Luego de la publicación del Informe N°145 de la Jefatura de Gabinete de Ministros (JGM) ante la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, volvió a quedar expuesta la falta de avances del proyecto para la incorporación de nuevos submarinos por parte de la Armada Argentina, una iniciativa clave en el proceso de recuperación y modernización de capacidades que hacen al Poder Naval Integrado y que continúa a la espera de una decisión política que permita avanzar hacia su concreción.

El documento oficial, que incluye las respuestas del Jefe de Gabinete de Ministros, Manuel Adorni, no solo confirma la vigencia del requerimiento, sino también el estancamiento del programa, sin registrar avances significativos en el último tiempo, a casi una década de la pérdida de la capacidad del Comando de Submarinos de la Armada Argentina, que no cuenta con unidades operativas tras la trágica pérdida del submarino ARA San Juan (S-42).
De acuerdo con las respuestas brindadas por el Ministerio de Defensa ante requerimientos parlamentarios, en las que se consultó por el estado del proyecto y la posibilidad de firmar un contrato antes de 2028, el programa se encuentra actualmente en una fase de evaluación y planificación que, por su complejidad, excede los tiempos administrativos habituales. En ese sentido, se indicó que se trata de “un proceso exhaustivo de planificación y negociación que excede los tiempos administrativos ordinarios”.
En consecuencia, cualquier eventual firma de contrato antes de 2028 dependerá de múltiples factores, entre ellos la finalización de los estudios técnicos, la disponibilidad presupuestaria y las prioridades que establezca el Poder Ejecutivo, lo que deja el avance del programa sujeto a variables aún no resueltas.
En paralelo, ratificó que la recuperación de la capacidad submarina constituye un eje estratégico dentro del Plan de Capacidades Militares. En respuesta a otra consulta vinculada al fortalecimiento del Comando Conjunto Marítimo, se remarcó que “la recuperación de la fuerza de submarinos es indispensable para garantizar una capacidad disuasiva real y efectiva en el Atlántico Sur”, especialmente en lo referido al control y vigilancia de los espacios marítimos bajo jurisdicción e interés nacional, aunque sin mayores precisiones sobre el camino hacia una decision final.

El estado actual del proyecto continúa postergado ante la falta de definición de requerimientos técnicos y operativos, así como la evaluación de distintas alternativas ofrecidas en el mercado internacional. En este punto, el enfoque no solo apunta a obtener un sistema de armas con superioridad tecnológica, sino también a asegurar condiciones de financiamiento externo que permitan sostener la iniciativa en un contexto de restricciones fiscales.
Asimismo, el informe destaca que la eventual adquisición ha sido incorporada dentro de la Demanda Preliminar Conjunta de Inversiones, lo que otorga previsibilidad en el mediano y largo plazo. Sin embargo, este encuadre aumenta la incertidumbre sobre los plazos concretos, en un escenario donde la falta de definiciones continúa siendo una constante.
Los antecedentes recientes refuerzan esta lectura. A comienzos de marzo, el Jefe del Estado Mayor General de la Armada, vicealmirante Juan Carlos Romay, subrayó públicamente la necesidad de incorporar submarinos y fragatas modernas, señalando que se trata de capacidades esenciales para sostener la presencia, vigilancia y disuasión en el Atlántico Sur.

La cuestión de fondo, sin embargo, permanece inalterada: la Argentina carece actualmente de una fuerza de submarinos operativa desde la pérdida del ARA San Juan en 2017, mientras que el ARA Salta solo cumple funciones de entrenamiento, encontrándose hace años amarrado en la Base Naval Mar del Plata. A pesar de los acercamientos con Francia y Alemania, que ofertaron propuestas basadas los modelos Scorpène y Tipo 209NG respectivamente, y la firma de una carta de intención no vinculante por el modelo Scorpene, no se han registrado avances concretos hacia la formalización de un contrato.
En este contexto, el interrogante persiste y se vuelve cada vez más urgente. El informe, al no presentar un avance significativo permite interpelar al respecto: ¿Hasta cuándo se puede seguir dilatando una definición estratégica de esta magnitud? La recuperación de la capacidad submarina no solo implica plazos prolongados desde la firma hasta la incorporación efectiva de unidades, sino que además se inscribe en un escenario más amplio de limitaciones, donde la modernización de la flota de superficie, constituida por unidades clase Meko 360 y Meko 140 que se encuentran sin modernizar desde su incorporación, también se encuentra pendiente.
*Imágenes empleadas en carácter ilustrativo.-
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La incorporación de los submarinos es indispensable sin tener muchas novedades sobre la opción que tiene la Armada y su financiación, hace falta una gestión más ágil, la defensa es necesaria cuanto antes.