El Messerschmitt Me 323… el Gigante. Con solo mirarlo, uno se pregunta cómo habría sido sentarse en esa cabina e intentar impulsarlo al aire.
Comenzó como una versión motorizada del planeador Me 321, diseñado para transportar equipo y vehículos pesados. Para cuando evolucionó al Me 323, contaba con seis motores a lo largo de esa enorme ala, impulsando un avión de transporte de un tamaño extraordinario para su época.
Los pilotos lo describían como lento y vulnerable. A plena carga, los despegues eran largos y constantes, en lugar de rápidos.
Una vez en el aire, navegaba a una velocidad moderada, lo que lo convertía en un blanco fácil para los cazas si lo encontraban sin escolta. Los controles eran pesados y su manejo exigía paciencia más que habilidad. Sin embargo, podía transportar hasta 10 o 12 toneladas de carga: vehículos, armas, suministros e incluso tropas. En los teatros de operaciones del Mediterráneo y el norte de África, se convirtió en una vía de transporte vital, a pesar de las grandes pérdidas sufridas.
Volarlo no se habría tratado de velocidad ni elegancia. Se habría tratado de un manejo cuidadoso del motor, pulso firme y la certeza de que se movía algo demasiado grande para casi cualquier otra cosa del inventario de la Luftwaffe.