Experiencias de un prisionero de guerra norteamericano

Revolviendo en Military Review, encontre este breve e interesante articulo, sobre las vivencias de un prisionero de guerra durante la guerra de Vietnam

Experiencias de un prisionero de guerra norteamericano

Coronel (R) William S. Reeder, hijo, Ejército de los EE.UU

(Porciones extraídas del artículo publicado por el Northwest Guardian, “Former Army Aviator Recounts POW Experience”. Escrito por Rick E.Black)

EL 9 DE MAYO DE 1972 el Capitán William S.Reeder, hijo, piloto de un helicóptero Cobra AH-G1 cerca de la frontera tripartita de Camboya, Vietnam del Sur y Laos fue derrumbado por el fuego enemigo. Reeder recuerda los disparos, caer y el fuerte impacto en el terreno. “No hay mucho tiempo… para un pensamiento profundo. Hay suficiente tiempo para realizar rápidas evaluaciones de la situación y reaccionar.” Al recobrar la conciencia, Reeder estaba tirado en la tierra al lado de su helicóptero incendiado. Con la espalda rota, quemaduras en su cuello, metralla en la cabeza y tobillo derecho, intentó escapar. Para alcanzar una zona más segura se dio cuenta que debía primero cruzar las líneas de elementos enemigos y las áreas llenas de alambres y minas. Tenía la esperanza de poder identificarse claramente como amigo a los hombres encargados del fortín de mando si podía sobrevivir los fuegos enemigos. Al decidir que esto no iba a ser posible decidió encontrar su camino a una aldea amiga cerca de Kontum a unas 40 millas a través de la selva, un viaje que tomaría aproximadamente dos semanas. Reeder logró pararse y comenzó con mucho dolor a caminar. Durante el transcurso de la primera noche, Reeder oyó el sonido de unos helicópteros Cobra y encendió su luz de emergencia pero el piloto del helicóptero lo identificó erradamente como un fogonazo de arma de fuego y comenzó a disparar. Reeder evitó ser aún más herido y continuó avanzando hacia su objetivo comiendo hojas de plantas y hormigas. Al día siguiente fue atacado por fuego enemigo y al tercer día alcanzó un área bombardeada en donde vio un avión de observación de la Fuerza Aérea. Corrió hacia la mitad del área y comenzó a señalar con sus brazos pero el avión dio vuelta a su alrededor y se fue. Reeder esperaba ver un helicóptero de rescate pero en cambio un grupo de aviones F-4 comenzaron a bombardear la zona. Las bombas destruyeron el área a su alrededor pero no alcanzaron su escondite. Más tarde ese mismo día Reeder oyó voces vietnamitas a sólo unos 15 pies en frente de él. A medida que intentaba esconderse entre la selva gruesa, él esperaba que las voces que oía pertenecían a las personas de la localidad, pero, lastimosamente, unos cuantos segundos más tarde cinco AK-47 estaban apuntados a su cabeza; sabía que había sido capturado por las fuerzas de Vietnam del Norte. Sin saber, había estado alejándose del campamento Ben Het y acercándose hacia una importante área de concentración norvietnamita empleada para iniciar ataques. Al llegar al campamento de prisioneros, los guardias le sacaron sus botas y calcetines, colocándolo en un área central. Un interrogador de habla inglesa fue inicialmente amable con Reeder, preguntándole si podía ayudarlo en algo. “Le dije que no me sentía muy bien, mi espalda me dolía bastante y agradecería cualquier ayuda… más tarde me arrepentí de haberle informado acerca de mi espalda.” El interrogador planteó preguntas tácticas acerca de la misión y unidad de Reeder. “Respondí dándole mi nombre, rango, número de identificación y fecha de nacimiento una vez que su intención era obvia. Cambió de ser amable a profesional y luego enojado con mis respuestas vagas.” El interrogador cambió de hacer preguntas tácticas a declaraciones de propaganda política. Este luego le entregó papeles a Reeder para que los firmara confesando que era un criminal de guerra y que había lanzado bombas de fuego y empleado municiones químicas, matando a ancianos, niños y mujeres embarazadas. Los papeles eran una confesión de culpabilidad de homicidio biológico, destrucción del medio ambiente así como de genocidio. Cuando Reeder rehusó firmar los papeles, el interrogador comenzó a golpearlo con sus puños y ató sus brazos detrás de su espalda, ajustando las cuerdas hasta que se tocasen los codos y se dislocasen los hombros. Luego ató a Reeder en una posición recta contra un árbol. “Ya que había estado caminando agachado con una espalda rota durante varios días, era extremadamente doloroso. Sentía ese dolor más el dolor de los hombros dislocados y…él continuaba golpeándome.” Esa noche me colocaron en un agujero cubierto por leñas. “Me preparé mentalmente para aguantar cualquier cosa, ya que necesitaba sobrevivir, y la supervivencia en sí se convirtió en la fuerza generadora.” Durante los días siguientes se le entregó a Reeder una bolsa de arroz, sus botas sin cordones y una tarjeta explicando que era prisionero de guerra y que iba a ser transferido a una locación más segura. Durante tres días marchó a través de los bosques con sus botas sin cordones, un tobillo infectado y una espalda rota. A fines de la marcha de tres días sus pies tenían la misma apariencia que la carne molida. Había unos 300 prisioneros survietnamitas y un norteamericano en el campamento. Reeder y los demás prisioneros eran puestos en jaulas fabricadas con bambú con un foso defensivo hecho de palos de bambú cubierto con excremento humano. Los prisioneros eran alimentados sólo un puñado de arroz cada día y se les permitía salir de las jaulas por cinco minutos para usar las letrinas que en realidad eran unos agujeros en la tierra. Muchos prisioneros nunca alcanzaban llegar hasta las letrinas debido a la disentería causada por la contaminación del agua y la suciedad. “Con el correr del tiempo, los agujeros que supuestamente eran las letrinas estaban cubiertas por un montón de excremento humano. Me obligaron a marchar a través del excremento para acuclillarme encima de uno de los agujeros y luego regresar a la jaula por el mismo camino, sin poder lavarme.” Muchos prisioneros con disentería no podían aguantarse y defecaban en sus jaulas. Reeder se concentró en sobrevivir y regresar a su hogar. “Pienso que lo que me mantuvo vivo fue mi fe en Dios, patria y familia.” Como consecuencia de su hambre, en su mente preparó un menú que comería en libertad. “Pienso que arroz no era parte del menú, no obstante, debía auto convencerme que me gustaba para poder sobrevivir.” Reeder luego se puso en contacto con el otro prisionero norteamericano y juntos planearon un escape, aunque debían esperar debido a su mal estado físico. Los dos prisioneros norteamericanos y 25 soldados survietnamitas fueron trasladados a otro campamento, en donde, de acuerdo a los norvietnamitas se les iba a proporcionar mejor comida y atención. Se les dijo que iban además a poder recibir cartas y paquetes. La marcha iba a durar supuestamente 11 días, pero en realidad duró más de tres meses a través de la selva de Camboya y a lo largo del camino de Ho Chi Minh a través de la parte sur de Laos. A cada prisionero le dieron una bolsa de arroz, un retazo de tela para una hamaca, un pedazo de plástico para un poncho, pero esta vez sin botas. Durante esta marcha el otro prisionero norteamericano así como seis vietnamitas murieron. Al llegar a Hanoi, Reeder fue puesto en una celda solitaria en un campamento denominado “Plantation Gardens”. Después de una serie de interrogaciones y adoctrinamiento, se lo transfirió con los demás prisioneros. A cada prisionero se les daba pan y vegetales dos veces al día. Reeder conoció a ocho prisioneros norteamericanos en el campamento. Después de dos meses en el campamento, los B-52 norteamericanos comenzaron nuevamente a bombardear Hanoi. “Bombardeaban alrededor del campamento. Una noche los vietcong nos pusieron en camiones cubiertos y nos dijeron que nos iban a trasladar a otro campamento.” Los camiones anduvieron casi una hora para llevarnos al “Hanoi Hilton” que estaba ubicado a sólo unas cuadras del campamento. Reeder permaneció allí durante tres meses antes de ser puesto en libertad el 27 de marzo de 1973. Un tratado de paz permitió que se pongan en libertad a los prisioneros de guerra, soltando primero a aquéllos que habían estado en las prisiones un período más largo y aquéllos en el peor estado físico. A medida que observaba a otros prisioneros ser puestos en libertad, esperaba su fecha del 24 de marzo. “El día llegó y se fue. Finalmente, el comandante del campamento comunista nos convocó y dijo ‘el militarista Nixon ha echado un segundo vistazo. La guerra no ha acabado. La guerra continúa. Serán prisioneros para siempre, regresen a sus celdas.’ Esa fue la primera vez durante mi cautividad que sentí una sensación de desesperación total.” Tres días más tarde sin embargo, le dieron a Reeder ropa nueva y lo transportaron al aeropuerto de Hanoi. “Cuando nos transfirieron en el aeropuerto al control norteamericano y caminamos a la aeronave, me sentí regio, una sensación de alivio… y libertad. Sentimos el alivio total de ser abrumado por la libertad, cuando el piloto anunció que nuestra aeronave C-141 se encontraba a una cierta distancia… por encima de la costa y que estábamos fuera del alcance de misiles antiaéreos..” A pesar de haber sido un prisionero de guerra por casi un año, Reeder continuó volando y eventualmente se retiró con una carrera de 30 años en el Ejército de los EE.UU. Al regresar de Vietnam escogió su asignación en el Fuerte Lewis, estado de Washington, sirviendo con la 1ª Brigada, 9ª Infantería y el 1º Batallón, 11ª Artillería de Campaña. Permaneció seis meses en el Centro Médico Madigan del Ejército de os EE.UU. recuperándose de una cirugía de la columna vertebral y determinado a sobreponerse de sus muchas infecciones. Reeder ofrece un pensamiento final: “En el Día Nacional de Reconocimiento de los Prisioneros de Guerra y los Desaparecidos en Acción el 18 de septiembre, reflexiono con preocupación y compasión hacia las familias de todos aquéllos que no regresaron y aun más en las familias de aquéllos que continúan en la categoría de desaparecidos en acción. Pienso además que es importante para los EE.UU. continuar sus esfuerzos extraordinarios y positivos de dar cuentas de aquéllos aun desparecidos y de ayudar a las familias.”

El Coronel (R) William S. Reeder, hijo, es actualmente el Director del Centro de Lecciones Aprendidas del I Cuerpo Stryker del Ejército de los EE.UU., ubicado en el Fuerte Lewis, estado de Washington. Tiene un Doctorado en Historia de la Universidad Estatal de Kansas y es un veterano con 30 años de servicio en el Ejército, habiendo cumplido dos tours en Vietnam. Durante su segundo tour en Vietnam su helicóptero fue derrumbado y él fue capturado por los norvietnamitas. Fue prisionero de guerra por casi un año.

Fuente: Military Review


Saludos
 
La verdad, tengo que agradecerte por haberlo posteado, y tengo para decir que es un relato excelente.

Que amor a su patria este hombre, despues de un año de prisión, volvio y se retiró con 30 años servidos
 

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