Representando un nuevo paso hacia atrás para el programa, la Fuerza Aérea de EE.UU. estaría preparándose para recortar una vez mas la compra de nuevos aviones de ataque OA-1K Skyraider II, lo que se produciría para dar lugar a un nuevo enfoque que priorizaría la compra de drones para complementar sus capacidades actuales. La novedad en cuestión se desprende de la mas reciente solicitud presupuestaria para el año fiscal 2027, donde se refleja el cambio que busca implementar el Comando de Operaciones Especiales (SOCOM) de cara al futuro, pasando de las 62 aeronaves presupuestadas a tan sólo 53; con una flota prevista de 75 ejemplares durante las etapas iniciales.
Ampliando en detalles sobre esto último, los reportes indican que la Fuerza Aérea de EE.UU. solamente estaría sumando dos OA-1K Skyraider II durante el mencionado año fiscal 2027, lo que implica una marcada reducción en relación a los dos períodos previos. Cabe recordar en este sentido, que durante el año fiscal 2026 la institución había agregado a seis aviones de ataque a sus filas, mientras que en el 2025 se habían incorporado doce ejemplares. Pensando de cara a los próximos años, los planes actuales detallan que se comprarían otras cuatro unidades en 2028 y dos en 2029.

Para el fabricante de las aeronaves, ello también representaría una importante caída en los fondos que les serían entregados para conformar la flota de OA-1K Skyraider II, tratándose de la empresa estadounidense L3Harris. En ese sentido, resulta de utilidad considerar que la flota de 75 aeronaves originalmente prevista para brindar apoyo aéreo cercano a las unidades del SOCOM habría representado un contrato de hasta 3 mil millones de dólares en total, cantidad que ahora habría pasado a los 1.350 millones según recogen los documentos presupuestarios disponibles a día de hoy.
Independientemente de las particularidades presupuestarias, es menester considerar que la merma en esta cantidad de aviones no implicaría que la Fuerza Aérea de EE.UU. se quede con las manos vacías, sino una reorientación de los recursos disponibles hacia otros programas de mayor prioridad. En detalle, los reportes de medios especializados estadounidenses afirman que se podrían sumar mas de 100 nuevos drones pequeños con los fondos liberados, mismos que se buscaría integrar a las capacidades de los sistemas MQ-9 Reaper; el cuál operaría como plataforma nodriza para su despliegue.

Profundizando en detalles, se estima que la fuerza sumaría dos tipos de drones pequeños para dicho fin, dividiéndolos en un primer grupo de 93 ejemplares y otro de 10, sin que resulte claro que diseño ha sido el seleccionado para cada uno. Por el momento, únicamente se conoce que aquellos que forman parte del primer grupo serían modelos con un peso inferior a los 25 kilogramos y con una velocidad inferior a los 250 nudos. Aquellos que forman parte del segundo grupo, serían modelos de unos 600 kilogramos, con un techo operativo de 5.500 metros.
Finalmente, en un intento por comprender el cambio de enfoque adoptado por el SOCOM y la Fuerza Aérea de EE.UU., ha de mencionarse que los OA-1K Skyraider II fueron pensados para desempeñarse en tareas de apoyo aéreo cercano, inteligencia armada y reconocimiento en apoyo de operaciones realizadas contra grupos asimétricos en entornos austeros. Esto último no es menor, considerando que al entender del Pentágono las capacidades ahora deben orientarse hacia potenciales conflictos de alta intensidad, cuyos entornos disputados ponen en jaque a la utilidad de la plataforma; especialmente para operar en el Indo-Pacífico.
*Imágenes empleadas a modo ilustrativo
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