En el último tiempo el Ejercito Argentino ha concentrado todas las miradas con noticias de incorporaciones de armamento, vehículos, helicópteros, e incluso, desde la semana pasada, los ojos de la opinión publica se han posado sobre el TAM 2IP, escondido con un cierto velo de secretismo y misterio por la institución. Es verdad que durante muchos años pareció ser la niña “mimada” frente a las demás fuerzas, demostrándose como de las pocas que podía mantener sus equipos operando y demostrar signos de cierto equilibrio financiero. Quizá el término “mimada” puede sonar fuerte cuando la realidad de la propia institución demuestra carencias, pero siempre se las ha sabido rebuscar con esmero para mantener circulando de alguna manera a sus tanques, camiones y aeronaves, mientras la Armada Argentina y la Fuerza Aérea han tomado las portadas de los grandes medios con aviones inoperativos o buques anclados por meses.

Quizá las razones pueden ser los costos operativos de sus sistemas, cuestión debatible, sus recursos asignados y administrados, o una ingeniosa capacidad para soportar las penurias.

Y si, el Ejercito, mas allá del cascaron informativo, ha transitado penurias desde hace años y al parecer, las sigue transitando al día de hoy.
No es solamente que de su presupuesto un 87% se destina a gastos corrientes, un 10% para mantener sus recursos, y solamente un 3% para operar. Tampoco es que haya llegado a un nivel de aceptación en las más altas esferas de la institución el problema estructural que supone la enorme antigüedad del material utilizado, el retraso tecnológico que este supone frente a sus vecinos, un presupuesto que va en descenso con cada año que pasa (con las restricciones que implica esto en operatividad), una reducción sintomática de sus equipos, un problema salarial agudo, y por consiguiente, una disminución de su soldadesca.

Esto último no es mítico, es real, y ha trascendido últimamente con las noticias de la migración de soldados, especialmente de la Ciudad de Buenos Aires y Conurbano, hacia filas de la Policía Metropolitana. Y es claro, los $9.000 de básico que ofrece esta institución es suficiente para que el corazón mas comprometido con el Ejercito aunque sea lo dude. La política salarial de los últimos años ha logrado un decaimiento en la capacidad de compra de los integrantes de la institución, y no hablamos solamente de un efecto precios, sino precisamente a los magros ofrecimientos y a como los montos no remunerativos parecen condicionar lo visible de los recibos de sueldo.

También es importante aclarar que entre la merma de personal hay problemas escalafonarios considerables. Ascensos frenados (sean estos por presupuesto o por portación de apellido), y una pirámide de personal completamente comprometida. No solamente faltan indios para los caciques, sino que estos caciques empiezan de viejos sus carreras –suboficiales-

Todas estas cuestiones han empujado a buscar desde las administraciones pasadas distintas soluciones para lograr equilibrar la situación complicada. Todas las alternativas fracasaron y al día de hoy la papa caliente le toca ser tomada a la nueva administración y al nuevo Jefe del Ejército. Todo apunta a que el Ejercito deberá arreglarse con lo que hay haciendo un empleo racional de los recursos, mantener su capacidad para reaccionar frente a desastres naturales, mantener lo que se tiene en dotación y eventualmente hacer un esfuerzo para conseguir algún material nuevo.

Si, la situación es crítica. Tanto que peso la idea de achicar la estructura operativa a 5 brigadas, reubicando al muy poco personal que hay (a nivel histórico) en algún rediseño. La gestión política acerco la idea de seguir vendiendo terrenos, lo cual claramente al Ejercito no le sirve en absoluto en función de que las ventas se hacen a precio fiscal y por consiguiente, no representa un impulso considerable en el bolsillo vacio de la institución.

En cuanto a salarios, puede haber algún paso adelante: se planean aumentos de emergencia además de un blanqueo en 4 tramos de los montos percibidos, además de comenzar a liquidar los 2 mil millones de pesos que el estado debe por juicios. ¿Sera justicia finalmente?
Claramente, por fuera de los anuncios pomposos de blindados o aeronaves, el núcleo organizativo del Ejercito Argentino está actualmente en pobres condiciones. Su personal viene lamentando desde hace años las penurias salariales junto a un espacio de trabajo que últimamente no le puede proveer equipamiento de calidad y con tecnología. Se nota a la legua el amor que existe en los cuerpos de la institución por utilizar el uniforme de combate, pero las condiciones actuales pueden amargar hasta al de corazón mas grande. Esperemos que el futuro traiga buenas novedades para el personal del Ejercito Argentino.

1 Comentario

  1. El desarrollo de las reservas es un tema pendiente, fortaleciendo el elemento humano con un mínimo impacto presupuestario. El elemento humano es el mas caro de adquirir, por el tiempo que lleva formarlo y mantenerle su capacidad operativa. Pero para ello las FFAA deberán adaptarse para un desarrollo y apoyo real a las reservas. Hoy las reservas se mantienen más por el interés de los reservistas que por el interés de las propias FFAA, teniendo que usar tiempo libre, de familia e incluso vacaciones para formarse, porque las FFAA poco y nada facilitan (Ejemplo: se pueden todos los cursos vigentes, pero en los dias y horarios definidos para el cuerpo permanente!! Imposible, excepto que tengas un trabajo tan flexible que permita asistir en dias y horarios laborales).
    Y el estado tampoco promueve las reservas con incentivos fiscales para empresas y autónomos (para poder capacitarse en dias laborales para no afectar tiempo libre -fines de semana, vacaciones- que deben dedicarse a la familia), ni facilitando la formación, prácticas (poder utilizar elementos mas allá de los de infanteria ligera, como blindados, navegación y vuelos), adoptar aptitudes civiles y adaptarlas para aptitud militar sin tener que volver a empezar de cero (paracaidismo, buceo, andinismo, piloto aéreo, piloto naval, SCD, por decir algunas) y ascensos (no solo en su demora, sino en las limitaciones de edad, que hacen que personas que siguen trabajando en su desarrollo no puedan verse merecedores de un grado acorde a sus capacidades, desmotivando y promoviendo el abandono en vez de la continuidad. y ni hablar si reservistas quieren volver a vestir uniforme. Son mas los impedimientos que los beneficios).
    Y tantos otros temas.Y hay tanto que se puede hacer.
    Y no son cuestiones presupuestarias.
    Como siempre. El estado es más una máquina de impedir que una máquina de promover.
    Si se quieren resultados distintos, hay que hacer cosas distintas. Haciendo lo mismo, no se obtienen resultados distintos. Eso es básico.

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