Frente a la creciente tendencia mundial del gasto militar y globalización de amenazas de nueva naturaleza, América del Sur se alinea al resto del mundo (ROW) en el desarrollo y adquisición de patrulleros oceánicos (OPV) en prospectiva de la defensa de sus intereses nacionales y la seguridad marítima en sus aguas jurisdiccionales. A diferencia de las armadas de las principales potencias, funcionalmente focalizadas en el desafío realista del aumento de capacidades militares, Sudamérica pregona la funcionalidad de las tecnologías navales a problemáticas de índole global y de fuerte impacto regional.

Los OPV (Offshore Patrol Vessel) son embarcaciones patrulleras oceánicas destinados a operaciones de vigilancia, control y salvaguardia de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de un país, complementado con tareas de seguridad marítima-fronteriza, búsqueda y rescate (SAR) y lucha contra actividades ilegales. 

Desde su delimitación por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar en 1982, la ZEE abarca 200 millas náuticas (o 370km) desde la línea de base en la costa del Estado ribereño, sobre la cual el país recaba la soberanía exclusiva para la exploración y explotación de recursos naturales. Sudamérica, en particular, condensa una sumatoria mayor a 10 millones de km2, espacios componentes claves del territorio y economía nacional. Cada Estado debe procurar por la protección activa de su ZEE, mecanizado un sistema tecnológico-armamentista integrado a tales fines. 


OPV-81 Piloto Pardo de la Armada de Chile

OPV-81 Piloto Pardo de la Armada de Chile

Originalmente, destructores, fragatas y corbetas, junto a los denominados “avisos” de las armadas sudamericanas efectuaban las tareas generales de patrullaje y vigilancia marítima-oceánica. En acontecimiento de la emergencia de nuevos desarrollos tecnológicos y problemáticas de competencia estatal, las características técnicas de las flotas navales carecían de los requerimientos para emprender una nueva perspectiva de la defensa marítima nacional. Desde la primera década del nuevo siglo, los países sudamericanos emprendieron ambiciosos programas de recepción de patrulleros oceánicos o de alta mar, destacando Chile como el pionero regional con el Proyecto Danubio IV en 2005; para 2008, la Armada Nacional contaba con su primer patrullero clase OPV-80, “Piloto Pardo” [OPV-81], construido por el astillero nacional ASMAR. 

En continuidad con sus programas de desarrollo naval, Brasil inició en 2006 la construcción de la clase Macaé, comisionando ese mismo año su primer patrullero oceánico nacional, el Macaé [P-70], construido por la Industria Naval de Ceará (INACE). La fabricación de las otras cuatro unidades de la clase fue posteriormente asumida por el Arsenal de la Marina de Río de Janeiro. Por su parte, Colombia, en el marco del Proyecto Orión, adjudicó al astillero nacional COTECMAR la construcción de patrulleros oceánicos basados en el diseño alemán Fassmer OPV-80. En 2012 incorporó al servicio activo el primero de la serie, el ARC 20 de Julio (PZE-46).

Venezuela fue el precursor de las adquisiciones de embarcaciones internacionales con la incorporación al servicio de su Armada del primer OPV, el ANBV Guaiquerí [PC-21], de su clase Guaiquerí en 2011, construidos por el astillero español Navantia. Subsecuentemente, países sudamericanos oscilaron sus adquisiciones entre la industria nacional e internacional, como Brasil, que adquirió el primero de su clase Amazonas, el “Amazonas” [P-120], a partir de su compra a VT Shipbuilding, actualmente BAE Systems Surface Ships, y Argentina, firmante del contrato con la empresa francesa Naval Group en 2019 para OPVs clase Gowind 90; entre 2019 y 2022, la Armada Argentina integró los 4 patrulleros oceánicos, siendo el ARA “Bouchard” [P-51], ex-L’Adroit, el primero y denominador de su clase.   

NPaOc Apa (P-121) de la Marina de Brasil
NPaOc Apa (P-121) de la Marina de Brasil

Más recientemente, Uruguay confirmó al astillero español CARDAMA para la construcción de los dos primeros patrulleros oceánicos clase OPV-87 para la Armada Nacional, formalizando el contrato en diciembre de 2023. Actualmente, a pesar de ser uno de los pocos proyectos en curso de la región, el Gobierno uruguayo avanza hacia la rescisión del acuerdo por incumplimientos en sus cláusulas. En contrapartida, el astillero nacional SIMA Perú y la empresa surcoreana HD (Hyundai Heavy Industries) formalizaron un contrato para la construcción de buques para la Marina de Guerra del Perú en 2024, dentro del cual se prevé el desarrollo de un OPV HDP-2000; constatando las experiencias conjuntas, la Marina proyecta la adición prospectiva de nuevas unidades para su flota de superficie

A nivel regional, los patrulleros oceánicos (OPV) o de zona marítima (PZM) integran la flota de superficie de las armadas sudamericanas en conjunción a patrulleras fluviales (PBR), costeras (PBI), patrulleras de servicio general (PCO), lanchas misileras (PBG/PCFG), entre otras. A diferencia del resto de las embarcaciones, los OPV desarrollan tareas de control de la ZEE, interdicción de buques, transporte de carga, protección y control del comercio marítimo, gerenciamiento de recursos naturales, misiones de búsqueda y rescate (SAR), apoyo médico y logístico, y toda finalidad marítima que el Estado disponga en prospectiva de la defensa de sus intereses nacionales.

Los patrulleros sudamericanos comparten características comunes que garantizan su operatividad en aguas profundas, con dimensiones técnicas que oscilan entre 60 y 100 metros de eslora, 10 a 14 metros de manga y alrededor de 4 metros de calado, alcanzando desplazamientos de 500 a 2.600 toneladas. Su autonomía ronda los 40 días, con alcances máximos de entre 3.000 y 8.000 millas náuticas (≈14.800 km), capacidad para unas 60 personas y velocidades de hasta 21 nudos (≈39 km/h). Estas unidades incorporan complejos sistemas de armas, integrando cañones de 35 a 76 mm y ametralladoras Browning calibre 12,7 mm (0.50 cal). Además, disponen de amplias cubiertas de vuelo aptas para helicópteros ligeros y cuentan con instalaciones que facilitan el rápido despliegue de embarcaciones semirrígidas (RHIBs), las cuales, según la misión, pueden operar en coordinación con sistemas aéreos no tripulados (UAV).

ARA Bouchard (P-51) de la Armada Argentina – vista del sistema slipway para el lanzamiento y recuperación de semirrígidos RHIBs)

Con el objetivo de ampliar el radio de acción frente a amenazas marítimas de nueva naturaleza, la incorporación de tecnologías emergentes ha extendido la conciencia situacional de las Armadas sudamericanas hacia nuevos ámbitos de competencia en defensa y seguridad marítima. En este contexto, la Marina de Brasil ha expandido su cartera de sistemas aéreos y de superficie no tripulados (UAV/USV) mediante asociaciones estratégicas con la Base Industrial de Defensa nacional (BID), elementos clave para el desarrollo de misiones de vigilancia, reconocimiento, inteligencia, identificación de objetivos, asistencia médica y transporte logístico.

El perfeccionamiento de las doctrinas de empleo de tecnologías emergentes en OPVs aúna un mayor campo de interdicción, entendiendo el alcance y autonomía para sus misiones fundacionales. La reciente confirmación de compra de cuatro helicópteros italianos AW109M por la Armada Argentina fortalecerá la presencia naval de la institución frente a operaciones de MEDEVAC, SAR, escolta aéreo y transporte de cargas. Similarmente, con la reciente incorporación del Patrullero Oceánico Colombiano (POC), la Armada contará con una moderna plataforma naval con una grúa de cubierta (con capacidad de 10 toneladas), cubierta de vuelo para helicóptero mediano y UAV, una rampa de popa y dos sistemas de lanzamiento para el emplazamiento de botes interceptores; tales características potenciarán su capacidad de control sobre contrabando, piratería y narcotráfico, así como, su interoperabilidad con embarcaciones de la flota colombiana.   

Nauru 500C - Marina de Brasil
Nauru 500C – Marina de Brasil

Actualmente, sin futuras novedades del caso uruguayo, Brasil y Perú mantienen a la industria nacional como pedal del desarrollo de futuros patrulleros de sus flotas navales: el país andino en marcha con el proyecto en sociedad con HD Hyundai Heavy Industries y la nación brasilera en curso con la clase Macaé, proceso que inició en 2009 y se proyecta a completarse para 2028. El Programa de Adquisición de Buques Patrulleros (PRONAPA) de la Marina brasileña podría emerger con nuevos desarrollos a partir del proyecto base NPa500MB, posible flota de 11 OPVs con capacidad de desplazamiento de 500 toneladas, presentado a EMGEPRON a inicios de 2025.   

Los patrulleros oceánicos se configuran como las principales líneas de defensa de las aguas jurisdiccionales y recursos naturales nacionales, brindando protección y vigilancia a lo largo del espacio marítimo que compone la Zona Económica Exclusiva. En vista de sus objetivos, Sudamérica tiene el potencial de estandarizar su flota marítima patrullera a niveles de armadas extrarregionales, con esfuerzos mixtos entre la industria nacional y las estrategias político-económicas para su adquisición en mercados internacionales. La sinergia entre las capacidades técnicas e infraestructurales de los OPV garantizan rapidez y eficiencia en el desarrollo de sus labores, permitiendo desplegar tecnologías adyacentes que facilitan el trabajo y amplían el impacto sobre las amenazas náuticas que interceden sobre el campo de la soberanía nacional. 

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