Irán dice que cerró el Estrecho de Ormuz. Estados Unidos, por medio del CENTCOM, responde que no está cerrado porque la marina iraní no fue neutralizada y, por lo tanto, el paso sigue técnicamente abierto.
Pero más allá de quién tenga razón en lo formal, la realidad es otra: hoy no están pasando petroleros ni buques tanque por el estrecho. Y para generar ese efecto no hace falta hundir barcos ni desplegar una gran flota. Con solo amenazar con drones ya alcanza para frenar el tráfico.
El problema no es solo el riesgo de un impacto o un derrame, sino el seguro. Cuando una zona se vuelve de alto riesgo, las primas se disparan: se triplican o quintuplican. Llega un punto en que asegurar el cargamento cuesta más que lo que transporta el propio buque. Y así, sin necesidad de un bloqueo naval clásico, el estrecho termina quedando vacío igual.