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Las reformas de segunda generaciòn en las FF.AA
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<blockquote data-quote="sebastian_porras" data-source="post: 62236" data-attributes="member: 18"><p><strong><em><span style="font-size: 12px"><span style="font-family: 'Arial Narrow'">Racionalización administrativa</span></span></em></strong></p><p></p><p>A la obtención conjunta de medios se suma otra disposición concurrente que se denomina “Programa de centralización y racionalización administrativa”, con el que se busca eliminar la desproporción existente entre los recursos asignados a áreas administrativas con relación a los recursos necesarios y destinados en áreas operacionales, lo que da como resultado una distorsión en el uso de los recursos disponibles.</p><p></p><p>Las áreas donde se concentrará el esfuerzo son las siguientes:</p><p>* Mayor centralización de la liquidación de haberes;</p><p>* Coordinación y unificación de las áreas informáticas;</p><p>* Centralización de las comunicaciones;</p><p>* Coordinación y, donde sea posible unificación de las áreas jurídicas;</p><p>* Estandarización y compatibilización las estructuras orgánicas y de los manuales de procedimiento de las Fuerzas Armadas;</p><p>* Unificación y eliminación de diversos organismos, direcciones generales, direcciones y departamentos.</p><p></p><p>Además de estos dos grandes programas, el MINDEF propone cuatro iniciativas más, referidas al aprovechamiento de los espacios físicos en el área central, la venta de inmuebles innecesarios, la integración informática y cambios en el sistema de ciencia y tecnología. </p><p>Con la primera propuesta se busca centralizar los comandos de las tres fuerzas, el EMCO y el MINDEF en un solo edificio, lo que implica una fuerte racionalización y, al mismo tiempo, liberar inmuebles de alto valor para su venta y posterior disposición de esos fondos en la modernización del sistema de defensa. </p><p></p><p>La venta de inmuebles considerados innecesarios, ya está ordenada por la ley 23.985 de 1991 , como una de las formas de aportar fondos frescos para la reestructuración, pero también como un factor inductor de la transformación.</p><p></p><p>Por último, la integración informática ha comenzado por la creación de la Red Global de la Defensa, como un sistema de jerarquía superior al cual deben subordinarse las demás redes y subsistemas, a fin de integrar la información necesaria para la toma de decisiones. Los pasos sucesivos a dar en esta materia implican integrar las redes existentes, colocar en cabeza del EMCO la coordinación de la información proveniente de las fuerzas, asegurar el apoyo logístico a la defensa civil mediante el correspondiente soporte informático, avanzar hacia un sistema de gestión operativa de las unidades militares con vistas a poner en marcha un modelo de Cuartel Inteligente que permita la estandarización de la carga de datos y su consolidación para la toma de decisiones y así llegar a un sistema administrativo con oficinas que utilicen el menor nivel de papel posible, garantizando la transparencia como objetivo prioritario.</p><p></p><p>También se ha previsto otra cuarta reforma, en este caso en el ámbito de ciencia y tecnología, orientado por los mismos principios que ordenan las anteriores iniciativas. De esta forma se completarán las transformaciones que está demandando el sistema de defensa argentino, y que en los hechos suponen llevar a la práctica lo que ya disponen los instrumentos legales sancionados en la década anterior.</p><p></p><p>Una reforma de esta amplitud implica un cambio profundo en la cultura de todos los actores, que va desde el liderazgo civil hasta las jerarquías militares, pasando por los mandos medios. La transformación que se busca es un verdadero shock cultural, cuyo impacto está destinado a cambiar conductas, procedimientos y usos del poder muy arraigados, al mismo tiempo que no pueden desconocerse los mismos riesgos que implica la puesta en práctica de la alternativa propuesta.</p><p></p><p>La reforma no es neutral pues implica a mediano plazo un nuevo diseño del sistema de defensa, ponderando de manera muy significativa el poder del MINDEF y del EMCO, al mismo tiempo que se reducirá sustancialmente el de los jefes de estado mayor de las mismas fuerzas, que es donde históricamente se había concentrado el poder de decisión.</p><p></p><p><span style="font-family: 'Arial Narrow'"><span style="font-size: 12px"><strong><em>Las responsabilidades políticas</em></strong></span></span></p><p></p><p>Del mismo modo, una implementación abrupta, que no tenga en cuenta los tiempos de adaptación a las nuevas reglas podría conducir a un embudo burocrático que paralizaría el accionar operativo y,“last but not least”, la transferencia de poder exigirá asumir todas las responsabilidades, especialmente las de orden político, que tendrán que ser asumidas en plenitud por el liderazgo civil.</p><p></p><p>La referencia al liderazgo político abarca no sólo al MINDEF, sino al Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, el presidente de la Nación, del mismo modo que involucra al Congreso, especialmente a los legisladores de las comisiones de defensa nacional de ambas cámaras. Como las decisiones que se habrán de tomar implican un fuerte impacto en el seno mismo de las fuerzas, ello requiere generar un nuevo consenso político, y convertir a la transformación propuesta en una política de Estado, tal como lo fue el cambio ocurrido con posterioridad a la recuperación de la democracia, para afirmar la subordinación de las FF.AA. al poder civil surgido de las urnas.</p><p></p><p>La reestructuración de la cual tanto se ha hablado y que exigiera en su momento la sanción de una ley trabajosamente construida, luego de amplísimas consultas que incluyeron a especialistas locales y extranjeros, es una tarea en lo esencial pendiente, más allá que los cambios ocurridos en el MINDEF y en las mismas FF.AA. hayan ido en la dirección correcta.</p><p></p><p>Debe aceptarse además que las reformas de amplio espectro exigen tiempos acordes con la magnitud de las tareas propuestas. Esto es aún más cierto para el caso de las FF.AA., que son instituciones con pautas culturales muy arraigadas, construidas a lo largo de un proceso histórico muy complejo. Y algo similar cabe decir del mismo sistema político que recién en la última década asumió la tarea de conducir la política de defensa, en el pasado un área reservada a los militares.</p><p></p><p>Para los militares, la aceptación y, sobre todo, la ejecución de políticas conjuntas constituye un cambio de proporciones. En teoría nadie podría hoy en la Argentina discrepar con la necesidad del accionar conjunto, pero otra cosa muy distinta es aceptar esta concepción en su integralidad, incorporándola nada menos que al diseño del sistema de defensa, con lo que ello implica en términos de resignar poder o de perder protagonismo.</p><p></p><p>El liderazgo civil debe asumir el riesgo de conducir el planeamiento militar conjunto, que es el instrumento guía para el diseño del sistema y, como consecuencia directa, para definir las adquisiciones de medios. La coherencia entre la estrategia nacional y las compras de sistemas de armas suele ser un punto de conflicto recurrente, del mismo modo que lo es la aceptación de las restricciones fiscales no sólo para decidir las adquisiciones sino para ponderar también el sostenimiento logístico de esos sistemas. Otra variable que deberá contemplarse es la promoción de políticas industriales y/o de complementación con otros países de la región, una decisión que induce opciones estratégicas, al mismo tiempo que requiere compromisos presupuestarios de cumplimiento cierto.</p><p></p><p>Todo esto debe hacerse en una coyuntura especialmente áspera, porque desde la sanción de la ley de Reestructuración de las Fuerzas Armadas en 1989, no se ha podido cumplir con el incremento anual previsto para el quinquenio ni tan siquiera en una sola oportunidad, pese a que ha habido dos administraciones sucesivas de distinto color político. En el artículo 27 de la ley 24.948 se dispuso que “ El total de los recursos presupuestarios destinados para la función Defensa,... se incrementarán anualmente hasta completar el l5 % en el quinquenio, siendo el primer año(1999) no inferior al 3 %", y hasta el presente ello ha sido una expresión de deseos porque la crisis fiscal impuso un recorte tras otro, impidiendo cumplir con lo que estableció mandatoriamente el Congreso</p><p></p><p>Entonces, la crisis fiscal debe ser vista como ventana de oportunidad antes que como el fenómeno traumático que también lo es. Y es precisamente el acicate de la crisis lo que obliga a encarar la transformación propuesta. Los partidarios del statu quo no tienen ya razones convincentes para seguir sosteniendo el actual esquema y es la misma realidad la que fuerza el cambio.</p><p></p><p>El primer paso de esta nueva transformación ha sido la creación del Comando Logístico Conjunto dependiente de la secretaría de Planeamiento del Ministerio y del EMCO, lo que ya ha implicado un sacudón en las fuerzas, pues los pasos que siguen van en la dirección de transferir al nivel superior partes significativas de la actual estructura de las tres fuerzas. Todavía es prematuro afirmar si se cumplirá tal como fue concebido el cronograma de transferencias que se habían diseñado en el MINDEF, pero no es menos cierto que ya no se puede seguir postergando decisiones, porque aceptar nuevas dilaciones sería visto como una señal de debilidad en la conducción o, al menos, como una cierta ausencia de liderazgo en el medio de una transición impuesta por el cambio de la situación estratégica internacional y regional.</p><p></p><p><strong><span style="font-family: 'Arial Narrow'"><span style="font-size: 12px"><em>Educación para la acción conjunta</em></span></span></strong></p><p></p><p> En cuanto a la educación de los cuadros militares es imprescindible formarlos para la conjuntez, lo que en primer término implica oficiales superiores consustanciados con las implicancias estratégicas de cada decisión, superando los límites propios de la experiencia, los métodos y la historia de cada una de las fuerzas. La actividad combinada ya plantea problemas importantes, cuanto más el accionar conjunto la interoperatividad que pone a prueba estilos y reglas internalizados a lo largo de toda una carrera. En el mismo sentido, la compatibilidad de los equipamientos –algo que fue puesto a prueba en Malvinas- es otro desafío y sin duda uno de los problemas que más rápido pone al desnudo los costos insoportables de la ausencia de accionar conjunto o de sus debilidades. </p><p>La educación para la conjuntez no es sólo un esfuerzo pedagógico y sólo en la práctica se va a lograr esa cooperación y esa fusión de estilos que dará por resultado un oficial distinto, acostumbrado a trabajar superando las barreras de una formación que sólo formalmente ha incorporado los códigos de la actividad conjunta. De todos modos está abierto el debate respecto a la formación de los cuadros militares para la acción conjunta y se plantean diversas alternativas, como por ejemplo introducir esta necesidad en los pasos iniciales de la carrera o exigirla en las etapas más avanzadas, recién para los oficiales jefes y los oficiales superiores. En Canadá existen institutos de formación conjunta y en Alemania la “Escuela Superior de Guerra”, tal como se la conoce en la Argentina a la institución que forma a los oficiales de Estado Mayor, incluye a componentes de las tres fuerzas.</p><p>Sea cual fuere el camino que se elija, está claro que la formación para la conjuntez exigirá un nuevo enfoque educativo y, además, la práctica efectiva de ese principio en el accionar cotidiano, al menos a partir de cierta etapa de la carrera militar.</p><p></p><p>Un dato esencial del sistema de toma de decisiones que se ha previsto mejorar es la coherencia entre el planeamiento estratégico y el resto de las políticas. Por cierto la búsqueda de esta relación no es nueva para las FF.AA. argentinas, en particular desde el restablecimiento de la democracia, pero hay aún un largo trecho por recorrer hasta alcanzar esa coherencia en forma integral. Lo nuevo en todo caso es la aptitud que deben tener los oficiales superiores para el imprescindible diálogo político que exigen las decisiones, ya que el estamento político, bien sea en el Ejecutivo como en el Congreso, es protagonista siempre.</p><p></p><p>En el pasado reciente se han acumulado experiencias que permiten afirmar la respuesta positiva del estamento militar cuando se trata de convencer a los integrantes del sistema político sobre la conveniencia de adquirir un determinado sistema de armas. Muy en particular la compra de los aviones A4AR, obligó a un cuidadoso trabajo de preparación de opinión en el Congreso, así como a la búsqueda del necesario consenso para llevar esa propuesta al terreno presupuestario, y algo similar ha sucedido con la adquisición de radares.</p><p></p><p>Todo esto exige una formación específica para los oficiales superiores, quienes tendrán que capacitarse para actuar como una eficaz interfase entre el mundo militar y el campo civil. Algo similar cabe decir de la formación de la burocracia civil del MINDEF, de la que se espera una creciente capacitación y formación profesional acorde con el tipo de tareas que ahora se le demanda. </p><p></p><p>Muy importante es también que los oficiales, además de su formación específicamente militar, sumen conocimientos profesionales en otras áreas como la administración y la gestión, las relaciones internacionales, la economía, la sociología o los conocimientos ingenieriles. La formación académica crea sin duda un código de comprensión decisivo y un ambiente interdisciplinario propicio para el entendimiento que requiere el abordaje de problemas complejos y también de situaciones conflictivas como las que cabe esperar de una propuesta audaz, innovadora y costosa.</p><p></p><p>La ley de reestructuración, ya había previsto en su artículo 14 que “A partir del séptimo año de la entrada en vigencia de la presente ley, será requisito poseer título de bachiller o equivalente, para el ascenso a suboficial superior. Para el personal superior egresado de los institutos de formación a partir del año1992 inclusive, será requisito una formación de grado universitario para el ascenso a oficial superior” . Esta exigencia es un antecedente muy claro de la dirección en que se deseaba hacer avanzar la reestructuración y hacia allí habrá de dirigirse también la educación militar para satisfacer las exigencias de los cambios que ahora se impulsan desde el MINDEF.</p><p></p><p>Es lógico esperar que oficiales con grado universitario estén mejor preparados para trabajar con camaradas de otras armas, para aprovechar las ventajas de estilos de trabajo organizados en torno a redes informáticas, con niveles culturales exigentes, competitivos pero no por ello hostiles al accionar en común. Además muchos de ellos ya han participado en misiones de paz o han actuado en operaciones combinadas con otras fuerzas de países del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) o con países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), lo que les ha dado una experiencia muy enriquecedora. </p><p></p><p>Esa calificación académica en disciplinas que son propias del sector privado deberá ser vista como un enriquecimiento profesional y personal, imprescindible para el cumplimiento de las altas funciones de Estado que le competen a un oficial superior. Las FF.AA. , como toda gran organización, tiene problemas de personal, logísticos, financieros, de capacitación y de administración, para cuya solución ya existen alternativas exitosas en el sector privado que deberán ser adaptadas al medio militar. Y lo que en el pasado parecía impensable hoy tendrá que ser probado en la práctica para alcanzar una administración eficiente, económica y eficaz.</p><p></p><p>Para poner un ejemplo, hoy no se puede subestimar, ni mucho menos ignorar el costo de los stocks, aún aceptando que las exigencias de alistamiento y los niveles de seguridad imponen consideraciones especiales cuando de defensa se trata. La aplicación del conocido sistema “just in time” para la provisión de repuestos del parque automotor de las fuerzas, tendrá sin duda peculiaridades propias de la estructura del sistema de defensa y de sus misiones y funciones, pero no hay duda que ese sistema habrá de favorecer el uso racional de los recursos. </p><p></p><p>Los métodos de trabajo también deberán sufrir transformaciones de fondo y para ello habrá que recurrir al auxilio de las nuevas tecnologías, como por ejemplo el uso intensivo de la informática, algo que por sí mismo crea condiciones propicias para el uso de códigos comunes, que acortan el camino hacia la actuación conjunta.</p><p></p><p>Sin el uso intensivo de la informática es ilusorio pensar en la aplicación imperativa en todos los niveles de la administración del sistema S3P (planificación, programación y presupuestación). Esa tecnología está disponible y en uso en las tres fuerzas, pero hay también desigualdad en la extensión de su aplicación y en el grado de sofisticación con que se utiliza. </p><p></p><p>El uso intensivo del S3P permitirá que los más avanzados lideren su aplicación transmitiendo al resto nuevos estilos de trabajo y procedimientos más modernos e innovadores. Este es un ejemplo muy claro de las ventajas que brinda el accionar conjunto y la difusión a la totalidad del sistema de las experiencias avanzadas que actuarán como locomotora de arrastre para los demás.</p><p></p><p>Lo que en todo caso está claro es que no pueden coexistir pacíficamente en la administración de la defensa tres sistemas de compras con distinto nivel de discrecionalidad, si es que se quiere lograr una gestión eficiente.</p><p></p><p>El cambio que deberá afrontar la defensa en la Argentina, inspirado en la experiencia internacional, deberá tener una escala a la medida de la magnitud de nuestro aparato militar, lo que en sí mismo es una ventaja, porque bien se sabe que aquellas potencias con responsabilidades globales sufren también presiones muy fuertes para mantener el esquema actual. Los intereses vinculados a la defensa –el lobby militar industrial- son grandes inductores de conservadorismo o lo que a veces es incluso peor, de transformaciones vinculadas a opciones tecnológicas en las que se funda el negocio bélico. Para el caso de la Argentina, la pequeña escala del sistema que hay que transformar reduce a proporciones mínimas las presiones que se dan en otros países en mucho mayor grado.</p><p></p><p>En el caso de la defensa la política de adquisiciones presenta diferencias notables respecto al resto del sector público. No existe lo que se podría definir como un mercado y los proveedores en la mayoría de los casos, salvo para los insumos de uso cotidiano, constituyen un oligopolio. También es difícil evaluar con efectividad la adquisición de insumos, lo que dificulta la delegación de discrecionalidad hacia los responsables de la decisión y de la ejecución de la operación, que están más alejados de los mandos superiores.</p><p></p><p>Otro elemento que dificulta la aplicación de políticas eficientes dentro del actual esquema es que las tres fuerzas compiten por el uso de fondos asignados al conjunto, lo que redunda en externalidades que conspiran contra una mayor eficiencia en las adquisiciones. </p><p></p><p>Todas estas dificultades deberán ser afrontadas por los responsables civiles del MINDEF y por los oficiales del EMCO que tendrán que construir una nueva forma de encarar esas responsabilidades, desde la perspectiva superior que les impone considerar al sistema de defensa como un todo, superando la visión propia de cada una de las fuerzas.</p><p></p><p><span style="font-family: 'Arial Narrow'"><span style="font-size: 12px"><em><strong>Nuevo perfil del oficial superior</strong></em></span></span></p><p></p><p>La primera decisión que va a poner a prueba la comprensión de las necesidades será el perfil del oficial que las fuerzas propongan para incorporarse al EMCO en los niveles que se les requiera. Si esta orientación ha sido asimilada, los oficiales más calificados, con mayor experiencia y mejor formación, deberán ser los elegidos para incorporarse al plantel del organismo superior. De lo contrario ello en sí mismo explicaría el demérito con que se calificaba en el pasado no muy lejano a ese destino: un cargo burocrático que en varios casos definía el futuro de retiro para el oficial superior. En los últimos tiempos esto se ha venido corrigiendo, y así lo prueban las promociones de oficiales superiores, que jerarquizan la experiencia en el EMCO y la participación en el proceso de toma de decisiones con una clara perspectiva política de Estado.</p><p></p><p>A menudo la palabra política tiene para algunos oficiales una connotación peyorativa, en particular porque se la confunde con los aspectos partidistas. Aquí se está reclamando una visión de Estado, es decir la aplicación profesional y enriquecedora de orientaciones que no son patrimonio de ninguna de las fuerzas políticas en particular, sino el resultado de un consenso que las convierte en políticas públicas, respecto de las cuales los disensos son mínimos.</p><p></p><p>Las responsabilidades de los oficiales superiores que accedan a los cargos de significación en el área de la defensa son las que corresponden a los altos funcionarios del Estado, y para ello incluso se les da acuerdo en el Senado de la Nación, cuando son promovidos a coronel, capitán de navío y comodoro, del mismo modo que para el resto de los cargos hasta el grado máximo en jerarquía en cada una de las armas. Cuando se da el acuerdo senatorial, no sólo se analizan las calificaciones profesionales, sino también los méritos académicos y, muy en particular, sus capacidades como hombre de Estado. Este es el sentido esencial de la institución del acuerdo senatorial.</p><p></p><p>A esa altura de la carrera ya se requiere una clara compresión política de las orientaciones públicas para la defensa y se espera que el funcionario militar esté consustanciado con las transformaciones propuestas desde el poder institucional. En consecuencia la formación del oficial superior habrá de requerir en algunas fases de la carrera su experiencia en los organismos conjuntos, pues el nuevo liderazgo que se necesita construir para conducir el cambio, exige esa capacidad para amalgamar culturas militares distintas, como requisito para actuar conjuntamente.</p><p></p><p>Más allá de la conducción política civil, los inevitables cambios que se avecinan exigen en el campo militar el surgimiento de nuevos liderazgos consustanciados con esa orientación y capacitados para operacionalizar creativamente las decisiones políticas. No basta con ejecutores eficientes y disciplinados, se está esperando una nueva vuelta de tuerca en la transformación de las FF.AA. que, superada la etapa de la subordinación al poder civil, deben avanzar hacia la reforma integral de sus estructuras, para adecuarlas al nuevo entorno internacional y a las exigencias de la reestructuración del Estado que hoy demanda la sociedad argentina.</p></blockquote><p></p>
[QUOTE="sebastian_porras, post: 62236, member: 18"] [B][I][SIZE="3"][FONT="Arial Narrow"]Racionalización administrativa[/FONT][/SIZE][/I][/B] A la obtención conjunta de medios se suma otra disposición concurrente que se denomina “Programa de centralización y racionalización administrativa”, con el que se busca eliminar la desproporción existente entre los recursos asignados a áreas administrativas con relación a los recursos necesarios y destinados en áreas operacionales, lo que da como resultado una distorsión en el uso de los recursos disponibles. Las áreas donde se concentrará el esfuerzo son las siguientes: * Mayor centralización de la liquidación de haberes; * Coordinación y unificación de las áreas informáticas; * Centralización de las comunicaciones; * Coordinación y, donde sea posible unificación de las áreas jurídicas; * Estandarización y compatibilización las estructuras orgánicas y de los manuales de procedimiento de las Fuerzas Armadas; * Unificación y eliminación de diversos organismos, direcciones generales, direcciones y departamentos. Además de estos dos grandes programas, el MINDEF propone cuatro iniciativas más, referidas al aprovechamiento de los espacios físicos en el área central, la venta de inmuebles innecesarios, la integración informática y cambios en el sistema de ciencia y tecnología. Con la primera propuesta se busca centralizar los comandos de las tres fuerzas, el EMCO y el MINDEF en un solo edificio, lo que implica una fuerte racionalización y, al mismo tiempo, liberar inmuebles de alto valor para su venta y posterior disposición de esos fondos en la modernización del sistema de defensa. La venta de inmuebles considerados innecesarios, ya está ordenada por la ley 23.985 de 1991 , como una de las formas de aportar fondos frescos para la reestructuración, pero también como un factor inductor de la transformación. Por último, la integración informática ha comenzado por la creación de la Red Global de la Defensa, como un sistema de jerarquía superior al cual deben subordinarse las demás redes y subsistemas, a fin de integrar la información necesaria para la toma de decisiones. Los pasos sucesivos a dar en esta materia implican integrar las redes existentes, colocar en cabeza del EMCO la coordinación de la información proveniente de las fuerzas, asegurar el apoyo logístico a la defensa civil mediante el correspondiente soporte informático, avanzar hacia un sistema de gestión operativa de las unidades militares con vistas a poner en marcha un modelo de Cuartel Inteligente que permita la estandarización de la carga de datos y su consolidación para la toma de decisiones y así llegar a un sistema administrativo con oficinas que utilicen el menor nivel de papel posible, garantizando la transparencia como objetivo prioritario. También se ha previsto otra cuarta reforma, en este caso en el ámbito de ciencia y tecnología, orientado por los mismos principios que ordenan las anteriores iniciativas. De esta forma se completarán las transformaciones que está demandando el sistema de defensa argentino, y que en los hechos suponen llevar a la práctica lo que ya disponen los instrumentos legales sancionados en la década anterior. Una reforma de esta amplitud implica un cambio profundo en la cultura de todos los actores, que va desde el liderazgo civil hasta las jerarquías militares, pasando por los mandos medios. La transformación que se busca es un verdadero shock cultural, cuyo impacto está destinado a cambiar conductas, procedimientos y usos del poder muy arraigados, al mismo tiempo que no pueden desconocerse los mismos riesgos que implica la puesta en práctica de la alternativa propuesta. La reforma no es neutral pues implica a mediano plazo un nuevo diseño del sistema de defensa, ponderando de manera muy significativa el poder del MINDEF y del EMCO, al mismo tiempo que se reducirá sustancialmente el de los jefes de estado mayor de las mismas fuerzas, que es donde históricamente se había concentrado el poder de decisión. [FONT="Arial Narrow"][SIZE="3"][B][I]Las responsabilidades políticas[/I][/B][/SIZE][/FONT] Del mismo modo, una implementación abrupta, que no tenga en cuenta los tiempos de adaptación a las nuevas reglas podría conducir a un embudo burocrático que paralizaría el accionar operativo y,“last but not least”, la transferencia de poder exigirá asumir todas las responsabilidades, especialmente las de orden político, que tendrán que ser asumidas en plenitud por el liderazgo civil. La referencia al liderazgo político abarca no sólo al MINDEF, sino al Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, el presidente de la Nación, del mismo modo que involucra al Congreso, especialmente a los legisladores de las comisiones de defensa nacional de ambas cámaras. Como las decisiones que se habrán de tomar implican un fuerte impacto en el seno mismo de las fuerzas, ello requiere generar un nuevo consenso político, y convertir a la transformación propuesta en una política de Estado, tal como lo fue el cambio ocurrido con posterioridad a la recuperación de la democracia, para afirmar la subordinación de las FF.AA. al poder civil surgido de las urnas. La reestructuración de la cual tanto se ha hablado y que exigiera en su momento la sanción de una ley trabajosamente construida, luego de amplísimas consultas que incluyeron a especialistas locales y extranjeros, es una tarea en lo esencial pendiente, más allá que los cambios ocurridos en el MINDEF y en las mismas FF.AA. hayan ido en la dirección correcta. Debe aceptarse además que las reformas de amplio espectro exigen tiempos acordes con la magnitud de las tareas propuestas. Esto es aún más cierto para el caso de las FF.AA., que son instituciones con pautas culturales muy arraigadas, construidas a lo largo de un proceso histórico muy complejo. Y algo similar cabe decir del mismo sistema político que recién en la última década asumió la tarea de conducir la política de defensa, en el pasado un área reservada a los militares. Para los militares, la aceptación y, sobre todo, la ejecución de políticas conjuntas constituye un cambio de proporciones. En teoría nadie podría hoy en la Argentina discrepar con la necesidad del accionar conjunto, pero otra cosa muy distinta es aceptar esta concepción en su integralidad, incorporándola nada menos que al diseño del sistema de defensa, con lo que ello implica en términos de resignar poder o de perder protagonismo. El liderazgo civil debe asumir el riesgo de conducir el planeamiento militar conjunto, que es el instrumento guía para el diseño del sistema y, como consecuencia directa, para definir las adquisiciones de medios. La coherencia entre la estrategia nacional y las compras de sistemas de armas suele ser un punto de conflicto recurrente, del mismo modo que lo es la aceptación de las restricciones fiscales no sólo para decidir las adquisiciones sino para ponderar también el sostenimiento logístico de esos sistemas. Otra variable que deberá contemplarse es la promoción de políticas industriales y/o de complementación con otros países de la región, una decisión que induce opciones estratégicas, al mismo tiempo que requiere compromisos presupuestarios de cumplimiento cierto. Todo esto debe hacerse en una coyuntura especialmente áspera, porque desde la sanción de la ley de Reestructuración de las Fuerzas Armadas en 1989, no se ha podido cumplir con el incremento anual previsto para el quinquenio ni tan siquiera en una sola oportunidad, pese a que ha habido dos administraciones sucesivas de distinto color político. En el artículo 27 de la ley 24.948 se dispuso que “ El total de los recursos presupuestarios destinados para la función Defensa,... se incrementarán anualmente hasta completar el l5 % en el quinquenio, siendo el primer año(1999) no inferior al 3 %", y hasta el presente ello ha sido una expresión de deseos porque la crisis fiscal impuso un recorte tras otro, impidiendo cumplir con lo que estableció mandatoriamente el Congreso Entonces, la crisis fiscal debe ser vista como ventana de oportunidad antes que como el fenómeno traumático que también lo es. Y es precisamente el acicate de la crisis lo que obliga a encarar la transformación propuesta. Los partidarios del statu quo no tienen ya razones convincentes para seguir sosteniendo el actual esquema y es la misma realidad la que fuerza el cambio. El primer paso de esta nueva transformación ha sido la creación del Comando Logístico Conjunto dependiente de la secretaría de Planeamiento del Ministerio y del EMCO, lo que ya ha implicado un sacudón en las fuerzas, pues los pasos que siguen van en la dirección de transferir al nivel superior partes significativas de la actual estructura de las tres fuerzas. Todavía es prematuro afirmar si se cumplirá tal como fue concebido el cronograma de transferencias que se habían diseñado en el MINDEF, pero no es menos cierto que ya no se puede seguir postergando decisiones, porque aceptar nuevas dilaciones sería visto como una señal de debilidad en la conducción o, al menos, como una cierta ausencia de liderazgo en el medio de una transición impuesta por el cambio de la situación estratégica internacional y regional. [B][FONT="Arial Narrow"][SIZE="3"][I]Educación para la acción conjunta[/I][/SIZE][/FONT][/B] En cuanto a la educación de los cuadros militares es imprescindible formarlos para la conjuntez, lo que en primer término implica oficiales superiores consustanciados con las implicancias estratégicas de cada decisión, superando los límites propios de la experiencia, los métodos y la historia de cada una de las fuerzas. La actividad combinada ya plantea problemas importantes, cuanto más el accionar conjunto la interoperatividad que pone a prueba estilos y reglas internalizados a lo largo de toda una carrera. En el mismo sentido, la compatibilidad de los equipamientos –algo que fue puesto a prueba en Malvinas- es otro desafío y sin duda uno de los problemas que más rápido pone al desnudo los costos insoportables de la ausencia de accionar conjunto o de sus debilidades. La educación para la conjuntez no es sólo un esfuerzo pedagógico y sólo en la práctica se va a lograr esa cooperación y esa fusión de estilos que dará por resultado un oficial distinto, acostumbrado a trabajar superando las barreras de una formación que sólo formalmente ha incorporado los códigos de la actividad conjunta. De todos modos está abierto el debate respecto a la formación de los cuadros militares para la acción conjunta y se plantean diversas alternativas, como por ejemplo introducir esta necesidad en los pasos iniciales de la carrera o exigirla en las etapas más avanzadas, recién para los oficiales jefes y los oficiales superiores. En Canadá existen institutos de formación conjunta y en Alemania la “Escuela Superior de Guerra”, tal como se la conoce en la Argentina a la institución que forma a los oficiales de Estado Mayor, incluye a componentes de las tres fuerzas. Sea cual fuere el camino que se elija, está claro que la formación para la conjuntez exigirá un nuevo enfoque educativo y, además, la práctica efectiva de ese principio en el accionar cotidiano, al menos a partir de cierta etapa de la carrera militar. Un dato esencial del sistema de toma de decisiones que se ha previsto mejorar es la coherencia entre el planeamiento estratégico y el resto de las políticas. Por cierto la búsqueda de esta relación no es nueva para las FF.AA. argentinas, en particular desde el restablecimiento de la democracia, pero hay aún un largo trecho por recorrer hasta alcanzar esa coherencia en forma integral. Lo nuevo en todo caso es la aptitud que deben tener los oficiales superiores para el imprescindible diálogo político que exigen las decisiones, ya que el estamento político, bien sea en el Ejecutivo como en el Congreso, es protagonista siempre. En el pasado reciente se han acumulado experiencias que permiten afirmar la respuesta positiva del estamento militar cuando se trata de convencer a los integrantes del sistema político sobre la conveniencia de adquirir un determinado sistema de armas. Muy en particular la compra de los aviones A4AR, obligó a un cuidadoso trabajo de preparación de opinión en el Congreso, así como a la búsqueda del necesario consenso para llevar esa propuesta al terreno presupuestario, y algo similar ha sucedido con la adquisición de radares. Todo esto exige una formación específica para los oficiales superiores, quienes tendrán que capacitarse para actuar como una eficaz interfase entre el mundo militar y el campo civil. Algo similar cabe decir de la formación de la burocracia civil del MINDEF, de la que se espera una creciente capacitación y formación profesional acorde con el tipo de tareas que ahora se le demanda. Muy importante es también que los oficiales, además de su formación específicamente militar, sumen conocimientos profesionales en otras áreas como la administración y la gestión, las relaciones internacionales, la economía, la sociología o los conocimientos ingenieriles. La formación académica crea sin duda un código de comprensión decisivo y un ambiente interdisciplinario propicio para el entendimiento que requiere el abordaje de problemas complejos y también de situaciones conflictivas como las que cabe esperar de una propuesta audaz, innovadora y costosa. La ley de reestructuración, ya había previsto en su artículo 14 que “A partir del séptimo año de la entrada en vigencia de la presente ley, será requisito poseer título de bachiller o equivalente, para el ascenso a suboficial superior. Para el personal superior egresado de los institutos de formación a partir del año1992 inclusive, será requisito una formación de grado universitario para el ascenso a oficial superior” . Esta exigencia es un antecedente muy claro de la dirección en que se deseaba hacer avanzar la reestructuración y hacia allí habrá de dirigirse también la educación militar para satisfacer las exigencias de los cambios que ahora se impulsan desde el MINDEF. Es lógico esperar que oficiales con grado universitario estén mejor preparados para trabajar con camaradas de otras armas, para aprovechar las ventajas de estilos de trabajo organizados en torno a redes informáticas, con niveles culturales exigentes, competitivos pero no por ello hostiles al accionar en común. Además muchos de ellos ya han participado en misiones de paz o han actuado en operaciones combinadas con otras fuerzas de países del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) o con países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), lo que les ha dado una experiencia muy enriquecedora. Esa calificación académica en disciplinas que son propias del sector privado deberá ser vista como un enriquecimiento profesional y personal, imprescindible para el cumplimiento de las altas funciones de Estado que le competen a un oficial superior. Las FF.AA. , como toda gran organización, tiene problemas de personal, logísticos, financieros, de capacitación y de administración, para cuya solución ya existen alternativas exitosas en el sector privado que deberán ser adaptadas al medio militar. Y lo que en el pasado parecía impensable hoy tendrá que ser probado en la práctica para alcanzar una administración eficiente, económica y eficaz. Para poner un ejemplo, hoy no se puede subestimar, ni mucho menos ignorar el costo de los stocks, aún aceptando que las exigencias de alistamiento y los niveles de seguridad imponen consideraciones especiales cuando de defensa se trata. La aplicación del conocido sistema “just in time” para la provisión de repuestos del parque automotor de las fuerzas, tendrá sin duda peculiaridades propias de la estructura del sistema de defensa y de sus misiones y funciones, pero no hay duda que ese sistema habrá de favorecer el uso racional de los recursos. Los métodos de trabajo también deberán sufrir transformaciones de fondo y para ello habrá que recurrir al auxilio de las nuevas tecnologías, como por ejemplo el uso intensivo de la informática, algo que por sí mismo crea condiciones propicias para el uso de códigos comunes, que acortan el camino hacia la actuación conjunta. Sin el uso intensivo de la informática es ilusorio pensar en la aplicación imperativa en todos los niveles de la administración del sistema S3P (planificación, programación y presupuestación). Esa tecnología está disponible y en uso en las tres fuerzas, pero hay también desigualdad en la extensión de su aplicación y en el grado de sofisticación con que se utiliza. El uso intensivo del S3P permitirá que los más avanzados lideren su aplicación transmitiendo al resto nuevos estilos de trabajo y procedimientos más modernos e innovadores. Este es un ejemplo muy claro de las ventajas que brinda el accionar conjunto y la difusión a la totalidad del sistema de las experiencias avanzadas que actuarán como locomotora de arrastre para los demás. Lo que en todo caso está claro es que no pueden coexistir pacíficamente en la administración de la defensa tres sistemas de compras con distinto nivel de discrecionalidad, si es que se quiere lograr una gestión eficiente. El cambio que deberá afrontar la defensa en la Argentina, inspirado en la experiencia internacional, deberá tener una escala a la medida de la magnitud de nuestro aparato militar, lo que en sí mismo es una ventaja, porque bien se sabe que aquellas potencias con responsabilidades globales sufren también presiones muy fuertes para mantener el esquema actual. Los intereses vinculados a la defensa –el lobby militar industrial- son grandes inductores de conservadorismo o lo que a veces es incluso peor, de transformaciones vinculadas a opciones tecnológicas en las que se funda el negocio bélico. Para el caso de la Argentina, la pequeña escala del sistema que hay que transformar reduce a proporciones mínimas las presiones que se dan en otros países en mucho mayor grado. En el caso de la defensa la política de adquisiciones presenta diferencias notables respecto al resto del sector público. No existe lo que se podría definir como un mercado y los proveedores en la mayoría de los casos, salvo para los insumos de uso cotidiano, constituyen un oligopolio. También es difícil evaluar con efectividad la adquisición de insumos, lo que dificulta la delegación de discrecionalidad hacia los responsables de la decisión y de la ejecución de la operación, que están más alejados de los mandos superiores. Otro elemento que dificulta la aplicación de políticas eficientes dentro del actual esquema es que las tres fuerzas compiten por el uso de fondos asignados al conjunto, lo que redunda en externalidades que conspiran contra una mayor eficiencia en las adquisiciones. Todas estas dificultades deberán ser afrontadas por los responsables civiles del MINDEF y por los oficiales del EMCO que tendrán que construir una nueva forma de encarar esas responsabilidades, desde la perspectiva superior que les impone considerar al sistema de defensa como un todo, superando la visión propia de cada una de las fuerzas. [FONT="Arial Narrow"][SIZE="3"][I][B]Nuevo perfil del oficial superior[/B][/I][/SIZE][/FONT] La primera decisión que va a poner a prueba la comprensión de las necesidades será el perfil del oficial que las fuerzas propongan para incorporarse al EMCO en los niveles que se les requiera. Si esta orientación ha sido asimilada, los oficiales más calificados, con mayor experiencia y mejor formación, deberán ser los elegidos para incorporarse al plantel del organismo superior. De lo contrario ello en sí mismo explicaría el demérito con que se calificaba en el pasado no muy lejano a ese destino: un cargo burocrático que en varios casos definía el futuro de retiro para el oficial superior. En los últimos tiempos esto se ha venido corrigiendo, y así lo prueban las promociones de oficiales superiores, que jerarquizan la experiencia en el EMCO y la participación en el proceso de toma de decisiones con una clara perspectiva política de Estado. A menudo la palabra política tiene para algunos oficiales una connotación peyorativa, en particular porque se la confunde con los aspectos partidistas. Aquí se está reclamando una visión de Estado, es decir la aplicación profesional y enriquecedora de orientaciones que no son patrimonio de ninguna de las fuerzas políticas en particular, sino el resultado de un consenso que las convierte en políticas públicas, respecto de las cuales los disensos son mínimos. Las responsabilidades de los oficiales superiores que accedan a los cargos de significación en el área de la defensa son las que corresponden a los altos funcionarios del Estado, y para ello incluso se les da acuerdo en el Senado de la Nación, cuando son promovidos a coronel, capitán de navío y comodoro, del mismo modo que para el resto de los cargos hasta el grado máximo en jerarquía en cada una de las armas. Cuando se da el acuerdo senatorial, no sólo se analizan las calificaciones profesionales, sino también los méritos académicos y, muy en particular, sus capacidades como hombre de Estado. Este es el sentido esencial de la institución del acuerdo senatorial. A esa altura de la carrera ya se requiere una clara compresión política de las orientaciones públicas para la defensa y se espera que el funcionario militar esté consustanciado con las transformaciones propuestas desde el poder institucional. En consecuencia la formación del oficial superior habrá de requerir en algunas fases de la carrera su experiencia en los organismos conjuntos, pues el nuevo liderazgo que se necesita construir para conducir el cambio, exige esa capacidad para amalgamar culturas militares distintas, como requisito para actuar conjuntamente. Más allá de la conducción política civil, los inevitables cambios que se avecinan exigen en el campo militar el surgimiento de nuevos liderazgos consustanciados con esa orientación y capacitados para operacionalizar creativamente las decisiones políticas. No basta con ejecutores eficientes y disciplinados, se está esperando una nueva vuelta de tuerca en la transformación de las FF.AA. que, superada la etapa de la subordinación al poder civil, deben avanzar hacia la reforma integral de sus estructuras, para adecuarlas al nuevo entorno internacional y a las exigencias de la reestructuración del Estado que hoy demanda la sociedad argentina. [/QUOTE]
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Guerra desarrollada entre Argentina y el Reino Unido en 1982
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