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Malvinas por alguien que sabe
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<blockquote data-quote="Brunner" data-source="post: 204962" data-attributes="member: 70"><p><strong>c. Hasta el 23 de mayo:</strong></p><p></p><p>Como aquello no fue, no cabía sino esperar que el enemigo se aproximara para efectuar su desembarco. La espera debía ser prudente. Sin malgastar ni buques ni aviones, ni desplegar tropas a la intemperie, hasta el momento preciso que comenzara la operación anfibia adversaria. Lo menos aconsejable para la defensa era adoptar posiciones estáticas para una guerra de trincheras tipo 1914. Además era casi obvio que los ingleses no iban a poner en riesgo completo su desembarco atacando la fortificada capital, por el mar, desde el sureste. Lo lógico y natural era que procuraran un desembarco tranquilo en algún puerto no muy distante, seguido de una campaña terrestre de aproximación a la capital desde el noroeste. ¿Cuál sería el sitio elegido por los británicos...? Eso no se podía saber. Pero, tampoco es cierto que los ingleses pudieran elegir entre veinte o cien lugares, de modo que resultara imposible fortalecer todos ellos. En verdad, sólo tres sitios eran los previsibles: Fitz Roy, Bahía de la Anunciación y San Carlos. El Grl. Brig. Alfredo Sotera, en el "Resumen Especial de Inteligencia" nº 7/82, II E, del 17 de abril, así se lo hizo saber al Grl. Menéndez. Esa prioridad fue compartida por el Cap. Nav. Moeremans, por el Calte. E. Otero, y por el propio jefe de Inteligencia del Grl. Menéndez, el My. C. Doglioli. En San Carlos desembarcaron el 21 de mayo. Ese puerto no había sido protegido convenientemente. En todo caso: ¿se trataría de una maniobra diversiva, mientras se reservaban su operación anfibia principal...? La respuesta a ese interrogante la dio el nivel E Op (Dpto. II-Cdo TOAS), el 22/23 de mayo. Le informó al Grl. Menéndez que: "los ingleses habían ejecutado su operación anfibia principal". En consecuencia, no cabían ya más especulaciones acerca de operaciones de diversión. Luego, la oportunidad del contraataque era ésa y no otra. Eso es lo que no se hizo; y los pretextos justificatorios de los jefes tácticos han sido casi infinitos. El Calte. Carlos Büsser juzga que: "Se perdió la oportunidad favorable y ella no apareció nunca más" ("Malvinas, la guerra inconclusa", Bs. As., Fernández Reguera, 1987, p. 247). Los británicos coinciden con él: "El error más serio de todos se cometió el 21 de mayo... el conflicto pudo haber sido ganado (o perdido) en esos días claves... los argentinos habían dejado pasar una de las mejores oportunidades de ganar la batalla terrestre" ("La guerra de Malvinas", cit., fascículos nº 18, ps. 287, 288, y nº 11, p. 172; cfr. Hastings, M. y Jenkins, S., op. cit., ps. 250, 205, 241, 252, 345; Bishop, Patrick y Witherow, John, "La guerra de invierno. Las Malvinas", Bs. As., Claridad, 1986, ps. 20, 84; Tompson, Julian, op. cit., ps. 75, 81, 115). Los peritos norteamericanos son del mismo parecer (Charles W.J. Koburger Jr., "Sea power in the Malvinas", N. York, 1983, p. 65; Norman Friedman, "The Malvinas War: Lessons and Mislearned", 1983; Bryan Perret, "Weapons of the Malvinas Conflict", 1983, p. 14). Militares de otros países sustentan ese criterio (Jorge Álvarez Cardier, "La guerra de las Malvinas. Enseñanzas", Caracas, 1982, p. 154; Abel Gamundi Insúa, "¿Qué sucedió en la Argentina?", Madrid, marzo 1983, p. 519; E.H. Dar, "Estrategia en la guerra de las Malvinas", 1983, ps. 476, 478). También adhieren a él los historiadores argentinos (Com. R.O. Moro, op. cit., ps. 330, 344; Isidoro J. Ruiz Moreno, "Comandos en acción. El Ejército en Malvinas", Bs. As., Emecé, 1986, ps. 101, 99, 178, 317-318; Vicente Gonzalo Massot y Alejandro Enrique Massot, "Malvinas. Análisis de una derrota", 1983, p. 12). Se podría estimar que ésos son juicios intelectuales formulados con posterioridad a los hechos. No obstante, la decisión operativa de contraatacar está ya contenida en la orden del CEOPECON, firmada por el Grl. Div. Olvaldo García, el 26.5.82. Y, por fin, existen los reiterados pedidos del jefe del BIM 5 Cap. Frg. IM Carlos Hugo Robacio para que se le permitiera atacar la cabeza de puente en San Carlos, que fueron denegados. A ese propósito ha escrito el ahora Calte. (R) Robacio que la idea del "desembarco anfibio y/o helitransportado" sobre la capital predominó "en forma casi obsesiva", y que tal postura gobernaría "toda la acción militar con sus lamentablemente magnificadas y negativas consecuencias". Ha indicado que con el Tte. Cnl. Villegas intentaron convencer al mando táctico de que estaba en un error, y que debía considerar como "uno de los lugares más probables y desprotegidos, San Carlos", como sitio de desembarco. A lo que añade: "Es conveniente aclarar que esta capacidad enemiga (la del eventual desembarco en San Carlos) no era un mérito ni descubrimiento nuestro, estaba claramente expresada, pero en último término, en las apreciaciones de los Comandos Superiores"</p><p></p><p> ("Desde el frente. Batallón de Infantería de Marina Nº 5", Bs. As., Instituto de Publicaciones Navales, 1996, ps. 77, 79, 80). Para concluir: "Siempre que quisimos adelantar refuerzos y/o modificar el dispositivo, no se nos concedió; en caso contrario, tal vez se hubiera luchado mucho más eficazmente" (op. cit., p. 81). Por nuestro lado entendemos que la eficacia combativa se hubiera acreditado con una orden tajante y definitiva: la de jugarse el todo por el todo en San Carlos. Tal cual lo aconsejara el Mariscal Rommel frente al desembarco en Normandía. Luego, había que concentrar todo el poder de fuego argentino, combinado y masivo, para caer en el estuario de San Carlos, en procura de una definición completa. El ARA, con sus corbetas 69, con sus submarinos 209, con sus lanchas "Intrépida" e "Indómita", y con su fuerza aeronaval. La FAA, con los 100 aviones de combate (equipados hasta donde se pudiera con lanzas para tomar combustible, desde unos cuatro cisternas KC-130), con bombas con sus espoletas "snakeyes", con torpedos y con napalm, para lanzarse sobre los buques de transporte y lanchas de desembarco de tropas. Evitando -con un buen diseño de las avenidas de aproximación- el contacto con las líneas de piquetes y de escudo de las fragatas y destructores ingleses. Mientras esto sucedía, los SUE sacudirían sus Exocet contra los buques mayores de la Task Force, procurando averiar algún portaaviones. A su vez, los M-III-E, con sus misiles Magic 550, aunque en notoria inferioridad, deberían jugarse en función de caza protectora contra las PAC de Harrier. En ese contexto bélico, las fuerzas de tierra deberían avanzar hacia San Carlos. Los 50 helicópteros artillados (y los 3 Chinook) del EA deberían transportar, sin perder un minuto a las unidades de élite hasta los montes Sussex y cerro Bombilla, para impedir la consolidación de la cabecera de puente. Simultáneamente, el resto de la tropa debería emprender la marcha hacia Camila House, Douglas Paddock y Caleta Trullo (Teal Inlet). Lo importante, lo decisivo, es que entre la mañana del 21 de mayo y el atardecer del 23 de mayo, antes de la instalación de las baterías de Rapier en los cerros aledaños, la Argentina concentrara en esa zona un potencial bélico desequilibrante. Ahí se vería si podríamos o no ganar.</p><p></p><p><strong>d. Hasta el 11 de junio:</strong></p><p></p><p>No se hizo aquello. Toleramos, plácidamente, el establecimiento de la cabecera de playa británica. Sin embargo, la guerra todavía no estaba perdida. Si se hostilizaban las fuerzas invasoras, o se impedía o demoraba su avance hacia Puerto Argentino, la suerte del lance entraría en la balanza. Con base de partida en Darwin, por el SO, y en Caleta Trullo (Teal Inlet), por el NE, se podía bloquear y desarticular la vanguardia enemiga. No se hizo. Por lo cual el jefe de la 3ª Brig. Cdo. RM, Julian H. Tomson escribe: "A esta altura de la operación era inconcebible para cualquier integrante de la Brigada que los argentinos no montaran por lo menos un ataque de hostigamiento" (op. cit., p. 115). El "Informe Oficial" del EA, el Grl. Brig. (R) J.T. Goyret, el Cnl. F. Cervo, el Grl. Div. M.B. Menéndez y el Grl. Brig. Oscar Luis Jofre, han explicado largamente los motivos que tuvo el Cdo. de la GMM para no operar ofensivamente. En un artículo de síntesis como es éste, no podemos efectuar un análisis pormenorizado de esas exposiciones. Limitémonos a consignar que ninguno de esos argumentos nos resultan convincentes. Un buen resumen, al que adherimos, es el que dio el Alte. US Harry Train, cuando aseveró: "Yo creo que Uds. (los argentinos) podrían haber vencido en Pradera del Ganso, y si hubiera sido así, se habría frenado el avance británico. Podrían haber destruido las segundas tropas aerotransportadas en Fitz Roy, si los líderes del Ejército no hubiesen decidido retener a la infantería de Marina. Si se hubiese hecho cualquier cosa para frenar el avance de los británicos, los británicos hubiesen perdido, porque la Flota había agotado su capacidad de autosostén, en función del Ejército que estaba luchando en las Islas... Durante la guerra, los dos hechos claves fueron la capitulación en Pradera del Ganso (Goose Green), y el no atacar los argentinos en Fitz Roy... <strong>La rendición de las tropas argentinas en Pradera del Ganso (Goose Green) se produjo justamente cuando el jefe británico se consideraba en el límite de su capacidad para seguir combatiendo</strong>" (op. cit., ps. 76, 53). El más neto de esos sucesos es el de Fitz Roy, luego que la aviación argentina descalabró al B 1 Welsh Guards en Bahía Agradable. Anota el Calte. C. Büsser: "el éxito logrado por los aviones argentinos no pudo ser aprovechado como lo indica la doctrina militar... En consecuencia, los británicos pudieron recuperarse" (op. cit., ps. 304-305). Apunta el Com. R.O. Moro: "Si las fuerzas del General Menéndez no se hallaban en condiciones de atacar a una desorganizada y desarticulada cabecera de playa británica, distante menos de 20 km de sus líneas de avanzada, muy difícilmente podrían defenderse a sí mismas cuando sobreviniese el ataque final" (op. cit., p. 467). Por su parte, el Cap. Frg. C.H. Robacio ha contado cómo peticionó combatir con su BIM 5 a los ingleses desarticulados en Hoya Chasco (Bluff Cove), y cómo le fue denegado el permiso (op. cit., p. 185). Cuando menos, se debió mover las dos piezas de SOFMA 155 mm., con sus Unimog a oruga, por el camino asfaltado desde Sapper Hill hasta Pony´s Pass, desde donde quedaban en alcance (16 km) sobre Hoya Chasco (Bluff Cove), sitio desde donde operaban el B 2 Scots Guards y la mitad salvada del B 1 Welsh Guards. Nada de eso se hizo, y las dos cabeceras de playa quedaron afianzadas, convergiendo en pinzas la IIIª y Vª Brig. Británicas sobre Puerto Argentino. </p><p></p><p><strong>e. Hasta el 14 de junio:</strong></p><p>Consentida aquella aproximación enemiga, la batalla de cerco es lo que restaba. A tal efecto, el mantenimiento de la primera línea de alturas del arco concéntrico montañoso, con perno clave en el monte Kent (cerros Estancia, Challenger y Wall), era fundamental. Si esa línea se perdía por los argentinos, sostiene el Brg. J. Thompson, "el enemigo estaría copado en Puerto Argentino" (op. cit., p. 160). "Parecía imposible -añaden Hastings y Jenkins- que los argentinos no respondieran a esta amenaza a su seguridad". No lo hicieron, y los ingleses lograron "un dominio estratégico decisivo" (op. cit., ps. 286, 288). En lugar de esas alturas, de un promedio de 350 m., se bajó a una segunda línea montañosa (Montes Harriet y Dos Hermanas (Two Sisters)), de 250 m. de promedio de altura. Se han aducido diversos motivos para ese desafortunado movimiento táctico. Uno, el problema de transitabilidad y aprovisionamiento. Sobre este punto anota Robacio: "No estamos de acuerdo en la exagerada intransitabilidad del terreno, puesto que había dos vías al norte y al sur (caminos secundarios, pero consolidados) y terreno adyacente que permitía efectuar desplazamientos de vehículos livianos" (op. cit., p. 186). Otro argumento nace del alcance de nuestros cañones 105 mm., que obligaría a no alejarse demasiado de su protección. Sin embargo, dice Robacio: "Para colmo de males, este último aspecto (el déficit de alcance) se incrementó, pues ambos grupos de artillería (influenciados por las carencias de movilidad) se ubicaron en la última posición posible, en proximidades de la localidad, lo que sólo les permitiría llegar a no más de 500 metros delante de los Montes Harriet y Dos Hermanas (Dos Hermanas (Two Sisters)), con máxima carga... En realidad, la artillería durante el combate se debe adelantar para ganar espacio y alcance..." (p. 166). Atrasada la artillería, todo se atrasó, y se perdió el dominio de las alturas. Para el comando táctico eso no tenía mayor importancia, desde que no creía que el ataque viniera del noroeste, sino del sureste. Ya en su momento lo había anunciado Robacio de esta forma: "El concepto de acción anfibia, combinado con la posibilidad de un ataque vertical en proximidades de Puerto Argentino, fue la idea obsesiva e inalterable hasta el desenlace final" ("El Batallón de Infantería Nº 5 en las Malvinas", Bol. Centro Naval, nº 735, p. 145). Tres regimientos, de los seis de que se disponía, se sacrificaron a esa quimera de la operación helitransportada y anfibia por el sur. Las operaciones reales inglesas fueron, como era lógico, maniobras clásicas de dominio del terreno y de concentración de la potencia de fuego sobre los puntos débiles de la defensa, y no la fantasía de ciencia-ficción que imaginaba el comando argentino. Ahora insiste Robacio: "...hicimos una guerra vieja, esperando a pie firme, abroquelados, esperando, siempre esperando ser atacados, en lugar de ir al encuentro del enemigo... El dispositivo defensivo del área de Puerto Argentino fue previsto para rechazar una capacidad concretamente anfibia del enemigo, pensando además que la misma se desarrollaría en horas de luz. Resultó una verdadera sorpresa para el Mando Superior el desembarco del enemigo durante la noche y en una zona no prevista. Prácticamente, el oponente avanzó hasta establecer el cerco sin resistencia... ...lamentablemente se mantuvo el mismo dispositivo, las Unidades que debían haber adelantado e intentado la ocupación del Kent y el Challenger, que estaban a una distancia de 16/18 kilómetros, tramos de terreno relativamente corto para hacerlo a pie. Además, no es cierto que no se contara con vías de acceso adecuadas para alcanzar esos lugares... ...se le regaló al enemigo todo el terreno lindante" ("Desde el frente", cit., ps. 445, 449, 451, 456). En esas condiciones empezó la batalla. La primera fase de ataque (11.6.82) se efectuó en tres puntos: 1º) Mte. Logndon, donde el B Par 3 (+ 600 efectivos) luchó contra la Ca B del RI 7 (278 hombres). 2º) Mte. Dos Hermanas (Two Sisters), donde el B 45 Cdo RM (+ 600) enfrentó a la Ca C RI 4 (200 hombres). 3º) Mte. Harriet, donde el B 42 Cdo RM (+ 600) combatió contra la Ca B RI 4 (300 hombres). Es decir, que alrededor de 4.000 británicos atacaron a sólo 800 argentinos. ¿Por qué...? Porque los RI Mec 3, RI Mec 6 y el RI 25 continuaron desplegados en reserva, a la espera del supuesto desembarco anfibio y helitransportado por el SE... Como apunta el Com. R.O. Moro: "sólo combatió menos del 50 % de los efectivos terrestres argentinos desplegados a Malvinas, mientras que las fuerzas terrestres británicas fueron empleadas en su totalidad, marcando una diferencia no simplemente cualitativa, sino cuantitativa" (op. cit., p. 501). Todavía, con un despliegue neto hacia el NO las tres unidades que combatieron pudieron haber frenado al enemigo. Pero el sistema de puntos fuertes a 360 grados, impidió que se concentraran los defensores en el sitio de ruptura. Así, en el Monte Longdon, los 600 paracaidistas británicos cargaron contra los 40 hombres de la sección primera de la compañía B del regimiento 7 de infantería, mandada por el subteniente Juan Domingo Baldini, quien con sus tropas aguantó el embate hasta morir. Algo similar aconteció en la 2ª fase (12/13.6.82) del ataque. Pero, aquí hubo una gran diferencia, constituida por el BIM 5. El hecho ocurrió en el Monte Tumbledown, cuya ocupación estaba a cargo de la Guardia Escocesa. Fue tal la derrota que padecieron inicialmente los británicos allí que el Tte. Robert Lawrence, que quedó lisiado, narró que el Cap. James Stuart lo instó a que abandonara el asalto al monte y que disparara contra cualquiera que les impidiera retirarse de la batalla. Con ese libreto se hizo un guión de televisión pasado por la BBC; que fue objeto de censura oficial, cortándose cien palabras del texto original, para evitar que el mito de la invencibilidad británica se hiciera añicos (ver: "Después de la batalla. Tumbledown", Bs. As., REI, 1989). Pasada la noche del 13 de junio, el comandante del BIM 5 decidió el repliegue hacia el monte Sapper Hill, para planificar el contraataque. A ese efecto reclamó al Comando Malvinas municiones y refuerzos. Por dos veces se le ordenó cesar en el combate. A la tercera, armas al hombro, el BIM se retiró hacia Puerto Argentino. Pero, todavía a las 14.15 hs. del 14 de junio, la retaguardia del repliegue tomó contacto con una formación enemiga de 8 helicópteros. El jefe de esa retaguardia, guardiamarina Alejandro Koch, ordenó abrir fuego. Murieron 3 de sus conscriptos y uno quedó herido. Los británicos tuvieron alrededor de 40 muertos y 2 helicópteros abatidos. Ahí terminó la batalla. Es importante hacer notar que mientras el BIM 5 se replegaba en orden, el Comando de Malvinas ya se había rendido. En efecto, y tal como lo ha documentado Armando Alonso Piñeiro ("Historia de la guerra de Malvinas", Bs. As., Planeta, 1992, p. 207), a las 09.50 del día 14 de junio el Comandante insular había dado la orden de deponer las armas; a las 10.00 hs. se había producido la conferencia entre los Grls. Moore y Menéndez; a las 10.30 se había reiterado la orden de rendición; y a las 13.40 se había izado la bandera británica en el mástil de la Gobernación. Con esa cronología, no controvertida, se explica muy bien esta anotación del Cap. Nav. Siro de Matini: "En el mes de junio de 1982 el General Menéndez, que fuera Gobernador y máxima autoridad militar en Malvinas, solicitó por intermedio del Comandante en Jefe del Ejército, General Nicolaides, una sanción para el Comandante del BIM 5 por "haber continuado combatiendo cuatro horas, a pesar de haber recibido la orden de deponer las armas" (Bol. Centro Naval, cit., p. 96). El empeño en el combate fue objeto de sanción disciplinaria. La conducta de ambas partes en el conflicto armado ha sido juzgada por personas bien competentes para ello. El Alte. US H. Train ha escrito que los británicos: "habían agotado sus armas antisubmarinas, habían agotado sus armamentos para la guerra antiaérea, habían agotado la mayoría de las municiones de sus cañones, y comenzaban a sufrir fallas mecánicas... El Alte. Sandy Woodward le dijo al Comandante de la Fuerza Terrestre (Grl. J. Moore) que debía llegar a Puerto Argentino para el 14, y si no, lo iban a sacar de la Isla. Entonces cualquier cosa que hubiese frenado este avance, hubiese ganado la guerra" (op. cit., ps. 79, 76). Los dos jefes ingleses aludidos por Train, lo han corroborado. El Alte. "Sandy" Woodward escribió en su diario, el 13 de junio: "Estamos ya al límite de nuestras posibilidades, con sólo tres naves sin mayores defectos operativos... De la fuerza de destructores y fragatas, el cuarenta y cinco por ciento está reducido a capacidad cero de operar... Ninguno de los tipo 21 está en condiciones... Todos están cayéndose a pedazos... Francamente, si los argentinos pudieran sólo respirar sobre nosotros, ¡nos caeríamos! Tal vez ellos están igual. Sólo cabe esperar que así sea, de otra manera, estamos listos para la carnicería" (op. cit., ps. 339-340). Y ahora formula un juicio categórico. Dice estar agradecido "por la incompetencia de su defensa", y: "No habría significado un gran esfuerzo de su parte estirar la campaña durante unos diez días más, y eso habría terminado con nosotros, no con ellos" (op. cit., p. 345). El Comandante de la Land Force, Grl. RM Jeremy Moore, declaró lo siguiente: "Entramos raspando... Si los argentinos resistían cinco minutos más, nosotros no podíamos resistir esos cinco minutos... Todavía sigo sin entender por qué se rindieron. Yo no esperaba que la rendición se diera en el momento que se dio. Al finalizar los combates muchos de mis cañones más grandes tenían menos de 20 proyectiles cada uno... El duque de Wellington afirmó después de la batalla de Waterloo: "¡Nos hemos salvado por un pelo!" ¿Puede decirse lo mismo de esta campaña? - Sí, realmente lo hemos logrado por un pelo" ("La Nación", Bs. As., 27.6.82, p. 2; Robert Fox, "Reflexiones de Posguerra", en: "Gente", Bs. As., nº 891, 19.8.82; "Los ingleses hablan de la guerra", 1983, p. 18). En suma, dijo Moore, él fue a parlamentar con Menéndez "como quien va a jugar al póker con una mano pobre de naipes" ("La Prensa", Bs. As., 1.4.86, p. 7). No se resistió lo suficiente, y se perdió. Si se hubiera resistido... Pero eso es lo que no fue.</p></blockquote><p></p>
[QUOTE="Brunner, post: 204962, member: 70"] [B]c. Hasta el 23 de mayo:[/B] Como aquello no fue, no cabía sino esperar que el enemigo se aproximara para efectuar su desembarco. La espera debía ser prudente. Sin malgastar ni buques ni aviones, ni desplegar tropas a la intemperie, hasta el momento preciso que comenzara la operación anfibia adversaria. Lo menos aconsejable para la defensa era adoptar posiciones estáticas para una guerra de trincheras tipo 1914. Además era casi obvio que los ingleses no iban a poner en riesgo completo su desembarco atacando la fortificada capital, por el mar, desde el sureste. Lo lógico y natural era que procuraran un desembarco tranquilo en algún puerto no muy distante, seguido de una campaña terrestre de aproximación a la capital desde el noroeste. ¿Cuál sería el sitio elegido por los británicos...? Eso no se podía saber. Pero, tampoco es cierto que los ingleses pudieran elegir entre veinte o cien lugares, de modo que resultara imposible fortalecer todos ellos. En verdad, sólo tres sitios eran los previsibles: Fitz Roy, Bahía de la Anunciación y San Carlos. El Grl. Brig. Alfredo Sotera, en el "Resumen Especial de Inteligencia" nº 7/82, II E, del 17 de abril, así se lo hizo saber al Grl. Menéndez. Esa prioridad fue compartida por el Cap. Nav. Moeremans, por el Calte. E. Otero, y por el propio jefe de Inteligencia del Grl. Menéndez, el My. C. Doglioli. En San Carlos desembarcaron el 21 de mayo. Ese puerto no había sido protegido convenientemente. En todo caso: ¿se trataría de una maniobra diversiva, mientras se reservaban su operación anfibia principal...? La respuesta a ese interrogante la dio el nivel E Op (Dpto. II-Cdo TOAS), el 22/23 de mayo. Le informó al Grl. Menéndez que: "los ingleses habían ejecutado su operación anfibia principal". En consecuencia, no cabían ya más especulaciones acerca de operaciones de diversión. Luego, la oportunidad del contraataque era ésa y no otra. Eso es lo que no se hizo; y los pretextos justificatorios de los jefes tácticos han sido casi infinitos. El Calte. Carlos Büsser juzga que: "Se perdió la oportunidad favorable y ella no apareció nunca más" ("Malvinas, la guerra inconclusa", Bs. As., Fernández Reguera, 1987, p. 247). Los británicos coinciden con él: "El error más serio de todos se cometió el 21 de mayo... el conflicto pudo haber sido ganado (o perdido) en esos días claves... los argentinos habían dejado pasar una de las mejores oportunidades de ganar la batalla terrestre" ("La guerra de Malvinas", cit., fascículos nº 18, ps. 287, 288, y nº 11, p. 172; cfr. Hastings, M. y Jenkins, S., op. cit., ps. 250, 205, 241, 252, 345; Bishop, Patrick y Witherow, John, "La guerra de invierno. Las Malvinas", Bs. As., Claridad, 1986, ps. 20, 84; Tompson, Julian, op. cit., ps. 75, 81, 115). Los peritos norteamericanos son del mismo parecer (Charles W.J. Koburger Jr., "Sea power in the Malvinas", N. York, 1983, p. 65; Norman Friedman, "The Malvinas War: Lessons and Mislearned", 1983; Bryan Perret, "Weapons of the Malvinas Conflict", 1983, p. 14). Militares de otros países sustentan ese criterio (Jorge Álvarez Cardier, "La guerra de las Malvinas. Enseñanzas", Caracas, 1982, p. 154; Abel Gamundi Insúa, "¿Qué sucedió en la Argentina?", Madrid, marzo 1983, p. 519; E.H. Dar, "Estrategia en la guerra de las Malvinas", 1983, ps. 476, 478). También adhieren a él los historiadores argentinos (Com. R.O. Moro, op. cit., ps. 330, 344; Isidoro J. Ruiz Moreno, "Comandos en acción. El Ejército en Malvinas", Bs. As., Emecé, 1986, ps. 101, 99, 178, 317-318; Vicente Gonzalo Massot y Alejandro Enrique Massot, "Malvinas. Análisis de una derrota", 1983, p. 12). Se podría estimar que ésos son juicios intelectuales formulados con posterioridad a los hechos. No obstante, la decisión operativa de contraatacar está ya contenida en la orden del CEOPECON, firmada por el Grl. Div. Olvaldo García, el 26.5.82. Y, por fin, existen los reiterados pedidos del jefe del BIM 5 Cap. Frg. IM Carlos Hugo Robacio para que se le permitiera atacar la cabeza de puente en San Carlos, que fueron denegados. A ese propósito ha escrito el ahora Calte. (R) Robacio que la idea del "desembarco anfibio y/o helitransportado" sobre la capital predominó "en forma casi obsesiva", y que tal postura gobernaría "toda la acción militar con sus lamentablemente magnificadas y negativas consecuencias". Ha indicado que con el Tte. Cnl. Villegas intentaron convencer al mando táctico de que estaba en un error, y que debía considerar como "uno de los lugares más probables y desprotegidos, San Carlos", como sitio de desembarco. A lo que añade: "Es conveniente aclarar que esta capacidad enemiga (la del eventual desembarco en San Carlos) no era un mérito ni descubrimiento nuestro, estaba claramente expresada, pero en último término, en las apreciaciones de los Comandos Superiores" ("Desde el frente. Batallón de Infantería de Marina Nº 5", Bs. As., Instituto de Publicaciones Navales, 1996, ps. 77, 79, 80). Para concluir: "Siempre que quisimos adelantar refuerzos y/o modificar el dispositivo, no se nos concedió; en caso contrario, tal vez se hubiera luchado mucho más eficazmente" (op. cit., p. 81). Por nuestro lado entendemos que la eficacia combativa se hubiera acreditado con una orden tajante y definitiva: la de jugarse el todo por el todo en San Carlos. Tal cual lo aconsejara el Mariscal Rommel frente al desembarco en Normandía. Luego, había que concentrar todo el poder de fuego argentino, combinado y masivo, para caer en el estuario de San Carlos, en procura de una definición completa. El ARA, con sus corbetas 69, con sus submarinos 209, con sus lanchas "Intrépida" e "Indómita", y con su fuerza aeronaval. La FAA, con los 100 aviones de combate (equipados hasta donde se pudiera con lanzas para tomar combustible, desde unos cuatro cisternas KC-130), con bombas con sus espoletas "snakeyes", con torpedos y con napalm, para lanzarse sobre los buques de transporte y lanchas de desembarco de tropas. Evitando -con un buen diseño de las avenidas de aproximación- el contacto con las líneas de piquetes y de escudo de las fragatas y destructores ingleses. Mientras esto sucedía, los SUE sacudirían sus Exocet contra los buques mayores de la Task Force, procurando averiar algún portaaviones. A su vez, los M-III-E, con sus misiles Magic 550, aunque en notoria inferioridad, deberían jugarse en función de caza protectora contra las PAC de Harrier. En ese contexto bélico, las fuerzas de tierra deberían avanzar hacia San Carlos. Los 50 helicópteros artillados (y los 3 Chinook) del EA deberían transportar, sin perder un minuto a las unidades de élite hasta los montes Sussex y cerro Bombilla, para impedir la consolidación de la cabecera de puente. Simultáneamente, el resto de la tropa debería emprender la marcha hacia Camila House, Douglas Paddock y Caleta Trullo (Teal Inlet). Lo importante, lo decisivo, es que entre la mañana del 21 de mayo y el atardecer del 23 de mayo, antes de la instalación de las baterías de Rapier en los cerros aledaños, la Argentina concentrara en esa zona un potencial bélico desequilibrante. Ahí se vería si podríamos o no ganar. [B]d. Hasta el 11 de junio:[/B] No se hizo aquello. Toleramos, plácidamente, el establecimiento de la cabecera de playa británica. Sin embargo, la guerra todavía no estaba perdida. Si se hostilizaban las fuerzas invasoras, o se impedía o demoraba su avance hacia Puerto Argentino, la suerte del lance entraría en la balanza. Con base de partida en Darwin, por el SO, y en Caleta Trullo (Teal Inlet), por el NE, se podía bloquear y desarticular la vanguardia enemiga. No se hizo. Por lo cual el jefe de la 3ª Brig. Cdo. RM, Julian H. Tomson escribe: "A esta altura de la operación era inconcebible para cualquier integrante de la Brigada que los argentinos no montaran por lo menos un ataque de hostigamiento" (op. cit., p. 115). El "Informe Oficial" del EA, el Grl. Brig. (R) J.T. Goyret, el Cnl. F. Cervo, el Grl. Div. M.B. Menéndez y el Grl. Brig. Oscar Luis Jofre, han explicado largamente los motivos que tuvo el Cdo. de la GMM para no operar ofensivamente. En un artículo de síntesis como es éste, no podemos efectuar un análisis pormenorizado de esas exposiciones. Limitémonos a consignar que ninguno de esos argumentos nos resultan convincentes. Un buen resumen, al que adherimos, es el que dio el Alte. US Harry Train, cuando aseveró: "Yo creo que Uds. (los argentinos) podrían haber vencido en Pradera del Ganso, y si hubiera sido así, se habría frenado el avance británico. Podrían haber destruido las segundas tropas aerotransportadas en Fitz Roy, si los líderes del Ejército no hubiesen decidido retener a la infantería de Marina. Si se hubiese hecho cualquier cosa para frenar el avance de los británicos, los británicos hubiesen perdido, porque la Flota había agotado su capacidad de autosostén, en función del Ejército que estaba luchando en las Islas... Durante la guerra, los dos hechos claves fueron la capitulación en Pradera del Ganso (Goose Green), y el no atacar los argentinos en Fitz Roy... [B]La rendición de las tropas argentinas en Pradera del Ganso (Goose Green) se produjo justamente cuando el jefe británico se consideraba en el límite de su capacidad para seguir combatiendo[/B]" (op. cit., ps. 76, 53). El más neto de esos sucesos es el de Fitz Roy, luego que la aviación argentina descalabró al B 1 Welsh Guards en Bahía Agradable. Anota el Calte. C. Büsser: "el éxito logrado por los aviones argentinos no pudo ser aprovechado como lo indica la doctrina militar... En consecuencia, los británicos pudieron recuperarse" (op. cit., ps. 304-305). Apunta el Com. R.O. Moro: "Si las fuerzas del General Menéndez no se hallaban en condiciones de atacar a una desorganizada y desarticulada cabecera de playa británica, distante menos de 20 km de sus líneas de avanzada, muy difícilmente podrían defenderse a sí mismas cuando sobreviniese el ataque final" (op. cit., p. 467). Por su parte, el Cap. Frg. C.H. Robacio ha contado cómo peticionó combatir con su BIM 5 a los ingleses desarticulados en Hoya Chasco (Bluff Cove), y cómo le fue denegado el permiso (op. cit., p. 185). Cuando menos, se debió mover las dos piezas de SOFMA 155 mm., con sus Unimog a oruga, por el camino asfaltado desde Sapper Hill hasta Pony´s Pass, desde donde quedaban en alcance (16 km) sobre Hoya Chasco (Bluff Cove), sitio desde donde operaban el B 2 Scots Guards y la mitad salvada del B 1 Welsh Guards. Nada de eso se hizo, y las dos cabeceras de playa quedaron afianzadas, convergiendo en pinzas la IIIª y Vª Brig. Británicas sobre Puerto Argentino. [B]e. Hasta el 14 de junio:[/B] Consentida aquella aproximación enemiga, la batalla de cerco es lo que restaba. A tal efecto, el mantenimiento de la primera línea de alturas del arco concéntrico montañoso, con perno clave en el monte Kent (cerros Estancia, Challenger y Wall), era fundamental. Si esa línea se perdía por los argentinos, sostiene el Brg. J. Thompson, "el enemigo estaría copado en Puerto Argentino" (op. cit., p. 160). "Parecía imposible -añaden Hastings y Jenkins- que los argentinos no respondieran a esta amenaza a su seguridad". No lo hicieron, y los ingleses lograron "un dominio estratégico decisivo" (op. cit., ps. 286, 288). En lugar de esas alturas, de un promedio de 350 m., se bajó a una segunda línea montañosa (Montes Harriet y Dos Hermanas (Two Sisters)), de 250 m. de promedio de altura. Se han aducido diversos motivos para ese desafortunado movimiento táctico. Uno, el problema de transitabilidad y aprovisionamiento. Sobre este punto anota Robacio: "No estamos de acuerdo en la exagerada intransitabilidad del terreno, puesto que había dos vías al norte y al sur (caminos secundarios, pero consolidados) y terreno adyacente que permitía efectuar desplazamientos de vehículos livianos" (op. cit., p. 186). Otro argumento nace del alcance de nuestros cañones 105 mm., que obligaría a no alejarse demasiado de su protección. Sin embargo, dice Robacio: "Para colmo de males, este último aspecto (el déficit de alcance) se incrementó, pues ambos grupos de artillería (influenciados por las carencias de movilidad) se ubicaron en la última posición posible, en proximidades de la localidad, lo que sólo les permitiría llegar a no más de 500 metros delante de los Montes Harriet y Dos Hermanas (Dos Hermanas (Two Sisters)), con máxima carga... En realidad, la artillería durante el combate se debe adelantar para ganar espacio y alcance..." (p. 166). Atrasada la artillería, todo se atrasó, y se perdió el dominio de las alturas. Para el comando táctico eso no tenía mayor importancia, desde que no creía que el ataque viniera del noroeste, sino del sureste. Ya en su momento lo había anunciado Robacio de esta forma: "El concepto de acción anfibia, combinado con la posibilidad de un ataque vertical en proximidades de Puerto Argentino, fue la idea obsesiva e inalterable hasta el desenlace final" ("El Batallón de Infantería Nº 5 en las Malvinas", Bol. Centro Naval, nº 735, p. 145). Tres regimientos, de los seis de que se disponía, se sacrificaron a esa quimera de la operación helitransportada y anfibia por el sur. Las operaciones reales inglesas fueron, como era lógico, maniobras clásicas de dominio del terreno y de concentración de la potencia de fuego sobre los puntos débiles de la defensa, y no la fantasía de ciencia-ficción que imaginaba el comando argentino. Ahora insiste Robacio: "...hicimos una guerra vieja, esperando a pie firme, abroquelados, esperando, siempre esperando ser atacados, en lugar de ir al encuentro del enemigo... El dispositivo defensivo del área de Puerto Argentino fue previsto para rechazar una capacidad concretamente anfibia del enemigo, pensando además que la misma se desarrollaría en horas de luz. Resultó una verdadera sorpresa para el Mando Superior el desembarco del enemigo durante la noche y en una zona no prevista. Prácticamente, el oponente avanzó hasta establecer el cerco sin resistencia... ...lamentablemente se mantuvo el mismo dispositivo, las Unidades que debían haber adelantado e intentado la ocupación del Kent y el Challenger, que estaban a una distancia de 16/18 kilómetros, tramos de terreno relativamente corto para hacerlo a pie. Además, no es cierto que no se contara con vías de acceso adecuadas para alcanzar esos lugares... ...se le regaló al enemigo todo el terreno lindante" ("Desde el frente", cit., ps. 445, 449, 451, 456). En esas condiciones empezó la batalla. La primera fase de ataque (11.6.82) se efectuó en tres puntos: 1º) Mte. Logndon, donde el B Par 3 (+ 600 efectivos) luchó contra la Ca B del RI 7 (278 hombres). 2º) Mte. Dos Hermanas (Two Sisters), donde el B 45 Cdo RM (+ 600) enfrentó a la Ca C RI 4 (200 hombres). 3º) Mte. Harriet, donde el B 42 Cdo RM (+ 600) combatió contra la Ca B RI 4 (300 hombres). Es decir, que alrededor de 4.000 británicos atacaron a sólo 800 argentinos. ¿Por qué...? Porque los RI Mec 3, RI Mec 6 y el RI 25 continuaron desplegados en reserva, a la espera del supuesto desembarco anfibio y helitransportado por el SE... Como apunta el Com. R.O. Moro: "sólo combatió menos del 50 % de los efectivos terrestres argentinos desplegados a Malvinas, mientras que las fuerzas terrestres británicas fueron empleadas en su totalidad, marcando una diferencia no simplemente cualitativa, sino cuantitativa" (op. cit., p. 501). Todavía, con un despliegue neto hacia el NO las tres unidades que combatieron pudieron haber frenado al enemigo. Pero el sistema de puntos fuertes a 360 grados, impidió que se concentraran los defensores en el sitio de ruptura. Así, en el Monte Longdon, los 600 paracaidistas británicos cargaron contra los 40 hombres de la sección primera de la compañía B del regimiento 7 de infantería, mandada por el subteniente Juan Domingo Baldini, quien con sus tropas aguantó el embate hasta morir. Algo similar aconteció en la 2ª fase (12/13.6.82) del ataque. Pero, aquí hubo una gran diferencia, constituida por el BIM 5. El hecho ocurrió en el Monte Tumbledown, cuya ocupación estaba a cargo de la Guardia Escocesa. Fue tal la derrota que padecieron inicialmente los británicos allí que el Tte. Robert Lawrence, que quedó lisiado, narró que el Cap. James Stuart lo instó a que abandonara el asalto al monte y que disparara contra cualquiera que les impidiera retirarse de la batalla. Con ese libreto se hizo un guión de televisión pasado por la BBC; que fue objeto de censura oficial, cortándose cien palabras del texto original, para evitar que el mito de la invencibilidad británica se hiciera añicos (ver: "Después de la batalla. Tumbledown", Bs. As., REI, 1989). Pasada la noche del 13 de junio, el comandante del BIM 5 decidió el repliegue hacia el monte Sapper Hill, para planificar el contraataque. A ese efecto reclamó al Comando Malvinas municiones y refuerzos. Por dos veces se le ordenó cesar en el combate. A la tercera, armas al hombro, el BIM se retiró hacia Puerto Argentino. Pero, todavía a las 14.15 hs. del 14 de junio, la retaguardia del repliegue tomó contacto con una formación enemiga de 8 helicópteros. El jefe de esa retaguardia, guardiamarina Alejandro Koch, ordenó abrir fuego. Murieron 3 de sus conscriptos y uno quedó herido. Los británicos tuvieron alrededor de 40 muertos y 2 helicópteros abatidos. Ahí terminó la batalla. Es importante hacer notar que mientras el BIM 5 se replegaba en orden, el Comando de Malvinas ya se había rendido. En efecto, y tal como lo ha documentado Armando Alonso Piñeiro ("Historia de la guerra de Malvinas", Bs. As., Planeta, 1992, p. 207), a las 09.50 del día 14 de junio el Comandante insular había dado la orden de deponer las armas; a las 10.00 hs. se había producido la conferencia entre los Grls. Moore y Menéndez; a las 10.30 se había reiterado la orden de rendición; y a las 13.40 se había izado la bandera británica en el mástil de la Gobernación. Con esa cronología, no controvertida, se explica muy bien esta anotación del Cap. Nav. Siro de Matini: "En el mes de junio de 1982 el General Menéndez, que fuera Gobernador y máxima autoridad militar en Malvinas, solicitó por intermedio del Comandante en Jefe del Ejército, General Nicolaides, una sanción para el Comandante del BIM 5 por "haber continuado combatiendo cuatro horas, a pesar de haber recibido la orden de deponer las armas" (Bol. Centro Naval, cit., p. 96). El empeño en el combate fue objeto de sanción disciplinaria. La conducta de ambas partes en el conflicto armado ha sido juzgada por personas bien competentes para ello. El Alte. US H. Train ha escrito que los británicos: "habían agotado sus armas antisubmarinas, habían agotado sus armamentos para la guerra antiaérea, habían agotado la mayoría de las municiones de sus cañones, y comenzaban a sufrir fallas mecánicas... El Alte. Sandy Woodward le dijo al Comandante de la Fuerza Terrestre (Grl. J. Moore) que debía llegar a Puerto Argentino para el 14, y si no, lo iban a sacar de la Isla. Entonces cualquier cosa que hubiese frenado este avance, hubiese ganado la guerra" (op. cit., ps. 79, 76). Los dos jefes ingleses aludidos por Train, lo han corroborado. El Alte. "Sandy" Woodward escribió en su diario, el 13 de junio: "Estamos ya al límite de nuestras posibilidades, con sólo tres naves sin mayores defectos operativos... De la fuerza de destructores y fragatas, el cuarenta y cinco por ciento está reducido a capacidad cero de operar... Ninguno de los tipo 21 está en condiciones... Todos están cayéndose a pedazos... Francamente, si los argentinos pudieran sólo respirar sobre nosotros, ¡nos caeríamos! Tal vez ellos están igual. Sólo cabe esperar que así sea, de otra manera, estamos listos para la carnicería" (op. cit., ps. 339-340). Y ahora formula un juicio categórico. Dice estar agradecido "por la incompetencia de su defensa", y: "No habría significado un gran esfuerzo de su parte estirar la campaña durante unos diez días más, y eso habría terminado con nosotros, no con ellos" (op. cit., p. 345). El Comandante de la Land Force, Grl. RM Jeremy Moore, declaró lo siguiente: "Entramos raspando... Si los argentinos resistían cinco minutos más, nosotros no podíamos resistir esos cinco minutos... Todavía sigo sin entender por qué se rindieron. Yo no esperaba que la rendición se diera en el momento que se dio. Al finalizar los combates muchos de mis cañones más grandes tenían menos de 20 proyectiles cada uno... El duque de Wellington afirmó después de la batalla de Waterloo: "¡Nos hemos salvado por un pelo!" ¿Puede decirse lo mismo de esta campaña? - Sí, realmente lo hemos logrado por un pelo" ("La Nación", Bs. As., 27.6.82, p. 2; Robert Fox, "Reflexiones de Posguerra", en: "Gente", Bs. As., nº 891, 19.8.82; "Los ingleses hablan de la guerra", 1983, p. 18). En suma, dijo Moore, él fue a parlamentar con Menéndez "como quien va a jugar al póker con una mano pobre de naipes" ("La Prensa", Bs. As., 1.4.86, p. 7). No se resistió lo suficiente, y se perdió. Si se hubiera resistido... Pero eso es lo que no fue. [/QUOTE]
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Guerra desarrollada entre Argentina y el Reino Unido en 1982
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