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Area Militar General
Malvinas 1982
La enseñanza de Sun Tzu en nuestra lucha por Malvinas
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<blockquote data-quote="Piloco" data-source="post: 812529" data-attributes="member: 7948"><p><strong>segunda parte</strong></p><p></p><p><span style="font-size: 12px">Que decía Sun Tzu</span></p><p>Ya Sun Tzu manifestaba inteligentemente que “la defensa nacional es el mayor asunto de un Estado, la clave para su supervivencia o extinción. Debe ser minuciosamente evaluada y constantemente analizada”. Además expuso cinco factores o requisitos que había que contemplar en la estructura militar. De éstos, sólo analizaremos el primero y fundamental, pues en Malvinas tuvo una absoluta vigencia nacional. Sun Tzu la define como el Tao, o lo que a mi juicio es el <em>espíritu de justicia</em> de la causa, es decir, la <em>causa justa</em> que consideraron Santo Tomás de Aquino y San Agustín. Decía el maestro chino, “la causa justa (el Tao) logra que el pueblo comparta con el gobernante la decisión de luchar. Ellos estarán de acuerdo hasta morir con él, vivirán con él y no sentirán el peligro”.</p><p>De esas consideraciones podemos extraer una conclusión interesante. Si bien la Argentina valorizó erróneamente en la guerra de Malvinas la importancia vital que tiene el sistema de defensa para la supervivencia nacional -la principal deficiencia demostrada en la guerra de 1982, según mi apreciación- descubrimos casualmente un factor básico que es esencial para nuestra lucha por la recuperación soberana de las islas. Ese factor, que es la causa justa, durante la guerra constituyó una sorpresa estratégica que exhibió al pueblo argentino ante el mundo y tiene significativas proyecciones futuras. Por otra parte, ese mismo factor -que despertó una fuerte reacción popular- no había sido tenido en cuenta por los planificadores político-militares de ambos bandos, pero demostró ser la esencia del prestigio argentino y el soporte político indirecto de nuestra intervención militar en Malvinas.</p><p>Era el requisito que nos faltaba presentar al mundo para demostrar que los argentinos estábamos dispuestos a morir en unidad nacional por una <em>causa justa</em>. Pese a toda la campaña de desinformación con alcance mundial que UK puso en marcha y que ene nuestro país se conoce como “desmalvinización”, mediante la cual intentaba convencer de lo “absurdo” de esa guerra, sospecho que los argentinos hemos colocado una “pica en Flandes” de una gran solidez esta vez y que nos proporcionará a no demasiado largo plazo un importante rédito para recuperar la soberanía de aquellas ínsulas.</p><p></p><p><span style="font-size: 12px">La estrategia</span></p><p>Desde mi punto de vista, Sun Tzu ha dejado para la historia muchas reflexiones estratégicas (políticas y militares) que habrían tenido aplicación en la guerra de Malvinas. Por ejemplo, expresaba que, “en la guerra, las operaciones políticas y militares se nutren del engaño. Por lo tanto, aunque seaz capaz, muéstrate torpe. Cuando estés listo para emplear tus fuerzas, finge inactividad. Cunado tu objetivo esté próximo a ser alcanzado, aparenta que está distante, y cuando realmente esté lejos, crea la ilusión de su proximidad”. En otro momento de su escrito, analizando la estrategia operacional, propuso esta verdad genial, “para el combate, sea militar o político, lo mas difícil es transformar lo torcido en derecho, es decir, la adversidad en ventaja (o sea los factores negativos de la situación en positivos). Por lo tanto, si logras torcer la maniobra enemiga con alguna tentación, aunque inicies mas tarde tu propia maniobra, llegarás antes que tu adversario”.</p><p>En este aspecto particular hemos visto que UK consideraba seriamente la posibilidad de una invasión argentina a Malvinas, desde al menos mediados de los ‘70s. contrariamente a lo aconsejado por Sun Tzu, los argentinos dimos varios indicios de intenciones que confirmaban esa presunción. Por otra parte los británicos poseían información abundante y reservada sobre las probabilidades petroleras en la zona en disputa. Las investigaciones de lord Shackleton -de aquella época- habrían confirmado la presencia de una cuenca petrolífera estimada como “la mayor reserva del planeta”.</p><p>Estos antecedentes, mas otros no citados aquí, incitó al gobierno conservador de la Sra. Thatcher a contemplar la instalación de una fortaleza militar en Malvinas al viejo estilo del imperio, como Malta, Chipre y Bahrain para disuadir –en este caso a la Argentina- cualquier intromisión futura en la concepción y diseño de un fabuloso emprendimiento económico que ya desde entonces se preveía que sería privado, acompañando el estilo de la globalización naciente. Pero la implantación de una tal fortaleza no podía realizarse sin una razón justificada porque entre otras cosas el problema estaba siendo seguido de cerca por la ONU gracias a una inteligente gestión diplomática argentina.</p><p>Entonces se necesitaba “transformar lo torcido en derecho” con algún audaz acontecimiento. Ese modo de acción podría ser obligar a la Argentina a alejarse del paraguas legal protector que le acordaban las decisiones de las NNUU, que perdiera la calma e invadiera unilateralmente las ilas. Según el Informe Franks, así lo preveían los planes militares británicos desde 1976. La estrategia británica de aquel momento mostró que ese país supuestamente se “desinteresaba en dicha región” (“cuando seas capaz, muéstrate torpe”, Sun Tzu) para volcar su atención en otros problemas estratégicos aparentemente más importantes, donde “Malvinas tenía una prioridad muy distante”, según lo contó lord Carrington a nuestro canciller en Washington, DC, en 1981.</p><p>Esa tentadora confidencia le insufló ánimos a nuestros dirigentes nacionales y a los planificadores de las alternativas militares que empezaban a materializarse por entonces con la supervisión de la Junta Militar en un caso, y de la Armada y Cancillería por otro. Según el CA Horacio Mayorga (<em>No vencidos</em>, ed. Planeta, Bs. As., 1998, p.32), se trataba de la Operación Alfa, que contemplaba la sorpresiva instalación de una base naval científica como la de Thule en 1976, pero ahora en Pto. Leigh (Georgias del Sur). Los británicos, que probablemente estaban al tanto de nuestras intenciones gracias a un servicio de inteligencia de alta calidad, se daban cuenta que persistía un factor que afectaba a su propia estrategia. En el planeamiento argentino se preveía que la Operación Azul -recuperación de las islas Malvinas- no debía realizarse antes del 15 de mayo por cuanto el invierno llegaba puntualmente a aquella región (alrededor del 15 de junio).</p><p>Este factor meteorológico contribuiría a deteriorar la calidad de la reacción británica a partir del buen resultado de la sorpresa a lograr por nuestras fuerzas; el tiempo de reunión, reabastecimiento y navegación de la flota (alrededor de 20 días desde UK a Malvinas), y la operación anfibia consecuente. El comienzo del crudo invierno sureño generaría dificultades a los buques de la flota y los haría “tan vulnerables allí, como los ejércitos terrestres de Napoleón e Hitler lo fueron en Rusia (Woodward, <em>Los cien días</em>, Ed. Sudamericana, Bs. As., 1992, p.342). ese factor perturbador tenía que ser corregido haciendo que la fecha propuesta por las FFAA argentinas se adelantara para no después del 01 de abril. Por lo tanto incitaron nuestras apetencias comerciales y estratégicas (Mar82) en Georgias de Sur, que ellos conocían muy bien. A continuación actuaron desconsiderablemente para que los argentinos se sintieran agraviados y reaccionaran con indignación (“…si están enojados, pertúrbalos” aconsejaba Sun Tzu) y de esa manera adelantaran la operación de recuperación a la fecha que “casualmente” le permitiría a UK obrar con tiempo justo para llevar a cabo la reconquista antes de la entrada del invierno. Entonces nosotros comenzamos nuestra operación el 01Abr82 olvidando lo recomendado por Sun Tzu (“…si logras torcer la maniobra enemiga con alguna tentación y aunque comiences tarde tu propia maniobra, llegarás antes que él… Esto se logra conociendo como actuar con lo torcido y lo directo…” Tal vez el maestro chino nos miraba entonces desde los cielos con una mirada compasiva.</p><p>En otros momentos, el libro atribuido a Sun Tzu expresa con sutil inteligencia, “…por lo tanto, la excelencia de la conducción está en influir o instigar al enemigo y no ser inducido por éste. Si por el contrario deseas prevenir que el enemigo actúe, muéstrale las consecuencias peligrosas que tal acción traería (disuasión)”. Tomando en cuenta este enfoque, apreciamos claramente que las intenciones del Gobierno británico no eran practicar la disuasión, sino por el contrario, provocarnos para que diéramos el primer paso.</p><p></p><p><span style="font-size: 12px">La batalla</span></p><p>Pero también los argentinos, aunque tal vez por simple intuición criolla más que por el conocimiento del pensamiento de Sun Tzu, demostramos poseer algo de la sabiduría china y la aplicamos exitosamente en ciertos aspectos de la guerra. Eso sucedió preferentemente en el campo táctico, durante la batalla que confiadamente nos propusieron los británicos partiendo de un supuesto erróneo. Creyeron que carecíamos de aptitud para el combate y de espíritu de lucha. Posiblemente desconocían las reflexiones del Tte. Gral. John Whitelocke ante el tribunal que lo juzgó en Londres por su derrota en Buenos Aires (1807): “no hay un solo ejemplo en la historia que pueda igualarse a lo ocurrido en Buenos Aires, donde sin exageración todos los habitantes, libres o esclavos, combatieron con una pertinacia que no podía esperarse ni del entusiasmo religioso o patriótico, ni del odio más inveterado e implacable”.</p><p>Ahora examinaré algunos sucesos protagonizados por la FAA -por cuanto son los que mejor conozco- en algunos momentos de la batalla y que enorgullecería al mismísimo Sun Tzu. “En consecuencia -expresó- si el enemigo está descansado, tu puedes fatigarlo. Si está bien alimentado, tu puedes hambrearlo. Si está quieto, tu lo puedes mover. Adelántate a posiciones a las que tendrá que apresurarse a defender; establece posiciones que el enemigo no pueda atacar. En cambio, la imagen que debemos dar de nuestro despliegüe debe ser la de parecer amorfos e imprecisos. Luego, si soy capaz de manejar el dispositivo enemigo mientras soy amorfo (ante sus ojos), puedo concentrar libremente mis fuerzas al tiempo que mantengo al enemigo fragmentado”. Precisamente así fue la batalla aeromarítima que la FAA condujo desde su comando táctico (FA Sur) en Comodoro Rivadavia, con sus unidades aéreas desplegadas en distíntos aeródromos de nuestra Patagonia que cambiaban constantemente. La FAA dispuso de unos 80 aviones de combate correspondiente a distintos sistemas de armas, algunos de los cuales fueron adaptados apresuradamente a las exigencias de los procedimientos aeromarítimos cuya competencia le había sido retirada a la FA en 1969. En menos de un mes hubo que alistar a tripulaciones y material aéreo para desarrollar operaciones aeromarítimas de ataque con plataformas y armas concebidas para uso contra objetivos militares terrestres. Con esos recursos y cumpliendo roles no habituales, la FAA logró producir al oponente los daños indirectos que aconsejaba Sun Tzu.</p><p>Además de usar inteligentemente los escasos y anticuados aviones a disposición, el Cdo. FAS puso en práctica una vieja idea que rondaba la mente en su EM: recurrir a aeronaves civiles de velocidad similar a los caza-bombarderos, con una guía militar, para confundir a los radares de la flota y simular ataques a buques. De ese modo harían despegar de los portaaviones a las patrullas aéreas de combate (PACs), integradas por Sea Harrier, única arma aérea de la flota. Ese propósito se logró utilizando aeronaves Lear en versión fotográfica de la FAA y aviones ejecutivos pilotados por tripulaciones civiles que entusiastamente se brindaron para volar esas salidas de diversión. Curiosamente, algunos de ellos eran veteranos argentinos de la RAF que, por ser de ascendencia británica, habían participado voluntariamente al servicio de UK en la II GM. En la FA, esa tarea también la cumplieron los cazas interceptores. En total, el escuadrón de paratos civiles, bautizado Fénix, realizó 118 salidas de ese tenor a lo largo de la guerra.</p><p>Esta maravillosa unidad, digna del arte de Sun Tzu, llegó a contar con más de 15 aparatos y con jefatura en Comodoro Rivadavia, el escuadrón fue desplegado en varios aeródromos patagónicos que alojaban a unidades de combate. Asimismo el escuadrón Fénix cumplió otras importantes tareas de exploración y reconocimiento, guiado de escuadrillas de ataque, y transporte de tripulaciones.</p><p>Durante los ataques aéreos a los buques británicos en los alrededores de Malvinas, uno de los obstáculos mas importantes a superar eran los Sea Harrier, de extraordinaria maniobrabilidad a alturas bajas y medias, y dotado con los AIM-9L facilitados por USA, que nos eran operativamente desconocidos. A estos se agregaban los SAMs y la AA de los buques. Por eso, para llegar hasta el objetivo incólume había que acudir a una ingeniosa táctica criolla. Ante estos interceptores tan bien equipados, nuestros caza-bombarderos armados con bombas PG para el ataque a los buques y sus cañones fijos para la defensa aire-aire, se encontraban en franca desventaja cuando eran interceptados. En tales circunstancias, las operaciones de diversión eran la única alternativa.</p><p>Por eso, los aviones del escuadrón Fénix decolaban formados como si fueran una escuadrilla de combate y se aproximaban a Malvinas por una altura que les permitiera su detección temprana por los radares de la flota para atraer a los Sea Harrier. Recordemos el pensamiento de Sun Tzu, “si está quieto, tu lo puedes mover. Adelántate a posiciones a las que tenga que apresurarse a defender, establece posiciones que el enemigo no pueda atacar”. Cuando el radar argentino en la Isla Soledad confirmaba el despegue de las PACs hacia los Fénix, éstos confirmaban el éxito de su tarea e invertían el rumbo para volver a su base a la máxima velocidad posible. En un cierto momento, calculado cuidadosamente por el Cdo.FAS, cuando los interceptores habían consumido mucho combustible como para empeñarse en procedimientos de combate aéreo, nuestros aparatos de ataque se aproximaban al ras del suelo y sorprendían a los buques seleccionados (“…si soy capaz de manejar el dispositivo enemigo mientras yo soy amorfo…”). Uno de los aparatos Fénix que cumplía una tarea aerofotográfica y era pilotado por el jefe de la unidad Vcom. R. M. de la Colina y cuatro tripulantes fue derribado el 07Jun82 con un SAM Sea Dart del destructor HMS Exeter.</p><p>Esas tareas, sumadas a los osados ataques de nuestros caza-bombarderos, forzaron varias veces al CA Woodward a retirarse a unos 470 km al este de las islas para luego aproximarse durante la noche y hacer fuego naval sobre instalaciones militares argentinas en la isla Soledad. Sus memorias están llenas de citas sobre el accionar aeromarítimo argentino. John Lehman, Secretario de Marina de USA, en su informe al Comité de Defensa del Senado norteamericano, dijo al respecto: “a pesar de los heroicos esfuerzos de los pilotos de Sea Harrier, los británicos nunca lograron algo que se aproximara a la superioridad aérea sobre las Malvinas. Incluso aviones argentinos de transporte fueron capaces de aterrizar en Stanley hasta la misma noche anterior a la rendición. Sin embargo y afortunadamente para los británicos, la guerra aérea circunscribió a horas diurnas…”</p></blockquote><p></p>
[QUOTE="Piloco, post: 812529, member: 7948"] [b]segunda parte[/b] [SIZE="3"]Que decía Sun Tzu[/SIZE] Ya Sun Tzu manifestaba inteligentemente que “la defensa nacional es el mayor asunto de un Estado, la clave para su supervivencia o extinción. Debe ser minuciosamente evaluada y constantemente analizada”. Además expuso cinco factores o requisitos que había que contemplar en la estructura militar. De éstos, sólo analizaremos el primero y fundamental, pues en Malvinas tuvo una absoluta vigencia nacional. Sun Tzu la define como el Tao, o lo que a mi juicio es el [I]espíritu de justicia[/I] de la causa, es decir, la [I]causa justa[/I] que consideraron Santo Tomás de Aquino y San Agustín. Decía el maestro chino, “la causa justa (el Tao) logra que el pueblo comparta con el gobernante la decisión de luchar. Ellos estarán de acuerdo hasta morir con él, vivirán con él y no sentirán el peligro”. De esas consideraciones podemos extraer una conclusión interesante. Si bien la Argentina valorizó erróneamente en la guerra de Malvinas la importancia vital que tiene el sistema de defensa para la supervivencia nacional -la principal deficiencia demostrada en la guerra de 1982, según mi apreciación- descubrimos casualmente un factor básico que es esencial para nuestra lucha por la recuperación soberana de las islas. Ese factor, que es la causa justa, durante la guerra constituyó una sorpresa estratégica que exhibió al pueblo argentino ante el mundo y tiene significativas proyecciones futuras. Por otra parte, ese mismo factor -que despertó una fuerte reacción popular- no había sido tenido en cuenta por los planificadores político-militares de ambos bandos, pero demostró ser la esencia del prestigio argentino y el soporte político indirecto de nuestra intervención militar en Malvinas. Era el requisito que nos faltaba presentar al mundo para demostrar que los argentinos estábamos dispuestos a morir en unidad nacional por una [I]causa justa[/I]. Pese a toda la campaña de desinformación con alcance mundial que UK puso en marcha y que ene nuestro país se conoce como “desmalvinización”, mediante la cual intentaba convencer de lo “absurdo” de esa guerra, sospecho que los argentinos hemos colocado una “pica en Flandes” de una gran solidez esta vez y que nos proporcionará a no demasiado largo plazo un importante rédito para recuperar la soberanía de aquellas ínsulas. [SIZE="3"]La estrategia[/SIZE] Desde mi punto de vista, Sun Tzu ha dejado para la historia muchas reflexiones estratégicas (políticas y militares) que habrían tenido aplicación en la guerra de Malvinas. Por ejemplo, expresaba que, “en la guerra, las operaciones políticas y militares se nutren del engaño. Por lo tanto, aunque seaz capaz, muéstrate torpe. Cuando estés listo para emplear tus fuerzas, finge inactividad. Cunado tu objetivo esté próximo a ser alcanzado, aparenta que está distante, y cuando realmente esté lejos, crea la ilusión de su proximidad”. En otro momento de su escrito, analizando la estrategia operacional, propuso esta verdad genial, “para el combate, sea militar o político, lo mas difícil es transformar lo torcido en derecho, es decir, la adversidad en ventaja (o sea los factores negativos de la situación en positivos). Por lo tanto, si logras torcer la maniobra enemiga con alguna tentación, aunque inicies mas tarde tu propia maniobra, llegarás antes que tu adversario”. En este aspecto particular hemos visto que UK consideraba seriamente la posibilidad de una invasión argentina a Malvinas, desde al menos mediados de los ‘70s. contrariamente a lo aconsejado por Sun Tzu, los argentinos dimos varios indicios de intenciones que confirmaban esa presunción. Por otra parte los británicos poseían información abundante y reservada sobre las probabilidades petroleras en la zona en disputa. Las investigaciones de lord Shackleton -de aquella época- habrían confirmado la presencia de una cuenca petrolífera estimada como “la mayor reserva del planeta”. Estos antecedentes, mas otros no citados aquí, incitó al gobierno conservador de la Sra. Thatcher a contemplar la instalación de una fortaleza militar en Malvinas al viejo estilo del imperio, como Malta, Chipre y Bahrain para disuadir –en este caso a la Argentina- cualquier intromisión futura en la concepción y diseño de un fabuloso emprendimiento económico que ya desde entonces se preveía que sería privado, acompañando el estilo de la globalización naciente. Pero la implantación de una tal fortaleza no podía realizarse sin una razón justificada porque entre otras cosas el problema estaba siendo seguido de cerca por la ONU gracias a una inteligente gestión diplomática argentina. Entonces se necesitaba “transformar lo torcido en derecho” con algún audaz acontecimiento. Ese modo de acción podría ser obligar a la Argentina a alejarse del paraguas legal protector que le acordaban las decisiones de las NNUU, que perdiera la calma e invadiera unilateralmente las ilas. Según el Informe Franks, así lo preveían los planes militares británicos desde 1976. La estrategia británica de aquel momento mostró que ese país supuestamente se “desinteresaba en dicha región” (“cuando seas capaz, muéstrate torpe”, Sun Tzu) para volcar su atención en otros problemas estratégicos aparentemente más importantes, donde “Malvinas tenía una prioridad muy distante”, según lo contó lord Carrington a nuestro canciller en Washington, DC, en 1981. Esa tentadora confidencia le insufló ánimos a nuestros dirigentes nacionales y a los planificadores de las alternativas militares que empezaban a materializarse por entonces con la supervisión de la Junta Militar en un caso, y de la Armada y Cancillería por otro. Según el CA Horacio Mayorga ([I]No vencidos[/I], ed. Planeta, Bs. As., 1998, p.32), se trataba de la Operación Alfa, que contemplaba la sorpresiva instalación de una base naval científica como la de Thule en 1976, pero ahora en Pto. Leigh (Georgias del Sur). Los británicos, que probablemente estaban al tanto de nuestras intenciones gracias a un servicio de inteligencia de alta calidad, se daban cuenta que persistía un factor que afectaba a su propia estrategia. En el planeamiento argentino se preveía que la Operación Azul -recuperación de las islas Malvinas- no debía realizarse antes del 15 de mayo por cuanto el invierno llegaba puntualmente a aquella región (alrededor del 15 de junio). Este factor meteorológico contribuiría a deteriorar la calidad de la reacción británica a partir del buen resultado de la sorpresa a lograr por nuestras fuerzas; el tiempo de reunión, reabastecimiento y navegación de la flota (alrededor de 20 días desde UK a Malvinas), y la operación anfibia consecuente. El comienzo del crudo invierno sureño generaría dificultades a los buques de la flota y los haría “tan vulnerables allí, como los ejércitos terrestres de Napoleón e Hitler lo fueron en Rusia (Woodward, [I]Los cien días[/I], Ed. Sudamericana, Bs. As., 1992, p.342). ese factor perturbador tenía que ser corregido haciendo que la fecha propuesta por las FFAA argentinas se adelantara para no después del 01 de abril. Por lo tanto incitaron nuestras apetencias comerciales y estratégicas (Mar82) en Georgias de Sur, que ellos conocían muy bien. A continuación actuaron desconsiderablemente para que los argentinos se sintieran agraviados y reaccionaran con indignación (“…si están enojados, pertúrbalos” aconsejaba Sun Tzu) y de esa manera adelantaran la operación de recuperación a la fecha que “casualmente” le permitiría a UK obrar con tiempo justo para llevar a cabo la reconquista antes de la entrada del invierno. Entonces nosotros comenzamos nuestra operación el 01Abr82 olvidando lo recomendado por Sun Tzu (“…si logras torcer la maniobra enemiga con alguna tentación y aunque comiences tarde tu propia maniobra, llegarás antes que él… Esto se logra conociendo como actuar con lo torcido y lo directo…” Tal vez el maestro chino nos miraba entonces desde los cielos con una mirada compasiva. En otros momentos, el libro atribuido a Sun Tzu expresa con sutil inteligencia, “…por lo tanto, la excelencia de la conducción está en influir o instigar al enemigo y no ser inducido por éste. Si por el contrario deseas prevenir que el enemigo actúe, muéstrale las consecuencias peligrosas que tal acción traería (disuasión)”. Tomando en cuenta este enfoque, apreciamos claramente que las intenciones del Gobierno británico no eran practicar la disuasión, sino por el contrario, provocarnos para que diéramos el primer paso. [SIZE="3"]La batalla[/SIZE] Pero también los argentinos, aunque tal vez por simple intuición criolla más que por el conocimiento del pensamiento de Sun Tzu, demostramos poseer algo de la sabiduría china y la aplicamos exitosamente en ciertos aspectos de la guerra. Eso sucedió preferentemente en el campo táctico, durante la batalla que confiadamente nos propusieron los británicos partiendo de un supuesto erróneo. Creyeron que carecíamos de aptitud para el combate y de espíritu de lucha. Posiblemente desconocían las reflexiones del Tte. Gral. John Whitelocke ante el tribunal que lo juzgó en Londres por su derrota en Buenos Aires (1807): “no hay un solo ejemplo en la historia que pueda igualarse a lo ocurrido en Buenos Aires, donde sin exageración todos los habitantes, libres o esclavos, combatieron con una pertinacia que no podía esperarse ni del entusiasmo religioso o patriótico, ni del odio más inveterado e implacable”. Ahora examinaré algunos sucesos protagonizados por la FAA -por cuanto son los que mejor conozco- en algunos momentos de la batalla y que enorgullecería al mismísimo Sun Tzu. “En consecuencia -expresó- si el enemigo está descansado, tu puedes fatigarlo. Si está bien alimentado, tu puedes hambrearlo. Si está quieto, tu lo puedes mover. Adelántate a posiciones a las que tendrá que apresurarse a defender; establece posiciones que el enemigo no pueda atacar. En cambio, la imagen que debemos dar de nuestro despliegüe debe ser la de parecer amorfos e imprecisos. Luego, si soy capaz de manejar el dispositivo enemigo mientras soy amorfo (ante sus ojos), puedo concentrar libremente mis fuerzas al tiempo que mantengo al enemigo fragmentado”. Precisamente así fue la batalla aeromarítima que la FAA condujo desde su comando táctico (FA Sur) en Comodoro Rivadavia, con sus unidades aéreas desplegadas en distíntos aeródromos de nuestra Patagonia que cambiaban constantemente. La FAA dispuso de unos 80 aviones de combate correspondiente a distintos sistemas de armas, algunos de los cuales fueron adaptados apresuradamente a las exigencias de los procedimientos aeromarítimos cuya competencia le había sido retirada a la FA en 1969. En menos de un mes hubo que alistar a tripulaciones y material aéreo para desarrollar operaciones aeromarítimas de ataque con plataformas y armas concebidas para uso contra objetivos militares terrestres. Con esos recursos y cumpliendo roles no habituales, la FAA logró producir al oponente los daños indirectos que aconsejaba Sun Tzu. Además de usar inteligentemente los escasos y anticuados aviones a disposición, el Cdo. FAS puso en práctica una vieja idea que rondaba la mente en su EM: recurrir a aeronaves civiles de velocidad similar a los caza-bombarderos, con una guía militar, para confundir a los radares de la flota y simular ataques a buques. De ese modo harían despegar de los portaaviones a las patrullas aéreas de combate (PACs), integradas por Sea Harrier, única arma aérea de la flota. Ese propósito se logró utilizando aeronaves Lear en versión fotográfica de la FAA y aviones ejecutivos pilotados por tripulaciones civiles que entusiastamente se brindaron para volar esas salidas de diversión. Curiosamente, algunos de ellos eran veteranos argentinos de la RAF que, por ser de ascendencia británica, habían participado voluntariamente al servicio de UK en la II GM. En la FA, esa tarea también la cumplieron los cazas interceptores. En total, el escuadrón de paratos civiles, bautizado Fénix, realizó 118 salidas de ese tenor a lo largo de la guerra. Esta maravillosa unidad, digna del arte de Sun Tzu, llegó a contar con más de 15 aparatos y con jefatura en Comodoro Rivadavia, el escuadrón fue desplegado en varios aeródromos patagónicos que alojaban a unidades de combate. Asimismo el escuadrón Fénix cumplió otras importantes tareas de exploración y reconocimiento, guiado de escuadrillas de ataque, y transporte de tripulaciones. Durante los ataques aéreos a los buques británicos en los alrededores de Malvinas, uno de los obstáculos mas importantes a superar eran los Sea Harrier, de extraordinaria maniobrabilidad a alturas bajas y medias, y dotado con los AIM-9L facilitados por USA, que nos eran operativamente desconocidos. A estos se agregaban los SAMs y la AA de los buques. Por eso, para llegar hasta el objetivo incólume había que acudir a una ingeniosa táctica criolla. Ante estos interceptores tan bien equipados, nuestros caza-bombarderos armados con bombas PG para el ataque a los buques y sus cañones fijos para la defensa aire-aire, se encontraban en franca desventaja cuando eran interceptados. En tales circunstancias, las operaciones de diversión eran la única alternativa. Por eso, los aviones del escuadrón Fénix decolaban formados como si fueran una escuadrilla de combate y se aproximaban a Malvinas por una altura que les permitiera su detección temprana por los radares de la flota para atraer a los Sea Harrier. Recordemos el pensamiento de Sun Tzu, “si está quieto, tu lo puedes mover. Adelántate a posiciones a las que tenga que apresurarse a defender, establece posiciones que el enemigo no pueda atacar”. Cuando el radar argentino en la Isla Soledad confirmaba el despegue de las PACs hacia los Fénix, éstos confirmaban el éxito de su tarea e invertían el rumbo para volver a su base a la máxima velocidad posible. En un cierto momento, calculado cuidadosamente por el Cdo.FAS, cuando los interceptores habían consumido mucho combustible como para empeñarse en procedimientos de combate aéreo, nuestros aparatos de ataque se aproximaban al ras del suelo y sorprendían a los buques seleccionados (“…si soy capaz de manejar el dispositivo enemigo mientras yo soy amorfo…”). Uno de los aparatos Fénix que cumplía una tarea aerofotográfica y era pilotado por el jefe de la unidad Vcom. R. M. de la Colina y cuatro tripulantes fue derribado el 07Jun82 con un SAM Sea Dart del destructor HMS Exeter. Esas tareas, sumadas a los osados ataques de nuestros caza-bombarderos, forzaron varias veces al CA Woodward a retirarse a unos 470 km al este de las islas para luego aproximarse durante la noche y hacer fuego naval sobre instalaciones militares argentinas en la isla Soledad. Sus memorias están llenas de citas sobre el accionar aeromarítimo argentino. John Lehman, Secretario de Marina de USA, en su informe al Comité de Defensa del Senado norteamericano, dijo al respecto: “a pesar de los heroicos esfuerzos de los pilotos de Sea Harrier, los británicos nunca lograron algo que se aproximara a la superioridad aérea sobre las Malvinas. Incluso aviones argentinos de transporte fueron capaces de aterrizar en Stanley hasta la misma noche anterior a la rendición. Sin embargo y afortunadamente para los británicos, la guerra aérea circunscribió a horas diurnas…” [/QUOTE]
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