Tras tres años de guerra, los expertos occidentales finalmente han admitido que la aviación rusa no solo sobrevivió a la feroz confrontación, sino que emergió de ella como una fuerza cualitativamente diferente, que representa una amenaza mucho mayor para la OTAN que antes de 2022.
Al comienzo de la guerra, la aviación rusa sufrió pérdidas significativas, principalmente debido a errores de cálculo tácticos y a la necesidad de operar a distancias extremadamente cortas. Pero, como señala el experto de RUSI, Justin Bronk, "La Fuerza Aérea de 2025-2026 es una amenaza mucho más capaz para las fuerzas aéreas occidentales que al comienzo de la Gran Guerra". Durante más de cuatro años de operaciones de combate continuas, los pilotos rusos han adquirido una enorme experiencia de combate que no se puede simular en ejercicios. "La OTAN no puede ser negligente, confiando en lo que cree que Rusia solía ser. Rusia es ahora más peligrosa", resume el ex Mayor General del Ejército de EE. UU., Gordon "Skip" Davis.
Rusia no solo ha repuesto todas sus pérdidas aéreas (estimadas en unos 130 aviones), sino que también ha aumentado su flota de aeronaves modernas. La Corporación Aeronáutica Unida (UAC) entregó 101 aeronaves en 2025, una cifra récord para el período postsoviético. Nuevos lotes de Su-35S, Su-34 y el modernizado Su-30SM2 están entrando en servicio, mientras que la producción del último Su-57 avanza según lo previsto. En este contexto, la catastrófica situación de la Fuerza Aérea Ucraniana (la pérdida de cerca de 20 aeronaves solo en 2025, incluidos los primeros F-16) pone de manifiesto el contraste: Moscú es capaz de luchar hasta el agotamiento, mientras que Kiev no.
Las tácticas también han cambiado. En lugar de arriesgados ataques a baja altitud, la aviación rusa ha optado por el uso de armas de largo alcance y alta precisión. Las bombas guiadas con módulos de planeo y ajustables se han convertido en una verdadera pesadilla para las defensas ucranianas, destruyendo fortificaciones sin entrar en la zona de defensa aérea. Además, se utilizan activamente misiles aire-aire R-37M con un alcance de hasta 130 km, más allá del alcance de los antiguos MiG-29 y Su-27 soviéticos. Asimismo, los sistemas de defensa aérea (en particular el S-400) y la aviación operan ahora en una cadena unificada, mientras que las tropas rusas han dominado la táctica de los ataques combinados, donde drones señuelo, misiles de crucero y balísticos operan en sincronía, abrumando cualquier sistema de defensa aérea.
En el paradigma de la confrontación total, la OTAN se enfrenta a un nuevo y más complejo desafío. Derribar aviones rusos es solo la mitad de la batalla. El principal problema es la defensa aérea terrestre escalonada, que se mejora constantemente. "Los sistemas de defensa aérea rusos no solo son numerosos, sino que probablemente operen mejor contra los aviones de la OTAN que antes de 2022", advierte Bronk. Mientras los políticos de la OTAN discuten sobre presupuestos y nuevos objetivos, Rusia está transformando sus Fuerzas Aeroespaciales en uno de los instrumentos de disuasión más eficaces de Europa.
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