En el marco del fortalecimiento de las capacidades navales de sus aliados, la Armada de EE. UU. completó la entrega del misil antibuque Harpoon número 300, correspondiente al lote producción Lot 91, un programa centrado principalmente en ventas militares al exterior, o FMS (Foreign Military Sales), para socios internacionales.

La entrega, realizada recientemente bajo el acuerdo plurianual entre la Armada estadounidense y Boeing, marca un hito dentro de uno de los sistemas de armas más longevos y extendidos del arsenal occidental. Las unidades entregadas corresponden a la variante Harpoon Block II, que incorpora navegación inercial asistida por GPS, permitiendo no solo misiones antibuque sino también ataques contra objetivos terrestres.
El programa estuvo a cargo de la oficina Precision Strike Weapons (PMS-201), que desde la introducción de sistemas en 1977 ha entregado cerca de 6.000 misiles Harpoon en múltiples configuraciones – lanzamiento desde aeronaves, buques de superficie, submarinos y versiones de entrenamiento- a más de 30 países socios bajo el esquema FMS.

Este nuevo hito se produce en un contexto donde el misil Harpoon continúa siendo una pieza central en las estrategias de defensa marítima de numerosos aliados de Estados Unidos. Ejemplo de ello es su inclusión en paquetes recientes de asistencia militar, como la provisión de misiles antibuque a Taiwán, considerada una prioridad dentro del programa FMS para fortalecer sus capacidades frente a amenazas el Indo-Pacífico.
Lejos de tratarse del cierre de un programa, la entrega del misil número 300 coincide con avances en su modernización. El Comando de Sistemas Aéreos Navales (NAVAIR) confirmó el 5 de febrero de 2026 la finalización del tercer y último ensayo de vuelo del programa Harpoon Block II Update (HIIU), cuyo último test tuvo lugar el 16 de enero frente a las costas de California, validando mejoras orientadas a extender la vida útil del sistema y actualizar componentes críticos.

Para completar estas pruebas se empleó un caza F-15SA, el cúal lanzó el misil a unos 3.650 metros sobre el suelo, tras lo cuál el misil procedió a descender a una altitud de 1.520 metros para realizar la mayor parte de su trayectoria hacia el objetivo, al cuál impactó con precisión tras realizar una maniobra terminal con un ángulo picado pronunciado.
Estas actualizaciones buscan resolver problemas de obsolescencia y mantener la relevancia operativa del Harpoon en escenarios modernos, donde la guerra naval exige mayor precisión, resiliencia electrónica y capacidad de integración con redes de combate.
A lo largo de casi cinco décadas, el Harpoon se ha consolidado como uno de los misiles antibuque más difundidos a nivel global, siendo empleado por fuerzas navales y aéreas en múltiples regiones. Su versatilidad, combinada con las constantes actualizaciones, explica su permanencia como un elemento clave dentro de la arquitectura de defensa marítima de Estados Unidos y sus aliados.
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