El Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) publicó este lunes 27 de abril su informe anual sobre gasto militar global, y los datos que arroja para Argentina confirman una tendencia que Zona Militar viene documentando desde hace años: el país se ubica entre los que menos recursos asigna a su defensa, tanto en términos absolutos como en relación a su economía, no solo a escala regional sino también a escala global. Según la metodología del instituto sueco, Argentina invirtió en 2025 aproximadamente 3.731 millones de dólares en defensa, equivalentes al 0,56% de su Producto Bruto Interno —una cifra que lo coloca en el grupo de los países con menor carga militar del mundo, por debajo del promedio global del 2,5% del PBI y muy por debajo de todos sus vecinos de la región.

El contraste con el contexto internacional no puede ser más marcado. El gasto militar mundial alcanzó en 2025 los 2,887 billones de dólares, el undécimo año consecutivo de crecimiento y el nivel más alto desde que el SIPRI comenzó a medir el indicador en 1988. Europa aumentó su gasto un 14% hasta los 864.000 millones de dólares —el mayor incremento anual desde 1953— impulsada por la continuidad del conflicto en Ucrania y los compromisos de rearme de los miembros de la OTAN. Asia y Oceanía creció un 8,1%, el mayor salto desde 2009. China destinó 336.000 millones, el 31° incremento consecutivo. Incluso EE.UU., que registró una caída del 7,5% hasta los 954.000 millones fundamentalmente por el cese de la asistencia militar a Ucrania, tiene aprobado para 2026 un presupuesto que supera por primera vez el billón de dólares. Argentina, en ese escenario, invierte menos que Guyana —que destinó el 0,99% de su PBI en 2025— y aproximadamente la mitad de lo que asigna Bolivia (1,21%) o Brasil (1,05%).

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Una caída sostenida que los datos regionales vuelven más visible

La comparación regional que surge de la base de datos del SIPRI es contundente. En 2025, Chile destinó el 1,52% de su PBI a defensa; Colombia, el 3,20%; Perú, el 0,81%; Uruguay, el 2,28%; Paraguay, el 0,88%; y Ecuador, el 2,10%. Argentina, con su 0,56%, cierra la tabla sudamericana. Pero el dato más significativo no es la foto de 2025 sino la tendencia de largo plazo: según la serie histórica del SIPRI, Argentina destinaba en 2010 el 0,75% de su PBI a defensa, cifra que ya era baja en perspectiva regional. Ese porcentaje fue cayendo de forma sostenida hasta el 0,63% en 2020, el 0,65% en 2021 y el 0,56% en 2025. La dirección de la curva no ofrece dudas.

El dato del SIPRI no es el único disponible. La Oficina Nacional de Presupuesto (ONP) del gobierno argentino publicó en abril de 2026 su reporte de Ejecución Físico Financiera, que consigna para 2025 un gasto en la función Defensa equivalente al 0,28% del PBI —la cifra más baja de los últimos cuatro años y significativamente inferior a la del SIPRI, porque responde a una metodología presupuestaria más restrictiva que no incluye todas las categorías que el instituto sueco contabiliza. Ambas cifras son válidas y miden cosas distintas, pero apuntan en la misma dirección: la inversión argentina en defensa se contrajo en 2025, en términos reales, pese a que la economía creció un 4,4% del PBI según datos del INDEC. El propio reporte de la ONP reconoce que el gasto en defensa “presenta una tendencia decreciente en términos del PBI desde el ejercicio 2023”.

Las consecuencias de esa contracción no son abstractas. La Fuerza Aérea Argentina cerró 2025 con desvíos negativos en horas de vuelo y cantidad de ejercicios, atribuidos a falta de disponibilidad de materiales, costos del combustible aeronáutico e inconvenientes financieros que impidieron el mantenimiento oportuno de radares y aeronaves. La Armada Argentina, pese a registrar mejores indicadores generales que en 2024, no alcanzó las metas de días de navegación previstas para el año. A eso se suman las restricciones en programas de modernización, sostenimiento logístico y la situación salarial y de la obra social de las Fuerzas Armadas, que según fuentes del sector generan una erosión cotidiana tan o más significativa que la falta de equipamiento.

El informe del SIPRI proyecta que el crecimiento del gasto militar global continuará durante 2026 y más allá, impulsado por la persistencia de conflictos activos, la ampliación de los compromisos de la OTAN y la reconfiguración de las alianzas en el Indo-Pacífico. En ese contexto, la brecha entre lo que Argentina invierte en su defensa y lo que destinan tanto sus pares regionales como los actores globales seguirá ampliándose si la tendencia doméstica no se revierte.

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