Iniciando una nueva etapa en su flota de superficie, la Marina de Brasil consolida su liderazgo regional con la incorporación de las fragatas clase Tamandaré. Este ambicioso programa no solo simboliza la renovación de sus principales medios de combate navales, sino también un salto cualitativo en materia de autonomía tecnológica, proyección estratégica y desarrollo industrial, pilares que redefinirán la capacidad naval del país en su proyección en el Atlántico Sur.

Este programa, con el que se busca contar con ocho unidades para las próximas décadas, tiene la misión de reemplazar a las fragatas clase Niterói. Basadas en las fragatas Tipo 21 de origen británico y próximas a cumplir cinco décadas de servicio, estos buques dieron forma a la columna vertebral de la Marina de Brasil desde fines de los años setenta. A partir de 1993, la Armada de Brasil, por medio de EMGEPRON, llevó a cabo el MODFRAG, cuyo objetivo fue dotarlas de un sistema de combate capaz de enfrentar las amenazas contemporáneas y extender su vida útil operativa. Entre las mejoras más relevantes se incluyeron la sustitución del sistema de defensa aérea Sea Cat, cuya eficiencia en combate había sido ampliamente superada, por el misil Aspide, de mayor alcance y capacidad para lanzar hasta ocho unidades, además de la modernización de los radares de búsqueda aérea y la integración de misiles antibuque Exocet MM-40.
Pese a estas actualizaciones, el avance de la tecnología naval y la evolución doctrinaria del combate en el mar hicieron inevitable su reemplazo. Tras la baja de los destructores clases Fletcher, Allen M. Sumner y Gearing de la Segunda Guerra Mundial -que abultaron los elencos de las armadas sudamericanas durante los años 70 y 80-, así como de los destructores clase Garcia (incorporados a fines de la década de 1980) y las fragatas Tipo 22 británicas (incorporadas a mediados de la década del 90, de las cuales solo una –la Rademaker- permanece en servicio), las Niterói quedaron como las principales unidades escoltas de la flota brasileña. Acompañaron a los portaaviones Minas Gerais (A11) y São Paulo (A12) hasta su retiro, y hoy complementan al NAe Atlântico (A140) y al buque de desembarco anfibio NDM Bahia (G40), los dos buques capitales que simbolizan la máxima expresión del poder naval brasileño.

Si bien con las seis Niterói Brasil contaba con una flota de superficie destacada en la región, el contraste con otras marinas resultaba evidente. Argentina, durante su período de mayor poder naval, contaba con destructores antiaéreos Tipo 42 equipados con misiles Sea Dart, capaces de brindar cobertura de mediano alcance para una flota cuyo buque capital era el portaaviones ARA 25 de Mayo, y los Destructores Meko 360 con misiles Exocet MM-40, una capacidad que Brasil no poseía. Décadas más tarde, Chile incorporó fragatas clase L y Adelaide, dotadas con misiles RIM-66 Standard de mediano alcance, manteniendo su capacidad con las Adelaide hasta la actualidad.
Más allá del reemplazo lógico por el paso del tiempo y la necesidad de renovar material, la brecha antiaérea brasileña se cierra recién con las Tamandaré, que incorporan el sistema Sea Ceptor, logrando por primera vez en la historia de la Marina de Brasil una defensa aérea moderna de alcance medio, muy superior a los Aspide 2000 de las Niterói y a los Sea Wolf de las Tipo 22.
Las Tamandaré consolidan, además, la integración del misil antibuque nacional MANSUP (Míssil Antinavio Nacional de Superfície), fruto de una década de desarrollo local. Su incorporación refuerza la independencia tecnológica de Brasil, garantizando mantenimiento nacional, transferencia de conocimiento y una base industrial capaz de producir sistemas de armas de alta complejidad.
El Programa de Fragatas Clase Tamandaré (PFCT) fue lanzado en 2017 como parte de los Programas Estratégicos de la Marina de Brasil. Administrado por EMGEPRON y ejecutado por el consorcio Aguas Azules (integrado por Thyssenkrupp Marine Systems (TKMS), Embraer Defensa&Seguridad y Atech), busca fortalecer la soberanía marítima y consolidar la industria naval brasileña mediante un contenido local estimado en el 40 %.


El diseño se basa en la plataforma alemana MEKO A-100, adaptada a los requerimientos operativos brasileños. Se trata de escoltas polivalentes, con capacidad para operar en guerra antisuperficie, antiaérea y antisubmarina, además de cumplir misiones de vigilancia oceánica y protección de las aguas jurisdiccionales brasileñas, núcleo estratégico de la llamada Amazônia Azul.
La primera unidad, Tamandaré (F200), inició su construcción en 2022 en el astillero TKMS Brasil Sul en Itajaí, Santa Catarina. En junio de 2023 se colocó su quilla, y un año después, en agosto de 2024, fue botada oficialmente. Durante 2025 se integraron los principales sistemas de combate, incluyendo el cañón Leonardo 76/62 Super Rapid, los misiles Sea Ceptor y el CMS (Combat Management System), eje central del sistema de combate que conecta sensores, armas y comunicaciones. Las pruebas de mar, iniciadas en agosto de 2024, alcanzaron su fase final a fines de 2025.

El programa alcanzó un nuevo hito en agosto de 2025 con la botadura de la segunda unidad, Jerônimo de Albuquerque (F201). Paralelamente, la tercera fragata, Cunha Moreira (F202), avanzó en su construcción con la colocación de la quilla, mientras que en enero de 2026 se celebró el corte de acero de la cuarta unidad, Mariz e Barros (F203), consolidando la madurez industrial del astillero y la sostenibilidad productiva del programa.
Con un desplazamiento de 3.500 toneladas y una velocidad máxima de 25 nudos – 5 nudos menos que las Niteroi – las Tamandaré estarán tripuladas por 130 efectivos y equipadas con radares de vigilancia aérea y de superficie, sonar de casco, sensores electroópticos e infrarrojos, además de una arquitectura digital compatible con los estándares OTAN, lo que les otorga plena interoperabilidad con marinas aliadas.
El armamento principal estará compuesto por misiles antibuque MANSUP, misiles antiaéreos Sea Ceptor, un cañón Leonardo de 76 mm, cañones Rheinmetall de 30 mm, lanzatorpedos SEA TLS-TT y sistemas de contramedidas Terma C-Guard. Esta configuración multipropósito permitirá a las unidades ejecutar misiones de escolta, defensa antisuperficie, control marítimo y patrullaje de áreas económicas exclusivas.
A fines de 2025, el gobierno brasileño aprobó un crédito especial de 500 millones de reales canalizados a través de EMGEPRON, asegurando la continuidad del programa hasta 2029. Este refuerzo financiero refleja el compromiso estatal con el fortalecimiento del poder naval, la soberanía tecnológica y la continuidad industrial a largo plazo.

El impacto del PFCT trasciende lo estrictamente militar. Más de mil empresas brasileñas participan en la cadena productiva, generando miles de empleos calificados y transferencia tecnológica. La recepción del código fuente de los sistemas embarcados otorga a Brasil independencia en mantenimiento, actualización y desarrollo, consolidando una soberanía digital inédita en la región.
Con la incorporación de la Tamandaré (F200) prevista para el primer semestre de 2026, la Marina de Brasil cerrará un ciclo de transición que marca el paso definitivo hacia una flota de diseño y construcción nacional. El país recupera así su capacidad de producir buques de guerra modernos, asegurando su papel como potencia marítima regional.

En conjunto con el programa PROSUB, que ya cuenta con tres submarinos operativos de la clase Riachuelo y avanza hacia el primer submarino de propulsión nuclear de América Latina, el PFCT constituye un pilar de la estrategia marítima brasileña. Las fragatas Tamandaré son mucho más que un programa de modernización: representan una afirmación de soberanía tecnológica, industrial y geopolítica, y el emblema de una Marina que proyecta su mirada firme sobre el vasto horizonte azul del Atlántico Sur.
*Imágenes empleadas en carácter ilustrativo.-
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