El pasado 16 de octubre se presentó el informe anual del ejército de los Estados Unidos ´US Army Modernization Strategy´. Continuación y actualización del informe de 2018, su objetivo es presentar una actualización doctrinaria y organizacional para el “ejército total” (Ejército Regular, Guardia Nacional, Reservas y civiles del ejército) en orden de posibilitarle, hacia 2035, una integración de capacidades multi-dominio que le permita seguir siendo la principal fuerza militar terrestre del mundo.

Las operaciones multi-dominio (Multi-Domain Operations), aunque todavía no del todo definidas u homogeneizadas, refieren a la integración de los sistemas de armas y la información en tiempo real relativos a todos los espectros del campo de batalla: aire, mar, tierra, espacio y ciberespacio. La US Army Modernization Strategy pretende, para 2028, garantizar la efectividad plena del ejército norteamericano (empleado conjunta y multidimensionalmente) en un solo frente operativo alcanzando, hacia 2035, iguales capacidades multidominio pero sobre más de un teatro de operaciones en simultáneo.

Geopolíticamente, al momento de plasmar la necesidad de encarar este proceso de modernización generacional, el trabajo del ejército estadounidense no cae en medias tintas al afirmar que son dos los países que representan el desafío estratégico militar fundamental para Estados Unidos. Dejando de lado la enfermiza obsesión de la academia con los conflictos asimétricos en los años posteriores al 2001 –aunque, a decir verdad, es un vicio cuyo anclaje se remonta a la década del 90´-, la atención central del gigante del norte pivotea nuevamente hacia los estados nacionales y a dos inmensos actores en el escenario internacional con suficiente capacidad política y militar para hacerle frente.

Rusia, en primer lugar, es considerada la principal amenaza militar en el corto plazo. Potencia nuclear, ha encarado fenomenales procesos de modernización y rearme, y ha utilizado ofensivamente sus fuerzas armadas en Europa –Crimea- y Medio Oriente –Siria- retomando un viejo y conocido sendero de intervención político-militar en defensa de sus intereses globales que a muchos miembros del establishment yanqui les trae malos recuerdos de la extinta Unión Soviética.

China, por su parte, representa un gran competidor en el mediano y largo plazo; capaz incluso de superar a Rusia. Sus espectaculares avances tecnológicos en inteligencia artificial, robótica, bioingeniería, drones, ciberdefensa, tecnología espacial y armas hipersónicas –entre otros desarrollos- dan sólo una tenue idea de la inmensa rivalidad militar que se espera de parte del gigante asiático en años venideros.

Puertas adentro, en términos de generación de capacidades materiales, la estrategia hacia el 2035 se enfoca en seis prioridades:

  • Tiro preciso de larga distancia que neutralice las capacidades A2/AD (anti-access/area denial) enemigas;
  • Vehículos más rápidos, seguros y letales (concebidos, incluso, para enfrentar adversarios robóticos);
  • El continuo desarrollo de plataformas de elevación vertical para garantizar la versatilidad operacional;
  • La continuación de los trabajos en ciberdefensa con énfasis en las capacidades de comando y control propias (defensivas) y enemigas (ofensivas);
  • La modernización de los sistemas de defensa antiaérea contra vehículos tripulados y no tripulados a fin de salvaguardar la integridad de las tropas en tierra; y, por último,
  •  La letalidad individual de los soldados concibiendo no sólo su equipamiento y ventajas tecnológicas (por ejemplo, visión nocturna e interpretación en tiempo real de la información del campo de batalla multidimensional) sino también a los soldados en sí mismos en términos nutricionales, físicos y psicológicos (se busca modernizar al soldado y no sólo su equipamiento).

Finalmente, el ejército de Estados Unidos parte de cuatro supuestos de largo plazo que proveen el framework para desarrollar esta política de modernización de acá al 2035. Son ejes que no deben ser alterados por necesidades políticas coyunturales bajo riesgo de afectar la compleción de los objetivos fijados y la seguridad nacional. Tales postulados son:

  • El presupuesto militar de EE.UU. permanecerá relativamente estable a lo largo de los próximos años;
  • El empleo y necesidad del instrumento militar en defensa de los máximos intereses nacionales no van a perder el protagonismo actual;
  • Los desarrollos tecnológicos de los rivales estratégicos de Estados Unidos van a respetar los tiempos de maduración estimados por las fuerzas armadas norteamericanas (es decir, no se esperan cisnes negros que generen desbalances militares críticos); y
  • Los proyectos de investigación y desarrollo (R&D) propios -vuelo hipersónico, tecnología cuántica, inteligencia artificial, biología sintética y energías disruptivas, entre otros- continuarán según lo esperado alcanzando su maduración calculada a tiempo con las reformas materiales y doctrinarias que también se contemplan en la modernización militar.

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