A lo largo de la historia y en base a notables experiencias, el hombre adoptaría la costumbre de guerrear acompañado de lo que consideramos su mejor amigo: el perro. Al igual que en muchos conflictos bélicos del siglo 20, la Guerra de Malvinas no sería la excepción. La turba malvinense sería testigo de como soldados y perros compartieron alegrías y tristezas, soportando juntos las inclemencias y los bombardeos. Y también dando el sacrificio máximo que un soldado puede entregar.

A Malvinas no solo serían desplegados los Perros de Guerra pertenecientes a la Agrupación Perros de Guerra del Batallón Seguridad de la Base Naval de Puerto Belgrano, sino que también arribarían algunas mascotas junto a sus unidades. Este fue el caso de “Mortero”

“Mortero”

La historia de “Mortero” resulta particular, ya que desplegó a Malvinas como mascota de uno de los suboficiales integrantes del Regimiento de Infantería 8. Gracias al valioso aporte del VGM Carlos González, podemos citar los párrafos de su obra literaria “Malvinas en mi corazón” y conocer la historia de “Mortero”

La mascota del Regimiento: Mortero

“…Mortero era un perro mestizo que fue con nosotros a Malvinas. Era del Regimiento y se embarcó rumbo a Malvinas junto a su cuidador, el entonces cabo 1ero Víctor Funes, ya que siempre seguía al suboficial incondicionalmente, por lo tanto, este fue a Malvinas y Mortero también.

En cada una de las misiones, Mortero nos acompañaba hasta una tranquera al final las primeras posiciones de trincheras argentinas, previo haber cruzado el campo minado junto a nosotros. Llegaba a la misma y se quedaba observándonos hasta perdernos de vista cuando recién regresaba a “su trinchera”

Lo llamativo era cuando nosotros regresábamos al cabo de tres o cinco días, Mortero nos iba a esperar a la tranquera y nos recibía moviéndonos la cola. Nuevamente cruzaba las primeras líneas, luego el campo minado, y regresaba con su amo. Era el perro querido por todos. Tan así fue que, cuando nos tomaron prisioneros, los ingleses lo querían tirar al agua porque le había orinado la alfombra del buque Norland al ingresar al mismo, pero nosotros se lo impedimos. “Tiren a un soldado, pero no a Mortero”, les decíamos. Por lo tanto, regresó al continente como “el perro prisionero de guerra”

Estando nuevamente en el Regimiento, se mostraba orgulloso ante sus “canes amigos” que habían quedado en el continente. Caminaba por la plaza de armas siempre delante de los demás. Realmente su marcha erguida, cabeza en alto y con el andar tal cual se marca el paso en los desfiles, parecía ser que Mortero estaba consciente de donde venía.

Nadie supo decirme con exactitud sobre su vida después de Malvinas, pero sí, que falleció años después en el propio regimiento, aparentemente por muerte natural.

Daniel Gatica: “Recuerdo que Mortero era el perro mascota de nuestra compañía A. Era mestizo, grande, de color marrón casi amarillo. Cuando estábamos en el cuartel y realizábamos orden cerrado, Mortero corría con nosotros mientras nos “bailaban”. Por las noches solía dormir desparramado en medio de la cuadra, mientras nosotros recibíamos instrucciones por parte del cabo de cuarto de turno. Fue a Malvinas con nosotros. Creo que los suboficiales lo llevaron.

En Malvinas, más de una vez tenían que cuidarlo para que no se peleara con los perros de los isleños que estaban en una perrera ubicada detrás de nuestra covacha. Después me enteré que los ingleses lo quisieron tirar del helicóptero el cual nos trasladó a la fragata (sic) Intrepid y los muchachos lo agarraron impidiéndolo.

Cuando veníamos en el Norland anunciaron que las mascotas de los regimientos bajarían último. Así Mortero volvió junto a su compañía. Al salir con la patrulla siempre nos acompañaba hasta una tranquera. Iba adelante hasta la misma”

Comentario del VGM Víctor Chauque: “Para nosotros era un soldado más en el entrenamiento. Él siempre acompañaba a los reclutas, corría, trepaba los cerros, y a los más lerdos les mordía la nalga…cuando comenzaron los bombardeos el ladraba antes que algo sucediera; era nuestra alerta temprana. En los bombardeos se metía en alguna trinchera; o cuando ladraba mirando hacia el cerro, seguramente se acercaban helicópteros”.

El Suboficial VGM Víctor Funes comenta lo siguiente: “A Mortero lo llevé de cachorro a las maniobras finales de Río Gallegos en el camión y se quedó durmiendo conmigo. Cuando volvimos salíamos a cazar juntos. Fue mi perro. Cuando ocurre lo de Malvinas entré de semana en la compañía Comando, tuve que preparar la compañía para el combate con todos los cuadros y cuando viajamos en un Fokker a Malvinas lo llevé conmigo. Hice patrullas en Puerto Argentino. Luego, en el Bahía de los Estados, cruzamos a Bahía Fox. Ahí estuvo conmigo hasta la segunda semana de mayo. Pasó los primeros bombardeos en la posición con nosotros y luego desapareció. Luego apareció cuando nos rendimos en el galpón donde nos metieron prisioneros y lo subí a un helicóptero conmigo, que nos llevó al buque Intrepid y luego el trasbordo al Norland donde nos separaron. Él fue a la bodega y yo a uno de los camarotes. Lo recuperé en Madryn donde desembarcamos y regresamos a Comodoro”.

“TOM”

En el caso de TOM (por Teatro de Operaciones Malvinas), se desplegó con los soldados el Grupo de Artillería 101, sirviendo como fiel compañero y artillero. El 11 de junio fallecería a causa de las heridas provocadas por un ataque aéreo. El VGM Omar Liborio lo relataba de esta manera, en una nota oportunamente publicada por el portal Soldado Digital.

“…El camión me esperaba afuera, junto a mis soldados y los equipos. Tomé un gran manojo de camperas y me dirigí a la carrera, pero se me cruzó un perro de la base que habíamos criado desde cachorro y me hizo caer. Me levanté maldiciendo, tomé otra vez las camperas y retomé mi camino, pero a los pocos metros otra vez el perro me hizo caer. De la bronca, lo tomé y le dije “Estás jodiendo, entonces venís con nosotros a Malvinas” y lo subí al camión. Al ver el perro, el soldado Cepeda me preguntó asombrado “¿Y eso mi Cabo Primero? ¿Como se llama el perro?” Entre risas le contesté “Desde hoy se llama Tom, porque vamos al Teatro de Operaciones Malvinas…”

“…En Malvinas, Tom se comportó como un bravo artillero. Cuando tirábamos con la máxima cadencia de fuego hacia los británicos, él se paraba delante del cañón como el mejor de los combatientes; siempre ladraba y jugaba con aquel que estaba bajoneado en los momentos de calma para darle ánimo; cuando había “alerta roja de bombardeo naval” era el primero en salir del refugio para buscar a los más alejados y el último en entrar a cubrirse; y muchas veces su instinto canino presintió los bombardeos aéreos antes que se gritara la alarma, lo cual manifestaba con ladridos que ya conocíamos. Compartía con nosotros la comida y los soldados le fabricaron un abrigo con los gorros de lana y bufandas...”

“…El 11 de junio, a las 11.15, un avión pirata se lanzó frenéticamente sobre nuestra posición bombardeando nuestro cañón y haciéndolo estallar, nosotros corrimos a cubrirnos y Tom, como siempre, parado sobre una roca ladraba dando la señal de alerta. El avión efectuó otra pasada, esta vez ametrallando con furia nuestra tropa que repelía el ataque con fusiles, en esta oportunidad varios fueron heridos (yo entre ellos), y Tom, que corría avisándoles a los más distantes, fue alcanzado por las esquirlas.

El humo y el olor a pólvora cubrieron el lugar. Como pudimos, heridos, buscamos a Tom y lo encontramos tendido sobre una piedra inmóvil, con sus grandes ojos negros mirándonos y despidiéndose lentamente de sus camaradas…”

Agrupación Perros de Guerra del Batallón Seguridad de la Base Naval de Puerto Belgrano

La unidad tiene el honor de ser la única de su tipo en ser Veterana de la Guerra de Malvinas, al desplegar una de sus secciones a Puerto Argentino, a los fines de proveer seguridad contra posibles infiltraciones del enemigo.

Al mando del Teniente de Fragata Miguel A. Paz, la sección estaría compuesta por el encargado de Sección, el Suboficial Segundo Ernesto Franco; el Guardiamarina Veterinario Jorge Robles junto a sus ayudantes CC62 Raúl Alberto Altamirano, CC62 Héctor Barranou y el CC62 Dragonenate Julio César Herrera. Las parejas de conscriptos/guías-perros, serían las siguientes:

  • – CC62 José Ramón Alarcón – Nando.
  • – CC62 Ángel Rolando Albarracín – Ranquel.
  • – CC62 Raúl Andicoechea – Negro.
  • – CC62 Ceferino Cáceres – Duque.
  • – CC62 José Rubén Cruz – Vogel.
  • – CC62 Silvano Pastor Décima – Ñancul.
  • – CC62 Carlos Alberto del Greco – Ñaro.
  • – CC62 Luis Alberto Giuliani – Wagner.
  • – CC62 Humberto Herrera – You.
  • – CC62 “Dragoneante” Raúl Francisco Irigoyen – Volf.
  • – CC62 Ubaldo Darío López – Franky.
  • – CC62 Jorge Alberto Medina – Falu.
  • – CC62 Néstor Raúl Pérez – London.
  • – CC62 Oscar Rolando Pérez – Keni.
  • – CC62 Martín Donato Picon – Onix.
  • – CC62 Jorge Rinaldi – Nick.
  • – CC62 Rubén Orlando Rivadaneira – Olaf.
  • – CC62 Carlos Dante Silvas – Xuavia.

En los combates del 13 y 14 de junio, se decide el envío al frente de cinco perros junto a sus guías. Las parejas fueron: Los conscriptos Carlos Del Greco con Ñaro, Raúl Andicochea con  Negro, José Cruz con  Vogel, Luis Giulliani con  Warner y Carlos Silvas la Xuavia. Lamentablemente Negro y Ñaro desaparecerían en combate.

De los perros VGM, el más longevo resultó ser Vogel, el cual fallecería en 1991. Enterrado en la Agrupación Perros de Guerra de Puerto Belgrano, una placa recuerda el servicio prestado por tan noble animal.

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