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Malvinas: el Gobierno rechazó nuevas afirmaciones del Reino Unido
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<blockquote data-quote="andres_aviador" data-source="post: 1052006" data-attributes="member: 227"><p>En principio, tenemos tiempo hasta el 2133...</p><p></p><p>La Corona Británica nos arrebató las Malvinas en 1833. Pasados 150 años de ocupación existía la posibilidad de que hicieran valer el derecho de prescripción, en la suposición de que la Argentina no hubiera reclamado "efectivamente" su soberanía sobre el territorio en disputa. Este recurso diplomático les hubiera dado a los isleños su derecho de autodeterminación. Para 1983 se iba a cumplir ese plazo, y esa fue una de las razones por las que la Junta Militar decide (contra)atacar en 1982.</p><p></p><p>Eso nos dió 150 año más. Estamos en 2011, tenemos 122 años para ponernos en condiciones nuevamente. Pero como ven, esta batalla no es militar, sino diplomática. El Foreign Office pretende hacer valer los "deseos" de los isleños (a quiénes despectivamente siempre llamaron <em>kelpers</em>), mientras que la Cancillería Argentina reclama, justamente, que se respeten los <em>intereses</em> de los isleños, pero sin pisotear los derechos argentinos.</p><p></p><p>A la Argentina no le sirve de mucho ganar una guerra aeronaval contra la Royal Navy (lo que aún siendo posible, tiene un costo político inmeso) porque eso sólo representa, como mucho, la mitad del problema. La otra mitad consiste en tratar con la población local, completamente hostil a Buenos Aires.</p><p></p><p>De hecho, hay quién sugiere -el Com. (Ret.) Rubén Moro entre ellos- que los principales enemigos de la reconciliación anglo-argentina son los intereses económicos de la FIC (Malvinas Island Company), apoyados por la voluntad popular de los isleños. No olvidemos que el mismísimo esposo de Margaret Thatcher era ejecutivo de la compañía...</p><p></p><p>De hecho, este punto de vista no es novedoso en absoluto. Siempre se procuró un acercamiento a los marginados kelpers, a fin ganarse su simpatía, poniendo en marcha una versión criolla de <em>Corazones y mentes</em> con métodos y resultados muy dispares, que van desde los esfuerzos en los '70 para mejorar la calidad de vida de los lugareños (construcción del aeropuerto, provisión de gas natural, carbón, frutas y verduras frescas, convenios educativos, vuelos sanitarios, etc.) hasta el patético plan de los ositos Winnie Pooh de Di Tella.</p><p></p><p>El caso es que estos esfuerzos estaban enmarcados en el cumplimiento de convenios internacionales. Desde el punto de vista argentino los dos hitos diplomáticos más importantes del siglo XX en cuanto al desarrollo del conflicto fueron las dos resoluciones de las Naciones Unidas, la 2154 que propone descolonizar el mundo, y la 2065, que insta a Inglaterra a sentarse a negociar. Pero pese a las promesas de los ingleses, es obvio que no se pudo llegar a un acuerdo.</p><p></p><p>Se ha hablado mucho de la importancia estrátegica de las islas, tanto por su situación geográfica (cerca del estrecho de Magallanes y de la Antártida) como por la existencia de yacímientos petrolíferos. Pese a la apertura del canal de Panamá y a los escasos resultados de las prospecciones, hay que ser ciego para no ver el tremendo potencial que las islas tiene con respecto a la Antártida. Sin embargo, dada la situación económica, para los ingleses no es ningún problema otorgar la "autodeterminación" a los despreciados <em>kelpers</em>, bajo condiciones muy provechosas para Londres (mantenimiento de las bases militares, integración de las islas en la Commonwealth).</p><p></p><p>Así pues, más allá de los guarismos militares, las hipótesis de conflicto, las prospecciones petrolíferas y demás cuestiones geopolíticas, la estrategia británica se basa en defender el "derecho de autodeterminación de los isleños". <em>Intereses</em> versus <em>deseos</em>, esa es la cuestión. Por supuesto que a Londres lo que menos le interesa es el orgullo patriótico que pueda tener un pastor de ovejas que vive en el culo del mundo: sus motivaciones son antárticas. Pero la Argentina está obligada a jugar con esas reglas, llegado el momento habrá que lidiar con el asunto de la población local.</p><p></p><p>Nos guste o no, durante todos estos años los isleños crearon y desarrollaron una identidad propia. No se sienten argentinos, no quieren ser argentinos. Poseen sus propios símbolos, y han creado sus propios <a href="http://www.Malvinas.info/history/histarticle19.html" target="_blank">mitos fundacionales</a> (habría que darles algunas clases de historia y derecho internacional a estos muchachos, no saben que para tomar posesión de un territorio no basta con haber pasado por ahí. En fin...). La batalla estrictamente bélica nos presenta un escenario desafiante, teniendo en frente a una de las mejores armadas de toda la historia universal (sino la mejor), mientras que en el terreno político hay que encontrar la forma de vencer la silenciosa resistencia de 3000 <em>"come-algas"</em> que se han atrincherado bajo este escudo:</p><p></p><p><img src="http://www.ngw.nl/int/Malvinas.jpg" alt="" class="fr-fic fr-dii fr-draggable " style="" /></p><p></p><p>¿Lo ven? La ovejita, el pastito, el barquito... Esta gente ya ha creado su propio imaginario, han elegido una identidad bien clara: quieren ser súbditos británicos. Lamentablemente para nosotros, ese barquito no se hunde con Exocets. Los isleños no van a abandonar sus hogares, ni tampoco van a aceptar la soberanía argentina (por lo menos no abruptamente, sin anestesia).</p><p></p><p><span style="color: #ffffff">.</span></p><p>CONCLUSIÓN: las provocaciones británicas son sólo humo para la platea, simplemente recordemos el contexto internacional presente, con la crisis económica, los saqueos, el desempleo y demás problemas sociales que tienen los ingleses en su casa. Lo que nos tiene que preocupar no es eso, sino la partida de ajedrez silenciosa que Londres está liderando, colocanco a sus peones ovejeros en primera línea.</p><p></p><p>Es una disputa entre los derechos de 40.000.000 de argentinos y los "deseos" de 3.000 <em>kelpers</em>...</p><p></p><p><span style="color: #ffffff">.</span></p></blockquote><p></p>
[QUOTE="andres_aviador, post: 1052006, member: 227"] En principio, tenemos tiempo hasta el 2133... La Corona Británica nos arrebató las Malvinas en 1833. Pasados 150 años de ocupación existía la posibilidad de que hicieran valer el derecho de prescripción, en la suposición de que la Argentina no hubiera reclamado "efectivamente" su soberanía sobre el territorio en disputa. Este recurso diplomático les hubiera dado a los isleños su derecho de autodeterminación. Para 1983 se iba a cumplir ese plazo, y esa fue una de las razones por las que la Junta Militar decide (contra)atacar en 1982. Eso nos dió 150 año más. Estamos en 2011, tenemos 122 años para ponernos en condiciones nuevamente. Pero como ven, esta batalla no es militar, sino diplomática. El Foreign Office pretende hacer valer los "deseos" de los isleños (a quiénes despectivamente siempre llamaron [I]kelpers[/I]), mientras que la Cancillería Argentina reclama, justamente, que se respeten los [I]intereses[/I] de los isleños, pero sin pisotear los derechos argentinos. A la Argentina no le sirve de mucho ganar una guerra aeronaval contra la Royal Navy (lo que aún siendo posible, tiene un costo político inmeso) porque eso sólo representa, como mucho, la mitad del problema. La otra mitad consiste en tratar con la población local, completamente hostil a Buenos Aires. De hecho, hay quién sugiere -el Com. (Ret.) Rubén Moro entre ellos- que los principales enemigos de la reconciliación anglo-argentina son los intereses económicos de la FIC (Malvinas Island Company), apoyados por la voluntad popular de los isleños. No olvidemos que el mismísimo esposo de Margaret Thatcher era ejecutivo de la compañía... De hecho, este punto de vista no es novedoso en absoluto. Siempre se procuró un acercamiento a los marginados kelpers, a fin ganarse su simpatía, poniendo en marcha una versión criolla de [I]Corazones y mentes[/I] con métodos y resultados muy dispares, que van desde los esfuerzos en los '70 para mejorar la calidad de vida de los lugareños (construcción del aeropuerto, provisión de gas natural, carbón, frutas y verduras frescas, convenios educativos, vuelos sanitarios, etc.) hasta el patético plan de los ositos Winnie Pooh de Di Tella. El caso es que estos esfuerzos estaban enmarcados en el cumplimiento de convenios internacionales. Desde el punto de vista argentino los dos hitos diplomáticos más importantes del siglo XX en cuanto al desarrollo del conflicto fueron las dos resoluciones de las Naciones Unidas, la 2154 que propone descolonizar el mundo, y la 2065, que insta a Inglaterra a sentarse a negociar. Pero pese a las promesas de los ingleses, es obvio que no se pudo llegar a un acuerdo. Se ha hablado mucho de la importancia estrátegica de las islas, tanto por su situación geográfica (cerca del estrecho de Magallanes y de la Antártida) como por la existencia de yacímientos petrolíferos. Pese a la apertura del canal de Panamá y a los escasos resultados de las prospecciones, hay que ser ciego para no ver el tremendo potencial que las islas tiene con respecto a la Antártida. Sin embargo, dada la situación económica, para los ingleses no es ningún problema otorgar la "autodeterminación" a los despreciados [I]kelpers[/I], bajo condiciones muy provechosas para Londres (mantenimiento de las bases militares, integración de las islas en la Commonwealth). Así pues, más allá de los guarismos militares, las hipótesis de conflicto, las prospecciones petrolíferas y demás cuestiones geopolíticas, la estrategia británica se basa en defender el "derecho de autodeterminación de los isleños". [I]Intereses[/I] versus [I]deseos[/I], esa es la cuestión. Por supuesto que a Londres lo que menos le interesa es el orgullo patriótico que pueda tener un pastor de ovejas que vive en el culo del mundo: sus motivaciones son antárticas. Pero la Argentina está obligada a jugar con esas reglas, llegado el momento habrá que lidiar con el asunto de la población local. Nos guste o no, durante todos estos años los isleños crearon y desarrollaron una identidad propia. No se sienten argentinos, no quieren ser argentinos. Poseen sus propios símbolos, y han creado sus propios [URL='http://www.Malvinas.info/history/histarticle19.html']mitos fundacionales[/URL] (habría que darles algunas clases de historia y derecho internacional a estos muchachos, no saben que para tomar posesión de un territorio no basta con haber pasado por ahí. En fin...). La batalla estrictamente bélica nos presenta un escenario desafiante, teniendo en frente a una de las mejores armadas de toda la historia universal (sino la mejor), mientras que en el terreno político hay que encontrar la forma de vencer la silenciosa resistencia de 3000 [I]"come-algas"[/I] que se han atrincherado bajo este escudo: [IMG]http://www.ngw.nl/int/Malvinas.jpg[/IMG] ¿Lo ven? La ovejita, el pastito, el barquito... Esta gente ya ha creado su propio imaginario, han elegido una identidad bien clara: quieren ser súbditos británicos. Lamentablemente para nosotros, ese barquito no se hunde con Exocets. Los isleños no van a abandonar sus hogares, ni tampoco van a aceptar la soberanía argentina (por lo menos no abruptamente, sin anestesia). [COLOR=#ffffff].[/COLOR] CONCLUSIÓN: las provocaciones británicas son sólo humo para la platea, simplemente recordemos el contexto internacional presente, con la crisis económica, los saqueos, el desempleo y demás problemas sociales que tienen los ingleses en su casa. Lo que nos tiene que preocupar no es eso, sino la partida de ajedrez silenciosa que Londres está liderando, colocanco a sus peones ovejeros en primera línea. Es una disputa entre los derechos de 40.000.000 de argentinos y los "deseos" de 3.000 [I]kelpers[/I]... [COLOR=#ffffff].[/COLOR] [/QUOTE]
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