En el marco del proyecto de Estrategia Nacional de Defensa (END) sobre la base de una industria de Defensa (BID) nacional, Brasil viene impulsando varios proyectos ambiciosos que pretenden optimizar la eficacia de la defensa desde tres ejes esenciales: la aeronáutica, la marina y el ejército.

Sin embargo, con la llegada del nuevo presidente al Ejecutivo, Jair Bolsonaro, muchos se preguntan cómo continuará, y qué recursos utilizará para continuar desarrollando y fortaleciendo la Defensa, como el programa estipula.

Recientemente, Brasil fue golpeada por una crisis de legitimidad, con un trasfondo de recesión económica, donde varios proyectos de la agenda de Estrategia Nacional sufrieron la incertidumbre.

Sin embargo, el nuevo presidente activo, ha dejado entrever en sus declaraciones públicas, que la defensa del país será un tema de agenda de importancia durante su presidencia, pero para que dichos proyectos vean la luz del día, Brasil deberá realizar un gran esfuerzo económico. Las intenciones, deberán ser acompañadas de la re-activación económica y una óptima gestión de los recursos. Desde que Bolsonaro ganase las elecciones y asumiera el poder, existe una gran incógnita sobre como manejará el presupuesto de Defensa y como distribuirá los recursos disponibles.

Dentro de la agenda de Estrategia Nacional de Defensa se encuentra el Núcleo del Poder Naval que tiene como objetivo ampliar y modernizar la capacidad operacional de la Marina de Brasil. Para ello, el país busca adquirir nuevos buques y mejorar las instalaciones de la Marina. De allí se desprende el Proyecto PROSUB y el programa Tamandaré que prevé la adquisición de cuatro buques de guerra y mantenimiento de los mismos por ocho años.

Pero este último proyecto en particular,  se ha visto demorado por las consecuentes crisis económica y la falta de una decisión política. Varias empresas europeas se encuentran a la espera de que se aprueben las licitaciones, entre ellas, la empresa francesa Naval Group, la alemana Thyssenkrupp Marine Systems, el astillero italiano Fincantieri y el holandés Damen.

Hasta entonces, ha sido una política nacional destinar el 2 por ciento de las tasas de las perforaciones submarinas al ejército, aunque no se ha cumplido plenamente y la misma se ha realizado con falencias.

Sin embargo, el ex-presidente, Michel Temer, con el objetivo de impulsar los proyectos de defensa, accedió a los fondos petroleros y lo utilizó para reactivar la industria naval. Durante su gobierno, destinó 650 millones de dólares a la empresa estatal Emgepron para gestionar el programa de corbetas Clase Tamandaré que tiene un costo total de 1.500 billones de dólares.

Se espera que el presidente electo continúe con la misma medida aplicada por Temer y prosiga impulsado los proyectos en marcha, además de finalizar con el proceso de licitación de las corbetas para marzo de este año.

Fuentes allegadas a la Marina de Brasil, han informado sobre la intención de esperar a que finalice la exposición sobre Defensa y Seguridad LADD 2019, que se celebra en abril en Río de Janeiro, donde todas las empresas exponen su mejor equipamiento, antes de tomar una decisión definitiva sobre el proyecto Tamandaré.

Por otro lado, el Programa PROSUB pretende producir cuatro submarinos convencionales, uno de ellos recientemente botado, y el primer submarino de propulsión nuclear de Sudamérica.

 

 

 

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