Por si hay que aclarar lo obvio.
Los protocolos diplomáticos de todos los países del mundo (Argentina inclusive) establecen que en caso de tener que abandonar una sede diplomática, primeramente debe destruirse la totalidad de la documentación, incluso divisas.
Excepto lo que pueda trasladarse en la valija diplomática.
El último paso es que el embajador retire la bandera nacional. Es el último en retirarse con la bandera del país en su poder.
En ese instante, el edificio en cuestión deja de ser territorio soberano.
En caso extremo, las fuerzas deben brindar la protección que requiera el protocolo. Como ejemplifica la película estadounidense Rules of Engagement.
Hace muchos años pude conocer la historia de un diplomático argentino en Líbano. Cayó una bomba dentro de la embajada. No explotó, pero tuvieron que aplicar el protocolo de evacuación.
Lo cual implicó quemar toda la documentación y, hasta que no se terminó con todo, el embajador se quedó en su oficina. Cuando todo hubiera terminado procedió a retirar la bandera argentina y abandonar el lugar.
Digamos que el último en irse… apaga la luz.
En este caso, parece que Cuba no cuenta con la posibilidad de que otra misión diplomática tome a su cargo el cuidado de la sede (como el caso de la misión suiza que resguarda la embajada de México en Ecuador y la misión brasileña que resguarda la embajada argentina en Venezuela), por lo que no tiene otra opción que proceder con el protocolo de abandono de la cede diplomática.