Ante la pérdida de capacidades ocurrida hace ya varias décadas, la Armada Argentina se enfrenta hoy a uno de sus mayores desafíos estratégicos desde el final del siglo pasado: la urgente necesidad de incorporar nuevos submarinos y fragatas que le permitan recuperar funciones esenciales para la defensa nacional. Esta carencia, que se arrastra desde la baja de los destructores Tipo 42 ARA Hércules y ARA Santísima Trinidad, así como por la inactividad de la Fuerza de Submarinos tras la tragedia del ARA San Juan, condiciona el poder naval del país y limita la protección efectiva de los vastos espacios marítimos del Mar Argentino.

Durante la ceremonia en homenaje al máximo prócer naval de la Nación, el Almirante Guillermo Brown, el Jefe del Estado Mayor General de la Armada, Vicealmirante Juan Carlos Romay, volvió a poner sobre la mesa esta preocupación. Frente a autoridades civiles y militares, Romay subrayó que el siglo XXI plantea un escenario estratégico centrado en el Atlántico Sur, donde la magnitud del mar territorial, la Zona Económica Exclusiva y la plataforma continental exige una flota moderna, capaz de ejercer control, disuasión y soberanía efectiva. Este mensaje cobra especial relevancia al darse en un contexto donde los programas de reequipamiento naval permanecen estancados y las restricciones presupuestarias continúan frenando la materialización de proyectos largamente planificados.
Desde hace casi tres décadas, con la reconversión del ARA Hércules (B-52, ex D-1, anteriormente D-28) en buque de transporte rápido multipropósito y la baja del ARA Santísima Trinidad (D-2) a fines de los años ochenta, la Armada Argentina perdió su capacidad de defensa aérea de mediano alcance. Ambos destructores, que representaron en su momento la cúspide de la defensa antiaérea de la Flota de Mar, estaban equipados con el sistema de misiles Sea Dart, encargado de proteger al entonces portaaviones ARA 25 de Mayo (V-2). Su retiro marcó el fin de una era: desde entonces, la Armada no volvió a disponer de un sistema similar, quedando sin cobertura aérea de largo alcance para la flota.

En una entrevista concedida a Zona Militar en 2024, el por entonces Jefe de la Armada, Contraalmirante Carlos María Allievi, confirmaba que, tanto el ARA Hércules como el destructor MEKO 360 ARA Heroína (D-12) -inoperativo desde 2008 tras un incidente que truncó su carrera operativa- ya no eran recuperables. En esa misma ocasión también comentó que el proyecto para reemplazarlos, oportunamente registrado en el Banco de Inversión Pública (BAPIN), contemplaba la adquisición de dos fragatas multipropósito. Entre las opciones evaluadas se encontraban las FREMM italianas, las Alfa 3000 españolas y las Iver Huitfeldt danesas, sin descartar la mención de las fragatas italianas clase Maestrale.
Las Iver Huitfeldt, especializadas en defensa aérea, fueron ofrecidas por Dinamarca como parte del proceso de modernización de su propia marina. Equipadas con misiles ESSM y SM-2, las Iver Huitfeldt presentan capacidades notables, aunque su historial reciente ha mostrado fallas en los sistemas de radar y control de tiro. Aun así, el ofrecimiento representa una de las pocas alternativas concretas en estudio para recuperar una capacidad perdida desde los años noventa con material de segunda mano.

Sin embargo, más allá del interés por nuevas fragatas, otra de las prioridades de la Armada Argentina es la adquisición de submarinos. Desde la pérdida del ARA San Juan en 2017, la Fuerza de Submarinos carece de unidades operativas, un hecho sin precedentes desde su creación en 1933 con la incorporación de las primeras unidades. El único submarino restante, el ARA Salta (S-32), perteneciente a la clase IKL-209 y con más de cinco décadas de servicio, permanece inmovilizado y se utiliza exclusivamente como unidad de adiestramiento en la Base Naval Mar del Plata.
En 2024, la Argentina firmó una Carta de Intención con Francia para la compra de submarinos clase Scorpène, construidos por Naval Group. Paralelamente, Alemania ofreció los nuevos Tipo 209NG de TKMS, respaldados por garantías estatales para facilitar su financiación. Sin embargo, a comienzos de 2026, la recientemente creada Oficina de Respuesta Oficial del Gobierno descartó avances concretos en las negociaciones, desmintiendo incluso las declaraciones del presidente Javier Milei, quien había afirmado públicamente que la adquisición con Francia estaba encaminada.

La incertidumbre política y presupuestaria ha congelado los proyectos más ambiciosos de la Armada. La adquisición de submarinos o fragatas multipropósito supone inversiones que superan ampliamente los mil millones de dólares, montos hoy inalcanzables para la jurisdicción 45 del Ministerio de Defensa. En este escenario, la recuperación de capacidades depende de acuerdos de financiamiento internacional y de una planificación a largo plazo que aún no ha sido definida.
La experiencia previa con Francia, a partir de la compra de los patrulleros oceánicos clase OPV 87/90, demostró que es posible concretar programas navales de magnitud mediante esquemas de crédito. Ese precedente, junto con la relación establecida con Naval Group, podría allanar el camino para retomar el programa de adquisición de submarinos una vez que la situación económica nacional se estabilice.
En definitiva, la Armada Argentina enfrenta una brecha cada vez más amplia entre la necesidad estratégica y la realidad material. Con una Flota de Mar reducida, sin submarinos operativos y con sus principales unidades de combate, las MEKO 360 que ya superaron los 40 años en servicio, el desafío de reconstruir su poder naval será tan grande como impostergable. Recuperar la capacidad de defensa aérea y submarina no es solo una cuestión técnica: es una decisión política de largo plazo que definirá el rol de la Argentina en el Atlántico Sur durante las próximas décadas.
*Imagen de portada empleada a modo de ilustración.-
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Creo que la prioridad para Argentina es formar una fuerza submarina real,con ella y en conjunto con los Orión adquiridos más drones y satélites Argentina puede realmente proteger la zee y además controlar el sur del país y los pasos oceánicos lo otro importante para funcionar en conjunto sería avión de alerta temprana y aviones abastecedores
La opción mas factible es hacerles una moder
nización modesta a las meko en Turquía, adquirir corbetas coreanas como las de filipinas y corea tiene submarinos economicos.sin presupuesto no hay nada
Cualquier cosa que hagan si no va de la mano de un presupuesto adecuado es la nada misma.
Lo ideal para reemplazar a los Meco grandes serían las corbetas que Navantia hace para Arabia Saudí
Completamente de acuerdo con ud.
Hoy en día viendo la situación económica de argentina, lo mejor sería comprar unidades de superficies y submarinos a Corea del Sur, estas unidades tienen una capacidad de modularidad que no conseguiste en otros países, porque le podes poner los sistemas y armamento del país que quieras, siempre y cuando te lo vendan y el casco va a ser más economico que otros constructores.
En los últimos años, además de perder todos los submarinos disponibles, perdimos 6 unidades de superficie; no sé qué están esperando para recuperar la Armada, tenemos un Mar Argentino que es casi una tercera parte de nuestra superficie soberana y la vigilamos con OPV que tienen un cañón de 30 mm.