efectivo”.

La respuesta habitual de la Administración Obama sobre la posición de EE UU respecto al proceso independentista en Cataluña es que se trata de una cuestión interna de España. Escocia también lo es de Reino Unido, pero la Casa Blanca no ha escondido su preferencia. Tampoco lo hizo en 1995, cuando el presidente, Bill Clinton, rechazó la opción independentista del referéndum en la provincia canadiense de Quebec.

Clinton planeaba negar el reconocimiento de la secesión de Quebec si hubiera ganado el sí, según documentos de la Administración publicados en marzo. EE UU también excluía el reingreso inmediato del Quebec independiente en la asociación de libre comercio de América del Norte. El no ganó por menos de 60.000 votos.

Activistas en favor de que Escocia permanezca en Reino Unido han reaccionado rápido a las declaraciones de Obama retocando su icónica imagen con la inscripción “Hope” (esperanza), en una exhortación a mantener la unidad.

Obama también ha defendido la permanencia de Reino Unido en la UE, al señalar el interés de Washington en que su aliado tenga “un asiento en la mesa del proyecto europeo”. “Es difícil para mí imaginar que ese proyecto vaya bien sin Reino Unido y también que sea ventajoso para Reino Unido quedar excluido de decisiones políticas que tienen un enorme impacto en su vida económica y política”. En el pasado, Obama ya había aconsejado a Reino Unido que intentase cambiar el club antes que abandonarlo.
http://internacional.elpais.com/internacional/2014/06/05/actualidad/1401994171_362183.html
 

47 a 40, no esta tan lejos

Frágil ventaja del 'no' a la independencia a falta de 100 días para el referéndum de Escocia

CARLOS FRESNEDA Londres
Actualizado: 09/06/2014 09:18 horas 6
A falta de 100 días para el referéndum de Escocia, el "no" a la independencia mantiene una frágil ventaja de siete puntos, según el último sondeo de Populus (47% frente a 40%). En Inglaterra, entre tanto, tan sólo el 21% de la población es partidaria de que Escocia abandone el Reino Unido.
El "no" a la independencia ha ganado en los últimos días dos destacados apoyos: el tenista Andy Murray (que ha confesado que no le gustó nada ver al ministro principal Alex Salmond ondeando la bandera escocesa cuando ganó Wimbledon) y bioquímico Paul Nurse, que ganó el el premio Nobel en el 2001 y que ha expresado su preocupación por el futuro de la investigación médica si Escocia abandona la unión.
Alex Salmond utilizó entre tanto el púlpito de la BBC para asegurar que el premier Cameron está "asustado" por el impulso de la independencia y que por eso está reclamando el apoyo a la causa unionista a líderes internacionales como el presidente Obama.
"David Cameron está mendigando el respaldo internacional y pidiendo ayuda a todo el que pueda hacerle superar los apuros por los que está pasando", aseguró Salmond. "Tiene razones para estar preocupado".
Salmond volvió a retar a Cameron a un debate televisivo y restó credibilidad a la última maniobra de los conservadores, que han prometido ceder nuevas competencias en materia fiscal y económica si vence el "no" a la independencia el próximo 18 de septiembre.
"La única garantía de tener más poderes es votando "sí"", recalcó Salmond, que confía en dar definitivamente la vuelta a las encuestas en la recta final. El líder independentista prepara una escenificación del 700 aniversario de la victoria de las tropas escocesas sobre las inglesas en Banockburn, durante la última semana de junio.
La auténtica batalla será la que librarán en los próximos tres meses los independentistas y los unionistas para convencer al 13 por ciento de los indecisos (en su mayoría votantes laboristas del cinturón industrial de Glasgow) que tendrán en su mano el "sí" o el "no" a la secesión del Reino Unido.
 

Sebastian

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Autora de Harry Potter hace millonaria donación para campaña contra independencia de Escocia

Miércoles, 11 de junio de 2014

JK Rowling dice que quienes apoyan la opción "Sí", "niegan los riesgos" de una potencial independencia.

La autora JK Rowling realizó una donación de £1 millón -unos US$1,7 millón- para ayudar a financiar la campaña contra la independencia de Escocia.

Los votantes en Escocia irán a las urnas en un plebiscito el 18 de septiembre para decidir si se independizan o no de Reino Unido.

La autora de los libros de Harry Potter, que vive en Edimburgo, ha apoyado públicamente la campaña "Better Together", a favor de la opción "No".

Al explicar su decisión en su página web, Rowling dijo que la campaña del "Sí" "negaba los riesgos" de la potencial independencia.

También dijo que había un "margen de nacionalistas a los que les gusta demonizar a cualquiera que no está a favor ciega e incuestionablemente de la independencia".
http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_...ultnot_jk_rowling_referendum_escocia_ch.shtml
 

Sebastian

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Reino Unido apela al bolsillo de los escoceses

La divisa propia y el banco central, principales riesgos de la independencia


Alicia González Madrid 27 JUN 2014 - 19:01 CET12


Manifestantes en favor de la independencia de Escocia, el pasado septiembre en Edimburgo. / ANDY BUCHANAN (AFP PHOTO)

A menos de tres meses para que los escoceses decidan en referéndum si ponen fin a 300 años de unión con Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, las calculadoras echan humo. La última fase de la campaña del Gobierno británico para intentar convencer a los escoceses de permanecer unidos apela directamente al bolsillo. Su informe Reino Unido, futuro unido: conclusiones del programa de análisis de Escocia defiende los beneficios económicos y sociales de seguir adelante con esa unión, en vigor desde 1707. A comienzos de la semana, los residentes en Escocia empezaron a recibir un panfleto con los números que están en juego en el referéndum, “la decisión más importante que hará un votante escocés en toda su vida”, señala la campaña del Ejecutivo.

“Los inversores están preocupados”, advierte el ‘número dos’ del Tesoro

“El resultado de esa votación es irreversible. Lo que los escoceses decidan el próximo 18 de septiembre no tiene marcha atrás. Creemos que hay una mayoría silenciosa que está a favor de seguir unidos pero todavía hay muchos indecisos. Somos positivos pero no complacientes”, explica Daniel Alexander, número dos del Tesoro británico y al frente de la campaña gubernamental, como el escocés de mayor rango dentro del Ejecutivo de David Cameron. Alexander, del Partido Liberal, atiende a EL PAÍS por teléfono en el trayecto que le lleva a Aberdeen, donde sigue su campaña a favor del no a la independencia. La cuestión está encima de la mesa en sus reuniones con inversores internacionales. “Les veo muy preocupados, no les hace muy felices la posibilidad de que Escocia se independice. Hay muchas empresas que están elaborando planes de contingencia para relocalizar sus compañías”, asegura.

Una de las primeras empresas en hacer públicos esos planes fue la aseguradora Standard Life, con sede en Edimburgo desde 1825. La empresa ha empezado a crear filiales para operar fuera de Escocia y a las que poder transferir, si fuera necesario, buena parte de los 247.000 millones de libras que maneja en activos globales.

Es ahí, en la aparente fortaleza del sector financiero, donde reside una de las mayores debilidades del proyecto independentista. Los servicios financieros representan el 8% del PIB y dan empleo al 7% de los ciudadanos escoceses. Pero los activos que maneja el sector —formado por fondos de pensiones, bancos y aseguradoras, básicamente— representan 12,5 veces el PIB de Escocia, por encima de los niveles que presentaba Islandia antes de la crisis.

Por eso “es fundamental que las entidades tengan acceso a un banco central que actúe como prestamista de última instancia en caso de dificultades y que respalde los depósitos”, advierte Myriam Fernández de Heredia, directora de ratings soberanos para Europa de Standard & Poor's. No se trata de una hipótesis. Entre 2008 y 2009, Lloyds Bank Group, propietario del Bank of Scotland y el Royal Bank of Scotland (RBS), recibió fondos de emergencia del Banco de Inglaterra por más de 60.000 millones de libras y otros 65.000 millones del Gobierno británico para evitar su colapso. Aún hoy, el Estado es propietario del 81% del capital del RBS.

Aun así, el principal riesgo del proyecto independentista pasa por qué divisa utilizaría el nuevo Estado y cuál sería su banco central. “Estas cuestiones están en el corazón de la incertidumbre que genera la independencia escocesa y podría afectar negativamente a los activos financieros”, subraya Nick Bate, economista de Bank of America Merrill Lynch en un reciente informe. Los partidarios del sí han apostado por mantener la libra esterlina, una opción rechazada por los tres principales partidos británicos.

El gobernador del banco central, Mark Carney, advertía a finales de enero que el uso de la libra llevaría a Escocia a formar una unión monetaria con el resto del Reino Unido, “y dada la experiencia vivida en la eurozona, eso implicaría un estricto Pacto de Estabilidad para evitar los problemas que hemos vivido en los últimos años”, lo que implica, de entrada, una pérdida de soberanía.

Otra opción es seguir el modelo de Panamá, que utiliza el dólar como moneda nacional, pero cuyos bancos no están supervisados por Estados Unidos, no pueden acudir a la ventanilla de la Reserva Federal a financiarse o cuyas condiciones no se tienen en cuenta a la hora de fijar la política monetaria. “La combinación de un gran sistema financiero, la falta de acceso a los servicios del Banco de Inglaterra y un Gobierno que se endeuda en una divisa sobre la que no tiene control puede suponer un considerable riesgo para Escocia”, advierte Bate.

Los tres partidos británicos rechazan que se permita usar la libra

Hay otras alternativas, como crear una divisa propia o solicitar el acceso a la Unión Monetaria Europea, procesos que pueden llevar años y durante los cuales el sistema financiero carecería de un prestamista de última instancia y el Estado tendría complicado el acceso a la financiación. Pese a ello, “el reto para que Escocia se independice sería significativo, pero no imposible”, subrayaba S&P en un informe en febrero.

Lo cierto es que hasta ahora, los mercados financieros no parecen dar mucho crédito a la posibilidad de que gane el sí. Las tres principales agencias de calificación apuestan por una victoria mayoritaria del no a la independencia, aunque admiten que sus análisis de riesgos están muy abiertos, a la espera de los términos que se empezarían a negociar a partir del resultado de septiembre. “El diablo está en los detalles”, reconoce Fitch en su informe, como el reparto de la actual deuda pública británica y de la producción petrolera del mar del Norte, que representa a día de hoy el 16% del PIB escocés. “La independencia de Escocia no forma parte de nuestro escenario central que sustenta la triple A del Reino Unido. Nos podría preocupar mucho más una hipotética salida de Reino Unido de la UE”, admite Fernández de Heredia.

El riesgo de los activos financieros
Aunque el sector financiero en Escocia tiene un gran tamaño, no resulta desproporcionado en relación con su economía (8% del PIB, frente al 16% que supone el sector energético). Sin embargo, sí lo es el volumen de los activos que manejan los bancos, los fondos de pensiones, las aseguradoras que pueblan esta región y que suponen, en total, 12,5 veces el PIB de Escocia. Unos niveles “por encima de los de Islandia antes del estallido de la crisis y ciertamente sin precedentes históricos”, subraya Alastair Ryan, de Bank of America Merrill Lynch en una nota.

En Islandia llegaron a suponer 11 veces el PIB, mientras que en Irlanda representan 5,2 el tamaño de la economía o las 3,5 veces de media europea. De ahí que “pequeños cambios en la percepción de la seguridad de los bancos puedan, además, tener un efecto desestabilizador desproporcionado en Escocia”, subraya Ryan. Especialmente, sobre una economía relativamente pequeña, de tamaño similar al de Irlanda o Portugal, que representa, según los cálculos, entre el 8% y el 10% del PIB de Reino Unido.

La mayoría de los analistas cree que, en caso de que gane el sí, las entidades financieras se domiciliarán en Reino Unido, para evitar los problemas derivados de la ausencia de banco central o qué decisión se adopte sobre la divisa.
http://internacional.elpais.com/internacional/2014/06/27/actualidad/1403888485_378255.html
 

Barbanegra

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Escocia sopesa el precio de su divorcio
No será una réplica del muro de Adriano, la defensa que los romanos levantaron al norte de Britania para contener a pictos y escotos, pero se está cavando un foso de desafectos y rupturas en el que enterrar tres siglos de historia compartida. 307 años de convivencia bajo la bandera común de la Union Jack, de esfuerzos y afanes en la construcción del Imperio Británico y la revolución industrial no parecen pesar ya gran cosa. En la hora del divorcio, pocas voces se lamentan aquí de los proyectos truncados o de los corazones rotos.

Estos días, las miradas se posan complacientes en la representación de la victoriosa batalla de Bannockburn, librada hace 700 años contra los ingleses, o viajan hasta el calendario buscando el 19 de septiembre próximo, el día después del gran día en el que Escocia puede hacer historia y entrar por su propio pie en eso que llaman el concierto de las naciones. ¿Qué sentimientos y pensamientos albergarán los escoceses una vez terminado el recuento? ¿Cómo se mirarán, qué se dirán en la casa, el pub, el trabajo? Hay ansiedad, zozobra y vértigo, pero las emociones se recalientan o enfrían a conveniencia desde las alturas y nadie suelta la calculadora.

“Seremos más ricos porque el petróleo del mar del Norte pasará a nuestras manos y podremos forjar una sociedad más justa y solidaria”, se repite en las asambleas de pueblos y barrios en un ambiente de refundación política. El castillo de Edimburgo, que parece emerger todos los días de un pasado fantástico, se alza imponente en el símbolo de esta Escocia que busca trazarse un camino por separado.

Si, como escribió el ensayista inglés Walter Bagehot, “ninguna política es capaz de extraer de una nación más de lo que esa nación tiene en su interior”, habrá que reconocer que estas gentes poseen sobrados motivos para el orgullo. Aquí han germinado un increíble número de talentos literarios, pensadores, artistas y genios científicos: desde el filósofo David Hume a los escritores Artur Conan Doyle, Sir Walter Scott o Robert Louis Stevenson, pasando entre otros muchos por los inventores de la penicilina, el teléfono, la máquina de vapor, la televisión, el radar, el neumático, el pedal de bicicleta o la primera teoría del bosón de Higgs.

De hecho, asistir a las solemnes ceremonias universitarias de graduación es constatar que la pasión por el conocimiento sigue teniendo prestigio en este país. Y vista la emoción ambiental, uno se pregunta si el interminable listado de genios escoceses que pusieron su talento al servicio de empresas mayores encontraría hoy su matriz creadora en el proyecto de separación. Cinco escuelas de Medicina en Escocia sostienen que la independencia tendría un impacto negativo en la investigación médica.

Además de poder deshacer Reino Unido, la unión de naciones compuesta por Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte, los escoceses que decidirán el 18 de septiembre en el referendo por su independencia (pueden votar 4,2 millones de personas, incluidos los ciudadanos de la Unión Europea y de la Commonwealth residentes) tendrán en sus manos la oportunidad de sacudir el tablero internacional de los pueblos o naciones sin Estado estableciendo un precedente soberanista exitoso, capaz de estimular los apetitos de la emulación en el exterior y descomponer delicados estatus.

Ese golpe en la mesa de Reino Unido —puede ser un toque de atención o un puñetazo, según el resultado— repercutirá en la Unión Europea y muy particularmente en España, conocida la estela que persiguen actualmente los nacionalismos domésticos. Ya están enunciadas las recriminaciones. Si Escocia puede independizarse, ¿por qué no podemos hacerlo nosotros? Si el Gobierno británico permite y acepta el resultado del referendo, ¿por qué el de España lo impide? El camino de Escocia hacia su independencia es mucho más intrincado y arriesgado de lo que el nacionalismo escocés da a entender, pero, apagados los ecos en otro tiempo tonantes de la experiencia quebequesa, Escocia es el destino de moda del moderno peregrinaje soberanista, la nueva fuente de legitimación en la que beben y tratan de asearse los independentismos occidentales, no todos igual de presentables.

“Should Scotland be an independent country? Yes / No”. La pregunta es: ¿Debe ser Escocia un país independiente? Contra lo que creyó el premier británico David Cameron cuando impuso que el referéndum se constriñera únicamente a la cuestión de la independencia, las encuestas están lejos de certificar la victoria. Hay partido y está por ver si la estrategia británica de autorizar al Parlamento escocés a hacer la consulta y de eliminar la vía intermedia de conceder una mayor autonomía no va a volverse en su contra. Los nacionalistas pretendían incluir en el referendo una segunda pregunta complementaria sobre la mejora de las competencias, que apoyaba una amplia mayoría del electorado, para curarse en salud, dado el bajo apoyo a la separación que indicaban los sondeos, y con el propósito de negociar la máxima autonomía fiscal.

Se trataba de servirse de la reivindicación independentista como palanca para obtener el devo max (máxima transferencia), una versión del concierto económico vasco y el convenio navarro. Ahora la Administración escocesa solo recauda algunos tributos, que le reportan una séptima parte del gasto total, unos 27.000 millones de libras (34.000 millones de euros). Con una renta per cápita ligeramente inferior a la media británica, Escocia está primada con un gasto público por habitante un 18% superior.

Hay partido, porque existe, además, un voto soterrado que explicaría por qué nadie previó el triunfo del Partido Nacional Escocés (SNP, en sus siglas en inglés) en las elecciones en 2007, ni tampoco su victoria por mayoría absoluta en 2011.

“El corazón me dice que sí, pero la cabeza que no”, es una respuesta bastante común a tono con el lenguaje políticamente correcto dominante, excepto en el fútbol, donde algunos han festejado ruidosamente los goles encajados por Inglaterra en el Mundial. La fiesta les ha durado poco, por la eliminación temprana de sus vecinos, pero las puyas y chanzas continúan con contraataques ingleses cargados de ironía. “Sí, es cierto que lo nuestro ha sido de pena, pero, ahora que lo pienso, dime, ¿en qué grupo jugáis vosotros? Ah, sí, perdona, claro, no me acordaba de que no estáis en el Mundial ni nada”. “Creo que vuestros equipos del Celtic y los Rangers intentan que la UEFA os deje jugar en nuestra Premier League. Pobres. Mucha suerte”.

El Gobierno de Londres y el de Edimburgo llevan meses enzarzados en una guerra de informes sobre los desastres y bondades de la eventual independencia. Cada vez que los expertos británicos hacen público un sesudo trabajo sobre el negativo impacto de la separación en el sistema financiero escocés o la continuidad de Escocia dentro de la UE, el Gobierno del primer ministro Alex Salmond convoca en el Parlamento de Edimburgo a una docena de expertos que desmienten esos datos. Hay incluso una puja del quién da más. Londres dice que los escoceses ganarán 1.400 libras más por persona y año si se quedan en Reino Unido, 400 libras más que lo que el Ejecutivo de Edimburgo promete a sus ciudadanos si optan por la independencia. Los escoceses no pueden saber a qué carta quedarse. Para contener el avance soberanista que registran los sondeos, los tres partidos unionistas (laboristas, liberales-demócratas y conservadores) han aceptado que la autonomía escocesa pueda recaudar parte del impuesto sobre la renta.

Uno puede deducir qué va a votar un escocés el 18 de septiembre con solo atender al enunciado inicial de su respuesta. Si empieza con un “soy tan patriota como el que más”, es que votará no. Y si subraya su carácter internacionalista, e incluso no nacionalista, es casi seguro que terminará afirmando que está a favor de la separación. A la cuestión identitaria, el nacionalismo escocés suma estos días con gran énfasis el propósito de incluir los derechos sociales en el texto constitucional de la futura Escocia independiente.

Después de dos años de campaña no declarada, los argumentos se han sofisticado. Este argumento circula profusamente: “Yo tampoco tengo claro lo de la independencia pero voy a votar que sí porque si el no gana con bastante margen, Londres se negará a negociar y nos hará pagar una pesada factura por haberles desafiado con el referendo”. Ya dice Alberto López Basaguren, catedrático de Derecho Constitucional de la universidad del País Vasco y uno de los grandes estudiosos del fenómeno soberanista: “Esta clase de referendos los carga el diablo”.

Durante muchas décadas, Escocia fue el gran granero laborista de Reino Unido. Las radicales reformas del Gobierno de Margaret Thatcher con el cierre de las industrias pesadas, las privatizaciones y el acoso a los sindicatos llevaron a la exasperación a gran parte de la ciudadanía que no se lo ha perdonado al Partido Conservador. De ahí, viene el chiste de que en Escocia hay más osos panda que tories en el Parlamento autonómico (dos panda en el zoo y un diputado conservador en la Cámara). “Creo que Tony Blair y su nuevo laborismo tienen también buena parte de la culpa de lo que está pasando”, sostiene el periodista Stephen Burgen. “Cuando los laboristas de Blair ganaron las elecciones de 1997 defraudaron las expectativas de buena parte de su electorado escocés de izquierda porque no combatieron las políticas privatizadoras. El resultado es que muchos votantes del laborismo han buscado acomodo en el SNP, que había acentuado su perfil de izquierdas. Escocia es autodeterminación más socialdemocracia a lo viejo laborismo”, concluye Burgen. Es una opinión compartida por otros analistas. Un dato a tener en cuenta es que la autonomía en Educación y Sanidad ha permitido a Escocia sortear la ola privatizadora británica y, por ejemplo, no aplicar las subidas de tasas universitarias y mejorar la remuneración del profesorado.

Conscientes de que sus apoyos electorales son relativos —obtuvieron la mayoría absoluta con solo 900.000 votos sobre un censo de 4,2 millones— y de que recogen un voto laborista quizá prestado, el SNP plantea una ruptura a plazos escalonada y pactada con Reino Unido, sobre todo porque necesita asegurarse su permanencia en la UE.

“¿Periodista español? Su presidente Rajoy dice que si nos independizamos tendremos que ponernos a la cola en Europa”. El Libro Blanco de la futura Escocia plantea permanecer en la OTAN, —con el consiguiente enfado de los colectivos antibelicistas—, conservar la Corona que Inglaterra y Escocia comparten desde 1603 —lo que irrita a muchos republicanos— y continuar utilizando la libra esterlina, algo que está por ver, puesto que los británicos no parecen dispuestos a dejarles participar en la política monetaria en caso de que triunfe el sí a la separación. El nervio principal del argumentario nacionalista es la idea de continuidad. “¿Pero, por qué se preocupan? No cambiará nada. Todo seguirá igual: las pensiones, la moneda, la policía…”.

Durante las últimas semanas han ido surgiendo todo tipo de colectivos (mujeres, abogados, deportistas, artistas, universitarios) alineados a favor o en contra de la independencia, pero en el impoluto y empedrado casco histórico de Edimburgo y en el menos impoluto centro de Glasgow no hay signo alguno que invite a pensar que los escoceses se enfrentan a la decisión más trascendental de su historia reciente. Todo lo que han visto esas calles son un par de manifestaciones de menos de 8.000 personas animadas por lemas del tipo “he tenido un sueño”, en alusión a la independencia, y “no tengamos miedo”.

No hay pintadas, carteles, murales o panfletos y eso que la intensidad del debate crece a medida que el referendo se acerca y la victoria del sí no parece una quimera. En la Royal Mile que vertebra Edimburgo, la antiquísima taberna The World’s End (El fin del mundo) ofrece a su clientela un desayuno Braveheart que, como cabe suponer, añade más tralla al típico desayuno escocés de alubias, morcilla, salchicha, huevos revueltos… Braveheart, la dramática película inspirada en William Walace, héroe de la Primera Guerra de la Independencia de Escocia, sigue alimentando la fiebre nacionalista casi 20 años después de su estreno, aunque las referencias al mito empiezan a resultar ya caricaturescas a una parte de los escoceses.

“La ruptura no será un camino de rosas”, ha advertido la autora de la saga sobre Harry Potter, J. K. Rowling, residente en Escocia desde hace una veintena de años, que ha donado un millón de libras a la campaña contra la separación del movimiento unionista Better Together (Mejor Juntos). Habla con conocimiento de causa porque desde el anonimato digital la han insultado y reprochado que cobrara ayudas sociales cuando era madre soltera y estaba en paro.

“Si nos separamos, no habrá vuelta atrás y esa separación no será rápida ni limpia, exigirá microcirugía para saturar los daños producidos después de tres siglos de interdependencia y luego tendremos que lidiar con tres vecinos amargados (…) A algunos de nuestros más fieros nacionalistas les gustaría conducirme a la frontera”. Rowling viene a decir que en el muro de Adriano, la frontera de Escocia con Inglaterra, va a aparecer una fea cicatriz difícil de explicar a las generaciones venideras.

http://internacional.elpais.com/internacional/2014/07/06/actualidad/1404683166_267702.html
 

Sebastian

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Sin libra ni “malditos ingleses”

Un sí en la consulta no garantiza la independencia automática de Escocia

José Luis Barbería Edimburgo 8 JUL 2014 - 19:32 CEST12


Señales del control de inmigración y fronteras en el aeropuerto de Edimburgo. / jeff j. micthell (getty)

Tras la creación del mundo, San Pedro se dio una vuelta por Escocia y volvió escandalizado. Enseguida, pidió una cita con Dios. “A Escocia le has dado una tierra muy fértil y de una belleza incomparable; has puesto allí grandes riquezas minerales, yacimientos de petróleo y gas y a las mujeres más hermosas. ¿No te habrás pasado?”. “No, Pedro, no”, responde Dios, “es que todavía no conoces a sus vecinos”. Si el sí triunfa el 18 de septiembre, muchos escoceses celebrarán haberse quitado de encima a los “malditos ingleses”, pero, pasados los fastos, tendrán que rebajar la euforia.

Escoceses y británicos volverán a verse las caras en la mesa de negociaciones, solo que Londres tratará a los de Edimburgo, no ya como compatriotas con los que resolver diferencias domésticas, sino como representantes de un país ajeno con intereses ajenos. A medida que se acerca el referendo, los británicos han empezado a tentarse la ropa y a considerar que la escisión les haría un roto superior a ese 10% del PIB y de la población que representa Escocia. ¿No tendrían que retirar la cruz de San Andrés de la Unión Jack? ¿Modificar incluso el nombre de Reino Unido? ¿Cuánto supondría en el PIB y en el prestigio de Reino Unido?

La secesión implica abandonar la divisa o mantenerla bajo el control de la City

En su informe de febrero de 2013, el Gobierno británico indicó que el sí a la escisión no le garantizaría a Escocia la independencia automática, sino tan solo la apertura de negociaciones entre los dos Gobiernos. Y aunque se comprometió a negociar lealmente, ya adelantaba entonces que no podía garantizar el resultado de las conversaciones.

A lo largo del proceso, el Ejecutivo de David Cameron no ha dejado de inspirarse en el precedente del Tribunal Supremo de Canadá. A saber: Quebec no tiene derecho a la autodeterminación porque tal derecho no existe en la Constitución canadiense y porque no es una colonia que pueda acogerse a la legislación internacional establecida para esos supuestos. Ahora bien, si la población de un territorio expresa de manera inequívoca su voluntad de separarse, el Gobierno debería considerar ese propósito y, llegado el caso, negociar lealmente las condiciones de esa separación. “La legalidad que no es capaz de enfrentarse satisfactoriamente al test de legitimidad democrática ha perdido la batalla de su fundamento”, señaló el tribunal canadiense en 1998.

La ley se limita a exigir una "expresión concluyente" de la voluntad popular

Sin embargo, a diferencia de Canadá —y de España— Reino Unido no cuenta con una Constitución escrita. “El sistema constitucional británico no acepta el referendo con facilitad porque se fundamenta en el principio tradicional de soberanía parlamentaria, pero si el referendo tiene lugar, se ve impelido a aceptarlo”, indica el catedrático de Derecho Constitucional Alberto López Basaguren. Puesto que el Estatuto de Autonomía de Escocia, la Scotland Act 1998, no permite aprobar leyes sobre materias como “la unión de los Reinos de Escocia e Inglaterra”, el Parlamento de Westminster tuvo que autorizar expresamente al de Edimburgo a convocar el referendo.

Otra diferencia es que mientras el Supremo canadiense sugiere una mayoría cualificada, el referendo escocés admite teóricamente la mitad más uno de los votos y se limita a exigir una “prueba fiable” (fair test) y una “expresión concluyente” (decisive expression).

Del largo listado de materias a negociar tras la ruptura, desde el reparto de la deuda pública y de los impuestos por la extracción de crudo, pasando por las pensiones, la defensa, las centrales nucleares y las bases militares, sobresalen el mantenimiento de la libra esterlina y, sobre todo, la permanencia en la UE. “El Gobierno británico no puede garantizar con carácter previo una postura favorable a la incorporación de Escocia a la UE”, ha manifestado Londres. “Somos más europeístas que los ingleses.

Si nos quedamos dentro de Reino Unido corremos un riesgo mayor de dejar de ser europeos porque cualquier día convocan un referendo para que Reino Unido salga de la UE”, contraatacan los nacionalistas del SNP.

Es un argumento cargado de sentido, pero que no anula la capacidad de presión de Londres. La viabilidad de la independencia depende de poder continuar bajo el cielo protector de la UE. Los modernos nacionalismos flexibles y pragmáticos de las pequeñas naciones son conscientes de que para prescindir del paraguas del Estado hace falta contar con el paraguas mayor de una organización supranacional.

El Ejecutivo de Cameron se inspira en el precedente de Quebec con Canadá

“La suerte de Escocia en la UE dependerá de la forma en que se produzca el acceso a la independencia. Solo en el caso de una independencia pactada dentro del Reino Unido podrá ser aceptada como miembro del UE y ni siquiera en esa hipótesis tendrá garantizada una transición rápida y sin dilaciones”, sostiene López Basaguren.

El mantenimiento de la libra esterlina es otro de los quebraderos de cabeza escoceses. Londres ha adelantado que su moneda será gobernada por el Banco de Inglaterra “considerando exclusivamente los intereses de Reino Unido”. En la práctica, eso supone que Edimburgo tendría que optar por crear su propia moneda —algo inimaginable—, adherirse al euro —con las reticencias que acarrearía también dentro de Escocia—, o ir a la “esterlinización”, es decir, utilizar la libra pero sin poder influir en la política sobre la divisa.

La amenaza pende igualmente sobre los voluminosos activos financieros con que cuenta Escocia. Su fortaleza descansa, en buena medida, en su conexión con el potente sistema financiero británico y el Banco de Inglaterra, que en 2008 tuvo que rescatar al Bank of Scotland y al Royal Bank of Scotland. Las demandas autonómicas que plantean las islas Orcadas y Shetland, donde se concentran los depósitos de petróleo y gas, son otros asuntos delicados.

La lógica soberanista conllevaría poder aplicar el modelo referendario a aquellos territorios, incluido el sur colindante con Inglaterra, borders (fronteras), que, a su vez, quisieran abandonar la Escocia independiente, bien para proseguir su camino por separado o para reunirse con el Reino Unido. El Gobierno les ha prometido más autonomía, pero la vicepresidenta Nicola Sturgeon ha dejado claro que las islas serán parte del nuevo Estado escocés.

Las mujeres y las clases medias son los colectivos más indecisos

Glasgow es el vivero principal del 15% de indecisos. Las principales incógnitas son las mujeres, hasta ahora mayoritariamente contrarias a la separación, y las clases medias urbanas que votaban laborista y que parecen divididas al 50%. A las primeras, el SNP les ofrece cuotas femeninas, y a las segundas, inscribir los derechos sociales en la futura Constitución escocesa. Los analistas consideran que los estratos más bajos de la sociedad y los inmigrantes apoyarán mayoritariamente el sí a la separación.

La edad mínima para votar se ha rebajado de los 18 a los 16 años y los nacionalistas cuentan con llevarse esos votos. En las sedes del movimiento Better Together (Mejor Juntos) suena la canción de Jack Johnson del mismo título. “El amor es la respuesta. Al menos para la mayoría de las preguntas de mi corazón. ¿Cómo y por qué estamos aquí? ¿Hacia dónde vamos? ¿Y por qué nos encontramos en esta difícil situación? La vida no es siempre fácil y a veces puede ser engañosa. Te diré una cosa: siempre es mejor cuando estamos juntos”.
http://internacional.elpais.com/internacional/2014/07/08/actualidad/1404840751_067089.html
 

Barbanegra

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Glasgow o Edimburgo: ¿Quién sopla más fuerte?
Kristina MacDonald aprendió a soplar la gaita desde bien pequeña, en las faldas de su abuelo, que venía de las Tierras Altas y acabó recalando en Glasgow, la ciudad industriosa e industrial, a la eterna sombra de Edimburgo, la capital embrujada, ilustrada y festivalera: la niña bonita de Escocia.

A Kristina, 18 años, rubísima y con ojos azulones, le pegaba más estar tocando la gaita en la Milla Real de Edimburgo. Al fin y al cabo, en el reparto histórico de papeles, la capital siempre corrió con la parte femenina, en duelo comparable al de San Sebastián y Bilbao, sin ir más lejos. Pongamos que Glasgow ha sido la ciudad maleada por los astilleros ('mean city'), con ese olor a río que no fluye y ese color a herrumbre que se apodera de las esquinas.

Pero aquí está Kristina, en el río humano de la calle Buchanan, poniendo la nota femenina en las Ramblas de Glasgow, presionando la bolsa de la gaita con el antebrazo izquierdo e intentando demostrar entre número y número que su ciudad "sonríe mejor", como dice el viejo lema... "Yo no tengo nada contra Edimburgo, pero la gente allí es mucho más borde y pretenciosa. Aquí te sientes querida: la gente te sonríe y te apoya, quizás porque estamos habituados a que las cosas vayan mal. Y también es una ciudad mucho más real: en Edimburgo sólo verás turistas y estudiantes".

Kristina se muerde la lengua porque ella misma es estudiante y porque Glasgow se ha convertido estos días en lo más parecido a una "trampa para turistas" con la excusa de los Juegos de las Commonwealth: "Yo sé lo que me digo. Aquí tenemos otra actitud. No vamos a sacarle las libras a los visitantes. En todo caso vamos a arrancarle antes una sonrisa...".

Los turistas coreanos se hacen la foto de rigor con Kristina, pero los niños no pueden reprimir la tentación y quieren tocar la bolsa de la gaita, como buscándole el secreto a ese enigmático instrumento que, si le llenas de aire, sigue tocando solo... "Yo llevo 10 años y no he hecho más que empezar. Pero como diría mi abuelo: no voy por mal camino. Con lo que saque estos días en Glasgow pienso pagarme las vacaciones. Espero llegar más allá de Edimburgo...".

El gaitero Iain Davidson sonríe menos e interpreta muy serio, como si temiera quedarse sin aire a media interpretación. Ocasionalmente, Iain recorre los 67 escasos kilómetros que separan Edimburgo de Glasgow con su kilt y su bagpipe para tocar en alguna fiesta, pero su corazón está a los pies del viejo castillo, asediado estos días por los miles de turistas que acuden al reclamo del Royal Militar Tattoo, el primero de los incontables festivales de cada verano en The Auld Reekie (la vieja chimenea, el sobrenombre despectivo de la también conocida como la "Atenas del norte").

El gaitero se instala en The Mond, el montículo que separa la parte vieja y nueva de Edimburgo. El sonido se proyecta como en un afiteatro por los jardines de Princes Street y llega casi hasta la estación de Waverly, como un lejano monstruo que te reclama desde lejos.

Con cierta intencionalidad política, Davidson se ha instalado junto a una llamativa pintada de "Yes Scotland" en el pretil del puente. Si Alex Salmond pudiera captar este momento, a buen seguro lo utilizaría como imagen para su campaña de la independencia, aunque en el fondo el gaitero de 37 años tiene aún sus dudas: "No sé cómo nos iría, la verdad. Hay mucha incertidumbre por el lado económico, y no es algo que puedas probar y luego echarte para atrás. Pero la verdad es que algo se ha reactivado en Escocia: la gente joven vuelve a interesarse por la política y a tocar la gaita, y eso siempre es bueno".

Dicen los analistas que el referéndum se decidirá al final a cara o cruz, y no Edimburgo sino en Glasgow, que por algo fue elegida por Alex Salmond para presentar su libro blanco de la independencia. 'The Oldie', la revista satírica por antonomasia, se ha desmarcado este año pidiendo la capitalidad para la segunda ciudad de Escocia, que es realmente la primera por número de habitantes (600.000 frente a 500.000).

"Edimburgo se ha convertido en la mayor trampa para turistas del hemisferio occidental y ha sido invadida por el sonido asmático de la gaita, el peor instrumento musical jamás inventado", escribe en la revista Toby Sculthorp. "A orillas del río Clyde tenemos sin embargo una ciudad con una larga tradición de industria, innovación y espíritu emprendedor, que sirvió para construir el mayor imperio del mundo: hagamos de Glasgow la capital, y dejemos que Edimburgo pase a la historia".

Sobre Glasgow y Edimburgo da título al libro del profesor y poeta Robert Crawford, que ha tenido la osadía explorar la rivalidad entre las dos ciudades y dejarla en un empate... "Aunque sean más pequeñas que Madrid y Barcelona, y aunque estén tan absurdamente cerca, hace falta estar psicológicamente preparado para viajar de una a otra. Y sin embargo, es imposible entender Escocia sin tener en cuenta la encarnizada competencia entre las dos, en contraste con el dominio incontestable que ha tenido siempre Londres en Inglaterra".

Crawfod, natural de Bellshill (más cerca de Glasgow que de Edimburgo) y profesor en la Universidad de St. Adrews (más cerca de Edimburgo que de Glasgow) reconoce que él mismo tiene el corazón partido entre estas dos ciudades "testarudas por naturaleza" y "radicalmente distintas".

"La gente suele tomar partido con uñas y dientes, y es curioso que hasta la fecha no existiera un libro serio consagrado a las dos ciudades por igual", reconoce Robert Crawford, no sin antes advertir que conviene adentrarse en ella con dos actitudes muy distintas: "Una gran sonrisa es la manera de abrazar Glasgow, mientras que nadie abraza Edimburgo, con un beso en la mejilla es bastante".

Reconoce Crawford que pocas ciudades pueden rivalizar con las vistas de Edimburgo, desde la Silla de Arturo (la meseta que domina la ciudad), desde el monumento a Nelson o desde lo alto del Castillo (de visita obligada, junto al Parlamento diseñado por el catalán Enric Miralles y la Biblioteca Escocesa de Poesía). Glasgow es ciudad llana y hosca a primera vista, pero está llena de pequeñas sorpresas como la Holmwood House, la Escuela de Arte diseñada por Charles Rennie Mackintosh (el Gaudí local) o el Museo de Kelvingrove, con su impresionante colección de impresionistas y con el 'Cristo de San Juan de la Cruz' de Dalí como su joya más preciada.

Contra los prejuicios
El poeta escocés nos invita también a romper los prejuicios que han acreditado durante décadas a Glasgow como ciudad dura y violenta, castigada por la pobreza y con uno de los índices de esperanza media de vida comparables a los de Albania... "Edimburgo estaba ganando el poder y la atención, y Glasgow estaba perdiendo terreno. Los Juegos de la Commonwealth van a ser una inyección de orgullo, por no hablar del papel vital que va a jugar durante el referéndum de independencia".

"Pienso que el referendum se va a ganar o perder en Glasgow", asegura Robert Crawford. "Todo dependerá de si prevalece al final un conservadurismo innato (diferente al de los 'tories') o si la gente se convence que votando sí tendremos finalmente un gobierno laborista en Escocia. A mí me atrae personalmente la idea del sí".

Advierte también Crawford de esa tendencia al radicalismo de Glasgow, que se manifiesta esporádicamente en hechos como la elección del ex analista de la CIA Edward Snowden como rector ausente de la vestusta universidad local... "Hace poco le pregunté a un profesor de la Universidad de Edimburgo por el nombre de su rector y no lo sabía. ¡Pero todo el mundo sabe el nombre del rector de la Universidad de Glasgow!".

Otra muestra, aún más visible, de la radicalidad de Glasgow es la dedicación con la que sus vecinos se obstinan en ponerle un capirote de tráfico a la estatua ecuestre de Arthur Wellesley, el Duque de Wellington. Emplazada frente a la Galería de Arte Moderno (GOMA), la estatua se ha hecho mundialmente famosa por el cono anaranjado que amanece regularmente en su cabeza.

Más de 100 veces al año, los operarios del Ayuntamiento ascienden hasta lo alto de la estatua para quitarle el sombrero de plástico. Y otras tantas ascienden los vecinos para colocarlo en su lugar, alegando que se trata de un gesto artístico que sirve además para proteger al Duque de Wellington de los guanos de las gaviotas y las palomas.

A finales del 2013, el Ayuntamiento intentó aprobar un plan para elevar el pedestal de la estatua y hacerla inaccesible al común de los mortales, para ahorrarse los 13.000 euros al año que cuesta la gamberrada. La iniciativa fue rechazada finalmente tras una campaña vecinal -Keep the cone- que logró reunir más de 72.000 firmas en Facebook en menos de 24 horas.

El cono de quita y pon (a veces también se beneficia el caballo) se ha convertido en uno de los inesperados atractivos de Glasgow durante los Juegos, al igual de que las Torres de Red Road, que llegaron a ser en tiempos los edificios residenciales más altos de Europa y que hoy son los fantasmas del pasado más siniestro de la ciudad. Las cinco torres desocupadas (en la sexta vive aún un puñado de extranjeros que han logrado asilo político) iban a saltar por los aires en 15 segundos como símbolo de la regeneración de Glasgow durante la ceremonia inaugural de los Juegos de la Commonwealth.

Pero Glasgow es su gente, como dice el lema, y la oposición vecinal logró detener el singular acto de destrucción creativa con el que la ciudad aspiraba a dar la nota alta en la ceremonia (más allá del improbable dúo entre Rod Stewart y Susan Boyle). El arte en cualquier caso lo invade todo, y ahí están los cien artistas contemporáneos ('Generation') que durante estos días celebran los 25 años de ascenso imparable de Glasgow como capital de las artes plásticas.

Arte y música
Desde 1996, cuando se consagró Douglas Gordon ('24 hours Psycho'), Glasgow ha copado un año tras otro los Premios Turner, con nombres como Martin Creed, Susan Philipsz, Richard Wright o Martin Boyce. Sarah Lowndes, autora de 'Social Sculpture', asegura que la creatividad artística de la ciudad está íntimamente ligada a su intensa vida nocturna (los Franz Ferdinand como último gran exponente). La novelista Nicola White lo atribuye a la mezcla del "sentido colectivo" y a la cultura del hazlo tú mismo que ha arraigado en la ciudad en torno a instituciones como el Glasgow School of Art o la Lighthouse.

Se diría que el pasado pesa menos en Glasgow, y hasta el declive industrial ha adquirido un tinte futurista, simbolizado por la Titan Clydebank, la imponente grúa de 46 metros con la que se construyó el trasatlántico Queen Elizabeth, reconvertida en una de la principales atracciones en la renovada periferia industrial. A orillas del Clyde se levanta también el ondulante Museo Riverside, una oda a la historia de la movilidad humana, con ese diseño vibrante de Zaha Hadid en diálogo permanente con el río.

En Glasgow vivió poco más de un año la española Rosa Naváez, 27 años, profesora de piano, hasta que volvió a sentir el reclamo de Edimburgo... "De Glasgow me quedo sobre todo con la gente, pero Edimburgo te embruja a otro nivel. Yo me fui de allí saturada de tanto turista y tanta tienda de souvenir, aunque tengo que reconocer que no hay nada comparable al Fringe Festival. Hay que vivirlo al menos un verano en la vida".

Con más de 300 locales esparcidos por la ciudad, de callejones semiocultos a carpas inflables, de aparcamientos a sacristías y criptas, el universo de La Franja (traducción literal) se expande por la ciudad como traca incesante de teatro, comedia, circo, cabaret, agitación, ilusionismo y todo lo que vaya apareciendo por el camino. Edimburgo, en verano, es para vivirla a todo tren y salir huyendo en el primer expreso que salga de la cavernosa Waverly (por fin le han quitado los andamios) rumbo hacia Inverness y a las Tierras Altas, por la senda ineludible del whisky y de las gaitas.

http://www.elmundo.es/cultura/2014/07/24/53d1661c268e3ead328b456f.html
 

Barbanegra

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La izquierda escocesa reclama la independencia “radical”
La izquierda escocesa no quiere ni a la Reina ni a la libra. La Coalición Independencia Radical –donde se dan la manos los socialistas y los verdes, los sindicalistas y los antimonárquicos– hace campaña por el “sí” pero marcando claramente las diferencias con el Partido Nacional de Escocia (SNP) de Alex Salmond.

“Queremos para Escocia una república moderna y democrática”, declaró a Novosti Jonathon Shafi, uno de los fundadores de la RIC, que en dos años ha conseguido movilizar la izquierda local bajo la consigna “Otra Escocia es posible”.

“Si queremos una independencia real de Londres, no tiene ningún sentido mantener los vínculos a través de una monarquía obsoleta”, asegura Shafi, partidario también de la creación de una divisa propia, la libra escocesa, independiente también de la libra esterlina.

“En nuestra coalición hay opiniones diversas sobre la unión monetaria”, reconoce el cofundador de RIC. “Pero dadas las dificultades y la resistencia tenaz del Gobierno británico hacia el tema, creo que sería prudente que el Gobierno escocés tuviera un plan alternativo sobre la mesa”.

En apenas dos años, y gracias a una movilización puerta a puerta, la Coalición Independencia Radical ha conseguido ganar adeptos en las filas del Partido Laborista, alineado con el resto de los partidos nacionales en el “no” a la independencia en otra coalición llamada “Mejor Juntos”.

Las fisuras dentro de las filas unionistas están propiciando la fuga de votos por la izquierda hacia el frente del “sí”, especialmente en el bastión progresista e industrial de Glasgow, donde podría decidirse finalmente la partida del referéndum de independencia.

A falta de un mes y medio para la consulta, el 18 de septiembre, el último sondeo de ICM Research da una ventaja de once puntos al “no” (45% frente a 34%), pero con una gran porción de indecisos (21%) que podrían desequilibrar la balanza en la recta final de la campaña.

“Estamos ganando terreno en todas las comunidades abandonadas hace tiempo por el Partido Laborista”, asegura Jonathon Shafi. “En nuestra campaña puerta a puerta hemos descubierto la distancia creciente entre los escoceses con los grandes partidos de Westminster, que se han alejado por completo de los ciudadanos y sólo defienden los intereses de las corporaciones”.

El Partido Nacional Escocés (SNP) mira con inquietud el crecimiento del independentismo “radical”, que reclama también la salida de la OTAN y critica el “liberalismo económico” auspiciado por la Unión Europea. Alex Salmond es sin embargo consciente de que tal vez necesita refuerzos por la izquierda en la campaña de “Yes Scotland” si quiere capturar finalmente el “voto del desencanto” del Partido Laborista.

http://sp.ria.ru/international/20140802/161094682.html
 

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Escocia reclama gestionar sus recursos y Londres le ofrece más poder fiscal
Los representantes del sí y del no se enfrentan en el primer debate televisado



Debate sobre la independencia de Escocia. / REUTERS-LIVE!


Fue un debate cuerpo a cuerpo del que aparentemente salió victorioso el no, aunque por los pelos. Alex Salmond, ministro principal de Escocia y defensor del a la independencia y Alistair Darling, la cara del no escogida por el Gobierno británico para defender la permanencia en el Reino Unido, se batieron en duelo abierto frente a las cámaras de televisión escocesas por primera vez desde que se convocó el referéndum hace ya dos años.
Pero al finalizar el debate era difícil decir quién lo había ganado. No obstante, la primera encuesta, realizada por ICM entre 512 personas, situaba a Darling como ganador con un 56% de los televidentes de su parte frente a un 44% que le dio la victoria a Salmond. Y eso mismo parecían decir los tuits lanzados durante y tras el debate que duró una hora y media y en el que la economía fue la pieza clave. De hecho, el Gobierno británico hizo coincidir con el día del cara a cara su anuncio de nuevos poderes para los escoceses para recaudar impuestos y controlar de forma independiente la Seguridad Social.
Juegos neutrales
A Darling le restó puntos el haber sido responsable del Tesoro británico durante la crisis de 2008, algo que Salmond se ocupó de recordarle al público. “Usted no tiene credibilidad. Usted era el responsable de las regulaciones financieras cuando los bancos colapsaron”, espetó al poco de iniciar el debate.
Pese a ello el defensor del no supo lanzarse con acierto varias veces a la yugular de Salmond en todo lo referente a la libra esterlina, que Escocia aspira a poder seguir compartiendo con el Reino Unido en caso de independencia. El vago contraataque de ministro principal y las acusaciones de que la negativa del Gobierno a compartir la esterlina es simplemente una pose —algo que avaló citando varios artículos de periódico, incluido uno en el que Darling decía que no le parecía una mala idea— no fueron suficientes. Salmond incluso se llevó algún abucheo del público ante su negativa a contestar si tenía “un plan B” para la moneda.
El principal ministro británico en cambio optó por poner el acento en las desigualdades sociales que tras la crisis se han cebado con Escocia. Para mejorar la economía de una nación que ahora “sufre” las decisiones de Westminster, Salmond recurrió a hablar de las riquezas naturales de Escocia, y en concreto al petróleo, que actualmente explota el Reino Unido.
Y para ponerle cara al futuro citó a Noruega como ejemplo de calidad de vida porque ellos mismos gestionan sus recursos. Y ese fue el mensaje que quiso lanzar y con el que abrió y cerró el debate: más justicia social para una Escocia gobernada por escoceses. Darling en cambió, cerró con un alegato por un futuro mejor y posible dentro del Reino Unido del que la independencia no da garantías.
elpais.es
 

Sebastian

Colaborador
Mick Jagger y 200 famosos llaman al no en Escocia

Artistas, científicos, roqueros o deportistas firman una carta con el lema 'Sigamos juntos'

Barbara Celis Londres 7 AGO 2014 - 19:20 CEST47


Mick Jagger en la final entre Alemania y Argentina el 13 de julio. / GABRIEL BOUYS (AFP)

Nadie se lo esperaba pero de repente, incluso Mick Jagger, más dado a los excesos vitales propios de un roquero incombustible que a la política, se ha metido en la campaña contra la independencia de Escocia. A seis semanas de la celebración del referéndum y dos días después de la celebración de un acalorado debate entre los políticos Alex Salmond, ministro principal de Escocia y líder del sí, y Alistair Darling, rostro del no escogido por Londres, la cultura británica ha decidido hablar alto y claro con una carta abierta pidiendo a los escoceses que se queden en Reino Unido.

Se hizo pública ayer en la web de Sigamos juntos y de momento la firman 200 celebridades entre las que destacan, además del inmortal rolling, el guitarrista de Pink Floyd David Gilmour, el Monty Python Terry Jones, los cantantes Sting, Bryan Ferry y Cliff Richard, las actrices Judy Dench y Helena Bonham Carter, los actores Steve Coogan y Patrick Stewart y el físico Stephen Hawking , entre otros.

En total, el talento concentrado en la carta reúne a 18 medallistas olímpicos, 44 premios Bafta, dos premios Turner, 12 profesores universitarios de peso, un premio nobel y muchos rostros conocidos de la televisión, como el naturalista David Attenborough o el rey de los realities musicales, Simon Cowell, creador de dos de los programas de televisión con mayor audiencia de Reino Unido, X Factor y Britain's got talent. Sin duda, personalidades populares que aúnan a muchos más seguidores que los políticos de uno u otro bando, acuciados, como en gran parte de Europa, por una crisis de confianza y de imagen. Tanto Mick Jagger como Cowell son personajes admirados entre la gente joven, que tendrá mucho que decir en un referéndum abierto a los votantes desde los 16 años.


Impulsada por dos historiadores, Tom Holland y Dan Snow, cuyo rostro se mete semanalmente en la casa de los británicos a través de la BBC, la carta apenas tiene ocho líneas pero están cargadas de dinamita política camuflada de tolerancia: “La decisión de separaros del país que compartimos es, por supuesto, sólo vuestra. Sin embargo, esa decisión tendrá un impacto muy fuerte en todos nosotros en Reino Unido. Queremos que sepáis que valoramos mucho nuestros lazos de ciudadanía con vosotros y queremos expresar nuestra esperanza de que votaréis para renovarlos. Lo que nos une es mucho más de lo que nos divide. Sigamos juntos. Firmado: el resto del Reino Unido”.

Hasta ahora, la cultura había mantenido un perfil bajo en el debate sobre el referéndum, con incursiones esporádicas en la campaña de algunos de sus representantes. Sin duda, la que más carne había puesto en el asador era la autora de la saga Harry Potter, JK Rowling, quien donó un millón de libras a la campaña Mejor juntos de los unionistas. Los actores escoceses sir Sean Connery y Alan Cumming y el escritor Irvine Welsh habían pedido el voto por la independencia e incluso habían participado en algunos actos públicos a favor del sí organizados por el Partido Nacional Escocés. Pero en general, los famosos se habían limitado a contestar a la pregunta más repetida de los periodistas desde que se convocó el referéndum expresando en voz baja su opinión, como Mike Myers, Emma Thompson o el célebre entrenador del Manchester, sir Alex Ferguson, partidarios del no, pero reticentes a ser vistos como rostros de la campaña Mejor juntos. El siempre esquivo David Bowie decidió hacer pública su opinión en febrero mediante un mensaje en boca de Kate Moss cuando ésta recogió en su nombre el Brit Award al mejor cantante del año: “Escocia, quédate con nosotros”.

Ese mensaje es el que intentará propagar esta carta que, tras presentarse en Londres viajará por todo el país de la mano de su impulsor, Dan Snow, durante las próximas seis semanas para que los británicos puedan firmarla, famosos o ciudadanos comunes.

Con 4.1 millones de electores, medio millón de indecisos y el sí subiendo en las encuestas —aunque el no lleva la delantera con el 54% de la intención de voto—, la entrada masiva de celebridades en la campaña puede tener su impacto. En un mundo en el que la política pierde credibilidad, el culto a las celebridades ha alcanzado las cotas más altas de la historia, ayudado por las redes sociales. Y eso, de cara al 18 de septiembre, puede tener consecuencias.
http://internacional.elpais.com/internacional/2014/08/07/actualidad/1407431312_104727.html
 

Sebastian

Colaborador
Escocia reclama gestionar sus recursos y Londres le ofrece más poder fiscal

Los representantes del sí y del no se enfrentan en el primer debate televisado

Barbara Celis Londres 6 AGO 2014 - 01:21 CEST40


Debate sobre la independencia de Escocia. / REUTERS-LIVE!

Fue un debate cuerpo a cuerpo del que aparentemente salió victorioso el no, aunque por los pelos. Alex Salmond, ministro principal de Escocia y defensor del a la independencia y Alistair Darling, la cara del no escogida por el Gobierno británico para defender la permanencia en el Reino Unido, se batieron en duelo abierto frente a las cámaras de televisión escocesas por primera vez desde que se convocó el referéndum hace ya dos años.

Pero al finalizar el debate era difícil decir quién lo había ganado. No obstante, la primera encuesta, realizada por ICM entre 512 personas, situaba a Darling como ganador con un 56% de los televidentes de su parte frente a un 44% que le dio la victoria a Salmond. Y eso mismo parecían decir los tuits lanzados durante y tras el debate que duró una hora y media y en el que la economía fue la pieza clave. De hecho, el Gobierno británico hizo coincidir con el día del cara a cara su anuncio de nuevos poderes para los escoceses para recaudar impuestos y controlar de forma independiente la Seguridad Social.

A Darling le restó puntos el haber sido responsable del Tesoro británico durante la crisis de 2008, algo que Salmond se ocupó de recordarle al público. “Usted no tiene credibilidad. Usted era el responsable de las regulaciones financieras cuando los bancos colapsaron”, espetó al poco de iniciar el debate.

Pese a ello el defensor del no supo lanzarse con acierto varias veces a la yugular de Salmond en todo lo referente a la libra esterlina, que Escocia aspira a poder seguir compartiendo con el Reino Unido en caso de independencia. El vago contraataque de ministro principal y las acusaciones de que la negativa del Gobierno a compartir la esterlina es simplemente una pose —algo que avaló citando varios artículos de periódico, incluido uno en el que Darling decía que no le parecía una mala idea— no fueron suficientes. Salmond incluso se llevó algún abucheo del público ante su negativa a contestar si tenía “un plan B” para la moneda.

El principal ministro británico en cambio optó por poner el acento en las desigualdades sociales que tras la crisis se han cebado con Escocia. Para mejorar la economía de una nación que ahora “sufre” las decisiones de Westminster, Salmond recurrió a hablar de las riquezas naturales de Escocia, y en concreto al petróleo, que actualmente explota el Reino Unido.

Y para ponerle cara al futuro citó a Noruega como ejemplo de calidad de vida porque ellos mismos gestionan sus recursos. Y ese fue el mensaje que quiso lanzar y con el que abrió y cerró el debate: más justicia social para una Escocia gobernada por escoceses. Darling en cambió, cerró con un alegato por un futuro mejor y posible dentro del Reino Unido del que la independencia no da garantías.
http://internacional.elpais.com/internacional/2014/08/05/actualidad/1407267040_889916.html
 
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