Noticias de la Fuerza Aérea de Perú

Este es un artículo meramente reflexivo, no busca la polémica.


"Más allá del misil: Meteor, AMRAAM y la diferencia entre promesa y capacidad operativa"

Cuando uno asume que un misil BVR como el Meteor es automáticamente superior a otro como el AMRAAM** solo a partir de ciertas características técnicas aisladas, en realidad no está analizando el sistema, sino un objeto descontextualizado. Y en la guerra aérea moderna, eso suele llevar a conclusiones cómodas, pero peligrosamente incompletas.

Existe una distinción crucial, que en los debates de foros y redes sociales se pasa por alto con demasiada frecuencia y esta es la brecha entre el rendimiento teórico en papel y la eficacia operativa real en combate. Es una diferencia silenciosa, pero decisiva.

En el plano estrictamente técnico, el argumento a favor del Meteor es sólido. Su motor estatorreactor —el famoso ramjet— le otorga una ventaja cinemática evidente, mantiene energía y capacidad de maniobra durante casi todo su vuelo, ampliando de forma significativa su no-escape zone. A diferencia de un misil de combustible sólido convencional, que quema rápido y luego planea, el Meteor sigue “empujando” hasta fases avanzadas del intercepto. En un combate BVR idealizado, limpio, sin interferencias, esa ventaja es real y medible. En ese vacío teórico, el Meteor es superior.

Pero la guerra nunca ocurre en un vacío.

La superioridad se decide en un entorno saturado de sensores, enlaces de datos, interferencias electrónicas, doctrinas y decisiones humanas. Y es aquí donde aparece la parte incómoda del análisis, la que obliga a abandonar el entusiasmo y entrar en el terreno del realismo operacional.

Un misil no es solo su motor. Es software, firmware, bibliotecas de amenazas, lógica de guiado, resistencia a contramedidas, integración en redes de combate y, sobre todo, experiencia acumulada. En ese terreno, el AMRAAM como ecosistema juega otra partida.

El ecosistema AMRAAM carga con más de treinta años de evolución continua, no solo en laboratorios, sino en operaciones reales y ejercicios de altísima exigencia. Su código ha sido corregido, refinado y reescrito a partir de lecciones aprendidas en conflictos, despliegues y entrenamientos donde el enemigo también intentaba engañar, interferir y sobrevivir. Sus algoritmos de guiado, sus lógicas ECCM y sus bibliotecas de firmas electrónicas probablemente sean las más extensas y probadas del mundo. El Meteor, aunque avanzado y moderno, simplemente no ha pasado por ese mismo banco de pruebas operacional a gran escala.

Además, las últimas versiones de AMRAAM ya no es solo un misil lanzado por un avión. Es un nodo dentro de un ecosistema de combate en red. Puede ser guiado por sensores que no pertenecen a la plataforma lanzadora: F-35, F16V, F15E/EX, Super Hornet, E-2D, destructores Aegis, cazas de cuarta generación integrados en arquitecturas como NIFC-CA o JADC2. El enemigo no enfrenta “un misil”, enfrenta un sistema de sistemas. El Meteor avanza en esa dirección, pero el ecosistema estadounidense es más amplio, más maduro y más profundamente integrado.

Y luego está el terreno más opaco de todos, la guerra electrónica. ¿Cómo responde el buscador del Meteor en un entorno de interferencia densa, activa y adaptativa, como la que pueden los últimos cazas de combate, por ejemplo un Su-35 con sistemas tipo Khibiny? La respuesta real no está en folletos ni en foros. Estados Unidos ha sometido al AMRAAM a décadas de estrés electrónico en ejercicios cerrados, escenarios clasificados y simulaciones contra amenazas de primer nivel. La robustez del Meteor, aunque sin duda alta, carece todavía de ese historial público y privado de desgaste operacional.

A esto se suma un factor menos glamoroso, pero crítico, la estructura de mejora continua. Si se detecta una vulnerabilidad en el AMRAAM, existe una maquinaria industrial-militar capaz de parchear software, actualizar doctrinas y desplegar mejoras a gran escala en plazos relativamente cortos. El programa Meteor, al ser multinacional, introduce inevitablemente capas políticas y burocráticas que pueden ralentizar decisiones similares.

Por eso, hablar de “superioridad” sin contexto es un error conceptual.
En un duelo uno contra uno, a máxima distancia, en un entorno electromagnéticamente benigno, el Meteor puede ser superior.
En un conflicto de alta intensidad, con guerra electrónica densa, combate en red y múltiples plataformas cooperando, la balanza puede inclinarse hacia el ecosistema AMRAAM gracias a su madurez, su integración y su experiencia acumulada.

La verdadera respuesta, como siempre, está en los detalles clasificados al cual no tenemos acceso. Software, ECCM, resultados en ejercicios como Red Flag y especialmente en la prueba operativa real. Todo lo demás es aproximación.

Y este mismo razonamiento se aplica al binomio Gripen E más Meteor.

Aquí aparece un concepto que muchos mencionan, pero pocos entienden en su real dimensión, tal vez por que no se comprende que en la guerra moderna, el sistema es el arma, no el componente: El FOC (Full Operational Capability).

El FOC no es un trámite administrativo; es el listón real. Significa que la plataforma, con sus armas y sensores, ha sido certificada, integrada doctrinalmente, probada bajo estrés y declarada lista para la guerra por su propia fuerza aérea.

Sin FOC conjunto, lo que existe es potencial, no capacidad.

Un Gripen E sin FOC pleno con el Meteor implica integración de software aún en desarrollo, doctrinas tácticas en construcción, manuales que cambian, pilotos que todavía exploran límites y una cadena logística que no ha sido tensionada en escenarios complejos. No es una crítica al diseño; es una descripción del estado real de madurez del sistema de armas.

En teoría, el argumento es seductor. Tenemos un caza moderno, ágil, con radar AESA, operando desde pistas dispersas, armado con el misil BVR de mejor motor teórico. Suena formidable.
En la realidad operativa, es un sistema de armas aún en proceso de consolidación, este proceso es igual a riesgo.

En este nivel de armas, cada error cuesta vidas, cada fallo cuesta soberanía y cada improvisación cuesta décadas. Incluso los sistemas maduros (F16/AMRAAM) también pasaron por esta fase de riesgo inicial, la diferencia es que ya la superaron.
Por eso las fuerzas armadas serias no compran “lo más prometedor”, compran lo más confiable dentro de lo disponible.

Y aquí aparece una verdad incómoda pero constante en la historia militar: un sistema maduro, completamente integrado y doctrinalmente explotado, suele ser más peligroso que una combinación teóricamente superior pero todavía inmadura. La diferencia es la misma que entre un demo reel y una doctrina de empleo real.

Por eso el escepticismo no es cinismo, es realismo.
El argumento de “Gripen E con Meteor es superior a…” falla cuando asume madurez operativa donde aún hay desarrollo, y cuando reduce un sistema de combate a la suma de fichas técnicas aisladas.

Quizá ahí esté la razón profunda por la cual el F-16, junto al ecosistema AMRAAM, sigue vendiéndose: no porque sea perfecto, sino porque ya está probado, integrado, entendido y disponible. Y en el mundo real, eso sigue pesando más que cualquier promesa brillante aún por cumplir.

Viendo el futuro, el AIM-260 JATM se encuentra en fase avanzada de desarrollo y pruebas por parte de EE.UU, un misil pensado específicamente para contrarrestar o superar las capacidades del Meteor y el PL-15 chino. Esto demuestra que el ecosistema americano no se duerme en los laureles; sigue innovando desde una base de experiencia operativa.

Al final, este debate no trata de misiles, aviones ni marcas.
Trata de cómo se toman decisiones cuando el margen de error es cero.

En defensa, la pregunta nunca debería ser “¿qué sistema es más brillante?”, sino “¿qué sistema es más confiable cuando todo lo demás falla?”.

La superioridad técnica en papel es seductora. Promete más alcance, más energía, más prestaciones. Pero la guerra —real, no la del foro— se decide en entornos imperfectos, saturados, confusos y hostiles, donde lo que importa no es solo lo que un sistema puede hacer, sino lo que sabemos con certeza qué hará bajo presión.

Elegir lo probado no es miedo al cambio.
Es comprensión del riesgo.

Es entender que un sistema maduro no es aquel que nunca falla, sino aquel cuyos límites ya fueron expuestos, documentados, entrenados y asumidos doctrinalmente. Donde la institución sabe cómo reaccionar cuando algo no sale como estaba previsto. Y eso, en defensa, vale tanto como cualquier ventaja cinemática.

Las apuestas existen, incluso cuando se las disfraza de certezas.
También la política apuesta.
La diferencia está en qué nivel de incertidumbre se está dispuesto a aceptar.

Por eso, optar por lo probado no descalifica a lo nuevo ni niega su potencial. Simplemente reconoce una verdad incómoda y esa verdad trata sobre cómo los Estados defienden con capacidades que ya demostraron funcionar en el mundo real, con personas reales, en escenarios reales, no con promesas tecnológicas.

No es una postura cómoda.
No es popular.
Pero es honesta.

Y quizá, en un ámbito donde el costo del error se mide en vidas, soberanía y décadas perdidas, la honestidad intelectual sea la forma más alta de responsabilidad estratégica.

Saludos

** entendido como una familia de misiles que comparten un ecosistema común
 
Este es un artículo meramente reflexivo, no busca la polémica.


"Más allá del misil: Meteor, AMRAAM y la diferencia entre promesa y capacidad operativa"

Cuando uno asume que un misil BVR como el Meteor es automáticamente superior a otro como el AMRAAM** solo a partir de ciertas características técnicas aisladas, en realidad no está analizando el sistema, sino un objeto descontextualizado. Y en la guerra aérea moderna, eso suele llevar a conclusiones cómodas, pero peligrosamente incompletas.

Existe una distinción crucial, que en los debates de foros y redes sociales se pasa por alto con demasiada frecuencia y esta es la brecha entre el rendimiento teórico en papel y la eficacia operativa real en combate. Es una diferencia silenciosa, pero decisiva.

En el plano estrictamente técnico, el argumento a favor del Meteor es sólido. Su motor estatorreactor —el famoso ramjet— le otorga una ventaja cinemática evidente, mantiene energía y capacidad de maniobra durante casi todo su vuelo, ampliando de forma significativa su no-escape zone. A diferencia de un misil de combustible sólido convencional, que quema rápido y luego planea, el Meteor sigue “empujando” hasta fases avanzadas del intercepto. En un combate BVR idealizado, limpio, sin interferencias, esa ventaja es real y medible. En ese vacío teórico, el Meteor es superior.

Pero la guerra nunca ocurre en un vacío.

La superioridad se decide en un entorno saturado de sensores, enlaces de datos, interferencias electrónicas, doctrinas y decisiones humanas. Y es aquí donde aparece la parte incómoda del análisis, la que obliga a abandonar el entusiasmo y entrar en el terreno del realismo operacional.

Un misil no es solo su motor. Es software, firmware, bibliotecas de amenazas, lógica de guiado, resistencia a contramedidas, integración en redes de combate y, sobre todo, experiencia acumulada. En ese terreno, el AMRAAM como ecosistema juega otra partida.

El ecosistema AMRAAM carga con más de treinta años de evolución continua, no solo en laboratorios, sino en operaciones reales y ejercicios de altísima exigencia. Su código ha sido corregido, refinado y reescrito a partir de lecciones aprendidas en conflictos, despliegues y entrenamientos donde el enemigo también intentaba engañar, interferir y sobrevivir. Sus algoritmos de guiado, sus lógicas ECCM y sus bibliotecas de firmas electrónicas probablemente sean las más extensas y probadas del mundo. El Meteor, aunque avanzado y moderno, simplemente no ha pasado por ese mismo banco de pruebas operacional a gran escala.

Además, las últimas versiones de AMRAAM ya no es solo un misil lanzado por un avión. Es un nodo dentro de un ecosistema de combate en red. Puede ser guiado por sensores que no pertenecen a la plataforma lanzadora: F-35, F16V, F15E/EX, Super Hornet, E-2D, destructores Aegis, cazas de cuarta generación integrados en arquitecturas como NIFC-CA o JADC2. El enemigo no enfrenta “un misil”, enfrenta un sistema de sistemas. El Meteor avanza en esa dirección, pero el ecosistema estadounidense es más amplio, más maduro y más profundamente integrado.

Y luego está el terreno más opaco de todos, la guerra electrónica. ¿Cómo responde el buscador del Meteor en un entorno de interferencia densa, activa y adaptativa, como la que pueden los últimos cazas de combate, por ejemplo un Su-35 con sistemas tipo Khibiny? La respuesta real no está en folletos ni en foros. Estados Unidos ha sometido al AMRAAM a décadas de estrés electrónico en ejercicios cerrados, escenarios clasificados y simulaciones contra amenazas de primer nivel. La robustez del Meteor, aunque sin duda alta, carece todavía de ese historial público y privado de desgaste operacional.

A esto se suma un factor menos glamoroso, pero crítico, la estructura de mejora continua. Si se detecta una vulnerabilidad en el AMRAAM, existe una maquinaria industrial-militar capaz de parchear software, actualizar doctrinas y desplegar mejoras a gran escala en plazos relativamente cortos. El programa Meteor, al ser multinacional, introduce inevitablemente capas políticas y burocráticas que pueden ralentizar decisiones similares.

Por eso, hablar de “superioridad” sin contexto es un error conceptual.
En un duelo uno contra uno, a máxima distancia, en un entorno electromagnéticamente benigno, el Meteor puede ser superior.
En un conflicto de alta intensidad, con guerra electrónica densa, combate en red y múltiples plataformas cooperando, la balanza puede inclinarse hacia el ecosistema AMRAAM gracias a su madurez, su integración y su experiencia acumulada.

La verdadera respuesta, como siempre, está en los detalles clasificados al cual no tenemos acceso. Software, ECCM, resultados en ejercicios como Red Flag y especialmente en la prueba operativa real. Todo lo demás es aproximación.

Y este mismo razonamiento se aplica al binomio Gripen E más Meteor.

Aquí aparece un concepto que muchos mencionan, pero pocos entienden en su real dimensión, tal vez por que no se comprende que en la guerra moderna, el sistema es el arma, no el componente: El FOC (Full Operational Capability).

El FOC no es un trámite administrativo; es el listón real. Significa que la plataforma, con sus armas y sensores, ha sido certificada, integrada doctrinalmente, probada bajo estrés y declarada lista para la guerra por su propia fuerza aérea.

Sin FOC conjunto, lo que existe es potencial, no capacidad.

Un Gripen E sin FOC pleno con el Meteor implica integración de software aún en desarrollo, doctrinas tácticas en construcción, manuales que cambian, pilotos que todavía exploran límites y una cadena logística que no ha sido tensionada en escenarios complejos. No es una crítica al diseño; es una descripción del estado real de madurez del sistema de armas.

En teoría, el argumento es seductor. Tenemos un caza moderno, ágil, con radar AESA, operando desde pistas dispersas, armado con el misil BVR de mejor motor teórico. Suena formidable.
En la realidad operativa, es un sistema de armas aún en proceso de consolidación, este proceso es igual a riesgo.

En este nivel de armas, cada error cuesta vidas, cada fallo cuesta soberanía y cada improvisación cuesta décadas. Incluso los sistemas maduros (F16/AMRAAM) también pasaron por esta fase de riesgo inicial, la diferencia es que ya la superaron.
Por eso las fuerzas armadas serias no compran “lo más prometedor”, compran lo más confiable dentro de lo disponible.

Y aquí aparece una verdad incómoda pero constante en la historia militar: un sistema maduro, completamente integrado y doctrinalmente explotado, suele ser más peligroso que una combinación teóricamente superior pero todavía inmadura. La diferencia es la misma que entre un demo reel y una doctrina de empleo real.

Por eso el escepticismo no es cinismo, es realismo.
El argumento de “Gripen E con Meteor es superior a…” falla cuando asume madurez operativa donde aún hay desarrollo, y cuando reduce un sistema de combate a la suma de fichas técnicas aisladas.

Quizá ahí esté la razón profunda por la cual el F-16, junto al ecosistema AMRAAM, sigue vendiéndose: no porque sea perfecto, sino porque ya está probado, integrado, entendido y disponible. Y en el mundo real, eso sigue pesando más que cualquier promesa brillante aún por cumplir.

Viendo el futuro, el AIM-260 JATM se encuentra en fase avanzada de desarrollo y pruebas por parte de EE.UU, un misil pensado específicamente para contrarrestar o superar las capacidades del Meteor y el PL-15 chino. Esto demuestra que el ecosistema americano no se duerme en los laureles; sigue innovando desde una base de experiencia operativa.

Al final, este debate no trata de misiles, aviones ni marcas.
Trata de cómo se toman decisiones cuando el margen de error es cero.

En defensa, la pregunta nunca debería ser “¿qué sistema es más brillante?”, sino “¿qué sistema es más confiable cuando todo lo demás falla?”.

La superioridad técnica en papel es seductora. Promete más alcance, más energía, más prestaciones. Pero la guerra —real, no la del foro— se decide en entornos imperfectos, saturados, confusos y hostiles, donde lo que importa no es solo lo que un sistema puede hacer, sino lo que sabemos con certeza qué hará bajo presión.

Elegir lo probado no es miedo al cambio.
Es comprensión del riesgo.

Es entender que un sistema maduro no es aquel que nunca falla, sino aquel cuyos límites ya fueron expuestos, documentados, entrenados y asumidos doctrinalmente. Donde la institución sabe cómo reaccionar cuando algo no sale como estaba previsto. Y eso, en defensa, vale tanto como cualquier ventaja cinemática.

Las apuestas existen, incluso cuando se las disfraza de certezas.
También la política apuesta.
La diferencia está en qué nivel de incertidumbre se está dispuesto a aceptar.

Por eso, optar por lo probado no descalifica a lo nuevo ni niega su potencial. Simplemente reconoce una verdad incómoda y esa verdad trata sobre cómo los Estados defienden con capacidades que ya demostraron funcionar en el mundo real, con personas reales, en escenarios reales, no con promesas tecnológicas.

No es una postura cómoda.
No es popular.
Pero es honesta.

Y quizá, en un ámbito donde el costo del error se mide en vidas, soberanía y décadas perdidas, la honestidad intelectual sea la forma más alta de responsabilidad estratégica.

Saludos

** entendido como una familia de misiles que comparten un ecosistema común
Sería clave saber cantidad de amraam lanzados vs derribos, ya que es casi el único BVR que tuvo la posibilidad de ser probado en combate (normalmente el conflictos de baja intensidad, sin escenarios saturados), y entiendo con un desempeño no descollante.
 
Este es un artículo meramente reflexivo, no busca la polémica.


"Más allá del misil: Meteor, AMRAAM y la diferencia entre promesa y capacidad operativa"

Cuando uno asume que un misil BVR como el Meteor es automáticamente superior a otro como el AMRAAM** solo a partir de ciertas características técnicas aisladas, en realidad no está analizando el sistema, sino un objeto descontextualizado. Y en la guerra aérea moderna, eso suele llevar a conclusiones cómodas, pero peligrosamente incompletas.

Existe una distinción crucial, que en los debates de foros y redes sociales se pasa por alto con demasiada frecuencia y esta es la brecha entre el rendimiento teórico en papel y la eficacia operativa real en combate. Es una diferencia silenciosa, pero decisiva.

En el plano estrictamente técnico, el argumento a favor del Meteor es sólido. Su motor estatorreactor —el famoso ramjet— le otorga una ventaja cinemática evidente, mantiene energía y capacidad de maniobra durante casi todo su vuelo, ampliando de forma significativa su no-escape zone. A diferencia de un misil de combustible sólido convencional, que quema rápido y luego planea, el Meteor sigue “empujando” hasta fases avanzadas del intercepto. En un combate BVR idealizado, limpio, sin interferencias, esa ventaja es real y medible. En ese vacío teórico, el Meteor es superior.

Pero la guerra nunca ocurre en un vacío.

La superioridad se decide en un entorno saturado de sensores, enlaces de datos, interferencias electrónicas, doctrinas y decisiones humanas. Y es aquí donde aparece la parte incómoda del análisis, la que obliga a abandonar el entusiasmo y entrar en el terreno del realismo operacional.

Un misil no es solo su motor. Es software, firmware, bibliotecas de amenazas, lógica de guiado, resistencia a contramedidas, integración en redes de combate y, sobre todo, experiencia acumulada. En ese terreno, el AMRAAM como ecosistema juega otra partida.

El ecosistema AMRAAM carga con más de treinta años de evolución continua, no solo en laboratorios, sino en operaciones reales y ejercicios de altísima exigencia. Su código ha sido corregido, refinado y reescrito a partir de lecciones aprendidas en conflictos, despliegues y entrenamientos donde el enemigo también intentaba engañar, interferir y sobrevivir. Sus algoritmos de guiado, sus lógicas ECCM y sus bibliotecas de firmas electrónicas probablemente sean las más extensas y probadas del mundo. El Meteor, aunque avanzado y moderno, simplemente no ha pasado por ese mismo banco de pruebas operacional a gran escala.

Además, las últimas versiones de AMRAAM ya no es solo un misil lanzado por un avión. Es un nodo dentro de un ecosistema de combate en red. Puede ser guiado por sensores que no pertenecen a la plataforma lanzadora: F-35, F16V, F15E/EX, Super Hornet, E-2D, destructores Aegis, cazas de cuarta generación integrados en arquitecturas como NIFC-CA o JADC2. El enemigo no enfrenta “un misil”, enfrenta un sistema de sistemas. El Meteor avanza en esa dirección, pero el ecosistema estadounidense es más amplio, más maduro y más profundamente integrado.

Y luego está el terreno más opaco de todos, la guerra electrónica. ¿Cómo responde el buscador del Meteor en un entorno de interferencia densa, activa y adaptativa, como la que pueden los últimos cazas de combate, por ejemplo un Su-35 con sistemas tipo Khibiny? La respuesta real no está en folletos ni en foros. Estados Unidos ha sometido al AMRAAM a décadas de estrés electrónico en ejercicios cerrados, escenarios clasificados y simulaciones contra amenazas de primer nivel. La robustez del Meteor, aunque sin duda alta, carece todavía de ese historial público y privado de desgaste operacional.

A esto se suma un factor menos glamoroso, pero crítico, la estructura de mejora continua. Si se detecta una vulnerabilidad en el AMRAAM, existe una maquinaria industrial-militar capaz de parchear software, actualizar doctrinas y desplegar mejoras a gran escala en plazos relativamente cortos. El programa Meteor, al ser multinacional, introduce inevitablemente capas políticas y burocráticas que pueden ralentizar decisiones similares.

Por eso, hablar de “superioridad” sin contexto es un error conceptual.
En un duelo uno contra uno, a máxima distancia, en un entorno electromagnéticamente benigno, el Meteor puede ser superior.
En un conflicto de alta intensidad, con guerra electrónica densa, combate en red y múltiples plataformas cooperando, la balanza puede inclinarse hacia el ecosistema AMRAAM gracias a su madurez, su integración y su experiencia acumulada.

La verdadera respuesta, como siempre, está en los detalles clasificados al cual no tenemos acceso. Software, ECCM, resultados en ejercicios como Red Flag y especialmente en la prueba operativa real. Todo lo demás es aproximación.

Y este mismo razonamiento se aplica al binomio Gripen E más Meteor.

Aquí aparece un concepto que muchos mencionan, pero pocos entienden en su real dimensión, tal vez por que no se comprende que en la guerra moderna, el sistema es el arma, no el componente: El FOC (Full Operational Capability).

El FOC no es un trámite administrativo; es el listón real. Significa que la plataforma, con sus armas y sensores, ha sido certificada, integrada doctrinalmente, probada bajo estrés y declarada lista para la guerra por su propia fuerza aérea.

Sin FOC conjunto, lo que existe es potencial, no capacidad.

Un Gripen E sin FOC pleno con el Meteor implica integración de software aún en desarrollo, doctrinas tácticas en construcción, manuales que cambian, pilotos que todavía exploran límites y una cadena logística que no ha sido tensionada en escenarios complejos. No es una crítica al diseño; es una descripción del estado real de madurez del sistema de armas.

En teoría, el argumento es seductor. Tenemos un caza moderno, ágil, con radar AESA, operando desde pistas dispersas, armado con el misil BVR de mejor motor teórico. Suena formidable.
En la realidad operativa, es un sistema de armas aún en proceso de consolidación, este proceso es igual a riesgo.

En este nivel de armas, cada error cuesta vidas, cada fallo cuesta soberanía y cada improvisación cuesta décadas. Incluso los sistemas maduros (F16/AMRAAM) también pasaron por esta fase de riesgo inicial, la diferencia es que ya la superaron.
Por eso las fuerzas armadas serias no compran “lo más prometedor”, compran lo más confiable dentro de lo disponible.

Y aquí aparece una verdad incómoda pero constante en la historia militar: un sistema maduro, completamente integrado y doctrinalmente explotado, suele ser más peligroso que una combinación teóricamente superior pero todavía inmadura. La diferencia es la misma que entre un demo reel y una doctrina de empleo real.

Por eso el escepticismo no es cinismo, es realismo.
El argumento de “Gripen E con Meteor es superior a…” falla cuando asume madurez operativa donde aún hay desarrollo, y cuando reduce un sistema de combate a la suma de fichas técnicas aisladas.

Quizá ahí esté la razón profunda por la cual el F-16, junto al ecosistema AMRAAM, sigue vendiéndose: no porque sea perfecto, sino porque ya está probado, integrado, entendido y disponible. Y en el mundo real, eso sigue pesando más que cualquier promesa brillante aún por cumplir.

Viendo el futuro, el AIM-260 JATM se encuentra en fase avanzada de desarrollo y pruebas por parte de EE.UU, un misil pensado específicamente para contrarrestar o superar las capacidades del Meteor y el PL-15 chino. Esto demuestra que el ecosistema americano no se duerme en los laureles; sigue innovando desde una base de experiencia operativa.

Al final, este debate no trata de misiles, aviones ni marcas.
Trata de cómo se toman decisiones cuando el margen de error es cero.

En defensa, la pregunta nunca debería ser “¿qué sistema es más brillante?”, sino “¿qué sistema es más confiable cuando todo lo demás falla?”.

La superioridad técnica en papel es seductora. Promete más alcance, más energía, más prestaciones. Pero la guerra —real, no la del foro— se decide en entornos imperfectos, saturados, confusos y hostiles, donde lo que importa no es solo lo que un sistema puede hacer, sino lo que sabemos con certeza qué hará bajo presión.

Elegir lo probado no es miedo al cambio.
Es comprensión del riesgo.

Es entender que un sistema maduro no es aquel que nunca falla, sino aquel cuyos límites ya fueron expuestos, documentados, entrenados y asumidos doctrinalmente. Donde la institución sabe cómo reaccionar cuando algo no sale como estaba previsto. Y eso, en defensa, vale tanto como cualquier ventaja cinemática.

Las apuestas existen, incluso cuando se las disfraza de certezas.
También la política apuesta.
La diferencia está en qué nivel de incertidumbre se está dispuesto a aceptar.

Por eso, optar por lo probado no descalifica a lo nuevo ni niega su potencial. Simplemente reconoce una verdad incómoda y esa verdad trata sobre cómo los Estados defienden con capacidades que ya demostraron funcionar en el mundo real, con personas reales, en escenarios reales, no con promesas tecnológicas.

No es una postura cómoda.
No es popular.
Pero es honesta.

Y quizá, en un ámbito donde el costo del error se mide en vidas, soberanía y décadas perdidas, la honestidad intelectual sea la forma más alta de responsabilidad estratégica.

Saludos

** entendido como una familia de misiles que comparten un ecosistema común


Volve intentar distorsionar la realidad e inventar argumentos que de alguna manera, coloquen al Perú, y en este caso a la Fuerza Aérea Peruana con el F-16 en la cúspide de la tecnología y las capacidades en la región, lo que es en sí mismo imposible.

Como siempre, abundan los argumentos endebles de que "algo no funciona o no es mejor porque no se usó en una guerra".

Pero para colmo no se guarda nada en su lista de deseos navideños: "Quiere tener el mejor SARM de la región" y, además, "exige que sea un sistema norteamericano". Y entonces todo se vuelve "doblemente imposible" porque, si bien el F-16 C/D Block 70 es un SARM excelente, es de hecho el último en tecnología y capacidades en la lshort list de la FAP, esto es un hecho comprobado aquí mismo en este tema.

Pero centrándonos en este nuevo "intento cuántico de distorsionar el espacio-tiempo" y en otro intento de desinformación, es un hecho que el misil BVR oficialmente autorizado por DSCA para la FAP fue el AIM-120C-8 Advanced Medium Range Air-to-Air Missiles (AMRAAM), con increíbles 12 unidades, así es, uno para cada uno de los 12 cazas F-16 C/D Block 70 más caros de la historia, con un coste, sorprendentemente de 3.42 mil millones de dólares dentro del paquete amplio de apoyo general: es decir la estafa de la década.




Sin embargo, es evidente que el AIM-120C8 es muy inferior en capacidades a la serie "D" del mismo fabricante, incluida claro también la versión "AIM-120D3".

Igual es un hecho ampliamente conocido que el misil BVR MBDA Meteor es superior al AIM-120D3: ¡hay fuentes confiables que lo demuestran!


A romper con folclore y las narrativas de foros que tanta gente se esfuerza por crear.
Una noticia informa sobre un alto oficial de la RAF que da una explicación al parlamento, así que no se trata de palabrería ni nada por el estilo.


El Comodoro del Aire Al Roberts, Jefe de Misiles Aire-Aire de la RAF, describió este hito de la siguiente manera:

“Este hito demuestra la eficaz colaboración entre las alianzas multinacionales gubernamentales e industriales que tenemos establecidas. La incorporación del Meteor al Lightning II aportará esta formidable capacidad de combate aéreo al Reino Unido y a la creciente comunidad del F-35, mejorando significativamente la seguridad entre los aliados”.


El Meteor es un misil más allá del alcance visual con un sistema de propulsión estatorreactor, que proporciona una zona de no escape mucho mayor y un alcance efectivo mayor que el AMRAAM. Ya está en servicio operativo con el Eurofighter Typhoon, el Rafale y el Gripen. Hasta que se logre la plena integración en el F-35B, el Reino Unido seguirá utilizando el AIM-120D AMRAAM para combates de largo alcance a bordo de sus cazas de quinta generación desplegados en portaaviones.

La integración del misil aire-aire con motor ramjet de combustível sólido Meteor de MBDA con el F-35B está impulsada por la Oficina del Programa Conjunto Lightning II, liderada por EE.UU.; se estima que su puesta en servicio está prevista para principios de la década de 2030.




La luz ilumina lo desconocido, y todos evolucionamos al saber un poco más que antes, y ya no podemos debatir basándonos en información imprecisa, mitos o las llamadas fake.


Aquí la fuente es el propio editorial de ZM:

La operación, cuyo principal proveedor es RTX Corporation, asciende a un monto estimado de 211 millones de dólares e incluye la entrega de treinta (30) misiles AIM-120D-3 —la variante más avanzada del sistema— y cuarenta (40) AIM-120C-8, la versión más moderna habilitada para exportación.

Tal como se ha señalado en autorizaciones anteriores para aliados de Estados Unidos, el AIM-120D-3 destaca por ser la versión más reciente y avanzada del misil AMRAAM.
Actualmente, solo está en servicio con aviones de combate de la Fuerza Aérea de EE.UU. y de aliados selectos. Esta variante incorpora mejoras en alcance, sistemas de navegación y guía, así como una mayor resistencia a las contramedidas electrónicas en comparación con el AIM-120C-8.




Sólo algunos puntos para demostrar las inconsistencias del post citado, y que no corresponden a la realidad, además ni siquiera presenta una sola fuente y incluso creo que proviene de AI, Chatgpt o similares.


Resumamos los hechos:

1) El F-16 C/D Block 70 aunque muy bueno SARM, sofisticado, y sin quitarle ningún mérito ni menospreciarlo es un sistema con menos capacidades tecnológicas que sus dos competidores en la shortlist de la FAP, principalmente en el aspecto aire-aire, que lo hace menos eficiente en combate BVR en una comparación uno contra uno (1x1/2x2), por:

RCS más grande >1.25m2
Sin sistema IRST interno integrado
Sin capacidad de Supercrucero
Menor conciencia situacional que el Gripen E

Además No tiene en la estructura del avión, sistemas de defensa conectados internamente y directamente al sistema de combate tales como;

Detección de aproximación de misiles (MWS) IR/UV con sensores dedicados de 360°.

Cobertura MWS esférica y integrada para respuesta automática y contramedidas mediante EWMS, tampoco MWS/RWR integrada.

En otras palabras, para tener un IRST, sistemas de defensa MWS/RWR que ya son estándar en el Gripen E y en el Rafale F4, el F-16 C Block 70 necesita de sistemas añadidos externamente Pods, Pilones externos, etc., que además de no tener las mismas capacidades y rendimiento porque no están integrados en el sistema de misión como los sistemas intrínsecos del SARM, también aumentan el RCS y en algunos casos te quitan un punto externo.


Pero su principal desventaja es en la capacidad de combate aire-aire, y en general para la región, se ve agravada aún más por su armamento BVR disponible/autorizado.

2) El misil BVR MBDA Meteor (integrado con el Gripen E y el Rafale F4), tiene un rendimiento cinético superior por razones obvias del motor ramjet y posee capacidades tecnológicas de vanguardia, como el AIM-120D3, que es superior muy al AIM-120C8 obviamente, ya el AIM-120C8 es el máximo standard en misiles BVR autorizado para cualquier país de la región.

En el contexto de la guerra aérea moderna, el AIM-120C8 con el F-16 C/D Block 70, representa una clara desventaja, incluso en la región (FAB/FACh/FAC), no solo por su menor alcance y performance general además de la tecnología menos avanzada del SARM (Misil + Caza), sino también por la falta de toda la infraestructura necesaria para operar en NCW, además de la completa falta de doctrina operativa occidental en el combate BVR y en contexto de NCW, cero participación en ejercicios de combate BVR modernos como Redflag/Cruzex/Salitre con empleo sistemas avanzados para el combate BVR por la FAP, además:

No tiene amplia cobertura de radares primarios (3D/4D) territorial
No tiene C2/C3I territorial integrado
No tiene multiplicadores AWACS/AEW&C
No tiene aeronaves para reabastecimiento en vuelo compatible con F-16
No tiene aeronaves ISR/IVR (Inteligencia, Vigilancia y Vuelo)
No tiene aeronaves con amplia capacidad SIGINT (Inteligencia de Señales) en operación en la FAP.


3) Dado que el enlace de datos del AIM-120C8 es unidireccional, la bidireccionalidad con control en tiempo real y selección de objetivos por terceros "third-party targeting" solo está disponible en la serie AIM-120D/D-3 el top de línea con mayor alcance, resistencia ECM mejorada, reorientación en vuelo e integración completa con sensores externos, ideal para operaciones furtivas, cooperativas y EMCON completas.

En escenarios EMCON donde el radar del caza de lanzamiento está apagado, el misil no puede recibir actualizaciones durante su trayectoria, y depende exclusivamente de la información previa al lanzamiento y del buscador activo en la fase terminal.

Son hechos.


Ahora bien, en cuanto a las mentiras sobre el "FOC" del F-39E Gripen, ysto nunca fue dicho por la FAB, ni siquiera vale la pena profundizar en ello. Solo que tenemos a la FAB/Saab/Embraer declarando que "el sistema F-39E Gripen está completamente operativo para llevar a cabo todas las misiones de defensa aérea".

Una vez más, utilizando argumentos plausibles y presentando fuentes, debo venir aquí para aclarar publicaciones falsas. Con esto, de ninguna manera pretendo agotar el debate, que me parece fascinante, pero debemos ser coherentes y estar comprometidos con la información real, y esto se logra utilizando argumentos válidos y respaldados por fuentes.


Saludos cordiales.
 
Última edición:
Con las ganas de escribir, y seguir en lo mismo de algunos entusiastas, se conocen las capacidades, bondades y sus defectos de la plataformas que participan. Sin embargo, va más allá de lo que la aeronave puede brindar como tal.
Se busca una plataforma que sustituya ha varias otras que cumplían tareas especializadas que ahora y quizás en el futuro no se han reemplazables por efectos de evolución tecnológica y financieras. El punto importante es que se requiere de una plataforma que sea capaz de enfrentar los desafíos de una guerra o conflictos futuros, con capacidades en el ciberespacio, entornos electromagnéticos en sinergia con los otros servicios de seguridad, importante es no tener restricciones en el uso de lo que es la amenaza, significando eso el uso del armamento o sistemas de armas de superiores capacidades o similares a la que pueda enfrentar en caso de enfrentamiento con alguna potencia extranjera.
Me permito decir, lamentablemente no podemos pensar en alianzas y/o socios, la historia de la humanidad está saturada de traiciones por ellas, muchas veces ocultas por el poder mediático e historiadores que narraron hechos desde puntos de vista y opinión sin intenciones de ser imparcial.
 
Ahora lo importante, interpretar la nota..

Lo que habilita este decreto, y aquí está el punto que muchos tal vez no comprendan, no es el desembolso inmediato del dinero, sino algo mucho más importante que es la capacidad legal, financiera y política del Estado peruano para sentarse a negociar un contrato de cazas de combate.

En términos simples el Estado Peruano ya no está “explorando opciones”, ya no está “mirando catálogos”, eso se lo dejamos a los blufeadores, a los youtubers, a los copia y pega noticias.

Esto ya es el nivel que hemos exigido siempre, un nivel superior.
A partir de este momento, Perú está en condiciones de comprometerse, porque el mecanismo de financiamiento ha sido formalmente autorizado.

Esto es exactamente como operan los Estados serios.
Primero se estructura el marco. Se valida el proyecto política y legalmente (Ejecutivo y Congreso), se aprueba su inclusión en la programación multianual presupuestal, se obtiene el respaldo del MEF via concertación final, se activa el control concurrente de la Contraloría, y recién entonces se habilita la herramienta financiera.

Repito, todo eso ha sido aclarado en el foro y todo eso se está cumpliendo. Mil disculpas por ser tan técnico pero ante la avalancha de tergiversaciones y opiniones gratuitas, tenía que hacerse por fuerza.

Con ese marco listo, recién ahora tiene sentido hablar de negociación contractual y, por extensión, del anuncio del sistema de armas seleccionado. No antes.

Por eso, este decreto sí allana el camino para que el Gobierno anuncie próximamente al caza ganador. No porque “ya haya dinero en caja”, sino porque el Estado ya puede asumir formalmente obligaciones cuando corresponda, sin improvisar ni vulnerar la disciplina fiscal.

El propio texto deja claro que se trata de una primera fase. La colocación de bonos se realizará por tramos, conforme avance la ejecución del proyecto. Los montos restantes —los aproximadamente 1,500 millones de dólares adicionales que requerirá el programa completo— deberán seguir el mismo camino institucional, con las mismas validaciones y controles. Y eso no es un problema. es exactamente como debe hacerse.

Este punto es clave, porque desmonta otra narrativa equivocada:
“la idea de que todo debía estar “cerrado” o “pagado” antes de anunciar nada”
Quien sostenga esto no entiende nada, les engañan y viven engañando, pasen de esos sujetos.

Eso simplemente no funciona así en proyectos estratégicos de esta envergadura, y disculpen la insistencia, lo advertimos y lo aclaramos.

Lo que se necesitaba —y ahora existe— es habilitación.
Habilitación legal aplausos
Habilitación financiera.aplausos
Habilitación política.aplausos
wv Ok en todo.

A partir de aquí, el tiempo ya no es sinónimo de incertidumbre (mal interpretado obviamente), pasa a ser ejecución.

Todo esto confirma lo que insistentemente, con la pesadez de la complejidad legal y de procesos consecuentes, venimos diciendo hace tiempo, que lo correcto es "analizar el proceso desde una perspectiva integral y estratégica", si cumplimos esta premisa básica, el ruido se desvanece solo. Las especulaciones caen por su propio peso. Y la realidad institucional termina alineándose con la lógica correcta.

Nada fue casualidad estimado foro. El tiempo se encargó de poner las cosas en su lugar, la lógica institucional finalmente se impuso.

Esto si me pone feliz.

Saludos

Jerí lo anunció y cumplió.


El tan injustamente vilipendiado en redes "Cateto" ya había anunciado en Noviembre que la celebración contractual sería hacia Marzo de 2026. Se han dado los pasos que tenían que darse, para asegurarse un proceso saneado.

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Ahora toca anunciar al ganador e iniciar la negociación contractual durante Enero-Marzo y proceder a celebrar el contrato. Ni la FAP ni los Gobiernos de Boluarte o Jerí improvisaron en el tema para satisfacer la impaciencia de Youtubers, foristas u opinólogos.

Fue Cateriano quien se le jugó por convencer al mando Político que era el momento de renovar la aviación de caza y quien condujo la elaboración del PIP hace 13 años y su actualización bajo su gestión como Comandante General.

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Desde los pies el Titicaca se oiga fuerte la hermosa Marcha FAP

 
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