Entre los días 23 y 28 de abril de 2026, la Marina de Brasil y la Marina Nacional de Francia llevaron a cabo, en el litoral de Río de Janeiro y en la región de Mangaratiba, la Operación “Jeanne d’Arc” 2026. Más que un ejercicio combinado, se trató de una clara demostración de capacidad expedicionaria, reuniendo cerca de 1.700 militares en un escenario que integró medios navales, terrestres y aéreos en una operación anfibia completa.
El punto culminante ocurrió el 28 de abril, durante la demostración operativa realizada en la Isla de Marambaia. Fue en ese momento cuando todos los elementos del ejercicio convergieron en una acción coordinada de alta intensidad. El corresponsal de Zona Militar, Angelo Nicolaci, acompañó in situ cada fase de la operación, observando de cerca la ejecución y la dinámica del “campo de batalla”.

En el mar, la arquitectura de la fuerza ya indicaba el nivel del ejercicio. El portahelicópteros anfibio BPC Dixmude actuó como plataforma central de comando y proyección por el lado francés, mientras que el buque de desembarco de carros de combate Almirante Saboia cumplió un papel equivalente en la fuerza brasileña. Ambos, sostenidos por escoltas y medios de apoyo, componían un entorno típico de operación naval moderna, incluyendo la presencia de la fragata Defensora, del submarino Humaitá, de la fragata francesa Aconit y del buque logístico Jacques Stosskopf.
Pero es en el momento del Movimiento Buque-Tierra (MBT) cuando la teoría se transforma en acción.
A las 08:30, el mar deja de ser solo un escenario y pasa a ser un vector de combate. La primera ola, compuesta por Vehículos Anfibios a Oruga (CLAnf), avanza hacia la playa transportando tropas brasileñas y francesas. El desembarco es directo, sin escalas; los blindados rompen la línea de agua y establecen los primeros puntos de control en la franja de arena.
A continuación, embarcaciones de desembarco litoráneo (EDLit) amplían el flujo de tropas, garantizando volumen y continuidad al asalto. El ritmo es cadenciado, planificado para no perder impulso, un principio fundamental en operaciones anfibias.

Pocos minutos después, entra en escena el componente mecanizado. Embarcaciones rápidas del tipo EDA-R proyectan vehículos blindados como el Griffon y el VBL franceses, que se integran con los medios brasileños, incluyendo el Piranha III-C y el JLTV. En cuestión de minutos, la cabeza de playa deja de ser solo un punto de entrada y pasa a ser una posición consolidada, con movilidad y capacidad de combate.
La progresión ocurre bajo condiciones tácticas simuladas, con restricciones de avance, delimitación de sectores y presencia de fuerzas opositoras figurativas. Cada movimiento es controlado, reflejando la complejidad real de un asalto anfibio en un entorno hostil.
Superada la fase inicial, comienza la consolidación de la cabeza de playa, etapa crítica que define la capacidad de sostenimiento de la fuerza en tierra. Las tropas reorganizan fracciones, establecen perímetros de seguridad y preparan el avance hacia el interior.

Es en este punto donde la operación revela su profundidad.
Acompañando las actividades, Zona Militar presenció diversas instancias operativas que sostienen la capacidad de combate de la fuerza. Entre ellas, el tiro de artillería con el obús de 105 mm L118 Light Gun evidenció la rapidez de entrada en posición de este sistema, además de la precisión en el apoyo de fuego.
El tiro práctico demostró la preparación individual y colectiva de los combatientes, con progresiones bajo disciplina de fuego y enfrentamientos controlados. Por su parte, la progresión en un campo minado simulado expuso uno de los escenarios más exigentes del combate moderno, donde la técnica, la coordinación y la confianza mutua son determinantes para el éxito de la misión.
En el aire, el componente aéreo amplió el alcance de la operación. Helicópteros Esquilo, por el lado brasileño, y Gazelle, Caïman y Dauphin, por Francia, actuaron en misiones de reconocimiento, movilidad y apoyo, mientras que sistemas no tripulados reforzaron la conciencia situacional del comando.
El resultado fue una operación fluida, donde diferentes doctrinas convergieron hacia un objetivo común. La interoperabilidad no quedó solo en el discurso: fue validada en la práctica, reduciendo fricciones y demostrando la capacidad de actuación conjunta.
La Operación Jeanne d’Arc 2026 deja una lectura clara: proyectar poder desde el mar exige más que medios; requiere integración, entrenamiento continuo y capacidad de adaptación.
En Marambaia, esto no solo fue demostrado. Fue ejecutado.
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