En un escenario que se fue construyendo durante semanas de especulación y movimiento progresivos, la Armada de EE. UU. confirmó que al día de la fecha se encuentra operando tres portaaviones nucleares en simultánea en Medio Oriente, tras el arribo del USS George H.W. Bush (CVN-77) al Área de Responsabilidad del Comando Central (CENTCOM), donde ya se encontraban desplegados el USS Abraham Lincoln (CVN-72) y el USS Gerald R. Ford (CVN-78).
La confirmación, difundida a través de un comunicado oficial, da cuenta de una presencia que no se registraba “desde hace décadas”, con los tres grupos de ataque embarcando en conjunto más de 200 aeronaves —incluyendo cazas F/A-18 Super Hornet, aviones de alerta temprana E-2D Hawkeye y plataformas de guerra electrónica EA-18G Growler— y un total cercano a 15.000 marinos e infantes de marina desplegados en el teatro de operaciones.
El proceso que derivó en esta concentración de poder aeronaval no fue inmediato. El primer portaaviones en sostener operaciones en la región fue el USS Abraham Lincoln, que durante los últimos meses mantuvo una presencia constante como parte de las operaciones de disuasión y vigilancia en el golfo y áreas adyacentes.

Posteriormente, se sumó el USS Gerald R. Ford, cuyo despliegue se extendió más allá de los plazos habituales, alcanzando cifras cercanas a los 297 días en operación, en uno de los ciclos más prolongados recientes para un portaaviones de la Armada de EE. UU. Sin embargo, su presencia se vio temporalmente interrumpida a mediados de marzo cuando un incendio en sectores internos de los buques obligó a suspender sus actividades y replegarse al Mediterráneo. Durante ese período, el CVN-78 realizó escalas en Souda Bay (Grecia) y en Split (Croacia), donde equipos técnicos llevaron adelante tareas de evaluación , mantenimiento y reparación. Tras completar estos trabajos, el Ford regresó al área del CENTCOM, retomando su rol dentro del despliegue regional.
En paralelo, en las últimas semanas, el despliegue del USS George H.W Bush se desarrolló bajo un manto de incertidumbre. Si bien se había confirmado su partida de desde la Estación Naval Norfolk el pasado 31 de marzo hacia un destino desconocido, no fue hasta el 13 de abril que fuentes abiertas lo confirmaron navegando en aguas del mar Mediterráneo. Su ruta de despliegue —que incluyó el rodeo del continente africano en lugar de un tránsito directo por el Mediterráneo— alimentó durante semanas el debate sobre si efectivamente se sumaría al teatro de Medio Oriente. Finalmente, en día de ayer el portaaviones fue nuevamente observado, pero ya operando bajo responsabilidad del CENTCOM.
Resulta relevante mencionar que estos movimientos se producen tras completar un ciclo de preparación que incluyó certificaciones operativas, ejercicio de integración de su ala aérea embarcada y evaluaciones de combate de su grupo de ataque bajo el título de Ejercicio de Unidad de Entrenamiento Compuesto (COMPTUEX), en aguas del Océano Atlántico.

Ahora, la presencia simultánea de tres portaaviones nucleares representa no solo una capacidad significativa de proyección de poder, permitiendo a Estados Unidos sostener operaciones aéreas continuas en múltiples sectores, sino que también responder de manera flexible a distintos escenarios dentro de una región marcada por tensiones persistentes. En esa misma línea, ha de remarcarse que cada grupo de ataque de portaaviones incluye, además del buque guía, destructores, cruceros y submarinos de apoyo, conformando una estructura capaz de ejecutar misiones que van desde el control del espacio aéreo hasta ataques de precisión de largo alcance y protección de rutas marítimas estratégicas.
Por último, no debe pasarse por alto que el despliegue se produce en un contexto regional atravesado por la continuidad de operaciones militares, tensiones con Irán y la necesidad de garantizar la seguridad en áreas clave como el Golfo Pérsico y el Mar Rojo, consolidando una de las mayores concentraciones recientes de poder naval estadounidense en Medio Oriente.
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