Se ha solucionado el problema de la planta de propulsión en el USS Gerald R- Ford, el primero de una nueva clase de super portaaviones para la Marina de los Estados Unidos. Sin embargo, aún persisten algunos problemas. Para empezar, el nuevo portaaviones se encuentra muy por encima de su presupuesto, está retrasado en su entrega y aún persisten problemas en su desarrollo.

Los problemas con el sistema de propulsión del portaaviones aparecieron por primera vez en enero del año pasado durante las pruebas en el mar. Se identificó como un «defecto de fabricación». Los problemas se notaron nuevamente en mayo, sólo tres días después de que el barco zarpó para pruebas y evaluación, lo que lo obligó a regresar a su puerto de origen temprano.

Según, James Geurts, jefe de adquisiciones de la Marina, el programa requerirá de otros tres meses más para tratar los problemas con su planta de energía nuclear, los elevadores de armas y otras áreas no especificadas.

La Marina dijo que «los problemas de propulsión del Ford no estaban relacionados con los reactores nucleares en sí mismo, sino que los problemas residían en los componentes mecánicos asociados al convertir el vapor creado por la planta nuclear en fuerza que impulsa el barco a través del agua».

Si bien la finalización del trabajo en la planta de energía de Ford hace que el barco esté más cerca de regresar al mar, el portaaviones todavía tiene problemas con una pieza crítica de nueva tecnología: los elevadores de armas avanzadas. Los ascensores son necesarios para el movimiento de municiones a la cubierta de vuelo, el aumento de las tasas de salida de aviones y una mayor letalidad, pero se espera que solo unos pocos de los ascensores funcionen para cuando el barco regrese a la flota este otoño.

Los legisladores en el Congreso de los EEUU manifestaron su frustración sobre cómo la Marina está llevando el programa del nuevo portaaviones Clase Ford. «El barco fue aceptado por la Armada incompleto, casi dos años tarde, dos mil quinientos millones de dólares por encima del presupuesto, y nueve de las once armas aún no funcionan con costos que continúan creciendo«, dijo el senador Jim Inhofe, el republicano que preside el Comité de Servicios Armados del Senado, a fines del mes pasado.

«El Ford fue otorgado a un solo contratista», al que se le pidió que incorporara tecnologías sin madurar «que casi nunca habían sido probadas, y que nunca se habían integrado en un barco, como un nuevo radar, catapulta, equipo de detención y los elevadores de armas. La Marina firmó este contrato sin comprender el riesgo técnico, el costo o los problemas de entrega».

La Armada ha estado luchando por incorporar nuevas tecnologías en el barco, pero el servicio insiste en que está progresando con las catapultas y el equipo de detención utilizado para lanzar y recuperar aviones, sistemas que inicialmente tenían problemas. Los ascensores son actualmente el mayor obstáculo.

«Como primer barco de su clase, se esperaban algunos problemas», dijo la Marina en su reciente declaración sobre la finalización del trabajo relevante en el sistema de propulsión de Ford.

1 COMENTARIO

  1. En diciembre de 2005 EE.UU puso en servicio el primer caza de lo que Lockheed-Martin llama «quinta generación», para diferenciarlo de todos los aviones anteriores. La sumatoria de diferencias son tan notables, que el F-22 marca una barrera de comparación a partir del cual todos los cazas deben medirse. Es que no sólo posee características furtivas muy avanzadas (que ya se habían demostrado eficientes en el F-117), sino una cantidad de componentes que todos juntos determinan una aeronave de combate absolutamente superlativa con cualquiera que quiera medirse con ella. A tal punto ésto es así, que 14 años después de su puesta en servicio, no existe aún hoy avión operativo que pueda parangonarse. El F-22 era el prototipo (en servicio) del avión de combate del futuro. Su puesta en servicio no ha sido fácil, mucha de su tecnología aún restaba resolver numerosas cuestiones operativas y de compatibilidad, que con el tiempo se han ido ordenando, pero el costo económico de semejantes avances aún se están pagando. Una situacion similar sufre el F-35, aunque en este caso, Lockheed-Martin se las ha ingeniado para que los costes no los pague solamente EE.UU sino entre todos sus socios y usuarios. El «Gerald R. Ford» es el portaaviones del futuro, y sus costos son también astronómicos. Exteriormente pareciera una copia algo modificada y alargada unos metros de la anterior clase «Nímitz», pero la mayoría de sus componentes son tan distintos como lo eran los del F-22 comparados con los del F-15. Su tecnología es absolutamente diferente, hecho que se explicita en que su tripulación es casi un 20% menor. La nave posee más de 20 sistemas de nueva tecnología que reemplazan sistemas anteriores. Empezando por su planta nuclear de nuevo diseño y mayor rendimiento, asociado a un sistema de generación eléctrica de más de 100 MW, necesaria para operar el nuevo sistema de lanzamiento de aeronaves electromagnético (EMALS), y generar potencia a las futuras armas láser, que reemplazarán a los misiles AA/AM de defensa puntual actuales (RIM-162 ESSM, RIM-116 RIM y CIWS Phalanx). Siguiendo con el nuevo sistema de detención avanzado (AAG), que asegura la detención de las aeronaves, incluido drones, de una manera más eficiente y segura, con menores cargas asociadas a la estructura de las aeronaves. Asimismo su electrónica, aunque es material secreto y sólo se conocen algunos de sus sistemas, es completamente nueva y deriva de aquella desarrollada para los buques furtivos, incluido el sistema Aegis (AN/SPY-3) y data link. Su obra muerta incluye algunas características furtivas de tipo activo que son, asimismo, poco divulgadas, e incluye blindajes compuestos, asimismo de carácter clasificado. Finalmente, la automatización y racionalización de sistemas, y la reducción de personal, así como las instalaciones de control de vuelo (isla) más pequeñas y situadas más a popa, entre otras, ha permitido el embarque de hasta 90 aviones de combate y la capacidad de vuelo superior a 200 al día, con un márgen sostenido de alrededor de 150 salidas de combate. Esta capacidad, pocas fuerzas aéreas «terrestres» la pueden disponer y sostener. Todo esto hace que el «Ford» cuando esté plenamente operativo, será una máquina de combate realmente formidable, y la US Navy sostiene que su costo operativo será significativamente menor al de las clases anteriores. Por el momento el congreso ha autorizado la compra de dos portaaviones más de esta clase; pero la marina norteamericana pretende reemplazar uno por uno a sus diez portaaviones de la clase «Nímitz» por estos leviatanes… Los portaaviones del futuro… Hoy.

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