6 meses, 44 muertos y ni una respuesta

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Pasaron mas de 6 meses desde aquel fatídico 15 de noviembre del 2017, día en que se recibió por ultima vez una comunicación desde el ARA San Juan. A lo largo de estos meses hemos sido espectadores de un vaivén de información atinente al caso. Desde comunicaciones oficiales erróneas, hasta de un tratamiento periodístico mas interesado en generar primicias y polémicas que en construir verdad sobre la tragedia.

Hemos atestiguado como las redes sociales han sido útiles para dar a conocer los distintos aconteceres en la búsqueda del submarino y la tripulación y a su vez completamente destructivas al ser un canal de transmisión de contenido malicioso, inverosímil o delirante. Atrás de cada palabra, cada artículo y cada nuevo dato sobre los procedimientos de búsqueda, la sociedad se nutría de conceptos que durante años no se habían puesto en agenda y moldeaban una opinión.

La Defensa Nacional de pronto estuvo en boca de todos. No había ámbito en donde no se escuchara hablar sobre doctrina de empleo de un submarino, cuales son sus misiones, porque no se pueden detectar, porque la Argentina tenia submarinos. También hubo sorprendidos de que Argentina tenga sistemas de armas de esa envergadura y que incluso se encuentren en operaciones en ese entonces. También estuvieron los ignotos que en un raye de ansiedad se encontraron con la posibilidad de ser leídos o escuchados y al no poder ocultar su ignorancia sobre los asuntos de la Defensa terminaron por ponderar mas su ego periodístico por encima de la verdad informativa.

Pasó el tiempo y mientras la opinión publica posaba su atencion sobre los 44 perdidos en el mar, los funcionarios corrían por los pasillos de los ministerios esforzandose mas en buscar responsables políticos que en movilizar sus argumentos y sus manos para firmar actos administrativos que sirvan para potenciar la búsqueda del submarino.

Mientras el asunto estuvo en boca de todos se ensayaron discursos y proyectos de políticas publicas para la Defensa para mostrar actividad y sentido transformador.

Pero pasado el tiempo la Defensa se encontró nuevamente con sus viejas costumbres. La opinión se desinfló, el interés por conocer el esfuerzo de búsqueda migró hacia otros temas (quizá irrelevantes). Nuevamente la Defensa Nacional fue presa del desinterés.

Los periodistas dejaron de escribir sobre el asunto. Los políticos dejaron de ensayar responsabilidades y políticas publicas tiradas de los pelos. Y la sociedad, otrora especialista en submarinos, se terminó por olvidar del asunto.

Pasaron 6 meses: un lapso que jurídicamente establece que los tripulantes de un buque en altamar que no ha aparecido deban ser considerados fallecidos.

Oficialmente no habido gestos para ponderar la entrega de estos 44 héroes. Tampoco ha habido respuestas para determinar que es lo que les sucedió ese 15 de noviembre. Tampoco hay esfuerzo para potenciar su búsqueda.

En ese mar de incertezas todavía se encuentran familias destruidas por la irresponsabilidad estatal que quieren saber porque la suerte de sus hijos, padres y maridos terminó en el fondo del océano.

Después de 6 meses, 44 muertos y pocas respuestas hay gente que todavía se pregunta ¿Que paso con el ARA San Juan?

1 COMENTARIO

  1. PRIMERO QUE ENCUENTREN AL ARA GRAL BELGRANO, QUE SABEN DONDE SE HUNDIO…!!!

    ES UN SUBMARINO, SIN LAS COORDENADAS EXACTAS DE SU IMPLOSION, COMO PARA TENER UNA IDEA APROXIMADA REAL DE DONDE BUSCAR, VAN A PASAR AÑOS, SINO DECADAS, HASTA QUE LO ENCUENTREN.

    AHORA LO IMPORTANTE, QUE HACER CON EL RESTO DE LA FLOTA DE SUBMARINOS, REDUCIDA A DOS UNIDADES. LOS DESAFECTAN O CONTRATAMOS A THYSSEN PARA QUE NOS ASESORE Y DEJAMOS DE TOCAR DE OIDO. ESTA GENTE EN SU MOMENTO NOS ALCANZO LA CARPETA PARA RECUPERAR INCLUSIVE EL ARA SAN LUIS, MODERNIZANDOLO A U-209-1400…PERO BUENO, HAY QUE LIDIAR CON EL POPULACHO IGNORANTE Y SUS REPRESENTANTES POLITICOS, FIEL REFLEJO DE UNA SOCIEDAD COBARDE; Proveer a la defensa común. Es un objetivo fundamental del Estado. Se propone otorgar al poder federal las fuerzas suficientes para la defensa del propio Estado, de las provincias y de la población. Significa también la defensa de la Constitución, de la comunidad y, con ella, de la persona humana.
    La defensa común que debe proveerse está por encima de intereses individuales y grupales, de banderías o sectores.

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