El 20 de marzo de 1991, el piloto del MiG-23, Orestes Lorenzo Pérez, dio tres vueltas alrededor de la Estación Aérea Naval de Cayo Hueso, moviendo las alas de su Flogger para indicar intenciones amistosas, con la esperanza de que nadie derribara el avión de combate de fabricación soviética.
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