En los países miembros de la Unión Europea la idea de soberanía estratégica se concebía como un concepto más diplomático que operativo, incluyendo en España. Actualmente, tras cuatro años de guerra en Ucrania, la expansión de las amenazas híbridas y la incertidumbre sobre la fiabilidad del paraguas estadounidense tras la llegada de Trump, tanto Madrid como el resto de aliados europeos buscan reorientarse a posiciones de menor dependencia exterior.

En los últimos años el debate sobre la soberanía estratégica ha dejado de ser de uso exclusivo de académicos y think tanks para instalarse en la agenda política y empresarial española con una solidez y urgencia previamente desconocida. Esta tendencia quedó reflejada en el I Observatorio de Defensa, organizado en febrero por El Español e Invertia, siendo hasta el momento uno de los escaparates más reveladores del cambio de mentalidad en el ecosistema de defensa español.
Durante el encuentro se realizaron reiteradas alusiones a la necesidad y capacidad que tiene España para consolidarse no solo como consumidor de seguridad, sino como productor regional de capacidades estratégicas. Carlos Calvo, asesor de TEDAE, la asociación que agrupa a las principales empresas del sector, destacó que España cuenta con un ecosistema de empresas “muy competitivo” capaz de abarcar el ciclo completo: “desde la definición de la necesidad a todas las fases de investigación, producción y apoyo al ciclo de vida”.

No es un argumento menor. Indra, Navantia, Airbus España, Santa Bárbara Sistemas, Escribano Mechanical & Engineering, Grupo Oesía…España dispone de una constelación industrial de defensa de primera línea equiparable a las otras potencias europeas. Aun así, a diferencia de Francia, Italia o Alemania, España no ha cristalizado todavía en torno a un único “gran campeón” industrial de defensa. La discutida absorción de EM&E por Indra apunta justamente en esa dirección: crear un grupo con la escala, integración y ambición estratégica de sus homólogos europeos.
Además, las pequeñas y medianas empresas españolas (pymes) del sector de defensa tienen un enorme potencial al estar preparadas para satisfacer las necesidades del nuevo ciclo inversor: “las pymes son las grandes desconocidas”. Así lo argumenta el general de brigada (R) Santiago Camarero, director técnico de AESMIDE, que incide en la importancia de establecer un espíritu colaborativo como mecanismo para que la innovación tecnológica de las pymes no quede difuminada. Por ejemplo, de acuerdo al objetivo establecido por el Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa de 2025 de favorecer la cohesión territorial a través de nuevas industrias, “sería bueno para las pymes que todo aquello que las compañías tractoras reciben se permease y capitalizase hacia la regionalidad”, sugirió Camarero.

Soberanía estratégica y defensa como cuestión de Estado
A pesar de la siempre polarizante política interna española en asuntos que en otros países europeos son considerados de estado e invariables independientemente del signo ideológico del gobierno, la cuestión de la inversión en defensa ha cruzado las trincheras parlamentarias.
Durante el I Observatorio de Defensa, María del Carmen Sánchez Díaz (PSOE), vicepresidenta primera de la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados y el portavoz parlamentario Txema Guijarro García (Sumar), coincidieron —desde posiciones distintas— en la necesidad de avanzar hacia una mayor autonomía estratégica europea. “Vengo de Cádiz, no somos nada sin la industria de la defensa, con Navantia y Airbus”, indicaba Sánchez Díaz.
También la oposición a través de Cuca Gamarra, vicesecretaria de Regeneración Institucional del PP, destacó la importancia para el futuro de España de la inversión en defensa: “invertir en defensa no es otra cosa que defender la democracia y una forma de vida”.
De esta manera el ecosistema de defensa público-privado de España estaría consolidando posiciones bajo la estrategia de maximizar, en la medida de lo posible, la soberanía estratégica para depender al mínimo de terceros actores. Como remarcaba el teniente general Miguel Ivorra, director general de Estrategia e Innovación de la Industria de Defensa, “invertir en defensa no es una opción ideológica, sino una necesidad estratégica”.
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