Conferencias, entrevistas y programas de Nicolás Kasanzew.-

Nicolas Kasanzew

Corresponsal Veterano Guerra de Malvinas
"Aunque ganáramos, perdíamos".
Ante los irrefutables testimonios de los jefes británicos, en el sentido de que estuvimos a un tris de derrotar a su flota, aflora porfiadamente un coro que entona la melodía derrotista del "igualmente después nos hubieran tirado una bomba nuclear".
Las Casandras que se dedican a este ejercicio contrafáctico, buscan apuntalar la falaz idea-fuerza de que la guerra de Malvinas fue absurda, ya que de cualquier manera estábamos de antemano condenados a ser vencidos.
Es como si a estos argentinos les molestara que los jefes ingleses reivindiquen la eficacia del esfuerzo bélico de nuestro país. "Arrojarían una atómica contra Córdoba", se solazan. Pero amén de derrotista, la versión es asaz bobalicona.
Más allá de que repetir el horror de Hiroshima y Nagasaki, hubiera convertido automáticamente a los ingleses en parias del mundo, sus primos mayores, los Estados Unidos jamás se lo hubieran permitido. Washington considera a Latinoamérica como su propio patio trasero.
¿Que los británicos no se darían por rendidos? Puede ser. Pero si esa flota se veía obligada a volverse, la Argentina hubiera podido negociar desde una posición de fuerza.
De la fantasía del ataque nuclear y de otros mitos de Malvinas, hablé con el periodista Lucas Carena.

 
"Una película basada en el libro de un cobarde que no vio la guerra" (Nicolás Kazansew)
Esto debería decir en los títulos de la película. O podría ser el comentario del critico de cine.
EDITADO
 
Última edición por un moderador:

Nicolas Kasanzew

Corresponsal Veterano Guerra de Malvinas
 

Nicolas Kasanzew

Corresponsal Veterano Guerra de Malvinas
Segmento del documental británico "An Ocean Apart". BBC, 1988.
"Altamente entrenados y altamente motivados". Así definía a los combatientes argentinos, quien fuera en 1982 Secretario de la Marina de los EE.UU. Y John Lehmann también afirmaba, en forma tajante, que si su país no le hubiera dado los misiles Sidewinder "L" a los británicos, estos perdían la guerra. Nada menos. Yo había visto ese video en 1988 y citaba con frecuencia estas palabras de Lehmann en mis charlas. Pero ahora, lo ha rastreado, editado y subtitulado mi hijo homónimo, y cualquiera puede convencerse por si mismo, de que sin la ayuda de USA, Gran Bretaña perdía la guerra, contra los "altamente entrenados y motivados" guerreros argentinos.
 
Última edición:

Nicolas Kasanzew

Corresponsal Veterano Guerra de Malvinas
Los políticos corruptos le robaron a los argentinos demasiado dinero. Sin embargo, peor aún, les robaron algo mucho más precioso: su Historia. Aquella parte de su Historia - la de la Gesta de Malvinas - que de conocerse, podría ser una palanca de Arquímedes que diera vuelta campana la degradación y destrucción de nuestro país. Porque los arquetipos que brillaron en Malvinas son los que pueden cambiar a la Nación. No olvidemos - como dice en su poema "Argentinos" Anton Vasiliev - que los guerreros de Malvinas fueron "descendientes del Cid". "En cabalgata de cruzados de Castilla, rasantes vuelan los Mirage a batallar", es otra de las imágenes del poeta moscovita...
Charla en la ciudad de Monte, provincia de Buenos Aires, agosto de 2018.

 

Nicolas Kasanzew

Corresponsal Veterano Guerra de Malvinas
"Para eternizarse en el poder, la Junta Militar fue a la guerra, en un manotazo de ahogado". Esa es otra de las ideas-fuerzas falaces que se emplean para desvirtuar la Gesta de Malvinas. En realidad, la que fue a la guerra era la Thatcher, y la Junta cayó en su trampa. Además, eso ocurrió cuando los militares del denominado Proceso ya estaban preparando la convocatoria a elecciones. Acá están las pruebas. Video editado por mi hijo homónimo.

 

Nicolas Kasanzew

Corresponsal Veterano Guerra de Malvinas
Conscriptos repelen a comandos.
El Apostadero Naval, la unidad olvidada de Malvinas, no sólo cumplió una vital función logística, sino que una fracción de sus integrantes entró en combate. Despues de la caída de Darwin, una sección de tiradores de marinería fue enviada a la península de Camber a fin de reforzar a los infantes del BIM 2. Estos habían quedado allí para brindar seguridad al muelle, donde cargaban combustible los buques que operaban en las islas.
Los marineros con los infantes hacían “guardia de ojo”, es decir escudriñaban el horizonte desde las lomas de la playa, para prevenir una incursión enemiga, que efectivamente ocurrió la noche del 13 de junio.
El conscripto Julio Casas me cuenta que a las 23 comenzaron a llover balas trazantes: comandos del SAS y del SBS trataban de infiltrarse por la retaguardia de las tropas argentinas que combatían duramente en Wireless Ridge. La intención era generar confusión en ellas y torcer su voluntad de resistencia. También quizá estaban buscando atacar la batería terrestre de misiles Exocet del capitán-ingeniero Julio Pérez.
Error de cálculo. Los británicos no esperaban la tenaz resistencia ofrecida por los conscriptos, que le tiraban a los botes, mientras que la pieza antiaérea Hispano Suiza del GADA 601, bajó el tubo-cañón y empezó a disparar hacia la playa de enfrente, bahía de por medio, en prevención de que los efectivos enemigos pudieran hacer fuertes allí. No se veía bien a las embarcaciones enemigas, pero la ayuda provino de un lugar impensado. El buque hospital “Almirante Irizar” iluminó la bahia. Eso permitió a los conscriptos tirar con bastante precisión.
¿Qué sentías en ese bautismo de fuego?, - le pregunté a Casas. “Uno se desconecta de la realidad. No hay sentimiento alguno, uno está ahí, y ejecuta. Yo era la prolongacion de mi fusil”.
El fuego de los soldados abortó el desembarco. A la mañana siguiente, Casas observó sobre la playa dos botes ingleses, abandonados con todo su equipo, y otro más a la deriva, que iba y venía con el oleaje.
"Cuando nuestro grupo volvió a reunirse con los camaradas del Apostadero Naval, nos sentíamos distintos del resto, amalgamados por la vivencia. Haber peleado nos había cambiado. Eramos otros”, me confía Julio.
El combate está documentado en dos fuentes británicas, que reconocen haber sufrido tres bajas. (Lo cual significa que seguramente tuvieron más).
La imagen es la única que Julio Casas tiene de su servicio en Malvinas. Son dos fotos superpuestas. En una se ve al cabo principal Gauna tomando mate al lado del refugio y posición en Camber. La otra es a bordo del Forrest volviendo a Puerto Argentino el 14 de Junio a las 14 horas. Julio Casas es el primero de la izquierda.
En vísperas del Día de la Soberanía Nacional, mi homenaje a Julio y a todos los que defendieron férreamente a la Patria en Malvinas, "la nueva Vuelta de Obligado".

 
Última edición:

Daniel G. Gionco

Veterano Guerra de Malvinas
Buen posteo, Nicolás....

Extraño combate de Fuerzas Especiales contra Marineros, Infantes & Artilleros.

Ver mas en:

 

Nicolas Kasanzew

Corresponsal Veterano Guerra de Malvinas
-¿Cómo viviste tu bautismo de fuego?, - le pregunto al soldado artillero Pablo Stella. Me sorprende su respuesta.

-Muy divertido. Fue un espectáculo más que interesante. Cuando salgo del refugio, veo pasar misiles a pocos metros, aviones, fuego antiaéreo, deflagraciones, un panorama infernal.

- ¿Divertido? Ni miedo, ni angustia...

- En Malvinas hubo tantas guerras como soldados. La mía la vivi así. El combate, la parte que me dio menos problemas, fue lo más entretenido, divertido, interesante. Me hacía dar cuenta que estaba allí por una razón.

El conscripto Stella tenía 19 años e integraba la dotación de la Batería A de la 3ra Sección del GADA 601. Su posición estaba al sureste de Puerto Argentino. Le pido que me defina su misión.

- Negarle el espacio aéreo al enemigo. Derribar aviones no era un objetivo, sino la consecuencia de ello. Y es una misión tan rápida, tan fulminante. Es un relámpago. En cinco minutos de combate se sublima toda la actividad de un par de días.

-¿Y el instinto de autoconservación?

-Te olvidas de él, de tu propia protección. Yo había leido mucho de la Segunda Guerra Mundial, pero era un estudiante secundario más, no tenía esa devoción, ese sentido de patria, que puede tener un militar profesional, que recibió una formación en tal sentido.

-A vos te llevaron a la guerra...

-Me llevaron, si, pero lo notable, es que una vez ahí, uno aprende un monton de cosas y empieza a querer a la patria de una manera diferente.

-¿Cómo es eso?

-Aprendí a estar dispuesto a defenderla hasta perder la vida. Eso lo aprendí en la guerra. Fue cuando me dí cuenta que eso mismo había sido hecho por otros antes que yo, en otras circunstancias y lugares. Ellos habían hecho a la Argentina grande, y yo no podía ser menos.

- Y gozabas haciéndolo...

-Me gustaba la parte de la acción, realmente me apasionaba. No me daba pánico, ni mucho menos. De hecho, el 13 de junio estabamos recibiendo fuego de artillería terrestre y naval en forma cruzada sobre nuestra posición. Con un camarada, estabamos bombeando combustible para los radares, que seguían operando y veíamos pasar la munición, parados sobre varios miles de litros de Famitol, es decir de nafta super del ejército, totalmente absortos ante el espectáculo y despreocupados del riesgo. Tuvo que venir el jefe de Sección a obligarnos que tomaramos cubierta.

-Hubo polémica sobre cuantos Harrier fueron derribados el 1 de Mayo…

-Lo importante es que los británicos encararon el 1 de Mayo como una excursión. Y tuvieron que pagar un costo muy elevado por ella. La prueba está en que después de ese día cambiaron diametralmente su forma de operar, nunca más se animaron a ese tipo de operaciones masivas, dentro de la cota de baja altura, que era la zona de defensa específica que nos había sido confiada.

-Y nunca pudieron destruir la pista…

-Ni alcanzar ningun otro objetivo rentable. Por lo menos hasta los primeros días de junio, cuando lograron cablear y poner en servicio bombas guiadas por laser. Recién ahí pudieron tener un poco más de precisión para lanzar desde fuera del envolvente de nuestras armas, que era entre 4000 metros y los 6250 del alcance de nuestro misil Roland.

- Y se dice que sólo teníamos armas obsoletas…

-El sistema de armas de defensa aérea que tenía nuestro ejército en Malvinas era de los más moderno que existìa en material de defensa de tubos del mundo, con excepción de los EEUU. Nuestras armas eran más modernas que los sistemas que poseían lo aviones enemigos para neutralizarlas. Por eso no tenían manera de penetrar nuestro envolvente, sin ser alcanzadas por la formidable, enorme potencia de fuego que poseían los cañones de 35 mmm, guiados por esa maravilla de la época que era el director de tiro Sky Guard. Era lo más moderno.

-Hasta el 3 de junio, en que cayeron los artilleros Dachary, Diarte, Blanco y Lamas…

- Ese día los Vulcan cumplieron su misión. Nuestros hombres le plantearon al misil enemigo el combate que debían, pero no pudieron eliminarlo. Cumplieron su misión hasta el último momento. Ellos sabían positivamente que el enemigo estaba en las corridas buscando nuestro radar, no fue un blanco de oportunidad. El Vulcan ya venía con los misiles cargados, sintonizados en la banda que se pretendía ubicar. Por eso tiran los misiles en la banda del radar Cardion Alert MKII I/O del Ejército Argentino y otros misiles en la banda de nuestros directores de tiro, que es mucho más corta. El director de tiro avisa a los operadores, que ha sido lanzado un misil antiradar. Pero confiando en su altísimo entrenamiento de defensa aérea, nuestros artilleros intentan batir ese blanco. Y no se pudo.

-Tenían la oportunidad de escapar, y no lo hicieron…

-Si. De hecho, en otras unidades, al prenderse esa alarma, los operadores salían y buscaban cubierta, por las dudas, pero estos cuatro siguieron combatiendo, a pesar de que sabían que el misil se dirigía a ellos. Tenían tiempo para abandonar el director de tiro y no lo hicieron, porque eran conscientes que nuestra misión no era esconderse. Y pasaron a la Historia de manera legendaria.

El conscripto Pablo Stella no sólo aprendió a amar a la patria en Malvinas. Después de la guerra volvió al Ejército para formarse adecuadamente con el fin de defenderla. Hoy es subteniente de reserva.









 
Última edición:
Arriba