Creo que no basta con ver; hay que observar para luego comprender cómo se desarrollan este tipo de operaciones. Lo que todos hemos visto y lo que no (para eso necesitamos conocer doctrina) es el resultado lógico de una campaña aérea planificada bajo la doctrina de guerra aérea de los Estados Unidos.
La doctrina es pública:
doctrine.af.mil
Y como es pública podemos comunicar con base.
Parece que algunas personas tienen una tendencia de minimizar las acciones militares americanas elevando escenarios donde una "traición" y/o una "negociación previa", dejó el camino libre para lo que todos hemos visto en los medios.
Hoy sabemos que el despliegue inicial de una primera ola del orden de 150 aeronaves de combate, sabemos que fueron desplegados en diversas bases aéreas F-22, F-35 y F/A-18G Growler. Esto indica claramente una operación concebida desde el inicio para alcanzar supremacía aérea y dominio del espectro electromagnético, si esto es así, empezamos por comprender que aquí no hay nada improvisado. Esto es doctrina básica, “de manual”, y ese manual es conocido.
EEUU ataca aplastando a su oponente, es parte de su mentalidad operacional, ello le permite minimizar bajas y asegurar la planificación y los objetivos militares
Aquí no vale suponer: "uy, es que los sistemas venezolanos estaban tan degradados que apenas lanzaron helicópteros". Así no funciona esto. No se minimiza al rival, se le aniquila con todo el poder militar disponible.
La presencia de los Growler confirma que la guerra electrónica fue un eje central de la operación, con degradación sistemática de radares, enlaces de datos, comunicaciones y centros de mando. En ese contexto, la neutralización de sistemas MANPADS, SA-8, SA-3 Pechora-2, Buk-M1 e incluso S-300V es la parte central de un esquema SEAD/DEAD escalonado, donde primero se ciega, luego se desarticula y finalmente se destruye.
Los operadores de MANPADS no actúan solos ni de forma autónoma. Para ser efectivos requieren al menos alerta temprana, coordinación y comunicaciones. Si emitieron —ya sea por radar, radio o cualquier tipo de enlace— fueron detectados, geolocalizados y neutralizados. Estados Unidos lleva meses operando en el área, domina la dimensión espacial y radioeléctrica y, a la luz de lo observado y conocido, contaba además con inteligencia de campo. Desde esa lógica, lo ocurrido encaja perfectamente en el marco de la guerra moderna estadounidense.
Pretender que estas unidades puedan sobrevivir de forma autónoma en un entorno saturado por ISR, guerra electrónica y ataques de precisión, y además en un contexto de operación de gran escala, resulta ingenuo. Eran blancos prioritarios y es altamente probable que hayan sido neutralizados de manera sistemática.
Y esto es así por que la superioridad aérea en la NAVY y la USAF es fundamental para cualquier otro tipo de operaciones. Si hemos visto helicópteros volando "lento" sobre objetivos venezolanos hay que dar por hecho que la superioridad aérea se logró en el campo de batalla, y eso implica que el ambiente estaba asegurado, o mejor dicho, el riesgo fue minimizado al máximo.
El problema de fondo no es el material ruso adquirido por Venezuela, sino la ausencia de una defensa aérea integrada real.
Los sistemas venezolanos operaron como componentes aislados, sin la doctrina, el entrenamiento, la redundancia ni la disciplina operacional que caracterizan a la defensa aérea rusa cuando está correctamente implementada. Esto lo hemos visto en muchos conflictos. Rusia lleva décadas de desarrollo doctrinal desde la era soviética, y su sistema de defensa aérea está concebido para degradar a niveles insostenibles las ofensivas aéreas enemigas, operando además como un sistema móvil, proyectado junto al avance de las fuerzas terrestres.
¿Quién puede implementar realmente ese sistema de defensa aérea integrado? Nadie, salvo Rusia. Esa doctrina no se compra ni se improvisa, requiere décadas, recursos masivos y una voluntad política sostenida. En la práctica, ningún país ha logrado replicar capacidades similares de forma completa. Por eso, cuando estos sistemas se enfrentan a un combate real sin esa integración doctrinal, las fallas se hacen evidentes. Y si al frente están los Estados Unidos, con fuerzas que llevan décadas estudiando, entrenando y desplegando medios específicamente diseñados para neutralizar sistemas soviéticos y rusos, el resultado es el que hemos visto el día de ayer.
En consecuencia, una vez asegurados los corredores aéreos mediante SEAD/DEAD bajo cobertura de guerra electrónica, el empleo de helicópteros y aeronaves a baja cota deja de ser una temerario o consecuencia de negociaciones y traiciones masivas, pasa a ser una confirmación de control del espacio aéreo, algo que Estados Unidos no hace jamás sin haber reducido el riesgo a niveles aceptables.
Esto es complejo, y merece ser explicado.
Este análisis puramente militar se refuerza cuando examinamos el resultado político: la permanencia de Maduro en el poder
El relato de una negociación “por debajo de la mesa” se derrumba cuando observamos que la cúpula de poder del régimen venezolano permanece intacta. Si hubiera existido una traición real o un acuerdo por debajo de la mesa, el desenlace habría sido otro... Maduro no estaría vivo.
Un Maduro entregado —o eliminado— habría sido la prueba definitiva de una ruptura interna y de una transacción política de alto nivel.
Nada de eso ocurrió. La supervivencia de la cabeza del régimen indica que no hubo entrega, ni pacto, ni traición operativa, es más, "según reportes de inteligencia" , se estaría confirmando que su "guardia pretoriana", formada por tropas de elite cubanas, fue eliminada, esto confirmaría mi argumento.
Un Maduro vivo es inconveniente para toda la izquierda regional y global. Es un actor que conoce demasiado, del sistema y de los actores que se beneficiaron del sistema. Sabe de financiamiento, redes, vínculos internacionales, operaciones encubiertas, complicidades políticas, redes de corrupción, sabotaje planificado, robo de elecciones, etc.
Un hombre así, acorralado, humillado y fuera del poder, habla, y el daño que puede causar sería descomunal.
Por eso, lejos de ser una pieza protegida por una "supuesta negociación", Maduro vivo es un pasivo político. Su mera existencia desmiente el mito del acuerdo secreto y refuerza la idea de que lo ocurrido responde a dinámicas de poder y coerción, no a pactos ocultos entre élites.
Saludos