El submarino loco que superó a los torpedos
A finales de la década de 1950, los planificadores navales soviéticos tenían claro que Estados Unidos estaba ganando la batalla bajo los océanos del mundo.
Durante la década anterior, los ingenieros estadounidenses habían desarrollado sofisticadas tecnologías de silenciamiento que hicieron que la última generación de submarinos fuera tan sigilosa que podían rastrear submarinos soviéticos durante horas, e incluso días, sin ser detectados. Para los estrategas navales soviéticos, se avecinaba una pesadilla. Si estallaba una guerra, los submarinos estadounidenses podrían encontrar y destruir submarinos soviéticos antes de que estos tuvieran la oportunidad de contraatacar.
Simplemente igualar el sigilo estadounidense no era una opción. No era una tecnología fácil de copiar; era el resultado de décadas de fabricación de precisión, un control de calidad implacable, avances en la ciencia de los materiales y una disciplina industrial que el sistema soviético no podía soportar en aquel momento. Tomaría décadas alcanzarla.
Ante la creciente brecha tecnológica en el sigilo, los estrategas soviéticos dejaron de jugar al escondite bajo los océanos y, en su lugar, optaron por la potencia bruta. Lo apostaron todo a la velocidad, la profundidad, la maniobrabilidad y la fuerza bruta.
En 1960, la Unión Soviética lanzó sus programas de submarinos más ambiciosos de la historia. El Proyecto 705 «Lira», posteriormente designado como submarino «Clase Alfa» por la OTAN, era un submarino de ataque de propulsión nuclear capaz de superar en velocidad a los torpedos, realizar maniobras extremas y sumergirse a una profundidad nunca vista. Construido con un revolucionario reactor nuclear de metal líquido, automatización avanzada y un casco de titanio, esta máquina representó un salto generacional en la ingeniería. No era solo un submarino más rápido, sino un intento radical de reescribir las reglas de la guerra submarina.
Cuando la inteligencia occidental se dio cuenta de lo que estaban construyendo los soviéticos, se desató el pánico inmediato. Un submarino capaz de superar en velocidad a los torpedos y sumergirse más allá de las armas existentes amenazaba con trastocar por completo la estrategia antisubmarina de la OTAN, obligando a Occidente a una repentina lucha por recuperar el terreno perdido.
Pero el Proyecto 705, un súper submarino destinado a restablecer el equilibrio bajo los mares, demostraría ser mucho más de lo que los soviéticos jamás imaginaron.