El concepto de "caza complementario" aquí se le dió otro significado.
En los últimos 15/20 años no hubo entrenamiento avanzado en misiones AA/AS, las participaciones en ejercicios internacionales fue mínima, se perdió doctrina, conocimiento, no había intercambio de piloto para que se mantubieran actualizados sumado a que muchos pilotos y técnicos emigraron a la actividad privada y los pocos A-4AR/M-III volaban nada, o sea una fuerza aérea sin nada.
Para recuperar todas esas capacidades la idea fue de ir por un caza ligero/complementario (de uno superior a futuro) para volver a volar, a entrenar, capacitar y adiestrar todo a un costo que le permitía a la FAA poderlo sostener en el tiempo y a la vez disponer -obviamente de modo simbólico- de una aeronave con capacidad supersónica.
La idea no era mala para la situación que en ése momento afrontaba la FAA (sin cazas ni pilotos y sin presupuesto).
Los F/A-50 y FC-1 eran las únicas opciones autorizadas por los gobierno de turno de entonces.
Todo lo demás era puro maquillaje.