En el marco de la ceremonia central por el 169° aniversario del fallecimiento del Almirante Guillermo Brown, el Jefe del Estado Mayor General de la Armada Argentina, Vicealmirante Juan Carlos Romay, volvió a colocar en primer plano una de las discusiones estratégicas más sensibles para la institución: la necesidad de incorporar submarinos y fragatas modernas para recuperar capacidades postergadas y sostener una disuasión acorde a la dimensión del espacio marítimo argentino. El mensaje fue pronunciado durante el acto realizado en la Plaza de Armas del Estado Mayor General de la Armada, en Buenos Aires, con presencia de autoridades militares, civiles y representantes diplomáticos.

La ceremonia fue presidida por el vicealmirante Romay y contó con la participación del Ministro de Defensa, Teniente General Carlos Alberto Presti; el Embajador de Irlanda, John Gerard McCoy; y el Jefe del Estado Mayor Conjunto, Vicealmirante Marcelo Alejandro Dalle Nogare, además de jefes de las otras fuerzas, agregados de defensa, veteranos de Malvinas e invitados especiales. Según lo difundido por la Armada Argentina, tras el Himno Nacional, Romay evocó la figura del máximo héroe naval argentino, repasó su trayectoria histórica y utilizó su legado como puente para plantear desafíos actuales vinculados a la defensa del mar.

En su discurso, el Jefe de la Armada destacó que comprender el rol de las campañas navales en la construcción nacional permite dimensionar la importancia del poder naval para el desarrollo y la autonomía. Al trasladar esa mirada al presente, sostuvo que el escenario estratégico del siglo XXI para la Argentina se encuentra en el Atlántico Sur, por la magnitud de los espacios marítimos bajo jurisdicción e interés nacional —mar territorial, Zona Económica Exclusiva, mar adyacente y plataforma continental— y por el valor de sus recursos naturales.

Fue en ese marco donde Romay remarcó que la Armada tiene la misión de proteger esos espacios marítimos y fluviales, y planteó que para optimizar esa tarea resulta necesario recuperar capacidades mediante la incorporación de submarinos y fragatas modernas. La mención no pasó inadvertida: se trata de dos vectores centrales —y largamente debatidos— para recomponer la capacidad de control del mar, vigilancia, presencia sostenida y disuasión, especialmente en un entorno donde el Atlántico Sur se mantiene como un eje de interés estratégico para actores extra regionales.

La referencia a submarinos adquiere una relevancia particular tras la pérdida del ARA San Juan y la consecuente inactividad de la fuerza submarina, mientras que la discusión por fragatas modernas se vincula a la necesidad de sostener plataformas con capacidad de escolta, defensa antiaérea y guerra antisuperficie en escenarios de alta exigencia. En la práctica, el discurso de Romay vuelve a colocar el tema en la agenda institucional, en un año donde persisten debates públicos sobre el estado de programas navales y la viabilidad de futuras incorporaciones.

El acto concluyó con una invocación religiosa del Obispo Castrense, Monseñor Santiago Olivera, y la colocación de ofrendas florales por parte del Ministro de Defensa y el Jefe de la Armada, acompañados por un toque de silencio. En su arenga final al personal, Romay convocó a redoblar el compromiso y la preparación, cerrando con la tradicional consigna atribuida al propio Brown: “Confianza, disciplina y tres voces de Viva la Patria”.

En este contexto, la referencia del Vicealmirante Romay a la necesidad de incorporar submarinos cobra especial relevancia por el escenario actual que atraviesa el programa. Días atrás, y tal como informó Zona Militar, el Gobierno Nacional sostuvo públicamente que no existen contratos firmados ni una compra en curso, pese a que la Armada viene evaluando desde hace tiempo alternativas como los Scorpène ofrecidos por Naval Group y los Tipo 209NG presentados por TKMS, en el marco de gestiones que incluyeron la firma de una Carta de Intención no vinculante con Francia. La ausencia de definiciones oficiales adicionales por parte del Ministerio de Defensa y de la propia Armada mantiene el expediente en una zona de incertidumbre, mientras la fuerza submarina continúa sin unidades operativas desde la pérdida del ARA San Juan.

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