Continuando con el ciclo «Consensos en Defensa Nacional» Zona Militar entrevisto a la Mg. Mariana Altieri. La entrevistada abordó la problemática que existe en torno a los asuntos de la defensa y el instrumento militar poniendo su clave en las disputas sobre el Atlántico Sur y como Malvinas se configura como una pieza de un escenario de disputas por la Antártida.

A su vez, enfatizó cuales, según su posición, deben ser los pilares de consenso que deben encausar a toda la comunidad académica y política relacionada al área, agregando también la importancia que tiene en el ámbito académico como promotor de políticas publicas vinculadas a la defensa nacional.

Mariana Altieri es Directora Ejecutiva y Coordinadora de la Comisión de Geopolítica y Orden Mundial de Fundación Meridiano. Magister en Estrategia y Geopolítica de la Escuela Superior de Guerra – Universidad de la Defensa Nacional. Docente e Investigadora de la Carrera de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y titular de la Catedra de Estudios Geopolíticos Saavedra Lamas de la Universidad de San Isidro.

A continuación la entrevista.

Zona Militar – ¿Qué diagnóstico de manera sintetizada se puede hacer de la realidad de la Defensa Nacional?

Mariana Altieri – La Defensa Nacional en la Argentina está empezando un nuevo ciclo. Desde la vuelta de la democracia hasta la actualidad se ha consolidado el llamado Consenso Básico, asentándose en largas discusiones, tanto políticas como académicas y profesionales respecto del rol de las fuerzas armadas en nuestro país, la clara diferenciación de la defensa nacional con la seguridad interior, el gobierno civil de la defensa, y más recientemente el cambio de lógica de la planificación de la gestión de la defensa que se dió desde dos perspectivas: entendida como política pública incorporando el planeamiento por capacidades, lo cual implicó una nueva forma de comprender a la defensa nacional no ya desde afuera (de quien me tengo que defender) sino desde adentro (que es lo que tenemos que defender y que capacidades requerimos para ello). Lo cual va de la mano con la segunda perspectiva relacionada a la dimensión internacional de la defensa y su relación con la política exterior. Tal y como se planteó en el Libro Blanco de la Defensa de 2010 y más tarde en su actualización en el 2015, la forma de comprender la Defensa Nacional implica una forma de comprender al mundo y nuestro lugar en el mundo: Argentina postula una defensa defensiva en una región que se mantiene como zona de paz.

Dando por hecho este marco, al que podríamos denominar el «cómo vamos a defendernos», el nuevo ciclo se para sobre estos consensos para dar un paso más allá y traer a la discusión la cuestión del equipamiento, y una nueva pregunta: ¿Qué necesitamos para defendernos? que va de la mano con la pregunta anterior: ¿Qué queremos defender?. Desde ahí y parados en un «como» que ya está prácticamente saldado, tenemos un camino que recorrer que requerirá de la construcción del ámbito necesario para los debates que nos permitan saldar un nuevo consenso que venga acompañado no solo de plexos normativos y directivas de planeamiento, sino también de la adquisición de capacidades necesarias para darles sentido de realidad. En este marco el FONDEF es una muy buena noticia, no solo en términos de los recursos que implica sino sobre todo porque denota la voluntad y capacidad política real de reequipar nuestras fuerzas armadas.

ZM – ¿Para usted, cuáles son las principales amenazas que enfrenta el Estado Nacional donde podría intervenir el ámbito de la Defensa Nacional?

MA – Volviendo sobre lo anterior creo que lo primero que necesitamos en una reactualización de la evaluación estratégica del escenario internacional en el cual estamos insertos. Tomando de base la realizada por el Libro Blanco del 2010/2015 que era muy acertada, no podemos pensar de forma estratégica nuestra Defensa Nacional sin comprender e intentar avizorar el futuro inmediato de la disputa de poder global. Es fundamental trabajar en la proyección de escenarios y evaluar la hipótesis de confluencia y de competencia y/o conflicto en términos globales y en cuales podemos vernos involucrados.

Sin ir más lejos el Atlántico Sur se avizora como una zona de quiebre en la dinámica de poder global de cara a la redistribución de poder en la Antártida (que ya se está dando). En ese escenario y en muchos otros, Argentina debe prepararse para defender lo que es nuestro, con todas las capacidades requeridas, especialmente con el objetivo de llevar adelante una política de disuasión frente a posibles conflictos. Es fundamental poner de manifiesto el rol disuasivo del instrumento militar, porque sino parece que se está fomentando el conflicto, y es todo lo contrario; pero la mejor forma de evitar el conflicto es generar una política disuasiva, y para ello se requieren medios materiales concretos. La otra cara de esta política es concretar un marco de alianzas que no solo amplíen nuestra libertad de maniobra, sino que construyan confluencia de intereses hacia el escenario que es más favorable a la Argentina.

ZM – ¿Cómo evaluaría la situación del Instrumento Militar de las Fuerzas Armadas y cómo cree que debería orientar la política la adquisición del equipamiento pensando en el futuro?

MA – Actualmente la situación del instrumento militar arrastra más de tres décadas de desgaste, desactualización y casi nula inversión. Sin entrar en detalles y considerando que hubo por períodos algunas adquisiciones puntuales, el estado actual material de las tres fuerzas requiere de un reequipamiento general. Sin embargo no se trata de simplemente reemplazar o modernizar lo existente, sino por el contrario de evaluar con justicia y en el marco de una estrategia general, qué medios necesitamos incorporar en relación a cuáles son los activos que necesitamos defender, y especialmente cuáles son las prioridades en esa adquisición de medios que puedan optimizar de la forma más eficiente los recursos disponibles en el FONDEF.
Esta evaluación requiere de la proyección de escenarios a futuro, considerando su peligrosidad y probabilidad de ocurrencia, pero especialmente requiere identificar aquellos activos estratégicos que nuestro país quiere defender, y en qué espacios geopolíticos consideramos que es indispensable mantener una presencia efectiva y activa, para luego asignar los medios más indicados a tal fin, de los que se pueda disponer con los recursos dados.

Para mi uno de esos escenarios claves es el Atlántico Sur. Pero no por folcklore, sino por geopolítica. Malvinas hoy es una pieza más en un escenario de disputa marítima que tiene al Atlántico Sur como una de sus zonas de disputa y que podemos avizorar como una zona de quiebre a futuro. Esto está relacionado especialmente con el futuro de la Antártida, pero también con el pasaje bi oceánico que une al Atlántico con el Pacifico y su eventual revalorización como ruta comercial, desde la evaluación concreta de este escenario los medios que Argentina necesita, implican desarrollar capacidades Anti-Acceso y de Denegación de Área, (A2/D2) no solo recuperando nuestra dolorosamente perdida capacidad submarina, sino también a través de la adquisición de medios menos costosos pero también eficientes como VANT aéreos y navales, la radarización del espacio terrestre y marítimo, etc.

Con esta misma lógica debemos evaluar todos los escenarios posibles, categorizarlos, darles una escala de prioridades estratégicas y avanzar en el reequipamiento con una lógica eficiente sin perder la visión del largo plazo. Tenemos la oportunidad de iniciar un plan de reequipamiento que puede ser clave para el futuro del país en la próximas décadas, pero ello implica tener muy presente que hay adquisiciones que demoran, o que puede resultar costosas en la actualidad pero cuya utilidad se amortizará en mucho años a futuro y evitar incorporar capacidades que cubran las necesidades actuales pero nos lleguen al límite de la obsolescencia. Es decir, tenemos que tener muy presente el ciclo completo de vida útil de los sistemas y/o elementos adquiridos incluyendo el costo de incorporación, mantenimiento, operación, modernización y desprogramación.

Para esto es fundamental hacer hincapié en el componente tecnológico y en la capacidad dual, (que puedan cumplir tareas de combate pero también de reconocimiento, detección y control) como por ejemplo la adquisición de armamento guiado, el desarrollo de vehículos aéreos no tripulados y radares; como ya se ha mencionado.
Por último es fundamental tener presente no solo la necesidad sino las ventajas implicadas en movilizar la industria nacional para la defensa, tanto por las obvias ventajas de la autonomía en materia de producción de sistemas de armas, sino también por sus externalidades positivas como la generación de empleo y el impulso a la actividad económica.

ZM – ¿Cuáles deberían ser los aliados naturales de la Argentina en el contexto mundial y qué ámbitos de cooperación cree que se pueden profundizar?

MA – Estoy tentada a contestar que no existen aliados naturales, pero por supuesto si existen fuertes incentivos, políticos, geopolíticos, económicos, ideológicos (etc.) al establecer determinados marcos de alianzas. Estos incentivos pueden mutar en función de los cambios en la estructura del sistema internacional, y de múltiples vectores. Pero hay algunos que suelen mantenerse invariables, por lo menos desde una lectura geopolítica clásica, y eso son los incentivos a las alianzas regionales.
Argentina necesita reconstruir una alianza amplia en la región suramericana, extensible a Latinoamérica, que apueste al mantenimiento de la zona de paz como primera prioridad estratégica y a la construcción de un posicionamiento conjunto de cara a la transformación del orden mundial y su sistema de gobernanza global. Esto se encuentra muy bien elaborado en el libro blanco del 2010, Argentina entiende su relacionamiento con el mundo desde una lógica de círculos concéntricos que empieza por la región y se expande hacia el sur global, sin dejar de tener en cuenta a los socios “clásicos” o tradicionales.

Este este sentido tenemos mucho para ganar si logramos articular una política común en materia de defensa en la región, pero no solo desde la lógica de “recrear” instancias institucionales regionales como el CDS –Consejo de Defensa Suramericano-, sino especialmente desde la apuesta por definir de forma conjunta cuáles son los activos estratégicos que creemos que debemos defender como región. Volver a preguntarnos qué queremos defender, pero en términos colectivos, resulta fundamental ya que si las respuestas son coincidentes (por ejemplos tanto Brasil como Argentina consideran una prioridad la defensa estratégica del Atlántico Sur frente a los movimientos de potencias extra regionales que actualmente detentan el poder naval en la zona) entonces los incentivos para llevar adelante políticas comunes (por ejemplo un patrullaje conjunto de zonas aledañas, incorporando incluso a Uruguay) aparece como una política “natural” o por lo menos razonable y deseable.

Estos puntos de confluencia, si los encontramos y aprovechamos, podrían redundar en un círculo virtuoso de aumento de la confianza mutua que no solo reforzaría, por sí mismo, la zona de paz, sino que haría más eficiente y efectiva la inversión de cada uno de los países dentro de una lógica regional complementaria. No soy ingenua y sé que este tipo de acercamientos son complejos, especialmente en la configuración política actual de la región, pero se trata de ver más allá de la coyuntura gubernamental y poder diseñar confluencias basadas en la identificación de los intereses comunes.

Por último es indispensable señalar que Argentina afronta una seria restricción en sus posibilidades de reequipamiento que deviene del veto permanente del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, por lo que necesitamos pensar de forma muy inteligente nuestros relacionamientos internacionales en materia de defensa, no solo con los socios clásicos, sino también innovando en el marco de las posibilidades de la cooperación sur-sur y con los nuevos emergentes de la política internacional, buscando fortalecer las dimensiones autónomas y cooperativas de la política de defensa nacional.

ZM – ¿Cómo evaluaría usted la percepción actual de la ciudadanía sobre el rol de las Fuerzas Armadas?

MA – Actualmente, y como dejó a la luz el Operativo General Belgrano, las Fuerzas Armadas Argentinas se están reencontrando con su lugar en la sociedad, y la sociedad argentina con ellas. En este necesario reencuentro tienen que ver no solo el hecho de que las nuevas generaciones se han formado íntegramente en democracia. Sino también el proceso de Memoria Verdad y Justicia que se dió luego de la derogación de las leyes del perdón (obediencia debida y punto final) y la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad. Esa política firme por la memoria y la justicia comenzó a cerrar la grieta abierta entre el pueblo argentino y sus fuerzas armadas.

Sin embargo queda un largo camino por delante en el cual el debate público por las cuestiones relacionadas con la defensa nacional cumplirá un rol fundamental, en este sentido considero que la creación de la UNDEF -Universidad de la Defensa Nacional- es clave para fomentar que los temas vinculados a la defensa se impregnen en la sociedad toda y con ellos la legitimidad de las fuerzas armadas en su justo rol en nuestro país, tanto en el cumplimiento de sus misiones subsidiarias en las cuales han demostrado una enorme profesionalidad, así como en su misión principal basados en el firme compromiso de su conducción actual con el sistema democrático.

ZM – ¿Cuáles son los consensos básicos que usted podría compartir y considerar con sus pares académicos, superando las diferencias de ideologías y posiciones políticas a la hora de pensar la Defensa Nacional?

MA – Como mencione antes, el conocido Consenso Básico de la Defensa, que incluye la diferenciación de la defensa nacional y la seguridad interior y la estricta vigencia del gobierno civil de la defensa, se mantiene vigente no solo desde la academia, donde las voces y visiones son múltiples y amplias, sino que nació de un fuerte acuerdo político en la vuelta a la democracia, que se refleja en el plexo normativo nacional y que abarca a los sectores mayoritarios de la sociedad civil argentina y de la comunidad de la defensa en general (académica, profesional, civil y militar).

Sin embargo y partiendo de esa base, en términos académicos se mantienen vigentes muchos debates, como el que se abrió en torno a la directiva de la defensa nacional sancionada por el Gobierno de Mauricio Macri, y derogada por el Gobierno de Alberto Fernández, acerca de la naturaleza de la amenaza exterior a la que Argentina debe orientar su política de defensa, y muchas otras cuestiones relacionadas con las misiones subsidiarias de las Fuerzas Armadas.

Sin embargo, hay un segundo acuerdo general que tiene que ver con la necesidad de actualizar nuestra doctrina y nuestras capacidades para adaptarlas a los tiempos que vienen (aunque ello implique la apertura de un debate complejo pero necesario) y que se requiere de mayor inversión en capacidades materiales para la defensa nacional.

Lo que sí considero fundamental es lograr los ámbitos para efectuar estos debates académicos y políticos en torno a la definición de los activos estratégicos que tenemos que defender por un lado, y en la proyección de la evolución de los escenarios de seguridad internacional en el futuro inmediato, por otro, a fin de generar un consenso que también abarque un marco de alianzas y la definiciones acerca de la inversión en capacidades en el largo plazo.

ZM – Pensando en el espacio académico como un asesor natural a la gestión política, ¿qué propuestas se le ocurren para cambiar, profundizar o mantener en la política de Defensa Nacional?

MA – Como en cualquier otra área estratégica para el Estado la articulación entre la gestión pública y la investigación académica y científico tecnológica es crucial. Desde esta óptica creo que hay múltiples puntos de encuentro que resultan fundamentales. Especialmente, en lo que refiere a mi área de expertise, considero que es clave una evaluación conjunta de la Política Exterior y de la dimensión internacional de la defensa enmarcada en un planeamiento estratégico integral que abarque no solo las eventuales alianzas en materia de seguridad internacional, sino también en torno a lo económico, lo productivo lo logístico e infraestructural, lo tecnológico etc. El FONDEF es un ejemplo práctico de en este sentido.

La articulación con Think Tanks que piensen en el largo plazo y trabajen de la proyección y actualización de escenarios estratégicos sería un insumo de gran relevancia en este sentido. En segundo lugar, la articulación más estrecha con los desarrollos científicos tecnológicos y de innovación con características duales es clave a fin de optimizar nuestras capacidades al tiempo que se contribuye con el desarrollo del país.

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17 COMENTARIOS

  1. Para un país como Argentina, que es el 8vo en extensión de territorio, el material aéreo es fundamental para cubrir la superficie. Una de las formas eficientes para vigilar la soberanía es poseer una fuerza aérea y un comando naval de aviación capacitados y completos para responder a la vigilancia e interceptación en tierra, aire y mar con velocidad. Actualmente no poseemos esa capacidad ni en una cuarta parte.

    • Con lo que ofrece Rusia Sistema 9s52 polyana + los radares + los antiaereos + los mig , Tendriamos todo el litoral maritimo medianamente controlado. y nos dan financiacion . El problema es si nos da el cuero , hay mucho para pagar.

      • Correcto rauldo, no creo que nos dé el cuero, hay países que tienen armamento como Su 30 mk y no tienen combustible para ponerlos a volar. Cuba siempre fué aliado Ruso y creo que sólo llegó a tener Mig 29 del año 70.

    • Habría una diferencia entre lo que es detección y vigilancia y lo que es concretamente interceptación de blancos; para lo primero estaríamos medianamente capacitados, para lo segundo no tanto ya que no contamos con qué responder. Tecnológicamente nuestro país cuenta con posibilidades de adquirir y manejar el material suficiente para la fabricación de drones, boyas, satélites, que son actualmente efectivos, pero a nivel de defensa carecemos de lo imprescindible para la custodia del territorio y dependemos en una enorme proporción de material extranjero.

  2. En mi opinión una de las mejores entrevistas en cuanto a lo urgente que necesita nuestro país,principalmente si uno se quiere adelantar 20 años a lo que se viene,radares y denegación de espacio.

  3. Excelente y esclarecedor. Esto es verdadera docencia, dificilmente «nuestros medios masivos de comunicación le dediquen una sola linea. Para desinformar y batir fantasmas son buenos, pero para generar consensos y nuevas visiones nada… (no puedo no nombrar a Infobae: verdadera contrainteligencia a favor de Usa/Reino Unido

  4. Si nos remontamos a los ultimos acontecimientos militares , es indudable la importancia del desarrollo de drones aereos y maritimos . se tendria que relanzar el proyecto SARA que sumado al desarrollo de tecnologia en radares y satelites nos pondria a la vanguardia en la region.
    Desconosco el alcanse del tratado firmado de no proliferacion de drones.

    Exelente la nota.

  5. Buen análisis. La política «defensiva» es una cuestión coyuntural, nuestro territorio es muy vasto y los medios necesarios para llevarla adelante cuantiosos. Claramente se requiere medios importantes para disuadir a potenciales agresores y respaldar la política exterior. Dicho esto: una cosa es defender nuestro territorio continental y otra muy distinta es poder defender nuestro mar territorial su espacio aéreo y submarino y la proyección a la Antártida, teniendo ocupadas las Islas Malvinas con una enorme base militar Inglesa/OTAN y habiendo perdido las Islas Picton, Lennox y Nueva en el laudo de 1978. Para poder ejercer disuasión creíble en dicho escenario los medios requeridos serían aún mayores pero además, eso exige, una capacidad de brindar apoyo logístico sostenido que solo puede lograrse si los medios empleados cuentan con producción propia en el pais y que no dependan de líneas de suministros distantes capaces de ser bloqueadas e interrumpidas haciendo inútil equipamiento costoso.
    Como se deduce de este breve análisis «haber hecho la plancha» casí 40 años no resulta gratis y va a llevar mucho tiempo y dinero lograr un poder disuasorio creíble.

  6. Bd. Excelente nota. La entrevistada deja claro lo q necesitamos hoy, para seguir avanzando. Tenemos empresas y RRHH para llevar adelante nuestra capacidad en UAV y desarrollos en ese sentido. No es entusiasmo lo q m invade sino q veo una reacción de parte de nuestros gobernantes en q toman conciencia q nuestros vecinos vienen avanzando año tras año en ocupar espacios q dejamos nosotros por impericia d quienes estaban en el poder. Soy apartidista pero entiendo q esta gestión está en el camino correcto. No quiero imaginarme si se transforma en realidad q nuestras gloriosas FAA se equipen acorde a nuevas tecnologías?? jajajjajajaj habrá varios vecinos preocupados en q mostremos los dientes !!! Es por acá el camino y es por acá donde se debe trabajar fuertemente. Felicitaciones a ZM por estas y otras notas q nos ponen en contexto a nosotros q lo único q queremos es q nuestro país ocupe, al menos en Sudamérica, el lugar q siempre debimos tener… abrazos

  7. Buena entrevista. Por favor dejar de repetir lo de «doctrina de defensa defensiva» que es una burrada en términos militares, doctrinarios y estratégicos, no existe defensa ni disuasión posible sin capacidad de ataque

  8. Todo muy lindo…pero al final del día solo se escuchan grillos y los Militares Argentinos siguen usando equipos con mas de cuarenta años, con riesgos de los que el Poder Político jamas se harán cargo…
    De hecho si hoy hubiera una agresión foránea (que ya la hay…y viene desde el Mar Argentino), nadie podrá hacer nada…pero NADA…por que nada funciona como debería…ademas NO HAY MEDIOS DE DEFENSA, el resto, solo son Cojones y buenas intenciones de parte de los Uniformados, Nada mas.

  9. Muchas Gracias a todos por sus comentarios y por haber leído la entrevista, agradezco y tomo en cuenta sus devoluciones y confío en qué habrá estudios para profundizar el debate, especialmente gracias a zona militar

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