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Artillería argentina en Malvinas
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<blockquote data-quote="Brunner" data-source="post: 202041" data-attributes="member: 70"><p><strong>Testimonios De Un Soldado Inglés</strong></p><p></p><p><strong>TESTIMONIOS DE UN SOLDADO INGLÉS</strong></p><p></p><p>Continuamos con nuestras entrevistas a ex combatientes. En esta oportunidad nos encontramos con Alex Mcdonald quien, en el bar "Antaño" del barrio de Belgrano, nos contó su experiencia en la Guerra de Malvinas, que transcribimos a continuación.En abril de 1982 yo tenía 19 años y acababa de terminar con mi entrenamiento de nueve meses en el regimiento 42 de Comandos de los Royal Marines. Me encontraba en mis dos semanas de licencia, y escuché las noticias sobre el conflicto que se estaba produciendo en las Islas Georgias con Argentina, de la que yo sólo conocía lo básico que uno veía en el colegio: los gauchos, el asado y más que nada el fútbol. </p><p>Ese día la policía dejó un mensaje en mi casa para que me presentase en mi base, en Plymouth. Luego de una semana de preparativos, partimos hacia Malvinas en el Camberra (un barco civil) junto con los regimientos 45 de comandos de los Royal Marines, el 2º de paracaidistas. Íbamos haciendo zigzag y no en línea recta, ya que se esperaba una solución diplomática. Llegamos hasta la Isla Ascensión, la que me pareció muy fea y el calor era insoportable, es una isla volcánica, sin ningún atractivo. Ahí estuvimos hasta que llegaron las noticias del hundimiento del Belgrano, el 2 de mayo, y la destrucción y hundimiento del Sheffield, el 4 de mayo. Luego del Sheffield la suerte estaba echada y partimos hacia Malvinas.Una vez que llegamos a la zona del conflicto, nosotros permanecimos en el Camberra. Ya se empezaban a conocer y a respetar las acciones de los pilotos argentinos. La primera acción de guerra que recuerdo fue el ataque de los comandos ingleses SAS (Special Air Services) a la isla Pebbles (Isla de Borbón) donde se destruyeron más de diez aviones argentinos en tierra, y ese mismo día un helicóptero que transportaba otro grupo de comandos SAS cayó al mar, creo que era alrededor del 15 de mayo.El 20 de mayo por la noche se movilizó la flota para el desembarco, nosotros estábamos con todo nuestro equipo en la parte inferior del Camberra y al amanecer del 21 comenzaron los ataques de la aviación argentina y causaron grandes daños a buques ingleses. Como el Capitán del Camberra era un civil, nos relataba por altos parlantes los ataques, fue estremecedor cuando nos dijo: "ahí viene dos skyhawks". Todavía no entiendo como no atacaron al Cambera, era un gran elefante blanco e indefenso, en el medio del estrecho San Carlos. Hubiera sido distinta la historia si nos hundían ya que se hubiera perdido la mayor parte de los tres regimientos que estábamos a bordo. Por suerte para mí, eso no sucedió.</p><p></p><p>Desembarcamos en un pequeño lanchón, donde entraban cien hombres aproximadamente y a mi compañía le dieron la orden de buscar a un grupo de argentinos que habían visto en las cercanías. Los buscamos durante dos días, pero no pudimos encontrarlos, luego tuvimos que cavar trincheras ya que había que armar una posición defensiva y no existían carpas ni otro equipo. Estábamos en una posición elevada sobre unos acantilados y veíamos a los aviones argentinos que viajaban a muy baja altura, desde arriba, era sorprendente y parecía que uno estaba en una película, ya que la lógica hubiera sido ver la parte de abajo de los aviones y no al revés. </p><p>Hasta ese momento no teníamos sensación de miedo, pero un día apareció un avión Mirage argentino que dio la vuelta luego de un bombardeo y atacó nuestra posición con sus ametralladoras. Recién ahí nos dimos cuenta de que todo era real.El 25 de mayo nos hunden el Atlantic Conveyor y se pierden alrededor de diez helicópteros, vehículos, municiones, repuestos, etc. y esto obliga a que la mayor parte de las tropas deban marchar a pie a Stanley (Puerto Argentino).Cuando se realizó el ataque a Darwin - Pradera del Ganso (Goose Green), el día 27 de mayo, una parte de la compañía quedó de reserva, por lo que no participé en esa batalla. Abordamos en un momento un helicóptero, pero luego la operación se suspendió.</p><p></p><p>En los primeros días de junio abordamos otro helicóptero que nos tenía que llevar a las proximidades del monte Kent, que era la primer montaña importante en el camino hacia Stanley, donde debíamos encontrarnos con un grupo de comandos SAS, que mientras nos esperaban, habían sido atacados por argentinos. Cuando llegamos los argentinos ya no estaban, y las posiciones, cerca de la base de la montaña estaban vacías. Éramos aproximadamente cien hombres, la primera avanzada, ya que el resto de las tropas estaba muy atrás. Estuvimos en el monte Kent cinco días, y realizábamos patrullas de reconocimiento. Recibimos el bombardeo de aviones Camberra (aviones de construcción inglesa), sin sufrir ninguna baja. A la noche, nos juntábamos y nos abrazábamos por el frío. Nuestro comandante era Nick Vaux; monte Harriet había sido designado como nuestro objetivo, que estaba a siete horas de marcha a pie desde el monte Kent.</p><p>Tres compañías tenían que atacar el monte Harriet; la mía era la compañía K y debíamos atacar por la derecha, la compañía M, por la izquierda y la L, por el centro. Cada compañía estaba compuesta por 100 hombres aproximadamente, que se dividía en tropas de 30 hombres, y cada tropa tenía tres secciones de ocho o diez hombres. A su vez, cada soldado tenía un compañero, y debíamos encargarnos uno del otro, ante cualquier novedad en el combate. Nosotros teníamos que atacar primero por lo que un cura nos acompañaba, y para que fuera sorpresa, en ese ataque no iba a haber ablandamiento previo de artillería por parte de nuestros buques. Luego del primer tiro, empezaba la artillería, guiada por un observador, que debía ser muy preciso, para evitar bajas propias.Los argentinos tiraron bengalas luminosas, por lo que esperábamos que nos tirasen con su artillería, pero por suerte no sucedió, formamos y de noche atacamos. El combate más intenso duró tres horas largas, y se peleó por más de diez horas. Uno de mis compañeros fue muerto de un tiró en la garganta por un soldado argentino que estaba siendo tomado prisionero y no bajó el arma. Con él habíamos compartido muchas charlas en esos cinco días que habíamos estado en el monte Kent, y yo sabía que su mujer estaba embarazada. Luego de dispararle, el soldado tiró el arma y levantó las manos, por lo que fue tomado prisionero. Nuestras órdenes eran que debíamos tratarlos mejor que a nosotros mismos, cosa que si uno escapaba y lo comentaba, eso haría que, en el momento de combate, supieran que si se rendían no sólo permanecerían vivos, sino que además iban a ser bien tratados: factor psicológico.</p><p></p><p>Luego de los combates más intensos, dos cabos fueron a buscar a un francotirador de una posición argentina que era muy activa. Atacaron la posición primero con lanza misiles antitanques (Milan) y luego con granadas. Creyendo que con eso habían logrado matar al francotirador, uno de los cabos fue a confirmarlo, le tiraron cuando iba subiendo y fue herido en ambas piernas. Esta historia fue famosa en el regimiento 42 de los Royal Marines, ya que el cabo llamó por radio, pidió un médico, y cuando le preguntaron quién estaba herido dijo: "soy yo". Cuando llegó el médico y le quiso administrar la dosis de morfina que cada uno llevaba, se negó y le dijo: "Yo no uso drogas".</p><p></p><p>Los argentinos retrocedieron o fueron tomados prisioneros, ganamos el monte Harriet, y por los fuegos de las granadas de fósforos que ardían, empezaron a tirarnos con la artillería.También habíamos tomado un mortero argentino, que era de un calibre que nosotros no teníamos y cuando lo empezamos a usar, al saber ellos su ubicación, nos empezaron a bombardear con mayor precisión. Una de esas bombas de la artillería argentina, cayó a 15 metros de donde yo estaba, causando cuatro o cinco heridos. El soldado que estaba al lado mío fue herido en esa explosión y cuando le pregunte cómo estaba, no me contestó. Se encontraba en estado de shock y con una herida grande en el brazo y otra más chica en la frente, por lo que tuve que llevarlo para ser evacuado, y lo tuve que tirar al piso en varias ocasiones, para ponerlo a cubierto de las bombas que caían. Por su estado de shock no sabía dónde estaba, y deliraba sobre qué tipo de té quería que le sirvieran, vaya a saber quién.</p><p></p><p>Cuando se produce la rendición y llegamos a Stanley, era bastante estresante ver tantos soldados y oficiales con armas, esperando que un loco empezara a tirar y que se produjera un caos. Permanecimos en Stanley dos semanas y como estabamos con raciones de combate, muy básicas, nos comimos todo lo que encontramos en unos contenedores destinados a las tropas argentinas, lo que nos produjo serios problemas de diarrea. En esas dos semanas tuvimos que limpiar el desastre que era Stanley. Me llamó mucho la atención el acento que tenían los isleños. Luego regresamos en el mismo Camberra.</p><p></p><p>Todavía me pregunto sobre la relación de Argentina con Chile, conociéndose como se conoce que ellos ayudaron a Gran Bretaña durante la guerra y hasta un helicóptero de las SAS cayó en territorio chileno, lo que dejó esto al descubierto.</p><p></p><p>La guerra hace que uno se conozca mejor a sí mismo, como también distintas actitudes humanas. Hace madurar y crecer. No es algo agradable, la guerra, y tener que enfrentarse a la muerte. Como demuestran las estadísticas, tanto de Argentina como de Gran Bretaña, en ambos casos hoy son más los suicidios de ex combatientes que los caídos en la guerra. El daño mental nunca es tenido en cuenta luego de las guerras y la ayuda psicológica debiera ser proporcionada por los gobiernos. Yo me retiré casi al año de terminada la Guerra.</p></blockquote><p></p>
[QUOTE="Brunner, post: 202041, member: 70"] [b]Testimonios De Un Soldado Inglés[/b] [B]TESTIMONIOS DE UN SOLDADO INGLÉS[/B] Continuamos con nuestras entrevistas a ex combatientes. En esta oportunidad nos encontramos con Alex Mcdonald quien, en el bar "Antaño" del barrio de Belgrano, nos contó su experiencia en la Guerra de Malvinas, que transcribimos a continuación.En abril de 1982 yo tenía 19 años y acababa de terminar con mi entrenamiento de nueve meses en el regimiento 42 de Comandos de los Royal Marines. Me encontraba en mis dos semanas de licencia, y escuché las noticias sobre el conflicto que se estaba produciendo en las Islas Georgias con Argentina, de la que yo sólo conocía lo básico que uno veía en el colegio: los gauchos, el asado y más que nada el fútbol. Ese día la policía dejó un mensaje en mi casa para que me presentase en mi base, en Plymouth. Luego de una semana de preparativos, partimos hacia Malvinas en el Camberra (un barco civil) junto con los regimientos 45 de comandos de los Royal Marines, el 2º de paracaidistas. Íbamos haciendo zigzag y no en línea recta, ya que se esperaba una solución diplomática. Llegamos hasta la Isla Ascensión, la que me pareció muy fea y el calor era insoportable, es una isla volcánica, sin ningún atractivo. Ahí estuvimos hasta que llegaron las noticias del hundimiento del Belgrano, el 2 de mayo, y la destrucción y hundimiento del Sheffield, el 4 de mayo. Luego del Sheffield la suerte estaba echada y partimos hacia Malvinas.Una vez que llegamos a la zona del conflicto, nosotros permanecimos en el Camberra. Ya se empezaban a conocer y a respetar las acciones de los pilotos argentinos. La primera acción de guerra que recuerdo fue el ataque de los comandos ingleses SAS (Special Air Services) a la isla Pebbles (Isla de Borbón) donde se destruyeron más de diez aviones argentinos en tierra, y ese mismo día un helicóptero que transportaba otro grupo de comandos SAS cayó al mar, creo que era alrededor del 15 de mayo.El 20 de mayo por la noche se movilizó la flota para el desembarco, nosotros estábamos con todo nuestro equipo en la parte inferior del Camberra y al amanecer del 21 comenzaron los ataques de la aviación argentina y causaron grandes daños a buques ingleses. Como el Capitán del Camberra era un civil, nos relataba por altos parlantes los ataques, fue estremecedor cuando nos dijo: "ahí viene dos skyhawks". Todavía no entiendo como no atacaron al Cambera, era un gran elefante blanco e indefenso, en el medio del estrecho San Carlos. Hubiera sido distinta la historia si nos hundían ya que se hubiera perdido la mayor parte de los tres regimientos que estábamos a bordo. Por suerte para mí, eso no sucedió. Desembarcamos en un pequeño lanchón, donde entraban cien hombres aproximadamente y a mi compañía le dieron la orden de buscar a un grupo de argentinos que habían visto en las cercanías. Los buscamos durante dos días, pero no pudimos encontrarlos, luego tuvimos que cavar trincheras ya que había que armar una posición defensiva y no existían carpas ni otro equipo. Estábamos en una posición elevada sobre unos acantilados y veíamos a los aviones argentinos que viajaban a muy baja altura, desde arriba, era sorprendente y parecía que uno estaba en una película, ya que la lógica hubiera sido ver la parte de abajo de los aviones y no al revés. Hasta ese momento no teníamos sensación de miedo, pero un día apareció un avión Mirage argentino que dio la vuelta luego de un bombardeo y atacó nuestra posición con sus ametralladoras. Recién ahí nos dimos cuenta de que todo era real.El 25 de mayo nos hunden el Atlantic Conveyor y se pierden alrededor de diez helicópteros, vehículos, municiones, repuestos, etc. y esto obliga a que la mayor parte de las tropas deban marchar a pie a Stanley (Puerto Argentino).Cuando se realizó el ataque a Darwin - Pradera del Ganso (Goose Green), el día 27 de mayo, una parte de la compañía quedó de reserva, por lo que no participé en esa batalla. Abordamos en un momento un helicóptero, pero luego la operación se suspendió. En los primeros días de junio abordamos otro helicóptero que nos tenía que llevar a las proximidades del monte Kent, que era la primer montaña importante en el camino hacia Stanley, donde debíamos encontrarnos con un grupo de comandos SAS, que mientras nos esperaban, habían sido atacados por argentinos. Cuando llegamos los argentinos ya no estaban, y las posiciones, cerca de la base de la montaña estaban vacías. Éramos aproximadamente cien hombres, la primera avanzada, ya que el resto de las tropas estaba muy atrás. Estuvimos en el monte Kent cinco días, y realizábamos patrullas de reconocimiento. Recibimos el bombardeo de aviones Camberra (aviones de construcción inglesa), sin sufrir ninguna baja. A la noche, nos juntábamos y nos abrazábamos por el frío. Nuestro comandante era Nick Vaux; monte Harriet había sido designado como nuestro objetivo, que estaba a siete horas de marcha a pie desde el monte Kent. Tres compañías tenían que atacar el monte Harriet; la mía era la compañía K y debíamos atacar por la derecha, la compañía M, por la izquierda y la L, por el centro. Cada compañía estaba compuesta por 100 hombres aproximadamente, que se dividía en tropas de 30 hombres, y cada tropa tenía tres secciones de ocho o diez hombres. A su vez, cada soldado tenía un compañero, y debíamos encargarnos uno del otro, ante cualquier novedad en el combate. Nosotros teníamos que atacar primero por lo que un cura nos acompañaba, y para que fuera sorpresa, en ese ataque no iba a haber ablandamiento previo de artillería por parte de nuestros buques. Luego del primer tiro, empezaba la artillería, guiada por un observador, que debía ser muy preciso, para evitar bajas propias.Los argentinos tiraron bengalas luminosas, por lo que esperábamos que nos tirasen con su artillería, pero por suerte no sucedió, formamos y de noche atacamos. El combate más intenso duró tres horas largas, y se peleó por más de diez horas. Uno de mis compañeros fue muerto de un tiró en la garganta por un soldado argentino que estaba siendo tomado prisionero y no bajó el arma. Con él habíamos compartido muchas charlas en esos cinco días que habíamos estado en el monte Kent, y yo sabía que su mujer estaba embarazada. Luego de dispararle, el soldado tiró el arma y levantó las manos, por lo que fue tomado prisionero. Nuestras órdenes eran que debíamos tratarlos mejor que a nosotros mismos, cosa que si uno escapaba y lo comentaba, eso haría que, en el momento de combate, supieran que si se rendían no sólo permanecerían vivos, sino que además iban a ser bien tratados: factor psicológico. Luego de los combates más intensos, dos cabos fueron a buscar a un francotirador de una posición argentina que era muy activa. Atacaron la posición primero con lanza misiles antitanques (Milan) y luego con granadas. Creyendo que con eso habían logrado matar al francotirador, uno de los cabos fue a confirmarlo, le tiraron cuando iba subiendo y fue herido en ambas piernas. Esta historia fue famosa en el regimiento 42 de los Royal Marines, ya que el cabo llamó por radio, pidió un médico, y cuando le preguntaron quién estaba herido dijo: "soy yo". Cuando llegó el médico y le quiso administrar la dosis de morfina que cada uno llevaba, se negó y le dijo: "Yo no uso drogas". Los argentinos retrocedieron o fueron tomados prisioneros, ganamos el monte Harriet, y por los fuegos de las granadas de fósforos que ardían, empezaron a tirarnos con la artillería.También habíamos tomado un mortero argentino, que era de un calibre que nosotros no teníamos y cuando lo empezamos a usar, al saber ellos su ubicación, nos empezaron a bombardear con mayor precisión. Una de esas bombas de la artillería argentina, cayó a 15 metros de donde yo estaba, causando cuatro o cinco heridos. El soldado que estaba al lado mío fue herido en esa explosión y cuando le pregunte cómo estaba, no me contestó. Se encontraba en estado de shock y con una herida grande en el brazo y otra más chica en la frente, por lo que tuve que llevarlo para ser evacuado, y lo tuve que tirar al piso en varias ocasiones, para ponerlo a cubierto de las bombas que caían. Por su estado de shock no sabía dónde estaba, y deliraba sobre qué tipo de té quería que le sirvieran, vaya a saber quién. Cuando se produce la rendición y llegamos a Stanley, era bastante estresante ver tantos soldados y oficiales con armas, esperando que un loco empezara a tirar y que se produjera un caos. Permanecimos en Stanley dos semanas y como estabamos con raciones de combate, muy básicas, nos comimos todo lo que encontramos en unos contenedores destinados a las tropas argentinas, lo que nos produjo serios problemas de diarrea. En esas dos semanas tuvimos que limpiar el desastre que era Stanley. Me llamó mucho la atención el acento que tenían los isleños. Luego regresamos en el mismo Camberra. Todavía me pregunto sobre la relación de Argentina con Chile, conociéndose como se conoce que ellos ayudaron a Gran Bretaña durante la guerra y hasta un helicóptero de las SAS cayó en territorio chileno, lo que dejó esto al descubierto. La guerra hace que uno se conozca mejor a sí mismo, como también distintas actitudes humanas. Hace madurar y crecer. No es algo agradable, la guerra, y tener que enfrentarse a la muerte. Como demuestran las estadísticas, tanto de Argentina como de Gran Bretaña, en ambos casos hoy son más los suicidios de ex combatientes que los caídos en la guerra. El daño mental nunca es tenido en cuenta luego de las guerras y la ayuda psicológica debiera ser proporcionada por los gobiernos. Yo me retiré casi al año de terminada la Guerra. [/QUOTE]
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