Es un placer compartir con la comunidad de Zona Militar una nueva entrega del ciclo de entrevistas que hemos titulado «Consensos en Defensa Nacional». En esta oportunidad compartimos con los lectores la entrevista realizada al Comodoro de Marina en retiro, Veterano de la Guerra de Malvinas, Mag. Eduardo Ligio Ganeau, quien nos ha dado su perspectiva académica desde un punto de vista estrictamente personal sobre su percepción de la Defensa Nacional argentina.

El entrevistado ha puesto énfasis en las dificultades existentes y la necesidad de adoptar una perspectiva estratégica de la Defensa Nacional que entienda su existencia, no solo como una herramienta de protección, sino como una valiosa herrramienta de poder nacional y su empleo como una forma de favorecer la capacidad de negociación, tanto en la competencia como en la cooperación. Asimismo, expresa su profunda preocupación por el riesgo a que se encuentran expuestos actualmente los intereses nacionales vitales y el sostenido desinterés de Argentina por la Defensa Nacional que se traduce en una pérdida progresiva del esfuerzo nacional, medido como porcentaje del producto bruto interno dedicado a la jurisdicción.

Eduardo Ligio Ganeau es Magister en Estudios de Defensa por el Royal Military College de Canadá, Licenciado en Sistemas Navales, especializado en Aviación Naval de Caza y Ataque, docente de Estrategia y Geopolítica del Cambio Climático, colaborador en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales y el Instituto de Seguridad Internacional y Asuntos Estratégicos, conferenciante y ensayista sobre intereses marítimos argentinos, conflictos internacionales y Defensa Nacional. Entre otras varias funciones, fue piloto de aviones de combate Super Etendard en la Armada Argentina, jefe del Servicio de Seguridad Aeronaval, Agregado de Defensa en Corea del Sur y es co-autor del libro “La Cuestión Estratégica. Análisis y conducción”.

A continuación la entrevista.

Zona Militar – ¿Qué diagnóstico de manera sintetizada se puede hacer de la realidad de la Defensa Nacional?

Eduardo Ganeau – Ante todo, agradezco el ofrecimiento para brindar esta opinión académica sobre el importante asunto de la Defensa Nacional que se relaciona con la seguridad de los intereses vitales tangibles e intangibles de la República Argentina.

La síntesis representa todo un desafío, puesto que la importancia del tema y mi preocupación por la actual situación obliga a tomarlo con suma responsabilidad, intentando evitar tanto exageraciones como disimulos. Me disculpo de antemano, si mi opinión sincera pudiera llegar a generar alguna incomodidad en el lector.

Voy a iniciar con la siguiente reflexión personal: creo firmemente que un país que no tiene capacidad efectiva de Defensa Nacional para sus intereses vitales y estratégicos muestra al mundo que no valora lo que tiene: Ni su territorio, ni su población, ni su cultura, ni su economía, ni su libertad, ni su autodeterminación, ni su independencia, ni sus deseos de desarrollo… y por ende, tarde o temprano, los perderá o le serán arrebatados. Implica también que no hay resiliencia, es decir, capacidad para sobreponerse a la adversidad, ni autoestima nacional en su pueblo ni en sus gobernantes.

Creo firmemente que un país que no tiene capacidad efectiva de Defensa Nacional para sus intereses vitales y estratégicos muestra al mundo que no valora lo que tiene

Eduardo Ganeau

Pocos problemas son tan elocuentes como lo que infieren los siguientes títulos periodísticos de publicaciones nacionales y extranjeras:

“Problemas navales. Cuatro buques de la Armada sufrieron daños mientras navegaban. Cuatro buques de la Armada quedaron varados este año por deficiencias atribuidas a problemas de mantenimiento y adiestramiento debido a la escasez de recursos y a las pocas horas de navegación que tiene hoy el personal naval” (La Nación, Mariano de Vedia.19 de noviembre de 2012).

“La flota cada vez navega menos y le faltan repuestos y municiones”. “La flota presenta dos graves problemas. Uno, falta de entrenamiento de los marinos por reducción de horas de navegación y otro, por carencia de repuestos y mantenimiento” (Clarín. 24 de enero de 2013)

“Argentina has now ceased to be a capable military power. After a significant period of decline, Argentina has ceased to be a capable military force” (Defence Journal, George Allison. May 16, 2018)

“ARA San Juan: Submarine lost with all 44 crew after explosion” (Defence Journal, George Allison. November 24, 2017)

Como ya lo expresara en julio de 2017 (seis meses antes del hundimiento y pérdida del Submarino ARA “SAN JUAN”) para el concurso académico “Políticas de Defensa Nacional en el siglo XXI” de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas[1] titulando “La Defensa en la Agenda Nacional”, mi diagnóstico general de la Defensa Nacional de Argentina es de una preocupante gravedad, con fundamento en lo siguiente:

Percibo un sesgo emotivo de los argentinos que, por especial incidencia de su historia, predomina sobre toda racionalidad provocando una seria distorsión en la percepción de riesgos estratégicos nacionales, especialmente en materia de Defensa Nacional.

Aprecio una ignorancia generalizada del valor de los intereses nacionales vitales afectados y, muy especialmente, de la importancia de la usurpación británica apoyada por sus aliados desde 1833 en las Islas Malvinas, que alcanza a las Georgias del Sur y Sandwich del Sur. No somos conscientes como este valor de la quita se va acrecentando y se vuelve importantísimo con vistas al futuro por las cuantiosas consecuencias del cambio climático.

Creo que como resultado de conflictos internos e inequívoca manipulación externa está muy deteriorada la “tríada de Clausewitz”: pueblo, gobierno y fuerzas armadas. Viene ocurriendo a raiz de múltiples acaecimientos perjudiciales, una educación desorientada que nivela para abajo y olvidó la formación del ciudadano argentino deseable, y la manipulación de los medios de comunicación social con énfasis disruptivo, desmalvinizador y antimilitar, especialmente a lo largo de las últimas cuatro décadas. Creo que las generaciones menores de treinta años, aunque no solo ellas, no tienen idea de para qué sirven las Fuerzas Armadas y asocian su existencia solo con el covid, las políticas de género y los derechos humanos. Es decir: no tienen razón de ser.

Como reflejan los artículos periodísticos mencionados, no aprecio suficiente capacidad de protección de la Defensa Nacional en relación al valor y riesgos de los intereses nacionales vitales argentinos tangibles e intangibles, ni de otros intereses estratégicos muy importantes. Es decir, no veo capacidades militares para disuadir ni enfrentar con éxito ninguna capacidad militar de otro Estado de características generales comparables a Argentina. Especialmente, no veo capacidad para decir “no” al Reino Unido en ninguna negociación, ni siquiera para convocarlo a negociar frente a su usurpación de jurisdicciones que llegan a 2.600.000 km2 insulares y marítimos a pesar de las varias resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas. Su ocupación ilegal proyecta pretenciones de soberanía sobre 3.800.000 km2 de la Antártida Argentina, también pretendidos en gran parte por Chile. Falta una “espada de Damocles” sobre Monte Agradable, la Antártida y todo el Atlántico Sudoccidental.

Aprecio que a partir de 1983 persiste una política de Estado (sostenida en el tiempo, independientemente del gobierno existente de desfinanciar al Instrumento Militar llevándolo en forma sostenida hasta debajo del 1% del PBI. Alcanzada esta meta en el 2006, durante los dos últimos años se llegó a valores increíbles del 0,75 % PBI aproximadamente. Aunque algunos promuevan que la seguridad integral del Estado es un asunto de percepciones para exculparse de toda responsabilidad, para el resto del mundo jamás habrá una Defensa acorde al valor de los intereses nacionales con presupuestos inferiores al 1% del PBI. Vale comparar con la OTAN, que ha fijado el 2%, y Brasil con el 1,6%. Pues la supuesta excepcionalidad de la interminable paz argentina y ausencia de hipótesis de conflicto instalada por Alfonsín ha llevado a sus dirigentes a que el Instrumento Militar tenga la mitad del esfuerzo previsto en el Libro Blanco de la Defensa de 2010 que contemplara el 1,5% para el 2020.

También hubo persistentes políticas de gobierno que prefirieron la titularidad de funcionarios eminentemente políticos y sin experiencia en Defensa Nacional, que contribuyeron significativamente a la precariedad de la actual situación. No quedan excentos los asesoramientos pacifistas y la diplomacia argentina que pretende negociar saludablemente con un cuatro de copas.

Vaya a saber como, para mí muy equívocamente, se ha instalado la creencia de que el Instrumento Militar está solo “para hacer la guerra” o que “es como cualquier seguro”. No se percibe con una perspectiva estratégica la necesidad completa de sus capacidades: la capacidad militar de la Defensa Nacional es también representativa del valor de los intereses nacionales y de la determinación para protegerlos o lograrlos, deseablemente con disuasión. El Instrumento Militar también sirve para desarrollar, educar, negociar, cooperar, coaccionar, invitar…. Es “un as” que amenaza y eventualmente me permite decir “truco”. Especialmente me permite decir “no quiero” cuando la situación es desfavorable.

A raiz de lo anterior, se ha instalado la creencia política y popular de que la Defensa Nacional no es indispensable, necesaria, ni aún, conveniente para la República Argentina. Se viene asignando mayor importancia a la Seguridad Interior que a la Defensa Nacional desde 2009 y así, la protección de los intereses vitales tangibles e intangibles de la República Argentina pasó a segundo plano. Pareciera que el Ministerio de Economía, con la anuencia del resto del poder ejecutivo y legislativo, programa la función defensa y seguridad con una ecuación de suma cero, incrementando el presupuesto de Seguridad Interior a costa del de Defensa Nacional. A mi juicio, eso evidencia una falta clara de estrategia en materia de seguridad nacional cuya responsabilidad depende de las sucesivas Jefaturas de Gabinete de Ministros.

En mi opinión, la mayor evidencia de la desorientación estratégica nacional está dada por la pretensión de resolver la disputa de soberanía de las Is. del Atlántico Sur y próximamente de la Antártida, por medios estrictamente pacíficos (como suele escucharse a menudo), a pesar de que la Disposición Transitoria N° 1 de la Constitución Nacional dice “por medio del derecho internacional”. Se evita a ultranza el involucramiento de la Defensa Nacional, aún a riesgo de perder millonarias jurisdicciones terrestres y marítimas.

Mediante la quita del Servicio Militar Obligatorio y la falta de educación en Defensa Nacional en todos los niveles educativos nacionales/provinciales se ha provocado una ignorancia generalizada sobre esta función esencial del Estado y en las últimas décadas hasta se ha inculcado en la población un desprecio por las actividades de la misión principal a través de múltiples mensajes políticos y mediáticos.

Penosamente, creo que se está tratando de fundamentar la necesidad de la Defensa Nacional en tareas eminentemente subsidiarias para las que el Instrumento Militar es altamente ineficiente y prescindente, erosionando la opinión pública nacional sobre la razón de ser de las fuerzas armadas y, por sobre todo, la “moral militar” de los efectivos.

Comparemos el Instrumento Militar que hay con el que pudo haber, si se hubiera cumplido el Libro Blanco 2010. Partiendo del 1% del PBI 2010 se contemplaba el 1,5 % en 2020. Eso implicaba el 1,25 % del PBI promedio en esos diez años. Asumamos un PBI promedio de 500 mil mill. de dólares anuales. Comparemos asumiento benévolamente un 0,9 % PBI promedio realmente asignado. Resulta que la desfinanciación del sector ha sido de 1.750 mill. de dólares anuales, totalizando 17.500 millones de dólares en los últimos 10 años.

Es decir, con ese aún exiguo 1,5% del PBI pretendido en 2010 inferior al 1,6% del PBI promedio sudamericano, podríamos hoy haber tenido 5 destructores y cinco submarinos nuevos de primera linea a 1.000 mill. de dólares cada uno, y 50 aviones de combate de 100 mill. de dólares por unidad, además de nuevo material terrestre de primer nivel.

Dicho de otra manera, los poderes ejecutivo y legislativo han derivado 17.500 mill. de dólares a otros organismos del Estado Nacional en los últimos 10 años en desmedro de la capacidad de intervención y disuación para la protección de las jurisdicciones nacionales, el apoyo a la negociación para recuperar por medio del derecho internacional a nuestra «otra Argentina” usurpada en el Atlántico Sur (2.600.000 km2), la protección de los recursos naturales en mar y tierra, la libertad, la autodeterminación y la independencia.

Es decir, para tener la capacidad de decir “no”, o de decir “truco”, o de cooperar para lograr sinergia con otros actores, especialmente en materia de Defensa. Ni qué hablar de aspirar a liderar, obligándonos de antemano a asumir que vamos a ser liderados.

Concluyendo, creo que la Defensa Nacional, es decir la capacidad de protección de los intereses nacionales vitales y estratégicos, y de apoyo a las decisiones políticas internacionales, está largamente debajo de los niveles mínimos indispensables.

A mi juicio, todos los argentinos somos responsables por acción, complicidad u omisión, de la desarticulación de la Defensa Nacional producida en las últimas cuatro décadas, puesto que ninguna plataforma política presenta políticas de Defensa frente a las elecciones nacionales. La responsabilidad se acrecienta hacia los niveles más altos de la conducción ejecutiva, legislativa y judicial nacional.

Una vez solucionado en 1995 el conocido problema de Canadá generado por el deseo independentista de Quebec, la Defensa Nacional canadiense empezó a preocuparse por los riesgos de secesión de las provincias del oeste. Creo firmemente que nuestra insuficiente Defensa Nacional multiplica el serio riesgo de una secesión de la República Argentina y de la pérdida de valiosísimos intereses vitales tangibles e intangibles, incluyendo millonarias jurisdicciones nacionales y la capacidad de decir “no”.

ZM – ¿Para usted, cuáles son las principales amenazas que enfrenta el Estado Nacional donde podría intervenir el ámbito de la Defensa Nacional?

EG – Me referiré a amenaza como el actor capaz de generar un perjuicio que puede ser genéricamente dimensionado como riesgo, en base a probabilidad de ocurrencia e impacto, y que alienta a tomar decisiones y acciones para prevenirlo o mitigarlo. Incluiré también aquí a aquellos actores que ya están provocando un perjuicio.

Creo que los intereses nacionales vitales y estratégicos, tangibles e intangibles, están o pueden verse seriamente afectados por las siguientes amenazas sobre las que la Defensa Nacional debería tener capacidad para ejercer una acción efectiva o disuasiva:

Actores internos y externos que provocan o apoyan la secesión de la República Argentina. La manipulación social de origen interno y externo desde mi personal punto de vista es real y de un alto riesgo actual, con probables efectos incrementales a futuro por problemas de educación, economía, liderazgo, etc.. Sin lugar a dudas, por su impacto, éste es el riesgo mayor.

Actores que consolidan o apoyan la pérdida territorial de las jurisdicciones argentinas insulares y marítimas del Atlántico Sudoccidental a manos del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, comenzando por ese mismo actor. Estos actores generan el riesgo de perder 2.600.000 km2 de jurisdicciones nacionales con todos sus recursos, más la Antártida Argentina por su proyección geográfica al Polo Sur. Penosamente, creo que la gran mayoría de los argentinos no tiene idea de los miles de millones de dólares que eso significa para la economía argentina y, por lo tanto, priorizan la paz como un fin y no como un medio para el desarrollo, descartando a la Defensa Nacional como un multiplicador de poder en apoyo de las necesarias negociaciones.

Actores que contribuyen a la pérdida territorial de 3.800.000 km2 de la Antártida Argentina como el Reino Unido y Chile (Estados Unidos y Rusia tienen derechos reservados para reclamar soberanía). Las preguntas a hacerse para la Defensa Nacional serían: “Cuándo cambiarán las reglas de juego del Tratado Antártico (ver el Art. XII) y qué pasará el día después con nuestras pretensiones de soberanía, frente a las conocidas alianzas entre todos los demás pretendientes?

Actores que dificultan el desarrollo nacional o contribuyen a la pérdida de intereses vitales como la libertad, independencia y autodeterminación argentina por incapacidad para decir “no”. Si bien no tiene buena prensa contemplar a las relaciones de poder como una ecuación de “suma cero”, a la hora de imponer la voluntad sobre otro para el logro de un fin, bueno es interpretarlo de ese modo. Teniendo en cuenta la disputa de soberanía por 6,4 millones de km2 insulares, antárticos y marítimos con sus recursos, no esperemos que los actores internacionales que los pretenden ni sus aliados, deseen el desarrollo ni el éxito argentino.

ZM – ¿Cómo evaluaría la situación del Instrumento Militar de las Fuerzas Armadas y cómo cree que debería orientar la política la adquisición del equipamiento pensando en el futuro?

EG – Evaluar la situación del instrumento militar implica tener en cuenta numerosas variables, pero genéricamente podemos resumirlas en el estado de las capacidades disponibles. Las capacidades genéricas necesarias del IM son de comando y control, información, movilidad, logísticas, operaciones de combate y varias subsidiarias. Estas capacidades están dadas por la cantidad y calidad de los recursos humanos y materiales disponibles, como por su habilidad para sobreponerse a los posibles adversarios o interactuar con los actores en cooperación.

Como expresara Defence Journal en 2017, creo que “Argentina ha dejado de ser una potencia militar capaz”. Creo que las capacidades militares están extremadamente reducidas, especialmente las de combate, y en consecuencia no habría disuasión ni capacidad de intervención exitosa (ni eficaz ni eficiente) para enfrentar a ningún Estado. Como habría dicho algún ministro de Defensa al canciller “la Defensa está en tus manos”. Es decir, solo quedaría la sumisión frente a la eventual escalada de otro actor por incapacidad para decir “no” y buscar la cooperación a ultranza a manos diplomáticas. Difícilmente otro Estado quiera cooperar con Argentina en Defensa por su nivel de incapacidad. Una ilusión sería pensar en su liderazgo.

Creo que las capacidades militares están extremadamente reducidas, especialmente las de combate, y en consecuencia no habría disuasión ni capacidad de intervención exitosa (ni eficaz ni eficiente) para enfrentar a ningún Estado.

Eduardo Ganeau

En cuanto a la política de adquisición de equipamiento creo que debe estar sustentada en lo siguiente:

No deben quedar dudas que en materia de Defensa, el equipamiento primero debe ser eficaz, y luego, si se puede, eficiente. Esto es importante porque en algunas oportunidades las directivas políticas y otros documentos oficiales de Defensa Nacional han confundido reiteradamente la precedencia de esos atributos. La seguridad de los intereses vitales debe ser garantizada gestionando primero el posible impacto y luego, la probabilidad. Llegado el momento del eventual empleo de medios, deben ser confiables y eficaces. Complementariamente, deben tener capacidad de supervivencia y ser eficientes. No se pueden adquirir medios porque “son baratos” o porque “vienen regalados” como suele ser del gusto “economicista” predominante en demasiados profesionales de la Defensa. Creo firmemente que los medios militares deben adquirirse porque son efectivos, es decir, provocan efectos, y entre ellos, seleccionarse los más eficientes.

Creo firmemente que debe haber asignaciones presupuestarias anuales del 1,5 o el 1,6 % PBI. No es aceptable para ningún entendido en Defensa del mundo, excepto en la Argentina, que el porcentaje realmente asignado sea equivalente a la mitad de lo anterior. Ni siquiera alcanza para los gastos fijos de personal ni el sostenimiento de estructuras que esperan una razonable decisión.

Es indispensable recuperar las capacidades propias de mantenimiento, fabricación y apoyo de medios militares, perdidas especialmente en la década del 90. Ello demanda una férrea conducción política y administrativa, programada y cumplida, como también revertir toda una cultura de ineficacia e ineficiencia característica de las empresas estatales argentinas, e instalar el hábito del orden, el trabajo, la responsabilidad y el cumplimiento de las metas.  A modo de ejemplo, no puede haber más una política de privatización a ultranza ni el impulso intempestivo del “retiro voluntario” que en los 90 provocó la pérdida de la capacidad de construcción autónoma de medios militares y de décadas de conocimiento del “know how” del personal técnico experimentado, sin haberse transferido su experiencia. Es necesario un balance razonable entre materiales nacionales de empresas públicas y privadas, como importados.

Debe haber una adquisición equilibrada en el exterior para las tres fuerzas armadas de medios materiales tecnológicamente más avanzados, sin generar dependencias en medios militares de importancia estratégica de actores relacionados con la importante disputa de soberanía existente. Lo más difícil de lograr es el crecimiento equilibrado en todas las capacidades con efecto sinérgico. Para ello es necesario empezar a cumplir con rigurosidad las programaciones realizadas. Como ejemplo de incontrastable falta de responsabilidad con la Defensa Nacional, vale el resultado del primer ciclo de planeamiento estratégico y el incumplimiento casi total del PLANCAMIL.

Debiera quedar perfectamente claro que los medios militares constituyen poder y ejercen protección, solo si NO tienen dependencia del actor en real o eventual confrontación. Eso obliga a seleccionar cuidadosamente la fuente de provisión. No es apto ni aceptable ningún material de combate con importancia estratégica que sea o dependa del Reino Unido, o de los dieciseis Estados de la corona británica, ni de ninguno de sus aliados. Tampoco de aquellos otros que puedan ser posibles amenazas dentro de los próximos años. Cuando las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur vuelvan a Argentina y la Disposición Transitoria Nro. 1 de la Constitución Nacional haya caducado por ello, podremos ser socios y aliados de todos esos Estados porque Argentina tiene historia y pueblo con cultura occidental.

Para adquirir los medios necesarios es indispensable el liderazgo político y militar en manos de autoridades comprometidas, honestas, competentes y responsables, que deben dar el ejemplo y estar dispuestas a entregar su vida armándose en defensa de la Patria, como dice el Artículo 21 de la Constitución Nacional.

La adquisición de medios (requerimiento, planeamiento, investigación, desarrollo, construcción y/o compra, y obtención) debe pensarse contemplando los intereses nacionales, amenazas y riesgos con un horizonte futuro de 50 años como mínimo. Diez años para requerimiento, selección y adquisición, y cuarenta años de uso con mantenimiento y actualizaciones intermedias.

Siguiendo el proceso lógico estandarizado doctrinariamente, la adquisición de medios debe ser el resultado del siguiente análisis genérico secuencial: Identificar claramente los intereses vitales y estratégicos argentinos tangibles e intangibles a proteger, reconocer las amenazas y los riesgos en términos de posible impacto y probabilidad del actual o futuro perjuicio, conocer las capacidades ajenas y los escenarios, diseñar las capacidades propias necesarias para producir los efectos seleccionados, determinar los medios materiales y humanos necesarios, la forma de adquisición de dichos recursos, la organización, el alistamiento, el adiestramiento, el apoyo y, por sobre todo, obtener el presupuesto necesario y mantener invariable el objetivo en el tiempo hasta su logro.

ZM – ¿Cuáles deberían ser los aliados naturales de la Argentina en el contexto mundial y qué ámbitos de cooperación cree que se puede profundizar?

EG – Valdría convenir que podemos contemplar como aliados naturales a aquellos actores con quien la República Argentina sostenga importantes coincidencias de fines y deseablemente ninguna discrepancia entre ellos. En consecuencia analizaré los eventuales aliados en función de las oportunidades y riesgos apreciados:

En primer lugar, los actores en sostenida cooperación no serían una amenaza, sino una oportunidad de desarrollo sinérgico que la Defensa Nacional también debe apoyar  con un relacionamiento favorable. Como con los socios no todo es color de rosa, aunque prevalezcan las coincidencias, también hay discrepancias. Bien vale que la Defensa Nacional sea también una herramienta de poder para que la cooperación resulte efectiva y no una simple dependencia respecto de los otros. Incluyo aquí muy especialmente a los países del Mercosur con quienes hay ya tres décadas de interacción y una confianza mutua como para favorecer la sinergia en materia de Defensa Nacional.

Para gestionar el ya mencionado riesgo de secesión y de afectación a los intereses vitales intangibles como la libertad, la autodeterminación y la independencia, es decir, para conservar la capacidad de decir “no”, creo que no puede haber aliados naturales. Esta potencialidad debiera conducir a una búsqueda permanente de autonomía en la Defensa Nacional para que constituya una verdadera fuente de poder: sin dependencias.

Para gestionar el riesgo en la disputa de soberanía insular con el Reino Unido, los aliados naturales podrían ser Perú, Rusia y China. Parece un listado muy restrictivo, pero el Reino Unido ha demostrado influir marcadamente sobre otros actores sudamericanos y mundiales, que a mi juicio limitan seriamente la posibilidad de una alianza con el propósito de este asunto. Lo antedicho se sustenta en el apoyo brindado por ciertos actores vecinos a las unidades británicas en la región como a la actividad económica británica en el Atlántico Sudoccidental que favorece la ocupación ilegal.

Vale resaltar que solo en el caso de que acuerden y cumplan el compromiso de favorecer la soberanía Argentina en desmedro del Reino Unido, los Estados Unidos, los otros países de la corona británica, el resto del Commonwealth y los países aliados de los anteriores bajo ningún punto de vista pueden ser aliados naturales de Argentina, ya que esta cuestión afecta la integridad territorial de la República Argentina.

Para gestionar el riesgo de la próxima disputa de soberanía sobre la Antártida, se da la paradógica situación de que todos los demás Estados reclamentes (aparte de Argentina) son aliados entre sí. Tanto con el Reino Unido y Chile, que superponen pretenciones con Argentina, cualquier alianza implicaría renunciamiento. Noruega, Francia, Australia y Nueva Zelanda (estos dos últimos son “British Realms” de la Corona) que demandan soberanía en espacios distintos de Argentina, como también Estados Unidos y la Federación Rusa que reservaron sus derechos a reclamar soberanía, ameritan un análisis y una cautela muy particular. Todos los demás países del mundo, especialmente aquellos que deseen desarrollar actividades antárticas en las jurisidicciones antárticas argentinas, podrían ser considerados aliados potenciales.

ZM – ¿Cómo evaluaría usted la percepción actual de la ciudadanía sobre el rol de las Fuerzas Armadas?

EG – Quizás sea esta la pregunta más sensible de todas, porque la evaluación pedida apunta a la conciencia nacional sobre la necesidad de Defensa y referirse al factor psicológico y espiritual del pueblo argentino.

Como ya anticipara, creo que por décadas y con la efectiva acción abierta o encubierta de agentes internos y externos se ha ido erosionando la cohesión en la “tríada de Clausewitz”: pueblo, gobierno y FFAA.  Así hemos desarrollado marcada ignorancia sobre la importancia de la Defensa Nacional y, según mi percepción, de los serios riesgos existentes para la existencia futura de la República Argentina, tal como hoy la entendemos.

Complementariamente, se ha logrado el desinterés del pueblo por la misión principal de las FFAA. La desatención de esta actividad esencial del Estado en el sistema educativo nacional ha promovido el desconocimiento y la falta de atención. La pérdida del Servicio Militar Obligatorio ha sido un acelerador de estas consecuencias que a mi juicio vienen erosionando el espíritu nacional; es decir, el sentido de Patria.

Por último, y no menos importante, ha sido la aversión desarrollada en ciertos sectores del pueblo argentino que implica el deseo de perjudicar cualquier desarrollo de actividades de Defensa y poder militar, hasta el límite de propiciar su desaparición por no considerarlo una parte del poder nacional. Si mirara desde la perspectiva británica, aplaudiría a quienes se oponen a cualquier desarrollo de las FFAA que ponga en riesgo la actual comodidad del liderazgo de la Corona sobre las islas y su desarrollo para consolidar los derechos soberanos sobre la Antártida.

Tanto es así que en las últimas décadas casi ningún partido político presenta políticas de Defensa en su plataforma política y menos, con vista a las próximas elecciones. Muy lamentablemente creo que en distintos ámbitos, especialmente educativos, políticos y de medios de comunicación social, se ha propiciado la idea de militar como “mala palabra” y de Defensa Nacional como “pianta votos” y “plata mal gastada”.

Sirva como ejemplo de que vamos a contramano, que al tiempo que en Argentina se viene propiciando terminar con los liceos militares de nivel secundario dedicados a educar ciudadanos en Defensa por medio de su desmilitarización, en los países más desarrollados se ha incorporado la enseñanza de Defensa Nacional con estudios y experiencias prácticas en las currículas de todos los niveles educativos, desde la escuela primaria hasta la universidad.[2]

ZM – ¿Cuáles son los consensos básicos que usted podría compartir y considerar con sus pares académicos, superando las diferencias de ideologías y posiciones políticas a la hora de pensar la Defensa Nacional?

EG – Esta pregunta es muy interesante puesto que si bien tengo la impresión de que hay un consenso a favor de la necesidad de mejorar la Defensa Nacional, me cuesta encontrar determinación y claridad en las opiniones a la hora de identificar amenazas, exponer los riesgos y, por sobre todo, fundamentar las necesidades presupuestarias de Defensa sobre otras necesidades para revertir la delicada situación.

Percibo que un gran número de académicos, políticos y militares acepta que no se puede volcar más esfuerzo a la Defensa Nacional y convalidan presupuestos inferiores al 1 % PBI desde el año 2006. Pues discrepo profundamente con esa postura contemplativa porque tengo una apreciación muy distinta de la magnitud de los riesgos actuales.

A esta edad tengo cierto conocimiento de la comunidad experta en Defensa, civil y militar, en funciones ejecutivas o no, y sin importar el signo político está clara la imposibilidad de un compromiso con un presupuesto del 1,5% del PBI. “No hay plata” es el argumento para aceptar sin enojo los presupuestos de las últimas cuatro décadas.

Tampoco veo compromiso con el reconocimiento del principal conflicto que debería concentrar la atención de la Defensa Nacional: el problema de la soberanía marítima e insular que con la Antártida suma 6,4 millones de km2 hasta ahora perdidos. No aprecio una idea clara de la importancia de esa magnitud ni de su incidencia en el desarrollo actual y futuro de los argentinos. Además, increíblemente en muchos casos, suele tener más aceptación el futuro conflicto antártico que la actual usurpación británica. Entiendo pero no justifico que por nuestra historia y adhesión a la cultura occidental en muchos casos no queramos reconocer como real agresor al usurpador británico.

No obstante, asumo que podríamos compartir el siguiente consenso en materia de Defensa Nacional:

El orden constitucional y la seguridad interior son los intereses nacionales más importantes a preservar.

La probable consolidación de la usurpación territorial de las Islas del Atlántico Sur y próximamente de la Antártida a manos del Reino Unido es la afectación más importante a que los argentinos se ven sometidos porque implicaría la pérdida de 6.400.000 km2 terrestres y marítimos (2.600.000 km2 insulares y 3.800.000 km2 antárticos, incluyendo su mar adyacente). El consenso parecería obvio, pero pocos conocen la verdadera dimensión del valor económico, estratégico, geopolítico y social de estas jurisdicciones, tanto en el presente, como en el futuro, frente al inobjetable cambio climático y sus efectos. Por ello, creo que la coincidencia y la determinación es muy débil, favorecidas por la disrupción social interna y la manipulación externa.

Quizás, podamos coincidir también en que el conflicto armado del Atlántico Sur de 1982, comunmente conocido como guerra de Malvinas fue una de las pocas oportunidades históricas de Argentina donde el país “no tuvo grieta”. Pese a ello, creo que la derrota militar y el desprestigio por la acción antiterrorista, más las acciones psicológicas interna y externa posteriores erosionaron la idea de una “guerra justa” luego de 149 años de la invasión británica, que estimo necesario recuperar.  

No obstante, vale reconocer que gracias al esfuerzo de la recuperación incruenta y la defensa limitada, se incorporó y consolidó la declamación argentina en la Constitución Nacional y por ello, la disputa será permanente. Deberíamos advertir que también permanente será el acoso a la Argentina de la corona británica y sus aliados hasta consolidar su soberanía.

Deberíamos coincidir en que Argentina sufre desde 1833 una agresión de origen externo de parte de la Corona Británica que afecta sus intereses vitales. El Art. 2° de la Ley de Defensa Nacional demanda inobjetablemente el involucramiento de la Defensa Nacional y su apoyo a la política exterior en los esfuerzos de recuperación por medio del derecho internacional, tal como indica la Constitución Nacional.

El eventual consenso académico y político respecto del punto anterior podría constituir un fuertemente cohesivo argumento multipartidario y transversal a todo pensamiento político, ideológico y nivel socioeconómico, excepto para quienes prefieran apoyar al Reino Unido en perjuicio de los intereses nacionales. Esta postura debiera servir para unir a los argentinos y desarrollar capacidades de Defensa con presupuestos razonables del 1,5% PBI. Debido a la tradicional influencia británica en Argentina y a la cultura europea predominante, la fricción con una minoría de poder económico y psicosocial importante sería irremediable.

Para cerrar, en cuanto a posibles y necesarios consensos, tenemos la gran importancia de la Defensa Nacional para el sistema de educación nacional, incluyendo las responsabilidades provinciales y muy especialmente universitarias cuya autarquía las vuelve muy permeables a las influencias externas y de difícil alineamiento con las causas nacionales. La Defensa Nacional necesita de la educación para revertir la desfavorable situación. A mi juicio es indispensable incorporar a las currículas de todos los niveles educativos el estudio de los conocimientos esenciales y la finalidad de la Defensa Nacional.

ZM – Pensando en el espacio académico como un asesor natural a la gestión política, ¿qué propuestas se le ocurren para cambiar, profundizar o mantener en la política de Defensa Nacional?

EG – En buena medida ya he planteado varias propuestas sobre la interpretación de la situación, nuestros problemas de percepción, los intereses a proteger, el necesario apoyo de la Defensa a la política exterior, las amenazas, los serios riesgos que enfrentamos y los presupuestos de gestión indispensables.

Todo lo dicho hasta acá promueve, por sobre todo, un cambio radical para alcanzar la necesaria Defensa Nacional que creo hemos perdido.

En primer término creo indispensable recomponer la cohesión en la “tríada de Clausewitz”: pueblo, gobierno y fuerzas armadas, puesto que su sinergia es el factor multiplicador y resiliente más importante.

Todo el pueblo argentino y muy especialmente todo funcionario estatal nacional debería educarse en la idea de que la Defensa Nacional no está solo para hacer la guerra o que es “como cualquier seguro”. Los argentinos debemos educarnos en una perspectiva estratégica de la necesidad de su existencia: la Defensa es representativa del valor de los intereses nacionales tangibles e intangibles y, por sobre todo, de la determinación para protegerlos o lograrlos. Asimismo, es una herramienta del poder nacional que ayuda en las relaciones internacionales competitivas y cooperativas, y contribuye al desarrollo económico, social y científico-tecnológico argentino. Revertir décadas de pacifismo a ultranza en los ámbitos académicos de la diplomacia, la política y las relaciones internacionales no es tarea sencilla.

Creo indispensable que toda la dirigencia nacional del poder ejecutivo, legislativo y judicial, aún de los gobiernos provinciales y hasta municipales, asuman que la Defensa es un problema de su responsabilidad.  

Debería modificarse lo que considero la única política de Estado de Defensa Nacional desde 1983 a la fecha: subfinanciar al Instrumento Militar. Como ya expresara, 17.500 mill de dólares más previstos en el Libro Blanco de la Defensa del año 2010 hasta el año 2020 pudieron haber sido destinados a la jurisdicción para fortalecer las capacidades militares con material de primera linea, crear puestos de trabajo, incrementar la educación, fortalecer el orgullo ciudadano, incentivar el liderazgo político, promover el esfuerzo personal, identificar y gestionar apropiadamente los riesgos existentes con apoyo de y a la diplomacia, y tener un fundamento más para levantarnos, tender la cama e ir a trabajar tranquilos todos los días.

Creo indispensable que las tareas de información de nivel nacional, orientadas al ámbito interno y externo en todos los campos tengan una perspectiva de Defensa, identificando AMENAZAS a los INTERESES NACIONALES VITALES y ESTRATÉGICOS, y consecutivamente, los RIESGOS correspondientes con sus sugerencias de GESTIÓN.

Debería asumirse claramente que la Corona británica es el principal actor en oposición. No pueden excluirse las manifestaciones económicas, culturales, políticas y militares del Estado usurpador y sus aliados como la principal amenaza para la libertad, la independencia, la autodeterminación y el desarrollo de la República Argentina.

Creo indispensable dar un mensaje urgente de cambio de política de Estado para la Defensa, con las siguientes medidas:

Como criterio general, asignar como mínimo el 1,5% del PBI argentino al Ministerio de Defensa, a semejanza del promedio sudamericano y Brasil.

Educar a la población en Defensa Nacional incorporando contenidos apropiados en todos los niveles educativos obligatorios y universitarios (aún en su autarquía), públicos y privados. Sugiero analizar los programas educativos de los países desarrollados para dar importancia a la Defensa y contener la erosión ciudadana generada por la globalización y acciones de manipulación social como el fomento de nuestra famosa “grieta” y las modernas corrientes promotoras de un globalizado orden mundial.

Para todos los partidos políticos, contemplar entre los candidatos la designación de ministros de Defensa militares retirados prestigiosos por tener la predisposición de entregar su vida por la Patria y la capacidad práctica para lograr eficacia y eficiencia en el alistamiento y la operación.

Contemplar a la Defensa Nacional como una herramienta que brinde un respaldo de poder duro y otorgue autoridad en las negociaciones diplomáticas por la soberanía de las jurisdicciones nacionales insulares, marítimas y antárticas con la corona británica.

Iniciar la adquisición de material de combate de importancia estratégica como aviones multi-rol y submarinos desde fuentes no dependientes ni alineadas con la corona británica. La simultánea provisión desde China y Rusia disminuiría la dependencia unilateral de alguno de ellos.

Esta política se podría reanalizar en el hipotético caso de que la corona británica y su principal aliado Estados Unidos reintegren efectivamente la soberanía argentina sobre las Is. del Altlántico Sur, ya que es evidente que el origen y la cultura de los argentinos son principalmente occidentales y afines con esos dos países.

En un mundo globalizado donde Estados Unidos y China a pesar de la competencia son mutuamente los socios comerciales más importantes, Argentina debería adoptar una perspectiva global propia del Siglo XXI. Ningún Estado del mundo tendría derecho a objetar el origen de la fuente del material de Defensa. 

Comprar de inmediato 12 aviones de la familia Sukhoi 30 rusos o J10 chinos y su logística asociada como un claro mensaje estratégico de alcance interno y externo, mostrando que Argentina ha decidido ser independiente y responsable con las inmensas jurisdicciones que le han sido usurpadas y está muy próxima a perder para siempre, si no hace nada con su Defensa Nacional. La pasividad y falta de determinación consolida inequívocamente la soberanía británica. Las aeronaves deben ser inequívocamente esas y no otras para que los argentinos entendamos que las cosas importantes demandan esfuerzos serios. Pretendo que quede claro que no es lo mismo un avión FA50, o un J17, ni un Mig29/35, que un SU30. El costo financiero es perfectamente razonable en función de los efectos pretendidos con el 1,5% PBI. Como cualquier país que ha decidido ser serio, por ejemplo Perú que tiene una poderosa flota de aviones rusos, la diplomacia argentina podrá demostrar fácilmente con su negociación que Argentina no tiene vocación de emplear esos medios aunque puedan llegar hasta las Islas Georgias a 2000 km de distancia. Eso impone respeto. Lo primero que debe haber en cualquier relación.

Desde ya, se debe asumir que esta política generará fricción con otros actores que se incomodarán ante la recuperación de poder nacional por parte de la República Argentina a través de la Defensa Nacional.

Exigir sin atenuantes el cumplimiento en tiempo y forma, con gestión por resultados, de todos los planes, programas y presupuestos que el Estado decida sobre Defensa Nacional. Para ello, actualizar y cumplir en tiempo y forma el Plan de Capacidades Militares (PLANCAMIL). Luego de un esfuerzo gigante volcado en el primer ciclo completo de planeamiento militar no se cumplió ni el 10 % de lo previsto. Es otro reflejo evidente de la falta de responsabilidad nacional existente. Hoy ya nadie pide cuentas de eso.

Celebrar la flamante creación del Comando Conjunto Marítimo (CCM) responsable de la vigilancia y control de los espacios marítimos y fluviales jurisdiccionales y de interés para la Defensa Nacional. No está escrito así, pero asumo que el texto significa eso. Circunscribirse a la región del Atlántico Sudoccidental y Austral implicaría perdernos buena parte de la película necesaria. Desde ahora el Ministerio de Defensa, el Estado Mayor Conjunto y el Comando Operacional, junto con el comando táctico del CCM deberán afrontar y gestionar los riesgos en y desde el mar y los grandes ríos, cosa que nadie hacía con respaldo normativo desde el año 2010, aunque parezca mentira. Se deberán ocupar de 1.050.000 km2 de Zona Económica Exclusiva bajo control argentino más 300.000 km2 de plataforma extendida. Asimismo, de 1.800.000 km2 de ZEE usurpada por el Reino Unido con apoyo estadounidense y sus 800.000 km2 de plataforma adicionales. Y también, vigilar y prepararse para proteger 2.800.000 km2 de mar y plataforma continental antárticos para el próximo día en que cambien las reglas de juego del Tratado Antártico. Como acabo de cuantificar, la superficie usurpada a recuperar duplica la superficie jurisdiccional bajo control propio. Otro tanto ocurre con los derechos de soberanía marítimos antárticos en suspenso.

Más allá de las jurisdicciones hay que cuidar el tráfico mercante internacional hacia y desde la Argentina, hacer investigación científica marina que apoye las actividades de la Defensa en el mar y muy especialmente controlar la conectividad Atlántico-Pacífico en el Drake como las comunicaciones entre Tierra del Fuego y la Antártida en la misma zona. Tampoco es admisible el bloqueo del Río de la Plata y los otros puertos argentinos como la interrupción o interferencia del tráfico fluvial en los grandes ríos internacionales. Para todo eso habrá que pedir el presupuesto necesario porque ahora hay responsabilidad e imputabilidad.

Celebrar también el flamante acuerdo entre el Ministerio de Defensa y el Ministerio de Seguridad para coordinar las acciones de vigilancia y control entre la Armada Argentina y la Prefectura Naval Argentina, cumpliendo la Ley de Defensa Nacional y la Ley de Seguridad Interior que competen complementariamente a ambas instituciones. La anárquica relación vivida desde hace casi tres décadas ha sido para mí un indicador claro de la despreocupación del Ministario de Defensa y del Estado Mayor Conjunto por su responsabilidad marítima.

Asumir prontamente el preocupante mensaje estratégico que transmite la Ley 27.565 de creación del FONDEF, puesto que su implementación difícilmente permita alcanzar al cabo de 4 años el 1% PBI para la Jurisdicción Defensa. En mi apreciación, esa ley no cambiará en absoluto la tendencia actual de las capacidades reales de la función principal del Instrumento Militar.  Agradezco especialmente a Zona Militar haber podido expresar de antemano en Noviembre de 2019 mi desfavorable pronóstico sobre esta ley con el artículo: “El preocupante Mensaje Estratégico del FONDEF”. Ya avisoro que será aún más difícil lograr el cambio indispensable en la política presupuestaria para la Defensa (el 1,5 % PBI).

Para cerrar, dos frases que creo muy importantes para la preocupante Defensa Nacional argentina de las últimas décadas:

“Ningún viento es favorable para quién no sabe a dónde va” (atribuida a Séneca). Hace falta un Plan Estratégico Nacional que incluya valoración de riesgos para los intereses nacionales vitales y contemple a la Defensa con su poder militar como instrumento del poder nacional.

“Conocer para querer, y querer para desarrollar y proteger”. La educación es idispensable para poder atribuir valor a los intereses vitales y estratégicos tangibles e intangibles. Del valor a atribuido a esos intereses (superficie, económico, geopolítico, estratégico, psicosocial) emana el incentivo para trabajar y proteger con la Defensa necesaria. Es indispensable educar en Defensa Nacional.

Con la eventual aplicación de las medidas sugeridas para la Defensa, el pueblo argentino percibiría inequívocamente la voluntad política de salir de la actual anomia y falta de resiliencia argentina, en un país cuya única debilidad radica en el factor humano, es decir, en el pueblo argentino. A mi juicio, no debería haber mensajes ambiguos ni coqueteos políticos internos y externos que distraigan la atención y debiliten el mensaje orientado a recomponer el poder nacional, entre otros factores, mediante la Defensa Nacional.

Una frase más, terminar con el falso dilema Defensa Nacional o Seguridad Interior/salud/educación/etc. para pasar a un saludable equilibrio de DN + SI + salud + etc.

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2 COMENTARIOS

  1. Agradezco al Comodoro de Marina en retiro Eduardo Ganeau por su visión personal en su artículo titulado: «La Defensa Nacional necesita de la educación para revertir su desfavorable situación».

    Agrego a lo dicho mi visión personal: La Defensa Nacional Argentina es como una nebulosa doctrinal como resultado de dos factores: 1) una absoluta falta de conciencia política y 2) la negación de una «Hipótesis de conflicto».

    Los ideólogos han logrado con éxito eliminar el concepto de la hipótesis de conflicto…!!!!!! Esta concepción ha llevado a la Argentina a la falacia de que somos todos «amigos» en Sudamérica y el mundo y por lo tanto no necesitamos gastar más presupuesto en armas nuevas y eficaces ni soldados profesionales con capacidades de nivel internacional….

    La hipótesis de conflicto no es una «sensación de conflicto». La hipótesis de conflicto es una concepción elaborada, cal culada y revisada por personal cívico – militar de alto rango y prestigio.

    La argentina ha perdido y está perdiendo los dos elementos claves para la defensa nacional: 1) La hipótesis de conflicto y 2) las capacidades de los hombres de armas en su nivel operacional.

    Qué diría el General Don José de San Martín si viese la realidad militar Argentina? Qué lástima que este magnífico soldado no pueda emitir su opinión por estar fallecido !!!!!

  2. Estimado Ricardo:
    Existe una realidad que por más que se haya tratado de disimular se hace evidente, sobretodo en su concepción política, los miembros del personal militar de las Fuerzas Armadas no son concebidos como ciudadanos plenos, casi se los considera propiedad del Estado sin derechos, motivo por el cuál sus opiniones, aún en el tema que los ocupa, no importan en las decisiones del Gobierno. El estimar «hipótesis de conflicto» parece una excusa para que la política deje en una segunda instancia el interés de la defensa de nuestro país y haya olvidado una de sus funciones públicas básicas: la seguridad de la Nación (tanto interna como de sus fronteras) y la de sus ciudadanos.
    Cuando hablamos de las FFAA hay algunos políticos que ni las citan, o creen que pertenecen a otro país aparte, olvidándose que no sólo forman parte de la población, le prestan un valioso servicio y también la representan.
    La integración de las FFAA al seno de su población haría un país más fuerte ya que dejaría de existir esa brecha que hace pensar que un servidor público no tiene derecho a tomar sus propias decisiones o a expresar su pensamiento. Esto es una asignatura pendiente que debemos de solucionar desde el 83 y que está directamente relacionado con la educación y con el progreso de la defensa Nacional.
    No soy militar, digo simplemente lo que me parece coherente.

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